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Ya no se molesta en peinarse, maquillarse. Se lava los dientes en la cocina. Ya no le importa si la ropa le queda bien. No mira por las vidrieras, ni siquiera a través de las ventanas. Abandonó todo reflejo de su esencia. Solía antes, estoy diciendo millones de años luz atrás, observarse durante horas en algún espejo, charco, vidrio. A veces le gustaba lo que veía y sonrojaba. A veces cortaba su mano al insertarla violentamente en aquel imitador.
Está claro que no ve fotos ni videos en donde ella aparezca. Ella que ahora no es ella, sino lo que fue, vio y sintió en ese preciso momento. Las amigas le traían millares de fotos y repetían: “Acá estamos en la fiesta, ¿Te acordas? ¡Mira que linda que estabas!”. Pero ella apartaba su mirada hacía aquella única ventana abierta que daba al cielo y suspiraba. Lo que más extrañaba era su lunar. Ese lunar redondo y puntiagudo del cual estaba muy orgullosa. Extrañaba verlo perfectamente colocado arriba, al lado de donde empezaba su ceja izquierda. Muchas veces se acordaba de él y sollozaba en silencio. Si rompiera su pacto con ella misma y con las que fue, sería solo por su preciado lunar. Pero no. Su cara actual revelaba a los demás sus sentimientos, sus miedos. Ella no se acordaba. Había olvidado que vacío se siente mirar a través de sus ojos. No recordaba la sensación de entumecimiento que sentía al verse reflejada en algún espejo. Estaba bien así, sin darse cuenta lo que su rostro expresara a gritos. Sin embargo el lunar…Si se mira en fotografías se daría cuenta de su estado en aquel entonces…”No” – pensó – “El estado de aquella persona que alguna vez fui yo. Así que sí, sin embargo el lunar.”
Se levantó de la silla y pidió algunas fotos. Buscó en las que se encontraba su perfil izquierdo o su frente. Primero divisó sus labios. Pero no eran de ella, esos labios parecían tan ajenos y tan tristes. Subió la mirada por una nariz respingada. Parecía la suya, pero se convenció de que en realidad era la de la hermana. Siguió subiendo hasta llegar a los ojos. Sí, el vació. La nada.
-“Pobre chica” – pensó al hundirse en aquel abismo azul, y se perdió. Se ahogó en los ojos de aquella chica hasta que escuchó que alguien repetía lo hermosa que se encontraba en esa fiesta. Se despertó – “¿Esa soy yo?” – Repetía – “No me reconozco, no, esa yo no soy.”
El corazón se atragantaba con su propia sangre. No coordinaba su cuerpo. Ella no estaba en esa foto, no era ella. Ella no existió mas allá de lo que es ahora…Sin embargo el lunar se encontraba allí, redondo y puntiagudo, asegurándole que esa que existió era en verdad ella. Asegurándole que mientras reconozca la presencia de su Lunar, reconocerá su propia y vana existencia.

Texto agregado el 25-01-2010, y leído por 164 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
24-08-2010 Y yo que perdì mi lunar que llevaba conmigo por 40 años. Me encantò. lmarianela
06-03-2010 Excelente texto, 5*, triste y a la vez con un dejo casi letal, por un instante vi la antesala, el segundo de distracción y la secuela, el incrédulo recuerdo imborrable del ayer.Mis saludos.Marcelo. mandarina-26
06-03-2010 Muy bueno, se parece a Metamorfosis de Franz Kafka. 5 heroícos. Sousa
25-01-2010 importante el lunar.. está bueno smeagolna
 
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