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Apenas vino a este mundo, sus ojitos color a mar esmeralda se abrieron como un crustáceo. Esta criaturita temblorosa, regaló, a quienes la rodeaban, una muequita, su primera sonrisa. Era la única forma de agradecer a la vida y a sus padres el premio de venir a ocupar un lugar en este universo de estrellas.
En la madrugada de hace veintitres años, su ruidoso llanto invadía como el humo de una cálida fogata, el segundo piso de la Clínica Maisón Santé, en pleno centro de la ciudad. Su llegada sería el inicio de toda una suerte de sorpresas familiares.
De los tres hermanos, la llegada de Manolo fué la que causó mucha expectativa. Tenía un carisma que dejaba deslumbrado a cuanta gente lo tenía cerca. Era gracioso verlo en la iglesia cuando mostraba sus pucheritos al cura y también en el colegio cuando arrugaba ante los profesores su carita inocente de yo no fuí, para discimular sus travesuras. Era una delicia ese Manolito; un encanto de niño, insaciable en la risa e impetuoso con las cosas que le gustaban.
!Quién diría que con ese cuerpecito de alambre, las viejas del vecindario quedarían rendidas ante su presencia!. Las solteronas y las empleadas domésticas se disputaban tener entre sus brazos a esa pequeña masita de gelatina que endulzaba los corazones de propios y extraños. Las amas de casa que iban al mercado para la compra de la merienda se olvidaban sus paquetes por estar distraídas correteando -con risotadas de niñas malcriadas- detrás de este niño que corría como un jabalí, alborotando la tranquilidad de las placeras, de las empleadas domésticas y de las risueñas compradoras.
Antes de entrar a su adolescencia, Ada -mujer refinada en el arte de la escritura-, le preguntó la víspera de su cumpleaños
-Me tienes que decir, Manolito, ¿qué deseas como regalo?. Pídeme lo que quieras pero que sea razonable, por algo soy tu Ada Madrina, tus deseos serán cumplidos, ahijado, igualito como en los cuentos.
-No creas que soy mentecato, madrina. Eso lo tengo pensado desde hace meses. Si tu no me lo preguntabas, de todos modos te lo haría recordar una y otra vez hasta pensaba grabártelo en una cinta para que vayas juntando tu dinerito, porque no creas que va a ser poca cosa. !No te me vayas a asustar, madrina!.
Ada quedó boquiabierta cuando su travieso ahijado le pidió un terno "para mis presentaciones en sociedad" y un libro de cuentos "para saber hablar y pensar como tú, madrina". Esos detalles eran propios de un chico maduro y no la de un mocoso que cumpliría apenas los doce años.
Tan pronto sus padres tuvieron conocimiento de los gustos agrandados y de gente mayor que tenía Manolo, sintieron que el futuro de este chico sería prometedor, gracias a sus propias aptitudes y, sobretodo, a la influencia de Ada.
-Es toda una revelación su hijo, don Gregorio. Nos sentimos orgullosos que Manolito sea nuestro mejor alumno de la secundaria. Cuando llegue el momento en que la fama le alcance a las cejas no se olvide de nombrar a este colegio como su mejor crédito, don Gregorio. Sabemos que este chico llegará lejos, como un cometa en el firmamento.
Las chicas no dejaban de mirarlo. Zoila, la muchachita ganadora de muchos concursos, fué la primera en echarle el ojo, estuvo rondándole por muchas semanas hasta que por fin, un día de festividad, en que el colegio celebraba su aniversario, inventó una excusa para que ambos salieran a pasear al club.
-No puedo, Zoilita, quiero aprovechar estos dias festivos para estar concentrado y prepararme en los examenes que se acercan. Si gustas, saldremos en las vacaciones de fin de año.
A la semana siguiente, fué Adelita, la reina del salón quien se lo dijo directamente, sin ninguna clase de rodeos ni de incómodo.
-Espero que a mí no me dirás que no. Soy la mejor del salón. ¿Que te parece si paseamos por el malecón y saboreamos luego unos helados?.
La respuesta fué la misma. Sin dejar de ser gentil, esta vez, se negó "porque tengo que ayudar en algunos encargos de la casa que he venido postergando".
Llegó el día en que por fin Manolo se animó a salir.
-¿Te parece bien encontrarnos en la puerta del cine a las ocho?
-Si llego primero, compraré dos entradas para ver Fresa y Chocolate.
Esa noche fué la más encantadora que tuvo. Gozó y rió hasta el cansancio. Disfrutó de la compañía de Miky, su mejor amigo. Ese día marcó una señal que marcaría una salida con el buen amigo y compañero. Cada fin de semana se convirtió en una grata costumbre salir juntos a ver películas de estreno en el cine El Pacífico. A la salida de la función entraban al Haití para saborear helados; por coincidencias del destino, ambos eran dulceros por tradición familiar. Una chispa de amor en el corazón adolescente de Manolo, había nacido como una florecilla silvestre, Era consciente que aquel sentimiento le resultaba todavía extraño. Lo descubrió con aquella, su primera salida con Miky.
-Este primer amor cada vez crece mas y mas como una raíz. Me pregunto qué sucedería si saliese a la superficie. ¿Sería aceptado por quienes me quieren bien?
Ambos aceptaron con madurés que eran homosexuales. Ambos sabían que ese sentimiento no era deplorable. No era una enfermedad, solo una inclinación, "una falla de la naturaleza", tal como lo decían riendo cuando salian juntos.
Aquel primer romance marcó la vida de Manolo. Fué conciente que su realidad era diferente a la que rodeaba a sus demás compañeros. Tan pronto las chicas se dieron cuenta que a Manolo le gustaban los hombres, se alejaron espantadas como si estuvieran en presencia del mismo diablo.
-Mi preferencia sexual no altera, en modo alguno, los planes que tengo de seguir mis estudios de psiquiatría en Boston. Lo lograré, contra viento y marea. Sería el colmo que me deje influenciar por los que no están dentro de mi calzado.
El día en que sus padres recibieron la noticia de su verdadera inclinación, se quedaron perplejos. Nunca se les cruzó por la mente, ni por asomo, que su engreído, el que había sido el imán de tantas miradas, era un “chico que había malogrado su vida, uno que no sabía lo que hacía, uno que necesitaba un psicólogo”.
-Ha caído una maldición a nuestra familia. No puede ser que justo a nosotros, nos suceda esto, Claudina. Es la noticia mas terrible que hemos recibido. Nuestro querido hijo hecho un maric...
-No digas eso, padre, no te lo permito. No soy un enfermito, tengo un cerebro que vale oro y sé donde estoy parado. No tolero que nadie se burle de mis opticiones. No hago mal a nadie, siempre se han sentido orgullosos de mi porque cumplí con mis deberes de hijo y hermano. Estoy lleno de proyectos que los cumpliré, aún cuando todo el peso del mundo me caiga de golpe. !Nada me detendrá!, -lo dijo profiriendo su juramento con firmeza mientras que lanzaba, con fuerza, un taconazo contra el suelo de madera-
Esa misma noche, las puertas de ese cálido hogar se cerraron para Manolo. Fué expulsado, vilipendiado, tratado con el repudio de un leproso, solo que a él no solo se le desprendió la piel. Se le cayó el corazón y todo lo que había en él como una vasija de agua cristalina. Quedó decepcionado de la actitud que sus padres tomaron esa noche. "No era para tanto, no soy un mounstruo ni un delincuente", se decía apesadumbrado.
Su hermana, apenada por lo sucedido, llegó a colgarle una frazada en su hombro. Durmió en el parque teniendo como única cobija esa frazadita a la que abrazaba para sentir su calor, pensando en su tierna hermana. Por primera vez en su vida sintió el rechazo de los suyos. Felizmente, su peculiar sentido positivo ante la adversidad siempre lo acompañó.
-!Cuántos deben haber pasado por lo mismo!. Solo que no todos reaccionan de la misma forma. Yo no caeré en el mismo juego. No pisaré el fondo del abismo, porque lo que yo quiero es volar y volar.
Lo que inicialmente fué solo una dulce illusión, con el transcurso de los meses su deseo de volar a Boston se hizo realidad. Trabajó en el cine El Pacífico, donde había visto junto a Miky las películas de estreno, como asistente del dueño. Ahorró lo suficiente para comprar un pasaje, sobrevivir en una pensión para inmigrantes y alimentarse lo suficiente para resistir el invierno y la carga de estudio y trabajo.
A los seis meses de vivir en Boston, hizo lo que tenía que hacer. Era su vida la que estaba en juego. Lo suyo eran sus estudios y su mejor arma era su juventud. Su mirada de tigre lo acompañó en los duros momentos en donde tuvo que competir con cientos de muchachos que fueron, también, con igual propósito que el suyo, desde diversos lugares del mundo. Antes que ganara la ansiada beca, siempre tuvo hambre de competir, competir y competir.
La batalla fué imaginariamente feroz. El estaba dentro del mundo que lo subyugaba, pisando la mejor universidad del mundo. No tenía recursos, pero su talento era su mejor garantía. Era lo único que podía ofrecer a la gente del selecto nivel que lo rodeaba. Cuando concluyó sus estudios, pudo recién suspirar con alivio. Había cumplido su primer gran logro, sin que nadie le reprochara su afeminada apariencia.
El día de su graduación estuvieron, como su única familia, su madrina y su hermana.
-Es grato sentir ese calorcito. !Me hacía tanta falta!. Todos estos años dedicados al estudio requieren siempre de ese aire familiar. Las quiero a ambas; siempre las he tenido cerca mío durante todos estos años.
En el tierno rostro de su hermana afloró una sonrrisa de satisfacción. Era como recuperar al gracioso e inteligente hermano de la niñéz.
-Vayan tiempos aquellos, Manolito. !A tu lado, me sentía tan protegida por tí!.
-Haz hecho bien, Manolo, acentuó su madrina. Te has superado, como tu bien lo dijiste antes que vinieras aquí, "contra viento y marea". Las impetuosas olas del bravío mar que llevas en las venas te trajeron a este selecto lugar donde solo son aceptados los que han empujado el tren como tu los has hecho. Por ese gusto, mi ex traviezo Manolito, te vuelvo a formular la pregunta que te hice hace años.
-Ya sé madrina, quieres que te pida un regalo de graduación.
-!Bingo, Manolito!. Veo que eres un buen psiquiatra porque adivinaste mis pensamientos, anda, pídeme lo que quieras.
-Lo que quiero no me lo podrías dar. Es imposible. Tendría que nacer de nuevo para ser aceptado por quienes me han rechazado todos estos años.
Unas voces de personas mayores se hicieron escuchar detrás suyo, muy cerca de la puerta principal de su departamento.
-Te equivocas, hijito. Hemos venido a pedir tu perdón, a reparar el rechazo que recayó en tí cuando eras apenas un adolescente. Estábamos cegados por los prejuicios. La verguenza absurda se apoderó tontamente de nosotros. El tiempo pasó y hemos sufrido por el vacío que dejaste. Toda la casa estaba impregnada de tu recuerdo, tus risa, tus deliciosas ocurrencias. Tu llegada a este mundo ha sido una bendición que iluminó de alegría el hogar. !No sé cómo pudimos actuar de forma tan miserable!. Solo pedimos tu perdón, hijito.
Manolo no tuvo fuerzas para decir un si o un no. Sólo le sobrevino un deseo feroz de abrazar a sus viejos que le dieron la oportunidad de venir a este mundo. Obedeció a sus impulsos. Se aferró a elllos como si fuera un niño. Lloró silenciosamente como si fuera un adulto. Se regocijó de ese momento que quizo se eternizara como una luz en el tiempo. Ahora tenía a sus padres en sus brazos y no estaba dispuesto a perderlos.
-Regalo concedido, ahijado y no me pidas mas por ahora. No te puedes quejar. Es uno de los más costosos regalos que hasta ahora te he concedido. !Son tres pasajes aéreos, sobrino, mira que no es poca cosa!. Me costó un ojo de la cara. Me costó crear y publicar muchas novelas de ficción, ahijado.
Ese día Manolito cumpló sus veintitrés años. A nadie le interesaba su condición sexual.
¿Qué importaba ser homosexual cuando la luz de su bondad y talento estaban más allá de semejante pequeñez?.












Texto agregado el 02-10-2010, y leído por 375 visitantes. (19 votos)


Lectores Opinan
02-03-2011 El mismo respeto a un homosexual que a cualquier otra persona, ni más ni menos. aberas
28-12-2010 Bello texto.Al final triunfa el amor de los padres hacia su hijo y al revés. Es una bella historia. Enhorabuena. EVERO
20-10-2010 Excelente!! ************** vilyalisse
17-10-2010 Magistral, como lo que siempre sale de tu pluma ! ***** pintorezco
16-10-2010 Un tema siempre dificil, lo has manejado de maravilla, se piense lo que se piense, siempre debe dominar el respeto y la tolerancia********* JAGOMEZ
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