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Era sin duda alguna, este, el más oscuro pasillo del lugar, como noche cerrada, negro como la negrura misma, densa oscuridad, ciego caminó, buscando a tientas un obstáculo, temeroso, no quería lastimarse. Avanzo un largo rato, la oscuridad se hacía cada vez más espesa, más pesada, la sentía en el cuello y en la espalda, como si cargase un gran peso; le dolían los hombros y de a poco también las piernas.
Camino buscando una salida, no había luz, ni señal alguna, la nada, no había profundidad, ni distancias, cerró los ojos, cansados por no ser usados, sintió alivio seguido de un miedo desconocido, como látigos y vidrios, golpeo en su cuerpo un escalofrío, quedo parado y quieto, miro desesperado en todas direcciones y nada, nada de nada, extendió los brazos buscándose las manos con la mirada, y nada, las acerco aun mas a su rostro, y nada. Decidido de lo inútil giro para volver sobre sus pasos y salir de ahí, no tenía sentido seguir avanzando a ningún lugar, caminar en la oscuridad, ¿para qué?, ¿hacia dónde?
Con las yemas de sus dedos extendidas avanzo por el pasillo oscuro como la noche misma, se lamento el retraso, tendría que desviarse demasiado para llegar a la oficina a buscar esos papeles, se lamento una y otra vez, pero era lo más sensato, - el edificio está en obra (pensó), mira si pasa un accidente por no ver nada, voy a buscar una linterna mejor.- sus dedos golpearon con una pared, fría, húmeda, rugosa, como salpicre, continuo su camino palpándola para no perder el rumbo, le costaba respirar, le faltaba el aire, le dolían los ojos. Camino algunos pasos más, otra pared, esto sí que era raro, no recordaba que hubiera una pared, había visto los planos del lugar una y mil veces a diario, los conocía de memoria, era un pasillo, simple como eso, un pasillo sin paredes, ni habitaciones, ni nada, lo sabía de memoria, y sabia también que deberían faltar, a juzgar por el tiempo que había caminado, unos cincuenta o sesenta metros para el final, pensó un buen rato en eso, - por ahí la oscuridad habría modificado mi percepción de la distancia recorrida, ¿Por qué no?, pero si estoy al final debería verse la luz del primer salón.- pero no, no se veía nada de nada..
Era un edificio antiguo, enorme, y viejo, había sido un gran hotel y pretendía volver a serlo, de pasillos interminables y hermosos salones de fiestas, ambientes altos y amplios. Estaba en procesos de restauración, destrozado por el paso del tiempo, abandonado, podrido. Los pisos circundados por un pasillo principal que recorría la vuelta entera a la edificación rectangular, los lados se comunicaban por cuatro pasillos internos. Tiene un recorrido, la vuelta entera, de mil metros, cuatrocientos en los lados largos y cien en los dos extremos. El estaba en la primera planta. Al final del pasillo se encontraba el primer salón, el único con luz, media luz, aproximadamente a doscientos metros del pasillo estaba la entrada, un imponente salón con columnas de mármol de mil seiscientos metros cuadrados, doscientos de largo y ochenta de ancho, una monumental maravilla de la arquitectura antigua.
Otra pared, aun más húmeda que las anteriores, y otra más. Sentí el encierro, no entendía, era una habitación, conté los pasos sin quitar las manos de la pared, veinticinco pasos y contando, me quite el buzo y lo deje en el piso de referencia, se me hacía difícil en la oscuridad; nunca le tuve miedo, ni cuando era niño, en vano mi madre compraba esos enchufes con luz para la noche, siempre los quitaba, no me dejaban dormir.
Volví a dar con el buzo, 27 pasos, era imposible, una habitación de por lo menos, cuarenta y cinco metros cuadrados, imposible en esta planta, me sentía mareado, cansado, volví a recorrerla para asegurarme; el buzo, quince pasos, no podía ser, no podría haber errado tanto, no puede haber esa diferencia, ¡quince pasos!, por lo menos doce metros cuadrados, no, no era posible, otro escalofrío me azoto por la espalda, un ensordecedor silencio invadió el lugar, me zumbaban los oídos, y la claustrofobia que jamás había sentido me arrancaba el sudor de la frente. Me apoye en la pared, la sentí mas húmeda que antes, un liquido viscoso y cremoso se chorreaba hacia el piso, tibio, espeso, podía oír las gotas rodar por el revoque, no quería estar ahí, sentía miedo, terror, me temblaban las manos, y una jaqueca me mataba por dentro, grite pidiendo ayuda, pero mis gritos se ahogaban en el aire y nadie respondió, llore en silencio por no poder oír, y grite nuevamente en vano.
Sentía frio, y más fuerte esa jaqueca, el calor de la luz lastimaba mis ojos, desperté exaltado, como de pesadilla, no entendía que había pasado, los sonidos del lugar se mezclaba con lo golpes en mi cabeza, maldita jaqueca pensé, había mucha luz y me costaba enfocar la mirada, frote mis ojos, para secar las lagrimas, entendí que no estaba bien, se mezclaron con mis pensamientos gritos y gemidos, por todos lados, mire a mi alrededor, un infierno devolvieron las imágenes, todo era muerte, sangre, dolor, quejas, reconocí algunos rostros en la desesperación, trate de levantarme, una pared había caído sobre mis piernas, no las sentía, ¡hubo una explosión! grito una mujer, un hombre con su cuerpo cubierto en sangre la levanto en sus brazos y corrió hacia el final del pasillo, un niño lloraba en un rincón, no me quitaba los ojos de encima, sentí terror de lo que veía, no comprendía, no podía recordar nada. El edificio destruido, en ruinas, dejaba ver el exterior, había sol, se oían sirenas, y más gritos, como describir lo que viví, como explicar tanto dolor, como explicarlo; ya no había oscuridad, ni la sensación de encierro, no había falta de profundidad, todo era claro, iluminado, y era un infierno, trate de incorporarme, un hombre alto y mayor se acerco, tenía una expresión extraña, sonriente, se helo mi sangre al verlo, sus ojos de un negro intenso, se me hacían dagas en los míos, mire sus ropas, perfectas, limpias, prolijas, lo tome del brazo y fije la vista en sus rostro otra vez, rio, a carcajadas, y hubo silencio.
Retumbaron sus gritos, ¡donde estoy!, retumbaron haciendo eco en todas partes, busco a tientas la pared, ¡donde estoy! Volvió a gritar, y el eco golpeo su cuerpo y cayó al piso, la oscuridad, pesada y densa estremecía sus huesos, sintió la soledad, la sintió profunda y dolorosa, se incorporó y comenzó a caminar, ya nada importaba, no sabía dónde estaba, ni qué hora era, ni el día, ni nada, los recuerdos de aquella explosión olían a presente, los sentía cercanos, sabía que había corrido mucha agua desde aquel día, pero los sentía dolorosamente presentes, le cerraban la garganta y lo hacían dudar, sollozaba de a ratos, y caminaba sin pausa.
Una luz asomaba tras una puerta a la distancia, su corazón latía como galope de caballos, dudo un instante y corrió hacia ella, estaba cerrada, desahuciado como se encontraba, comenzó a patearla con toda su fuerza, sin dudarlo un instante, la puerta cedió, ante sus ojos la inmensidad del mar, la belleza de la playa en plena noche, y la luna llena dejando ver su brillante reflejo sobre las olas.
Sabía que era imposible, lo sabia en su interior, sabía que no era real, sabía que no estaba ni siquiera en una ciudad con mar, pero no le intereso, no era ahora importante, era una salida, y no había más que discutir, sintió el frio del agua en sus pies, y el alivio en todo su cuerpo, las olas le golpeaban dulces sus piernas, que ardían como nunca, se dejo caer, feliz abrazo la sal y el agua, feliz bajo las olas, feliz grito agradeciendo, se limpio la sangre de su piel, y se quito la ropa.
El sol asomaba en el horizonte, cerró los ojos y sintió la invasión del calor de la mañana, sentado en la orilla, desnudo, rio de alegría, había terminado su agonía, ya no había oscuridad, se lavo la cara con el mar, miro hacia ambos lados, no había nada, solo playa y mar, sol y arena, rio a carcajadas y corrió hacia las olas nuevamente, se sentía vivo, feliz como niño, disfrutaba del agua y del sol, habían cerrado sus heridas, pensó en cuan afortunado se sentía, solo en el mar, admiro la belleza de la soledad, y la naturaleza, disfruto de su momento y se dispuso a buscar comida, se sentía hambriento…

Texto agregado el 28-05-2010, y leído por 52 visitantes. (1 voto)


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