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Mamá, existe mucha gente que desea que te ofrende cosas, que te regale el oro y el moro y te atarugue de abalorios inservibles para ti. Me bombardean por las noches, impidiéndome conciliar el sueño, me acosan a cada instante para que te llene de regalos, tal si el calendario se hubiese revolucionado y sobrevenido de pronto una extemporánea navidad. Condicionan mi cariño con viajes al extranjero, con televisores gigantescos y equipos de sonido que a ti te desacomodarían. Me piden que te regale joyas, vestimenta, hasta automóviles, en circunstancias que ni a los autobuses subes y la velocidad te espanta. Esos hombres, parecieran quererte más que yo mismo, por las muchas cosas que desean que poseas.

Ellos no saben que tus ojos se iluminan de dicha cuando sabes que yo he llegado sano y salvo a mi casa después de un evento nocturno. Y eso, que hace casi un siglo que ya no soy niño. No entienden que te es más grata la compañía permanente de tus hijos que una aparición anual para atiborrarte de obsequios y cantarte una melodía desafinada. Nunca comprenderán que te sacias con una baratija, si esta va acompañada de un sentimiento profundo.

Madre, tú sabes que no poseo el dinero para colmarte de agasajos, que si de mí dependiera, te regalaría el universo y todos los mares con peces e islas incluidos, que te quiero más allá de las estrellas, aunque uno no dice esas cosas a menudo. Pero, están esos hombres y esas pancartas grotescas exigiéndome que tase mi cariño por medio de una multitud de artículos suntuarios. Yo sé que tú nunca me tildarás de tacaño, pues conoces más que nadie mis carencias, yo sé que ellos también tienen su propia madre, una mujercita humilde que los reprenderá por ser tan ambiciosos.

Por eso, madrecita mía, sé que no me exigirás más que una sonrisa y un beso en la mejilla. Eso te basta y sobra, pese a esos hombres y a esa parafernalia demoníaca que basa el cariño en artículos costosísimos y que les brindarán grandes réditos para sus ya enriquecidas faltriqueras. Por eso, madrecita, te traigo esta bella rosa y este sobre con algunas emotivas palabras. Pero…madre… ¿por qué me miras tan feo? ¿Estás enojada conmigo?











Texto agregado el 04-05-2010, y leído por 145 visitantes. (0 votos)


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