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NO ERA TAN IMPORTANTE COBRAR HOY
(Terremoto del 2010)

Te costará más trabajo doblar una brizna de paja
que a él doblar tres rieles de hierro formando haz.
Te costará más trabajo levantar y llevarte a los
labios una taza de agua que a él levantar un mar
entero, sacudirlo, agitarlo, coronarlo de espuma y
verterlo sobre la tierra. Muerde una montaña con
más facilidad que tú un terrón de azúcar. Rompe
tres cables metálicos trenzados con más facilidad
que tú un hilillo podrido. Te cubrirás de sudor y
te pondrás como la grana si intentas deshacer un
hormiguero con un palo, y él es capaz de destruir
toda la ciudad de un solo golpe. Levanta en alto
un buque, como si fuera una piedrecilla, y lo
estrella contra la costa.
¿Has visto fuerza semejante?
-Leónidas Andreiev.






Hubiera valido la pena quedarse en casa, bien guardado. El sábado anterior sucedieron tantas cosas que hoy, este lunes ajeno, impenetrable, no le alcanzó a nadie para nada. Ni siquiera a mí, porque me di cuenta que no existe la excusa inverosímil para salir a la calle a cobrar o venderle, al menos, un sosiego a mis clientes, o a quien fuera. El que no se aventuró por la Ruta Cinco Sur, para ir a buscar a su familia, no fue a trabajar porque se cayó el sistema. Tampoco funcionan los cajeros automáticos, los celulares. La mayor parte de mi cobranza cotidiana se hizo humo entre la cuarteadura de los edificios o un elevador que parecía péndulo de reloj antiguo; daba miedo dar un paso en cada pasillo en penumbra.
Es la primera vez que no puedo meterme a la bolsa de mi pantalón un solo centavo; pero aunque lo hubiera hecho, ¿de qué habría servido?
Las palmeras, por todas partes, bajo su sombra triste, reponiéndose del estremecimiento, fueron dejando una especie de rastro anónimo a quien corresponda, que yo seguí por aquí y por allá durante el día, como si me sugirieran el nuevo rumbo del jardín a la avenida hasta uno que otro parque; como el Almagro, donde está salpicado el césped hasta el asfalto, aún trémulo, de una llovizna impredecible de sus semillas color naranjo intenso, como cosecha prematura que un pulpo de mil garras hubiera sacudido; porque la naturaleza a veces crea un engendro anónimo; sin que nada, fuera de lo sensato, suceda.
En este país, a cada generación le llega el día de su llovizna de palmeras.
Una vieja, por avenida Matta, procuraba esconder su mirar a la vista de algo que fue su casa. Ese vagabundo, oloroso a su último orín de miedo, al contrario de la abuela, quiso retener para siempre la visión de las ruinas de su propia ruina, con los párpados en derrumbe, al filo de la vereda.
Tal parece que hoy los automóviles guardaron más luto que nosotros, transeúntes con sicosis extraviada desde un mutismo impresionante, en el centro. Una ciudad –perdón… hubo otra réplica-; una ciudad, decía, con el silencio espinado en sus nervios; tanto que pude transportarme hasta el aullido sincero de ese perrito del vecino. Ni el mío, más nervioso que una gata preñándose; ni el par de Pastores, dos casas más allá, ni siquiera ese orejón latoso hasta la mierda; únicamente ese diminuto French Poodle, con su aullido ululante predijo lo que nadie dio por cierto que venía.

La luna estaba a punto de llenarse de zozobra, asomándose a ratos entre una delgada tela brumosa que terminó por quitarnos el sueño durante veinticuatro horas; cuando la emergencia, disfrazada de instinto, nos obligaba a voltear hacia arriba, a los lados; al foco mismo de cualquier sicología sana, porque era demasiado.
El gran paseo que la Madre Tierra nos dio, quizás haya sido involuntario. Prefiero pensar que a la Mama, al sentir que su hijo se le caía, lo agarró como mejor pudo, provocando que Chile terminara atolondrado; y que mi mejor cigarrillo de la semana, ese puchito-post, seguro que se apagó en algún rincón, cerca de la cama.
Parecía como si bajo nuestros pies pasara el caos de cada línea del metro de Santiago.
La Negra me gritó:
-¡Mejor ven acá porque está muy fuerte!
Me olvidé de la televisión que detenía por puro instinto. La alcancé a ella en el dintel de la puerta, deteniéndome del marco de madera. Cada cristal que se estrellaba en el suelo era un violín más, unido al concierto, a la orquestación discorde, súbita, desequilibrada, maníaca, furiosa, sin fin. El arrastre de un pesado mueble fue el oboe que modificó el compás de nuestro baile; estrechos en un abrazo.
La afonía taciturna, paz inversa, quietud en ansia, necesario reposo para invitar a la cautela de más réplicas, en prudente reserva sin contagio; porque todo esto es una especie de enfermedad personal, un virus que se desarrolla de acuerdo a como a cada uno le plazca en su temple, sus circunstancias.

Es el primer día, en el último siglo, en que sólo las calles peatonales obsequiaban al oído un murmullo por lo bajo; como en el cine, cuando acaba la película, tardan en prender las luces y nadie entiende si todo fue un truco de la cinta o una ensoñación sin culpas de por medio; que solamente le permitió el derecho de expresión a uno de esos predicadores de la buena nueva: hasta el eco se le atragantaba en el Paseo Ahumada; en una mano su polvorienta -¿desempolvada?- Biblia, la otra, trémula en su grito gastado, parecía pedirle una convincente explicación a su particular cosmos; donde todo sigue intacto, hasta la luna que esta noche no puede crecer más. –Allá afuera, en el espacio, nada ha sucedido, ¿te das cuenta?

Vivo en este país desde hace dos años. No tenía muchas ganas de escribir pero bueno…
Me gustaría que esta luna, más que concluyente en su redondez, siga así, despejada, sin argumentos para ese perrito de mal agüero.
No olvidaré nunca aquel bufar, más que rugido. -Los ocho centímetros que el eje de la Tierra se modificó, desde anteayer, me tienen sin cuidado.
Cuando pasa un auto, a medianoche, o cruje la ventana, o la cajonera, por efecto del calor-frío, en este verano que se va, a la Negra y a mí se nos sigue cortando el sueño; pero no nuestro sueño.
En fin, no era tan importante cobrar hoy.

Texto agregado el 08-03-2010, y leído por 440 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
07-04-2010 Que bueno que lo escribiste, una crónica de ese lunes en que nadie salio a trabajar, y los que salieron, se devolvieron, caminaron sin rumbo fijo por la ciudad. Un paseo por ese Santiago dolorido, sobrecogido, en donde todo lleva la marca del 'gran paseo', la gente como las palmeras o los perros... Tu sensibilidad permite sentir algo de esa atmósfera en esos momentos en los que nada es como antes, en que se vive al minuto, al segundo, al ritmo de las réplicas, con la mirada perdida. Y ese abrazo aferrados a la puerta, vivido por tantas y tantas familias, todos meciéndose al ritmo endiablado de la Mama que agarró como pudo a su hijo para que no se cayera, hermosa imagen. Y ese ruido de cristales rotos, de muebles que se desplazan varios metros que tu mirada de poeta transforma en concierto, cacofónico pero musica al fin y al cabo, seguida de ese silencio enorme... Gracias por este escrito tan lleno de detalles, de sensaciones, de impresiones. loretopaz
30-03-2010 Mi querido carnalito... necesité tomar distancia de tu texto. Lo leí nada más lo subiste. A todo lo que genera la distancia, se me sumó la impotencia. Las ganas de abrazar y no poder. Eso que los banales e idiotas no entienden: que uno pueda querer a alguien que nunca tocó, como si fuera de su propia sangre. Lo que, te repito, los banales idiotas y críticos no entienden. Hoy, que he tomado distancia, sólo puedo decirte que temblé con ustedes y sigo temblando. No es miedo. E lo contrario: amor. Algo que los idiotas banales no pueden entender. POrque están demasiado ocupados en la pelusa de su ombligo. Eso, carnalito, que te quiero y que espero que ya la tierra no tiemble donde están quienes amo. Un abrazo. Y las estrellas que los ojos de bien saben mirar. cromatica
28-03-2010 es cierto, las prioridades cambian no?...y más para ese mendigo que ve las ruinas de su propia ruina. muy bueno el texto, saludos, fafner
17-03-2010 Se me apretó el pecho recordando el día... tienes razón ese lunes nada fue realmente importante, aún estábamos en estado de shock. kits
12-03-2010 Y es que esos sueños compartidos forjados a fuego,son incorruptibles.Me emociona saber de ustedes,saber que estan.***** anablaumr
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