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J. R. Cervantes.








Sofía y la tristeza.

Los cubos a pesar de ser angularmente correctos no se podían acomodar adecuadamente, una y otra vez trataba con sus delicadas manos largas, de colocarlos en formación recta no pasaba mas de treinta segundos cuando caían de golpe haciendo un raro y estrepitoso ruido, al caer cambiaban los ángulos de los cubos de tal modo que tomaban nuevas formas, ella entonces se sentaba sobre sus piernas que se habían empezado a tomar un ligero color morado, las venas inflamadas por el tiempo que pasaba sentada, sin pensar en mas, que en posibles soluciones para el rompecabezas de piezas inconexas y sin forma, sin mover un solo músculo, observaba fijamente los cubos, que poco a poco de tanto mirarlos adquirían formas lógicas, y entonces lentamente algunos parpadeos, parecían despertarla, sus ojos ojerosos y casi cristalinos ya no distinguían bien las formas que a los lejos formaban la decoración exigua del cuarto, el gris de las paredes parecía ya su universo, el monocromático había dejado de ser ya objeto de su curiosidad, ella elegía entonces la primera pieza, un cubo cualquiera en ocasiones al tocarlos llagaban a cambiar de forma, entonces ella descorazonada, los dejaba otra vez en el mismo lugar, triste esperaba mirando fijamente los cubos y sus formas angulares y miraba como inmóviles, volvían a parecerse a algún objeto que en alguna ocasión había visto, y sin recordar como se llamaba aquel objeto trataba de ensamblarlos de tal modo que al verlos juntos pudiese recordar que era eso a lo cual se parecían, y quizá ella podría recordar su nombre y llamarlo por lo menos durante los treinta segundos que durarían ensambladas, pero casi siempre olvidaba el objeto en el que había pensado antes de terminar de armarlo, cuando las piezas caían solo podía ver de nuevo los cubos grises, angulados, cambiantes, otra vez se arrodillaba para ver en el suelo las piezas y lentamente buscar una nueva forma para ensamblarlas, estaba segura y lo estuvo dese un principio que se podían ensamblar de tal modo que no cayera la torre, que quedara por fin armada como un gran monolito, a pesar de que la estadística estaba totalmente en su contra, el tiempo ya no representaba un gran problema, sabia que no era cuestión de suerte y que debía ensamblar los cubos de forma perfecta, el mas mínimo error haría que cayeran y se disgregaran, como pétalos de una flor, que una ves que caen no pueden ponerse otra vez sobre el pedúnculo de la flor, sabia que de nada servia memorizar la forma de los cubos cambiarían de ángulos al caer y serian otra vez todos distintos, aun así creía haber identificado ciertas particularidades en cada uno no podía ver en los relieves algunas imperfecciones que le permitían hacer un mapa mental probabilístico que aumentara las posibilidades de armar la torre sin que se derrumbase, aun así no estaba segura de que realmente existieran tales diferencias entre uno y otro, a veces el aire frió se filtraba por debajo de las puertas que parecían herméticamente cerradas, ella sabia que no lo estaban por ese esporádica corriente que se filtraba muy de vez en cuando, y helaba el cuarto, las luces entonces parecían ponerse mas blancas, mas frías, hacían palidecer la mirada, en esas ocasiones ella se sentaba en una esquina y se cubría con los dos brazos la cara, los brazos se le habían puesto blancos y delgados, aun con los ojos cerrados podía ver el blanco de su cuerpo através de los parpados, sus dedos también morados por el esfuerzo de estar ensamblando una y otra vez la torre, creía recordar la ropa que traía cuando entro a ese cuarto, un abrigo gris corto, una sudadera blanca, un pantalón azul de tela delgada, con los días esa ropa se fue desgastando y perdió la forma y el color, además le estorbaba y a ratos hacia calor, y en los días que armaba doce o trece veces la torre la ropa era su principal enemigo, opto por sacar de la pequeña bolsa de celofán que había llevado consigo un camisón delgado de encaje, apenas le cubría las caderas y dejaba sus hombros descubiertos, gracias a la versatilidad de ese atuendo, se evitaba el desgaste, y aunque había ya perdido el color, y lucia sucio y desastado, aun se podía usar, las paredes enormes y frágiles, parecían paneles de úncel, pero en alguna ocasión había lanzado uno de los cubos haca ella y ni siquiera la abollo, en cambio el cubo tomo una forma tan irregular, que tardo semanas en que tomara de nuevo una forma aceptable para sostener los demás bloques, la frustro tanto que no había intentado siquiera golpear en las paredes para entretenerse, cundo alguno de los bloques por algún motivo , quedaba lejos de los demás lo observaba por horas e intentaba entender como es que se había movido, como el impacto de la caída lo había llevado a ese lugar a diferencia de los demás, que hacia diferente a ese cubo de los demás que había sido capaz de movilizarse lejos de los otros, sus piernas débiles caían dobladas entonces por el cansancio, tomaba el cubo y lo depositaba con los demás después lentamente cerraba los ojos recostaba la cabeza sobre sus manos, y dormía por una o dos horas, al abrir de nuevo sus vidriosos ojos casi grises solo veía frente a ella las mismas cuatro paredes, luz blanca, y los cubos regados, tomaba uno o dos entre sus manos y los examinaba, cuando al fin desidia si eran o no los correctos los dejaba aparte y se ponía a seleccionar un orden para comenzar a apilar y que la torre tuviera una estructura y una logística adecuada, sin moverse pasaba saliva, le sorprendía como haba aprendido a mantenerse estoica ante los cubos, antes se desesperaba pataleaba , lloraba, trataba de buscar algo para romper, pero los cubos eran al parecer irrompibles, las delgadas paredes y las lámparas también y el pequeño catre, su única pertenecía real, eso era todo lo que había en el cuarto, una pequeña puerta a un metro de altura de no mas de veinticinco centímetros de ancho, gris también, no tenia manija ni forma de abrirse, parecía estar fusionada con la pared, tardo meses en darse cuenta donde estaba, hasta una noche (ella pensó que era de noche, pero no podía saberlo, la luz nunca se apagaba y no había ventanas, llevaba una cuenta pero no era confiable, lo hacia, para no perder la razón mas que nada ) que entro por uno de los lados un ligero as de luz amarilla, corrió al ver como el pequeño as se estrellaba de frente sobre uno de los cubos, primero pensó que se trataba de alguna clase de señal o ayuda venida desde afuera, pero al no ver evolución en la línea de luz, sencillamente se dedico por horas a indagar de donde salía, se dio cuenta entonces de ese pequeño trozo ligeramente distinto de pared que debía ser una pequeña puerta, por varios días dejo de armar la torre para intentar abrir la puerta, pero todo su esfuerzo no provoco ni un ligero movimiento en ese pequeño rectángulo, pero ella perdió todas las uñas en el proceso paso llorando días mientras la sangre ligeramente roja casi anaranjada, le brotaban a gotas por los dedos, le ardían y había pequeños pedazos de uña enterrada sobre la carne, lloro tanto que las lagrimas le marcaron un ligero paño en las mejillas, días después volvió a armar las torres de cubos que invariablemente caían estrepitosamente, poco a poco le crecieron de nuevo las uñas, y ella se torno toda en un color pardusco, perdió el interés por la pequeña puerta y dejo de buscar diferencias en el mobiliario, sus ojos perdieron también el ligero tono verde para dar paso a un color pardo como el de todo el cuarto, la ausencia de color le provoco problemas en la visión, veía frente a ella una borrosa nube blanca que lo cubría todo, apenas alcanzaba a ver los cubos cuando se acentuaba ese malestar, entonces se sentaba y descansaba un rato recargada en la pared, poco a poco recuperaba un poco de vista, y cuando podía distinguir los ángulos de los cubos otra vez y el olor metálico y podrido que de vez en cuando desprendían los cubos, y recuperaba un poco de esa forma mas o menos uniforme, ella regresaba a su tarea muy lentamente, volva a tomar los cubos y a armarlos en cualquier forma, en ocasiones no intentaba ya formar la torre que no se derrumbase, al contario formaba figuras que sabia que se caerían pero que en otra ocasión le habían gustado mientras estaban en pie, su favorita era una especie de trapezoide, con un lado muy pronunciado donde ponía bloques hasta que el peso lo venciese y cayeran cambiando todos de forma, muy de vez en vez le causaba una ligera y casi imperceptible risilla el ver caer con tal fuerza los bloques sabia que había hecho algo malo, la intencionalidad de formar una torre explícitamente para que cayeran la hacia sentirse criminal y se ponía nerviosa al hacerlo, no estaba segura de que en algún momento alguien le observase y pudiese traerle alguna mala experiencia, pero el tiempo indicaba que realmente nada la observaba, por eso no le empachaba quitarse la ropa de vez en cuando para orearla en su pequeño catre y andar desnuda recorriendo los pocos metros entre pared y pared, sus venosas y blancas piernas le molestaban, no las recordaba así, habían perdido su torneada forma, y su color ahora se parecía a la luz blanca de las lámparas, a veces se pellizcaba para provocarse un hematoma y darles algo de color pero solo se marcaban pequeñas manchitas color café, que débiles perdían cualquier rastro de color que pudiesen haber obtenido, también juntaba polvo del piso y se lo aplicaba en las piernas lo cual les daba un color un poco mas oscuro, casi no había polvo en el piso así que esa operación podía tomarle días, después se miraba sus oscurecidas piernas hasta que se cansaba, se sacudía el polvo con su vieja ropa, entonces volvía a su tarea de armar los cubos, con la diferencia que intentaba emular a sus rectas, delgadas y frágiles piernas hacia dos torres verticales, e intentaba darle algo de forma, cuando eso ocurría las torres caían mucho mas rápido, no eran capases de soportar ni la mitad de los cubos que giraban entonces libremente y obtenían una forma casi redonda, entonces tardaba días en conseguir darles otra vez una forma geométrica que pudiese servirle para ensamblar alguna estructura, se tendía en el suelo exhausta y pensaba en los días de antaño donde había mas en su mundo que esas paredes blancas y los cubos, pero al final desistía de pensar porque ya no tenia recuerdos nítidos de cómo había sido su vida antes del cuarto, así que se limitaba a tener fantasías dentro del cuarto, pensar que había una fiesta y todos bailaban alrededor de la torre terminada y fija, ella vestía con ropas nuevas y olorosas a perfume, y en el techo una maquina lanza burbujas llenaba el cuarto, así pasaba horas bailando, y brincando alrededor de los bloques regados en el suelo, después caía en su catre desnuda y ligeramente sudada y dejaba pasar el tiempo deseando en sus entrañas algo indefinido, alcohol, comida, sexo, no sabia, entonces trataba de armar con los cubos formas festivas, una botella, una piñata, una mesa, un farol, todas caían con la misma velocidad, pero le quedaba una ligera sensación de bienestar haber continuado sus sueños en la osca realidad, y disfrutarlo por un momento era uno de sus placeres, después cuando toda la euforia se había ido, comenzaba a sentirse sofocada y el aire frío y enrarecido, viejo, inmóvil, parecía adueñarse de todo, cubrirlo con una neblina gris y los cubos omnipresente se erguían con su perfecta geometría dominándolo todo, metamorfosis de muchas de sus mas extrañas pesadillas, y de la nada aposentada sobre el todo como una insoportable bóveda que todo lo sepulta entonces todo se vuelve una nada gris y calurosa, viciada, informe , sin sentido, corre por el cuarto un olor escurridizo a muerte que pretende ocultarse tras el desasosiego y el hartazgo, y con un disfraz de obligatoriedad impulsa a Sofía a regresar a su tarea de armar las torres lo hace mecánicamente como una rueda que gira en el asfalto siempre negro y aceitoso, giro tras giro , cubo tras cubo los fuertes huesos de Sofía se van resquebrajando lentamente ella puede sentirlo y el dolor la embriaga e intenta sobreponerse bailando y brincando, gritando, balbuceando viajas canciones que no recuerda cuando aprendió, había olvidado la mayoría de las canciones que le gustaban, ahora solo repetía mecánicamente algunos ritmos inconexos que se encontraba en los escondrijos impenetrables de sus recuerdos, después de los instantes de euforia se sienta con paciencia junto a los cubos y los acaricia como queriendo conocer cada uno de los secretos , fingiendo conocerlos absolutamente, se repite, los conozco; este es el de la hendidura, este el de el raspón, este el del ángulo imperfecto, sabe como se van a comportar de caer de cierta forma que ángulos van a tomar, aunque aveces son caprichosos y no siguen patrones, todo ello es falso ella no conocía en lo mas mínimo los bloques eran idénticos y sus algoritmos impredecibles burdas y estupidas matemáticas que ella, aferrandose a una idea hacia pasar por afabilidades y costumbres, se sentaba recogiendo sus piernas a acariciar y a observar los bloques debían arrojar tarde o temprano alguna lógica no podía ser solo así , estar construidos con el fin de derrumbarse cada vez que parecían formar algo, existir sin ninguna razón, porque a su vez armar esas torres era el porque de la estadía de Sofía en aquel cuarto gris, de no encontrar el modo de armarlas seguramente estaría destinada a morir sofocada por el peso de la vacuidad, morir lentamente, se condenaría a ver su cuerpo blanquecino volverse morado y quedar yerto e inmóvil formando una pieza mas del mobiliario, quedarse ahí clavada y perdida en un mundo que cada vez mas parecía ser el suyo.

Sofía dejo de comer algunos días mientras construía una de las torres mas complejas que haba intentado, el hambre la carcomía el estomago le punzaba como aguijonazos había decidido usar su cuerpo como parte de la estructura, paso días dándole vueltas a la idea buscando algún elemento que pudiese usar además de los cubos para evitar que la torre se derrumbara como todas las ocasiones pero el mobiliario ten exiguo solo conformaba una desoladora y desesperanzadora imagen, tratar de mirar con cuidado alrededor y darse cuenta de lo mínimo y asfixiante de cuarto atemorizaba, motivaba a las mas desfachatadas conclusiones, a las mas aventuradas hipótesis y a las mas tristes contradicciones, Sofía había olvidado poco a apoco su vida tras el cuarto y los cubos, decidió entonces crear recuerdos a partir de los jirones de memoria que a ratos se filtraban entre sus cada día mas mórbidos sueños, creo recuerdos tristes , felices emocionantes, añorantes ,eróticos, estéticos, creo toda una seria de situaciones que inconexas no poseían linealidad ni lógica aparente, no guardaban relación unos con otros, ni poseían personajes específicos eran solo cuentos que le permitían aferrarse a la existencia y darle proporciones a su cada día mas delgada y ligera vida, sabia que la blancura de sus piernas no se podía comparar con la inmensa blancura que existía en las recovecos de su cerebro, por eso trataba de recrear recuerdos, que en un principio pretendían la verosimilitud, pero resulto mas útil perder la línea de lo verosímil y crear un complicado drama, fabricarse un pathos y un Eros, una postura moral, un futuro una construcción casi mítica que le permita hacerse de una identidad de un carácter que por ufano que pueda ser, de nota que existe, la lucha de Sofía a favor de su existencia en un lugar que parecía negársela, representaba quizá el motor que la hacia no claudicar y seguir armando aun la torre que al final tuviese un prisma de respuestas, así es como decidió usar su cuerpo como parte orgánica de aquella torre ella debía ser la pieza faltante, el trazo largo de donde manan los demás rasgos, linda como lucia siempre sentada, con las piernas recogidas, su piel casi gris pretendía fusionarse con el ambiente, el aire viciado, frió y soporoso asfixiante llenaba la totalidad del espacio, coloco los primeros bloques, una torre sencilla con una base amplia que pudiese soportar su peso, sin moverse, coloca la amplia base con una pulcritud geométrica que rozaba la perfección, cuando la base piramidal comenzó a tomar altura, se día a la tarea de lanzar las piezas sobrantes a la base ya formada para poder tener acceso a ellas una ves arriba, con delicadeza quirúrgica escalo la base de la torre y comenzó despacio a construir lo que le serviría de asiento para colocar su estrechísima persona como soporte de los demás bloques trato de que fuese lo mas alto posible para así evitar colocar demasiados bloques sobre ella, debía construir con cuidado y midiendo las proporciones de su cuerpo de acuerdo a su plan debía crear una verticalidad casi perfecta para que los cubos no resbalaran, debía dejar también espacio para que sus piernas salieran, y fungieran como soportes o castillos de la ultima parte de la torre, también sus brazos formaban parte básica de la estructura además debían tener cierta libertad para poder colocar los últimos bloques antes de tomar lo que seria su lugar definitivo como soporte, construida dicha estructura prosiguió a colocarse sobre ella se quito su raído camisón para evitar que este le restara fricciona al cuerpo y se extendió de lleno sobre los fríos bloques, pensó en las consecuencias para su cuerpo, pero antes de comenzar a colocar bloques sobre ella dio un vistazo a lo que quedaba de el desnudo, con la piel contraída por el frío, con manchones morados y verdes cubriéndolo, los huesos de la cadera salían prominentemente y el estomago parecía succionado por alguna fuerza de en su columna, tras la visión solo le quedo comenzar a poner bloques primero sobre su estomago, luego su pecho , comenzó a respirar con mas calma cualquier movimiento podría derrumbar la torre, colocaba bloque a los lados para después seguir colocando sobre ella, el peso de los boques comenzó a lastimarle los huesos, creyó poder oír el crujido de los huesos del tórax, le comenzó a costar respirar, los pulmones parecían no inflarse mas, aun así siguió colocando bloques, debía colocar suavemente algunos bajo sus piernas para irlas levantando poco a poco, pensó entonces en el tiempo que llevaba ahí y cuanto tiempo habría pasado, sus piernas delgadas habían perdido su torneado natural, y ahora al mirarlas de soslayo levantándose entre los boques lucían como una pieza mas de la estructura habían dejado de ser lo que eran, se dio cuente que desde hacia tiempo era ya parte de la estructura, y que esos bloques mas que su llave de salida, formaban su único vinculo con la vida, los bloques gélidos parecían no acabarse, Sofía sabia que si tardaba mucho en colocar el total de los bloques terminaría por asfixiarse, tenia algunas horas ya en la misma posición, su cuerpo adormecido comenzaba a jugarle malas pasadas, apenas podía ya mover las piernas, las manos le cosquilleaban, sentía una gélida sensación por todo el cuerpo, en sus oídos un zumbido potente parecía quererle hacer papilla el cerebro, no debían faltar mas de quince piezas su pierna derecha había quedado cubierta fungiendo como castillo de la estructura, pulsaciones poderosas golpeaban su estomago y su columna la sangre parecía ya no fluir adecuadamente y las venas inflamadas y adormecidas, le provocaban constantes calambres por todo el cuerpo, sabia que el mínimo movimiento no planeado ocasionaría el derrumbe de la mujer-torre, quizá faltaban tres o cuatro bloques cuando los últimos músculos de su cuerpo dejaron de responder a los pulsos cerebrales, su brazo n pudo moverse mas, estaba totalmente adormecida, no podía sentir mas que el denso y pesado aire sobre su rostro, débiles cantos arrullaban su suplicio, quiso recordar todas aquellas cosas que la gente dice recordar antes de morir; no pudo acordarse de nada, solo el inerte espacio en el cual había vivido quizás una mes, quizá toda la vida, poco a poco como todo lo que hacia comenzó a perder la razón a quedarse dormida, no pudo mas, sabia que si dejaba caer de lleno el peso de sus brazos y piernas todo se derrumbaría, no podía darse el lujo de ir muriendo en calma poco a poco, de esperar sin moverse, sin pensar, dejar que el cuerpo como granos de arena fuera arrastrado por la siempre firme e inmutable corriente afable y calida, para ella, parecía llegará el momento como un choque, como derrumbe que sin mas ocurre, cuando aun se esta luchando, cuando aun se le busca un lado bueno a la vida, sumergida ya en una negrura impenetrable consiguió aun oír un crujido que conocía de memoria, la torre iba a derrumbarse, sintió el aire tibio y podrido en su espalda, fruto de los primeo bloques que habían ya sucumbido, solo pudo ver algunos rayos de luz entrar por las hendiduras antes de sentir el peso de todos los bloque sobre ella, la torre se había derrumbado.

Se dio cuenta que podía respirar que el cuerpo lentamente iba recuperando sensibilidad, el dolor le sobrevino de repente piernas, tobillos, cadera, abdomen, pecho, espalda, todo le dolía como si quisieran separarse del cuerpo, el peso de los boques sobre ella le permita muy limitada movilidad, podía ver sol de frente, vio su pequeño catre y su camisón roído casi con añoranza, atrapada como estaba entre el peso de los bloques iba ser una empresa casi imposible volver a sentir el contacto del viejo camisón sobre su piel, le gustaba sentir la fricción contra su cuerpo frío y desnudo, quiso empujarse con las piernas e intentar salir pero estaba atrapada entre el frío opaco de los bloques que habían ya cambiado de forma y pesaban sobre ella como una gran loza, por la distribución podía respirar, auque le dolía todo el cuerpo al hacerlo, procura tomar el menor aire posible para no lastimarse al inflar el pecho, atrapada comenzó asentir pulsaciones de un dolor diferente, el hambre, habían pasado horas, quizá días desde que emprendió la construcción de la mujer-torre, sentía esa molestia vacía y pujante del hambre, esa mala broma de dios, el hambre se presentaba opacando a todos los demás dolores, por ser mas insensata, por ser mas indignante, mas monótona, el hambre ha sido tanto tiempo antagonista del ser humano que ya perdió la gracia, la premura , ya no causa estragos y llantos estamos vacunados, eso le molesto a Sofía que algo tan insignificante como el hambre, algo a lo que la humanidad se ha empeñado en restarle importancia, ahora ocupara todo el dolor de su cuerpo, y no la dejara sentir el aplastante peso de los bloques sobre su frágil cuerpo, deseaba sentir el pausado e implacable peso de la muerte, ese casi placentero dolor que se va llevando de poco la humanidad a pedazos, desprendiendo como huracán todo aquello poblado dejando virgen el alma, podría considerarse un suicido, pensó, sabia que la torre caería sobre ella, aun así lo intento, quizá inconcientemente había ya tomado la decisión de morir, no ella, su cuerpo blanquecino casi transparente, lo dramático no resulta el suicidio en si mismo, si no vivir en un mundo donde la gente se vea obligada a entregarle al gran tirano traga almas que el mundo el único bien que quizá por ingenuos consideraban divino, le causo una inmensa tristeza estar muriendo así, sin saber a ciencia cierta que la esta matando, o si ya esta muerta y enterrada, eso debían sentir los muertos al estar sepultados, sepultados bajo sus fracasos, así la torre sobre Sofía los bloques que jamás pudo armar terminaron por derrumbarla, sepultarla, convirtiéndola en escombro, atrapada con las piernas entreveradas entre bloques de metal frío, miro su catre, lucia lejano y resplandeciente, cubierto por ese halo de pasividad y engaño que encierra el pasado que parece siempre haber sido mejor que le presente fruto de su olvido, las puntiagudas ráfagas de dolor seguía atacando su estomago, el hambre parecía apretar y su cuerpo inmóvil negaba cualquier situación de pelea, algo había acabado con su sentido de supervivencia, sus ojos grises palidecieron hasta quedar casi blancos por completo, dejándose caer como uno mas de los bloques, vencida por el dolor comenzó a soñar.

Soñó con pequeños cerros verdes que terminan en el mar, con sus olas secuenciadas, tres, como eco, se forman una tras otra, y caballos viejos y doloridos camina en fila por la playa, llena de cangrejos, un hombre solo, sentado a la orilla mira al horizonte y sonríe, ella cree conocerlo, y quiere mirar con el hacia le horizonte y sonreír, pero ella no alcanza a ver mas allá del cuadro descrito, es incapaz de cambiar su ángulo de visión, grita pero no le sale la voz, el hombre la mira con la misma alegría y la saluda, siente como el corazón le palpita, el agua salada del mar el salpica los labios, intenta ir a el pero se da cuenta que esta en lo alto y no puede bajar no ay forma, y el hombre la sigue observando y ella se siete querida, el cambia de posición y sentado ahora la observa a ella sin dejar de sonreír, Sofía siente una calma que le invade el cuerpo, alcanza a percibir el sabor freso y salado del aire tibio de la playa, el hombre no parece moverse, la mira afablemente y de rato en rato le hace ademanes cariñosos, los caballos viejos siguen su camino incansables, los cerros se van deslavando con cada hola, ahora se ven casi azules y se van haciendo cada ves mas pequeños, los caballos también son arrastrados por las holas, el hombre sigue sentado el mar lo cubre y lo descubre de arena y agua, Sofía lo mira fijamente a cada ola se va poniendo viejo, arrugas se forman en las comisuras de sus ojos, como si algo le jalara la piel por dentro, barba cana la comienza a crecer sin fin y se enreda en las patas de los caballos, la arena luce cada ves mas blanca, los cerros son ahora solo pequeños montículos de hierbazal amarillejo, los caballos que lograban pasar las olas se enredan en las barbas del hombre y caen furibundos, con las patas rotas, el hombre cambia de semblante le duele ver a los caballos caer por su culpa, intenta recoger su barba, pero apenas la recoge un poco una ola los cubre y en su regreso al mar la extiende otra vez, mira a Sofía con tristeza y ella puede sentir como corren lagrimones salados por sus mejillas, el hombre se va poniendo mas y mas viejo, una pila de caballos y penden de su barba, sus manos ya temblorosas y arrugadas le dicen adiós a Sofía, ella desesperada busca como bajar a ayudarlo pero no ay ningún camino , la pila de caballos con las patas rotas va siendo poco apoco comida por el mar, y el hombre también, sus afables ojos se tornan grises y poco a poco se va adentrando en la inmensa masa de agua, mira una ves mas a Sofía y sonríe con sus tiernas facciones, Sofía extiende su delicada mano para despedirse de el, el hombre desaparece en el mar.

Alguna parte de su cuerpo sentía el contacto punzante de los bloques dándose cuenta que seguía enterrada bajo ellos, en una prisión helada y mortecina, no sabia cuanto tiempo llevaba ahí, el dolor la hacia perder la razón, para dar entrada a una serie de alucinaciones y ensueños, alrededor de un pequeños pozo se erguía una mesa con alimentos de los cuales Sofía no recordaba ni el nombre ni el sabor, para acceder a ellos debía dar algunos pasos, se abalanzo sobre ellos pero algo la detenía, sus pies estaban enredados en la barba del hombre, lo busco por todas partes, no había nada era solo su barba proveniente de algún lugar, supuso que del fondo del mar, no sabia en que momento se había enredado, recordaba la sonrisa del hombre y quiso verlo, intento jalar de la barba y retroceder, pero el camino era lúgubre y tuvo miedo, entonces sin pensarlo se desenredó la barba de los pies y que do libre, penos en la comida junto a la fuente y corrió al sentirse capas de moverse, al llegas quiso recordar al hombre, no pudo, ya lo había olvidado, la cubrió un denso manto de oscuro dolor hacia mucho que no veía a otro ser humano y quería atesorar a este para sus recuerdos pero lo olvido como a todos los que en alguna ocasión debió haber conocido. Hormigas diminutas cubrían la comida aun así comió, desesperadamente, mordiéndose la lengua y los labios por masticar rápido, quería ganarles el banquete a las hormigas, malditas oportunistas pensó, los sabores se le entremezclaban, dulces, saldos, amargos, ácidos, no recordaba el nombre de nada así que le daba colores por nombres, dependiendo el sabor, algunas cosas sabían amarillo, otras rosas, otras verdes, ninguna azul, supuso que así debía saber el mar, la hormigas le transitaban por su boca de adentro hacia afuera, sacaban pequeños trozos de comida una sin deglutir, las hormigas incesantes salían de su boca, al poco rato la sensación de saciedad fue desapareciendo, el hambre otra vez comenzó a sentirse, el sabor cromático de la parecía viajar ahora hacia afuera, intento con toda su fuerza mantener la boca cerrada para evitar que se salieran las hormigas con su comida, no quería otra vez sentir el dolor del hambre, algunos lánguidos y opacos abetos se vislumbraban en el horizonte, sombras de algún bosque muerto, Sofía supo entonces que debía irse para allá antes que el hambre no le permitiera moverse otra vez, algunos cabellos grises de la barba del hombre seguían enredados en sus tobillos, los tomo entre sus dedos y jugueteó con ellos quiso recordar al hombre, y una vez mas no pudo, ni la playa, ni los caballos, ni su propio rostro camino hasta donde los abetos dejaban caer sus ultimas hojas, las Piernas otra vez le dolían; “despertó”, la pesadez mortecina de los cubos seguía , enterrada viva en aquello, en ese mausoleo que ella había construido, perdida entre el marasmo de su ideas, su cada día mas desvirtuada muerte sugerente y seductora, puerta abierta siempre, ya no le merecía el mas mínimo análisis, la mas escueta reflexión, en algún lugar de su conciencia sabia que seguía atrapada bajo los bloques con las piernas dobladas derrotada, asimilando las consecuencias de su fragilidad, de el olvido, “el pasado es bueno por que ya paso” se repetía al ver su catre pequeño y estéril, ausente de cualquier ornamento , por un momento lo extrañó, por un momento el recuerdo de esa cama odiosa y ajena fue su único deseo, perdida como estaba en una cuarto gris, acompañada solo de si misma y de sus recuerdos creados para no enloquecer, de aquellas personas sin nombre que aparecían relampagueantes de entre las coloridas nebulosas de sus sueños, que trataban cada día mas infructuosamente de imprimirle algún significado a ese encierro eterno, a ese infructífero armado de torres destinadas siempre a caer vencidas por su imperfección, no comprenda el porque de la necesidad de crear también recuerdos tristes, recuerdos furibundos, melancólicos, pero le era cada vez mas necesario, al crear solo recuerdos felices no conseguía mantener la atención, su cerebro comenzaba a darse cuenta de lo inverosímil de las situaciones y la forzaba a salir de su fantasía, por lo cual mantener líneas de pensamientos felices le resultaba contra producente, a ratos imaginaba que salía de cuarto, se daba cuenta que todo era solo una prueba y que afuera la esperaban decenas de personas con el fin de llevarla con ellos a sus diversas ocupaciones, como siempre no conseguía diferenciar los rostros de cada uno, eran sol manchas, pero se sabia querida, y entonces comenzaba a elucubrar cuales serian las diversas vicisitudes que pasaría al construir una vida con ellos, a ratos hombres, a ratos mujeres, a ratos andróginos seres sin deseos mas a allá de raras búsquedas por un rato de felicidad, siempre viajando en busca de algo, esperando aquello que nunca llegaba, el premio esperado que alanzaría cuando diera vuelta la rueda de la fortuna, paro al llegar arriba solo estaba el inmenso e inalcanzable cielo …, y después el inevitable regreso al suelo, despertó de uno mas de sus ensueños cada vez mas diluidos entre dolores que el cuerpo se negaba a olvidar, el pesos de los bloques y la inmovilidad le provocaban calambres que parecían quererle romper los huesos en pedazos, las venas cada ves mas frías y vacías le quemaban músculos que aun estaban en condición de sentir algo, cayo en n profundo sueño, el único dolor que no logro olvidar ni en el sueño fue el del hambre, el estomago empedernido se plegaba sobre si mismo como para auto consumirse, no ay nada peor que hasta en los sueños tener hambre, en el sueño estaba postrada frente al mar, pero había olvidado como era el mar, aun así sabia que frente a ella estaba el mar, aunque no viese mas que una masa de colores informe y gigantesca, caprichosa, eterna, y bajo sus pies doloridos, algo como una brisa le acariciaba los dedos.

Pudo sentir aire por todo el cuerpo, le circundaba, le cubría, corría libremente, se dio cuenta entonces que podía moverse, los bloques seguían en la misma posición, no se movieron un milímetro, pero su cuerpo había perdido masa, cualquier movimiento brusco ocasionaría que los bloques cayeran de lleno sobre ella y la aprisionaran de nuevo, debía arrastrarse sigilosamente, sus manos y piernas entumidas no respondían a su petición de moverse, casi yertas y sin sangre, solo daban como respuesta al intento de movimiento miles de pulsaciones y pequeños calambres, solo un paso en falso daría pie a un nuevo derrumbare de los bloques, debía salir de un solo movimiento, sigilosa, muy despacio, estiro su delgado brazo tratándose de asirse del suelo, sabia que no tenia nada por que salir de su tumba de bloques, pero tampoco tenia por que quedarse, morir es un concepto vago y ambiguo, si lo pensamos detenidamente no ay ninguna razón para morir, así que decidió intentar salir, solo tendría esa oportunidad, debía tratar, volver a su catre y sentir el contacto de su viejo y roído camisón, probar otra vez la comida, recordar como se sienten los otros dolores, los mas interesantes, los mas intensos, los que no tienen que ver con el hambre, le daba asco solo sentir ese primitivo dolor, por mas que intentaba no podía mover las piernas, solo se podía valer de sus frágiles brazos, rasgo con las uñas el suelo y con el brazo en el interior empujo con fuerza contra los bloques, por un momento estuvo libre mientras los bloques comenzaban a caer, con un esfuerzo inhumano que le destrozo las uñas y el dedo meñique consiguió salir antes de que le cayeran los bloques encima de nuevo, su débil cuerpo quedo tendido apenas tras la fría avalancha de bloques, un golpe furioso de aire frío le dio de lleno en el todo el cuerpo , respiro hasta que sus pulmones comenzaron doler, tosió escupiendo gruesas gotas de sangre, quiso darse la vuelta, pero se dio cuenta que estaba atrapada que una de sus piernas, estaba bajo algunos bloques, le sorprendió que no le doliera en lo mas mínimo, se dio cuenta entonces que no la sentía y que gran parte del tiempo que paso bajo la torre no la había sentido, comenzó a empujarse con fuerza, sintió un leve tiron, un sonido seco lleno la habitación, quiso gritar pero estaba paralizada, chorros de un liquido incoloro que antes fuese sangre, salpicaron las grises paredes, podía ver su blanco huesos através de la herida, se tomo la pierna, fría como los bloques, apretó tratado de parar la raquítica e incolora hemorragia, no podía sentirla, era como tocar un viejo trozo de cuero, seco, tenia un color casi azul, sus gruesas venas ya no se distinguían, y su carne estaba dura y seca, la herida comenzó a ceder la hemorragia, se arrastró hacia su catre y amarro su viejo camisón a la pierna, subió al catre y cayo en un profundo sueño, personas blancas y delgadas caminaban sin parar hacia una especie de pozo, tomaban de el un liquido color ladillo para después arrodillarse frente a una gran pared, ninguno tenia cabellos pero Sofía podía darse cuenta que eran hombres y mujeres, después comenzaban a frotar su cabeza calva contra la gran pared, con movimientos salvajes y convulsos, poco a poco la pared se había pintado en color rojo sangre producto de el salvaje frotar de las cabezas, iban cayendo uno a un cuando no podían mas con la cara destrozada irreconocibles, la fila tras del pozo parecía interminable, algunos caballos viejos bebían de la sangre que se iba encharcando en el suelo, perros flacos se llevaban algunos de los cuerpos aun moviéndose, convulsos y perdidos en una torpe y sosa agonía, Sofía estaba ahí mirándolos sin decir nada, contemplándolos, sentada en una silla de madera, apolillada, a punto de caer aun así no se movía, los cuerpos seguían cayendo tras el golpeteo constante de las cabezas contra el muro, producía un raro ruidajo parecido al que emiten los grillos al frotar sus patas contra su exoesqueleto, nubes lúgubres cubrían el cielo, y algunas gotas de lluvia caían pero no tocaban el suelo. Sofía abrió los ojos, las paredes grises parecían más grises que nunca, iguales, idénticas, no noto nada distinto, ¿cuanto tiempo paso bajo los bloques?, no tenia idea, sus manos parecían las de un muerto de varias semanas, esqueléticas podía ver las venas translucidas en un color rojo parecido al de la sangre, no podía mover su pierna derecha y la izquierda lucia un color pardusco casi gris, el plato de latón con trozos de comida estaba como siempre junto al catre, no sabia como llegaba, pero sabia que de vez en ves aparecía siempre el mismo plato, alguna vez lo uso como parte de la torre y durante el tiempo que tardo en construirla nunca le sustituyeron el palto y no recibió comida, fue la primera vez que sintió alivio al ver caer la torre, como niña en navidad corrió a poner le plato junto al catre y después a dormir con la esperanza que al despertar el palto de comida estuviese a un lado lleno y a si fue en esa y en muchas otras ocasiones, siempre aparecía lleno de la misma comida que para Sofía había perdido ya el sabor, tomo una vez mas la insípida comida y la intento englutir su cuerpo la rechazo casi de inmediato, solo le permitió dar un par de bocados, su escueto y débil cuerpo no pudo resistir la ingesta la poca sangre que le quedaba se agazapo en le estomago y la hizo desmayar cayó en el catre temblando algunos movimientos convulsos daba la impresión que sufría un ataque, abrió los ojos y no pudo ver mas que nubarrones grises por toda la habitación, poco a poco comenzaban a tornarse en colores verdes, morados y azules, las paredes parecían de gelatina y el piso se moni como un río en calma mecido por el viento, abrió los ojos y se dio cuenta que seguía encerrada en ese cuarto, miro de soslayo y vio los cubos tirados, esperando, esperando a que alguien los edificara y construyera algo que resulte bueno, pero ella ya no tenia fuerzas, se sintió asqueada y grito como nunca, los pulmones parecieron salírsele por la boca grito queriendo romper aquel cuarto, grito con las fuerzas que ya no tenia, con aquellas que le habían arrancado, grito hasta que se le acabaron los gritos, lloro pero sin lágrimas, quiso moverse pero las piernas no le respondían, las venas parecían querer explotar, le hormigueaban quemándola hasta el estomago, tomo su camisón, los bloques oscuros yacían en el suelo tentándola, obligándola a arrodillarse, a construir sin , fin a enrolarse en la estupida esperanza, enamorándola de una idea tan vacua como el tiempo mismo, y ella solo veía su quebradizo cuerpo finito disminuyendo de masa, perdiendo belleza, perdiendo aquel torneado que ya no sabia si alguna vez tuvo, tomo su camisón que ahora le quedaba enorme, lo saco de su cuerpo como si fuera la envoltura de un caramelo lo tomo por los extremos, y lo oprimió sintió en su cuello apretó lo mas que pudo, quería quebrarlo, ahogar por fin ese sufrimiento, esa esperanza, siempre falsa, siempre melosa y mentirosa, melanomana maldita, charada de dios, que triste engaño, apretó buscando no respirar, aposto a que la tristeza fuese mas fuerte que la supervivencia, que su cuerpo se rindiera por fin, y los bloques seguían en el suelo, mirándola, retándola, seguros de que “alguien”, los podría armar, construir con ellos la épica de un vida que trascendería, sus manos seguían apretando el camisón alrededor de su cuello, una vez mas cayo de tajo ahora sobre el suelo helado, exhausta, con los brazazo agotados y amoratados, doloridos, y el rostro casi gris y sin vida, lastimada por fin en el espíritu, rota , rota de todos las coyunturas donde se puede romper una mujer, arrastrándose se acerco a los bloques los tomo entre manso, lucían mas sosos y absurdos que nunca, cubos sin mas, sin decoración, sin utilidad aparente, los lanzo con la fuerza que le quedaba, los cubos cambiaban y cambiaban de forma, para regresar a sus mismos ángulos, Sofía en el suelo podía ver lo que quedaba de sus piernas, sabia que no las podría mover nunca mas, y que no tardarían en comenzar a cangrenarse, por lo menos la derecha, podía ver el hueso con restos de lo que aun a momentos pareciera sangre, respiro el viciado y viejo aire, olía a eternidad, a tedio, se recostó sobre los bloques, estaban mas tibios que de costumbre, quiso soñar pero se quedo dormida, por un momento pensó ver una luz sobre su cabeza después el dolor la volvió a levantar, las piernas en llamas, los huesos querían salírsele de la exigua masa muscular que le quedaba aun en las piernas, se dio cuenta que a pesar que parecían arder estaban heladas, muertas, se dio cuenta que así empezaba, poco a poco, lento y desquiciante como toda su estadía, así iba a ser su muerte, libro de mil paginas, que monótono narra las desavenencias, incansable, inmutable, plagado en tinta que los años y las lagrimas no borran, así ese frío de muerte que le consumía las piernas se iba a apoderar de cada parte de lo que antes fue su cuerpo, reducido a una ahora a una masa esquelética, triste y grisácea, oscura, el cuarte se había convertido en una masa de nubes grisáceas, era incapaz ya de distinguir las paredes grises, o si quiera su catre, sabia donde estaba, se arrastró hasta el, la vista le volvía por segundos como una ráfaga, para después perderse de nuevo entre nubarrones que le presentaban una nueva perspectiva, por un momento se sintió libre, subió arrastrándose a su catre, con el cuerpo repentinamente liviano, comenzó a querer tocar las manchas a sentir la textura de los nubarrones, barriendo con los brazos el espacio, recorriendo con su delgados brazos, tratando por fin de apropiarse de aquel espacio que nunca fue suyo, y que ahora se reconfiguraba repentinamente en una enormidad, ante sus ojos casi ciegos, y ante su inexistente vientre de mujer, la ausencia es la eternidad mayúscula, y ahora ella sin darse cuenta comenzaba a ausentase, batía sus brazos y bailaba al ritmo de las misteriosas manchas, quizá ahora el único recuerdo de algún hogar con un pequeño jardín, una sala de estar, con canarios en la entrada y un enorme perro, las manchas son entonces la totalidad de los sueños y pesadillas, cabezas de caballos que recorren el cuarto, de hombres barbados que esperan, de olas que pretenden comerse a la playa, de mujeres con piernas torneadas y bronceadas, de lagrimas que manan por cualquier cosa, de edificios hechos con canciones que no se caen, de orgasmos perdidos en recovecos misteriosos, el dolor iba desapareciendo, los cubos parecían ya tan distantes, tan inútiles, era ella y su catre y su viejo camisón que quiso ahorcarla, aun así lo perdono , y lo dejo caer sobre sus delgado y puntiagudos hombros, lo sintió suyo y le gusto tener algo tan propio, tan inútil, tan viejo, totalmente suyo, toco débilmente su piel y no se reconoció, sintió algo distinto, duro, seco, muerto, marchito, como terrones nunca quebrados por la lluvia, quiso entonces recordar la lluvia …, no pudo, y tampoco la sensación del agua al pasar sobre la lengua, por el esófago y hasta el estomago, ni el sabor supuestamente nulo del agua. Se dejo caer sobre el catre, ya no sintió dolor.

Soñó con tierra, con gruesos terrones que caían sobre un gran espacio abierto, al final un hombre o una mujer, no pudo distinguir, se despedía de ella, la tierra no la dejaba caminar, la cubra rápidamente y un peso enorme retenía sus piernas, la tierra le llegaba a las caderas, largas y languiduchas flores crecían a su alrededor, la tierra ahora caía en pequeños granos como de sal, y muy lentamente las flores inundaban el espacio, con colores ocres, el hombre o mujer se había marchado, en su lugar blancas y pequeñas gallinas picoteaban en la tierra, sacaban, lombrices rojo sangre que se deshacían al contacto con el aire, busco caballos viejos, como en todos sus sueños, pero no había ningún caballo, se dio cuenta entonces que estaba soñando, despertó con la boca seca y pastosa, pensando en porque no se puede seguir soñando cuando uno descubre que algo es un sueño.

Abrió los ojos solo para darse cuenta que ya no había diferencia entre tenerlos abiertos y cerrados, ahora todo era oscuridad, pequeños reflejos le permiten ver aun algunas débiles sombras en el suelo, los bloques inútiles yacían sin construirse, inmóviles, el plato de latón se había llenado nuevamente, el plato lleno que antes represento la única abundancia de la cual Sofía podía echar mano, era ahora un cacharro sin forma, sin utilidad, sin ningún potencial de gozo, un trasto con comida insustanciosa que ella ya no podía ingerir, recordaba el sabor que en alguna ocasión le había provocado aquella comida, era un banquete, una explosión de sabores buscados y encontrados, después bailaba consigo misma y con sus construcciones de bloques en forma de gallos y gallinas, piñatas, caballos jóvenes y viejos, dulces con formas caprichosas, extraño los días en los que a pesar del cuarto lograba ser feliz, lograba crearse un cosmos al interior, vulnerando cualquier lógica, y se retaba a ser feliz un rato y lo conseguía, brincar sobre su catre y cerrar los ojos, sentir como el are se ponía frío en sus mejillas, tocar las paredes en busca de grietas y oquedades nunca encontradas, ver a los bloques como objetos de placer y no como su monótono y pasivo calvario, como las llamas bajas e inofensivas de un purgatorio que parecía estar viendo su ocaso, toco su cuerpo maltrecho y quiso calcular así cuanto tiempo llevaba en aquel cuarto, solo pudo especular como todos los pedantes científicos, afirmar para si mismas sus meras especulaciones, y comenzó a contar los minutos que le restaban así al expirar podría saber cuanto tiempo tardo en morir estando encerrada entre esas paredes.

Se puso la temblorosa mano frente a la nariz, se dio cuenta que seguía a respirando, sucedían dolores que creía no conocer, algunos juguetones, otros agresivos y virulentos, algunos calientes, fríos, afilados, redondos, podía describir incluso el color atrás de cada dolor, le dio gusto sentir algo mas que el hambre, algo similar a la alegría se apropio de ella, se dejo caer de su catre, no podía sentir de estomago hacia abajo, se arrastro hasta los bloques, solo podía ver sombras en aquellos objetos que conocía tan bien, tomo uno lo acaricio y comenzó a construir una torre, una torre sencilla, como las que en un principio había construido, cuando no tenia realmente idea de lo que implicaba, cuando comenzó a construirlas para combatir el tedio, para tener algo que hacer, tomo bloque por bloque los palpo y construyo despacio hasta donde pudo, formando pequeñas torres, hasta donde le permitían sus brazos, eran torres modestas y sencillas, coloco uno a uno los bloques en las pequeñas torres, que debían llenar ya mas de la mitad del cuarto, Sofía al centro solo podía ver las sombras, de todos aquellos pilares que la rodeaban, seguía edificando una tras otra, arrastrándose, levantando difícilmente los brazos que a cada segundo le pesaban mas, como dos trozo de hormigón que va desmoronándose, la ultima torre era visiblemente mas pequeña que las demás no podía encontrar mas bloques, los debía haber perdido, se arrastro por entre la torres buscando los bloques restante, la lógica indicaba que debiesen estar en algún lugar del cuarto, no podían haberse desvanecido, ella sabia que estaban, pero ahora que no podía ver, le era difícil encontrarlos, creía saber incluso cuales eran los dos que estaban perdidos, como se habrían movido, quizá ella los lanzó en un momento de histeria, siguió arrastrándose buscando frenéticamente, derrumbaba algunas de las torres pero las reconstruía casi en el acto, no supo cuanto tiempo estuvo buscando, las palmas de las manos comenzaron a desgarrarse, dejando un ligero hilo de sangre sobre todo el piso corría como un sutil y casi imperceptible arroyo, sentía como los huesos de los brazos comenzaban a mullirse, usaba todo el cuerpo para moverse se lanzaba de lleno hacia adelante sin importarle el dolor generalizado, no podía comprender como es que se perdieron, si en todo el tiempo que estuvo bien, jamás había perdido uno aun que los lanzara contra las paredes, los arrojara con fuerza o construyera torres tan altas que al derrumbarse quedaran tan disgregaros que tardaba una eternidad en juntarlos. Un sonoro crujido, su brazo derecho se paralizo cayo de lleno bocabajo, intento seguir arrastrándose y no pudo, el brazo derecho había quedado inmóvil y el izquierdo apenas tenia fuerza, con dificultades se volcó hacia arriba, pudo ver claramente las sombras casi manchones de los pequeños pilares verticales, de pie mirándola ahora en posiciones invertidas ella en el suelo inmóvil e inútil, ellos por fin de pie, mínimos e insignificante, pero de pie, respiro y sintió como todo su cuerpo se contraía al recibir aire, tosió un par de veces pudo oír el sonido de sus huesos a quebrarse, quiso cantar aquella melodía que solía recordar, pero solo pudo interpretarla para si misma, su garganta se negó ya a emitir sonidos.

Los pilares lucían como si llevasen ahí toda la eternidad, ocupando el espacio soberbios y enanos, Sofía pudo sentir una fuerza que la movía, alcanzo a distinguir una luz, una silueta, la pequeña puerta que alguna vez encontró se había abierto, pudo distinguir la figura de una mujer joven, bella, fuerte, de piel bronceada, la vio entrar, pudo sentir su miedo, la puerta se cerro enseguida, Sofía lentamente iba siendo jalada hacia algún lado sintió como su cuerpo caía en un vacío oscuro y luego solo calidez que la arropo, perdió de vista la silueta de la mujer, sintió pena por la recién llegada, le hubiese gustado hablarle y darle aliento, pero no podía darle lo que ella misma ya no poseía, todo parecía ahora oscuridad, sabia que estaba fuera de aquel cuarto, respiro doloridamente y sintió como su cuerpo quedo inmóvil. Distinguió sus piernas, su cabello largo, sus manos delgadas, cientos de gallinas blancas la llevaban en vilo, marchaban trotando, la plumas blancas y suaves hacían cosquillas en su piel que había adquirido de nuevo color, las gallinas bordeaban una zanja llena de agua transparente y brillante, al final de la zanja un hombre bebía agua agachado, al acercarse la miro a los ojos, ella recordó entonces como sabían los besos y le alegro acordarse de algo, el hombre subió al lomo de las gallinas, algunos caballos viejos se dibujaron en el horizonte, el hombre le toco delicadamente los hombros, le paso el brazo lentamente por la cintura y la asió fuertemente, algunas casas de lodo se alzaban a los lados del camino, un umbral abierto y oscuro estaba al final, ninguno parecía dispuesto a bajarse de su lecho de gallinas, el hombre acaricio con sus labios la oreja de Sofía, el umbral cada vez mas enorme parecía infinito, solo podían distinguir oscuridad, las gallinas comenzaron a entrar, el hombre la tomo por las mano y la miro fijamente, le pregunto :
- ¿No has visto mi barba? Es que la perdí
- ¿Dónde la perdiste?
- no se… se me olvido.

Texto agregado el 09-02-2010, y leído por 134 visitantes. (2 votos)


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