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Una franja de sol le atravesó la cara en diagonal. La pieza estaba oscura pero ese solo jirón de luz que se coló por el grueso cortinaje fue suficiente para volverla de golpe a la vida. La treintona mujer abrió los ojos con la cabeza metida en la almohada. El cubrecama le llegaba al cuello y sobre un costado, casi al borde, se le escapaba la pierna desnuda y alborotada. Para prevenir el remesón de los sesos se quedó quieta un largo rato, la vista vidriosa y repleta de lagañas daba justo al velador que contenía los vestigios de la noche anterior. Sobre el mueble de un costado del colchón, los diminutos vasos a medio acabar de alcohol barato gentileza del motelucho que la cobijaba, envoltorios de condón, unos billetes enrollados a tubo y unas tarjetas de crédito empolvadas. Minutos más tarde giró la cabeza con mucha lentitud (para no morir por causa del cañazo) y quedó cara a cara con si misma y con su rostro destrozado por el carrete; pegados al techo los sórdidos espejos la reflejaron con nitidez. No quiso ver y para eso cubrió su rostro con el brazo, la inconciencia no le daba para tanto, por eso volvió a girar la crispa, pero esta vez hacia el centro de la cama. Allí estaba la nuca de su acompañante. De inmediato la imagen viva del pub repleto se le vino encima de la mente. En el recuerdo desfiló Matías y Giancarlo su marido. Recordó a la Maca, los interminables vasos de vodka tónica, las luces y el retrete que cobijó sus vómitos en pleno bullicio de música sonando a mil; luego esas incontenibles ganas de tirar y de hacer sexo oral que le electrizaron su vientre y más abajo y más arriba también. Rendida por la fiaca caviló y caviló hundida entre las sábanas floreadas de la pieza de alquiler cuando de a poco el vacío comenzó a manchar su cuerpo como una impiadosa gangrena. La caña era horrible, post nuclear y culposa como aguja.

En medio del desastre de ropa desperdigada por toda la habitación y las moscas que se habían colado, la mañana avanzó implacablemente.

....Ya cuando el pánico irrumpió en el espacio, rogó a sus ángeles para que aquella nuca rubia que le hacía acompañamiento y esos pequeños ronquidos de ultratumba que la habían despertado fuesen los de Giancarlo y no los del barman mijito rico del pub que le estuvo coqueteando toda la noche o los de la Maca otra vez.

Texto agregado el 02-07-2004, y leído por 396 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
12-11-2005 Usted obsesionado con los veladores, lo condones, los moteles, lo tubos, los pedazos de vida que dejamos por aquí, y por allá... alumna
16-07-2004 Mmmm, interesante. Se me hace que el primer párrafo está un poco cargado y eso impide que sigas el ritmo... sin embargo acabas bien, joven. rithza
13-07-2004 Jejeje, curioso el recurso a los ángeles, es totalmente cierto; como los firmes propósitos de no volverlo a hacer... Todo muy realista y bien plasmado, tal como ocurren las cosas...Saludos. nomecreona
13-07-2004 Un relato muy interesante, con muy buenas descripciones que nos hacen imaginarnos perfectamente la situación y al personaje. Un saludo. Eddy_Howell
07-07-2004 ufffff se parece demasiado al mio..que queres que te diga? no puedo ser imparcial, eso si esta bueno relatado, saludos Maite
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