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Un día estaba yo allí, si, allí, en una banca, en una plaza, en una ciudad.
Y estaba solo, como de costumbre, despejando mi mente de las simplicidades de la vida humana, de las pequeñeces. Tomar aire puro (bueno, no tan puro en estos días). Oír a la naturaleza cantar (difícil en estos días). Vivir un rato (¿vivir?, ¿en estos días?).

Era entonces un día soleado, como uno de verano en pleno otoño, caluroso, uno de esos que detesto. Pero allí estaba yo, ya saben, sentado en una banca, en una plaza, en una ciudad.

Corrían niños a mí alrededor, si, los infantes me molestaban, gritando como animales a mis lados, pero… así son los niños.
Y allí yo estaba, sin mucho que hacer, aunque me gustaba estar así, sentado en la banca de la plaza de la ciudad.

Un par de perros pulguientos, mejor vestidos que el vagabundo borracho que criaba moscas en su boca abierta, fermentando vino, mientras dormía en el césped.

Caían las hojas marrones sobre mi cabeza, y las sepultaba bajo mis pies, las descuartizaba sobre el concreto.

Es que ese día yo estaba allí, sin nada que hacer, más que sentarme a morir, en una banca ubicada en una plaza, esta, en una ciudad.

Las horas pasaban junto a la gente, y la gente junto a la vida. Yo solo observaba como todos se iban, como escapaban de mí frente a mis ojos.
Las risas golpeaban mis tímpanos, y acumulaba el olor de las flores marchitas como mi existencia misma. Todo mientras descanso en la banca establecida en una plaza ubicada en una ciudad.

Proseguía mi inútil existencia, cuando tan pronto como el viento de occidente se desvaneció, un majestuoso ángel apareció como estrella.
‘’Maldita vida’’ me dije, ‘’pues cambias el rumbo de mi reflexión’’.

La importancia de las hojas se desvaneció al instante, mi mirada rotó lentamente con intento de disimular quizás mi admiración, o repentino enamoramiento.

La belleza simple de la que era mi muerte me sorprendía con su rostro impasible y profundos ojos sangrientos.
El mundo pareció detenerse, y ella paseaba frente a mí, la bella muerte, la hermosa emisaria del destino.

Caminando tan letal, frente a mí banca, en mi plaza en mi ciudad.
‘’Maldita vida’’ me digo, pues he visto la mezcla perfecta de dulzura con terror en la belleza que ya se va. ¿acaso he encontrado la razón para vivir?

Ya se va, ya se fue, la belleza personificada, la muerte…
Y sigo aquí, en un horrible día de otoño veraniego, aburrido de la vida, descansando de la agitada rutina, disfrutando el aburrimiento y el ocio, odiando lo que se me cruce en frente…. Y no puedo olvidar, que ante mi desapareció la que pudo ser…si, la que pudo ser quizás la razón, la razón que pude tener para levantarme de esta banca, salir de esta plaza, y olvidarme de esta ciudad.

Texto agregado el 26-08-2010, y leído por 155 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
26-08-2010 Un día estaba yo allí, si... Hay una cacofonía al principio de tu trabajo, creo que debería ser... Un día estaba allí, si, yo... Lo demás está bien escrito, hay que arreglar un par de detalles, mas la idea es buena y la narración se complementa con el lenguaje, bien. Saludos desde Iquique Chile. vejete_rockero_41
 
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