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Inicio / Cuenteros Locales / Camaralzaman / Tenía que morir para entenderlo

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- Tenemos que matarlo – afirmó Karenin reclinada sobre su sillón acariciando a su pequeño perro que parecía ser un terrier. No había planeado ningún asesinato ese día pero involuntariamente se había vestido elegante para la ocasión – no se porqué pero tenemos que matar a Strudd - Otro perro mucho más grande y de raza desconocida se recostó junto a ella esperando también ser acariciado por su ama. Con un gesto de las manos dio más volumen a su cabello rojo brillante y volteó a ver a su hermana - ¿No sientes que es así?
Ceilán salió de la habitación contigua vestida, al igual que su hermana, inapropiadamente para los trabajos pesados que tenían que hacer esa tarde. Se abalanzó sobre el sillón desplazando a Karenin y quitándole de sus manos al terrier que saltó a sus faldas y gustoso se dejó acariciar por su otra ama.

– Yo presentía que íbamos a salir de la finca, pero no sabía que esta tarde íbamos a matar a Strudd – a diferencia del terrier el otro perro no se había movido de su lugar – Me pregunto cómo lo mataremos, nunca he asesinado a nadie. – La habitación estaba llena de aquellos artefactos viejos que se desechan al comienzo y con el paso del tiempo, bruñidos y desempolvados, se vuelven decorativos.

El perro grande movió las orejas y corrió fuera de la habitación - ¿Crees que sea Strudd? – dijo Ceilán. El pequeño terrier se levantó de las faldas de su ama y corrió detrás de su compañero – A estas horas él debería estar en las caballerizas - Karenin se levantó del mueble y salió detrás de los perros. Ceilán se quedó sola en la habitación – Esos perros quieren mucho a Strudd. No les debe agradar escuchar cómo planeamos matarlo – afirmó arrodillada sobre el mueble, en una pose algo extraña. Ella no entendía porque estaba de esa forma sobre el mueble. Ese día no entendía muchas cosas.

***************************¡Click!****************************

¿Sabrían ya los caballos que su amo iba a morir? Strudd los estaba cuidando y ese día tenía su ropa de diario, no importaba si hoy era su último no iba a usar otro atuendo. Sobre la cerca en la caballeriza pensaba en cómo lo matarían sus hermanas. Sabía que iba a morir desde hace mucho pero sólo ese día se enteró que iban a ser sus hermanas quienes tenían que matarlo.

Los caballos lo perseguían a donde sea que se moviese. Detrás de la cerca él les acariciaba la cabeza y golpeaba el torso. – Si en mis manos estuviera me quedaría un poco más. Disfruto mucho estar aquí – les decía a sus animales intentando apaciguar la tristeza que creía ver en sus ojos.
Se escucharon dos ladridos. El casi terrier llegó corriendo y detrás de él venía Karenin caminando con sus zapatillas altas por entre la hierba - ¿Sabes por qué tienes que morir hoy? – Strudd negó con la cabeza. Ella esperaba una explicación así que se molestó con la respuesta. - ¿Sabes por lo menos cómo debes morir? – Moviendo otra vez la cabeza respondió que no. A Strudd no le gustaba la actitud con que estaba afrontando el asunto. Aunque no esperaba compasión de parte de ella, él asumía su muerte de forma muy natural y como se había presentado todo deseaba que ella actuase igual. Sin embargo era evidente que a Karenin le causaba mal humor.

- Yo no soportaría ver sangre – dijo Ceilán que venía detrás intentando dominar la caminata por entre la hierba con las zapatillas– me da nauseas sólo de imaginármelo. Creo que lo mejor sería ahogarte – Todos tres parecían estar de acuerdo.

- Hagámoslo rápido entonces – Strudd tragó saliva y pasó la cerca que lo separaba de los caballos – Pero primero me gustaría despedirme de mis animales – las dos hermanas también pasaron la cerca con cuidado de no manchar sus vestidos. Acariciaron y les dieron palmaditas en el torso, la cabeza y las patas. Strudd les hablaba mientras lo hacía. Ellas querían hacer sentir mejor a los animales que se veían contrariados por la anunciada partida de su amo.

Strudd se lanzó al suelo llorando en forma de berrinche – No quiero morir, no hoy, no en este momento. – Repetía una y otra vez. Karenin lo vio con pesar y también pensó que su hermano se merecía vivir un poco más, sin embargo no cabía duda de que ese día él moriría a manos de ellas. No había nadie más que lo hiciese.

Karenin lo levantó del suelo agarrándolo del pantalón y dijo – Deja ya de llorar. Al mal paso darle prisa.

**************************¡Snap!***************************

Estaban varados en la mitad de la carretera, rodeados de un potrero sin final, que se mantenía verde a pesar del fuerte verano que había caído esa temporada. Al viejo auto amarillo de la finca se le había averiado no sé qué cosa hace un tiempo y a nadie se le había ocurrido la idea de repararlo. Ahora iban justo hacia el río donde Strudd había decidido morir y el auto había dejado lejos del destino acordado.

El calor era insoportable y todos se preguntaban si moriría Strudd ese día. Él se reusaba a morir de otra forma que no fuese ahogado en el río que había escogido. Nadie iba negarle su último deseo. Pensaba que su cuerpo inerte podría llegar flotando hasta el mar si lo dejaban a la suerte del río.

- No me voy a quedar de brazos cruzados, pásenme la herramienta que yo voy a arreglar el carro – Las hermanas no sabían si creer las palabras de Strudd pues él jamás había estado en una situación similar ni había tenido la necesidad de reparar un auto. Al ver que sus hermanas no hacían nada él mismo abrió el baúl y sacó una cruceta. Pero como ellas bien se imaginaban nada pudo hacer. Se recostó contra el auto y siguió esperando que alguien pasara y los ayudase.

La tarde avanzaba aumentando cada vez más el bochorno, el pavimento parecía derretirse y ellos encima de él. El paisaje se veía viciado por el calor que subía de la superficie. Mientras esperaban que alguien apareciera en la solitaria carretera para ayudarlos, Ceilán pensaba en su hermano y en lo feliz que había estado últimamente. De la misma forma en que inexplicablemente sabía que tenía que matar a su hermano sentía que todo era ficticio, que ella no vivía en esa casa, que ninguno de ellos era su hermano, que el río no existía y la ropa que llevaba no era de ella. Pero era inevitable que las cosas siguieran su curso. Se sentía manipulada como si fueran actores de la historia que alguien estaba contando. Quiso preguntarles a los otros si tenían la misma sensación desde que se levantaron. No le pareció prudente, pensó que si lo hacía ahora se iba a perder la lógica de ese día.

Strudd finalmente decidió meterse debajo del auto con cruceta en mano pero se limitó a ver el interior del auto. Nunca había visto un auto desde ese ángulo.

- Deja la payasada – Le gritó Karenin quitándole la cruceta de las manos. Él se quedó otro rato debajo del auto imaginándose una solución.

***************************¡Shoot!**************************

Karenin apretó el gatillo apuntando directo a su hermano. La manguera se disparó y mojó a Strudd que estaba medio desnudo parado en mitad del jardín. Ceilán sostenía una guadaña que apuntaba hacia su hermano.

- ¡Por Dios! ¿Qué haces con esa guadaña? – Gritó asustada Karenin a su hermana. Sorprendida por lo que sostenía en las manos Ceilán las abrió dejando caer la máquina al suelo – ¿Qué te pasa?
Ceilán no dejaba de ver la guadaña sobre el pasto – No sé. No recuerdo haber cogido nada. Así ha sido todo el día. Hacemos cosas y no entendemos por qué.

Luego de haber esperado hasta el atardecer sin poder moverse de donde el auto los había dejado, habían decidido avanzar caminando por su cuenta. Después de un tiempo se encontraron una piscina y a ellas les pareció que, dadas las condiciones, era igual de efectivo para ahogar una persona la piscina que el río. Puesto que no era de ellos y ni siquiera iban a pedir permiso para usarla, pensaron que lo más correcto era bañarse antes de entrar; por eso tenía la manguera en las manos. La guadaña no tenía sentido.

Primero Strudd sumergió la cabeza en el agua desde el borde de la piscina. Contó el tiempo que duraba debajo y pensó en cuánto tiempo necesitaría para estar muerto. Sacó la cabeza del agua, se retiró el cabello de la cara y volteó a ver a sus hermanas. Aguantaba un minuto. En cinco, pensó, ya debería estar muerto. Vio las flores del patio y se dio cuenta que jamás las volvería a ver, igual pasaba con sus hermanas y así con todo lo que conocía.

Ya con la cabeza dentro del agua y sus hermanas sosteniéndole se dio cuenta lo mucho que amaba su vida cotidiana. Dentro del primer minuto pasaron todos los sabores, olores y colores que siempre pensó que iba tener tiempo para disfrutar otro día. En el segundo minuto estuvo lleno de ansias por terminar todo lo que se había quedado inconcluso. Los minutos posteriores sólo pensaba en lo mucho que deseaba respirar. Sus hermanas nunca dejaron que él levantara la cabeza.

Luego del forcejeo previo a la muerte, las mujeres sintieron como el cuerpo de su hermano se mantenía debajo del agua cada vez con menos esfuerzo. Cuando lo soltaron su hermano fue a dar al fondo de la piscina.

- ¿Ya sabes por qué tenías que morir? – preguntó Karenin a su hermano cuando lo sacaron del fondo del agua. Lo habían acostado bocabajo a un lado de la piscina. Ellas estaban acostadas una a cada lado de su hermano cogiéndole una nalga. No sentían ni culpa ni vergüenza. Él seguía muerto con sus labios azules.

- Ya no me quiere – respondió Strudd sin volver a la vida – tenía que morir para entenderlo. Él no me lo puede decir en mi cara y eligió matarme en estas fotos. – Entonces los tres entendieron lo que había sucedido ese día - Sólo somos personajes en una historia que se cuenta en fotografías. Yo me enamoré del fotógrafo y él no sabe cómo decirme que lo nuestro se acabó, por eso ahora estoy muerto en su historia. Sólo actores en uno de sus proyectos. Volvamos a nuestras vidas, él ya no me quiere, eso es todo.

Los tres se quedaron pensando en lo injusto que es el amor.

**************************¡Clack!***************************

Texto agregado el 22-05-2010, y leído por 116 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
06-06-2010 sorprendente, buena narrativa y sobre todo haces lo que un escritor con sus personajes ***** guero
30-05-2010 Buena historia. Dotada de un surrealismo simpatico. Imagine a los personajes casi como de dibujos animados desde el principio. Un saludo! 5 ] VIGIA
 
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