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El dia en que madame Charlette perdió el sombrero

Los clientes habituales habían llegado. La pensión “La
Violeta” del lago de Garda estaba al completo. La casa gozaba de una
ubicación privilegiada: junto al lago y cercana a la ciudad. Un
bosquecillo de pinos la protegía de los ruidos y quien
quería podía ignorar que había una ciudad alegre y
bullanguera poco más allá. Los clientes eran amantes del
silencio y la tranquilidad y los dueños de la pensión
prodigando a sus huéspedes una cordial atención
contribuían a aumentar la atmósfera relajante y serena.
El jardín en declive llevaba hasta un minúsculo
desembarcadero.

Una de las habituées de “La Violeta” era Madame Charlette, quien
fue varios años en compañía de su esposo. Al enviudar
no se privó de las acostumbradas vacaciones en el lago y llegaba
puntual, a principios de Julio.

Paolo, el hijo adolescente de los patrones de la pensión,
tenía dos pasiones: el esquí acuático y la pintura.
Los huéspedes, que lo conocían desde la niñez, lo
trataban familiarmente. Paolo no se daba con nadie porque era muy
tímido. Madame Charlette opinaba que el joven tenía talento y
llegaría a ser un gran artista. Le agradaba sentarse por las tardes
cerca del muchacho y mirarlo pintar
Cierta vez que el joven trataba de captar en la tela los colores de la
puesta de sol sobre el lago, Madame Charlette que estaba a sus espaldas,
lo miraba como si lo viera por primera vez. El joven se había
desarrollado desde el verano anterior, su altura ya superaba a la del padre
y al verlo pintar en malla ,la mujer apreció la musculatura de su
cuerpo, que se revelaba fuerte y elástica bajo la sedosa piel
bronceada. La mujer suspiró involuntariamente, se sentía
vieja a pesar de tener sólo 54 ños…

De pronto se levantó un fuerte viento que dio alas al sombrero de
Madame Charlette y loarrojó en remolinos en el lago. Paolo
dejó en el acto los pinceles y se zambulló para rescatarlo.
Madame Charlette lo imitó. Desató su pareo de gasa y
entró el agua, alegre y excitada.
Los dos reían porque el sombrero, con la complicidad del viento,
se les escapaba siempre justo cuando estaban por alcanzarlo. Cansados de la
inútil persecución permanecieron en el agua jugando como dos
criaturas.

El agua tibia, las siluetas de los árboles que las penumbras
recortaban sobre un fondo de cielo lila y rosa, el deseo urgente de los
cuerpos, el bosquecillo cercano…todo se prestó para crear un
magnetismo irresistible.
Ese día sería recordado por Pablo, como aquel en el que
Madame Charlette perdíó su sombrero y él, su
virginidad.

Texto agregado el 11-05-2010, y leído por 49 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
11-05-2010 Un texto absolutamente delicioso. Para mi fue como leer un cuadro impresionista. La forma en que está narrada la pérdida del sombrero, el juego entre los personajes principales, es un arte. Mi favorito del reto walas
 
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