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EL CABALLO Y EL MACHETE


La sequia dominaba toda la región, pero aquella época del año. El fuerte calor secaba los ríos y marchitaba el calor de la vegetación.
Desde la ventana de una rustica cabaña, un campesino, Anolio Valdez, observaba como sus cosechas se habían perdido, sin hacer nada para recuperarlas. Conmovido por la situación de su familia, comunico a su esposa, la decisión de ir al pueblo, para buscar ayuda en el gobierno.
Al caer la tarde partió en su caballo corcel, un caballo pura sangre, hermoso de color negro y con un incalculable valor sentimental. Además, para proteger su vida, tomo un machete, marca “Collins”, extra largo, plateado y empeñadura de nácar, con la incrustación de la imagen del divino niño.
Después de varios días de camino, Anolio Valdez, llego a Puerto Perales, un pueblo pesquero, situado en la cabecera municipal. Atraído por las edificaciones, se detuvo frente a un colegio para señoritas a mirar la fachada y la belleza de sus jardines. El personal de seguridad, al notar la presencia del sospechoso, montado en su caballo, campesino, forastero y merodeando a las afueras del plantel, se convirtió en una amenaza para las estudiantes. Los celadores reaccionaron, bajándolo del caballo y quitándole el machete. Al despojarlo de sus pertenencias, los celadores confirmaron el valor de los elementos, para negociarlos, con hombres perversos, quienes no dudaron en comprarlos y utilizarlos en sus fechorías.
Desconsolado por las calles del pueblo Anolio Valdez deambulaba, tratando de encontrar sus valiosas pertenencias. Cansado se santo en una silla del mueble, a recordar las recomendaciones de su padre, con el cuidado del caballo, y las de su madre con su cuidado personal. Las notas musicales de una canción, trajo a la memoria de Anolio Valdez, los recuerdos de su primer amor, seducido por la melodía, camino hasta el sitio donde provenía la música. Era una cantina, donde muchos pescadores, frecuentaban, después de una intensa jornada de pesca, sin imaginarse lo que vería, lo primero que pudo hacer en el lugar, fue reconocer a los celadores con unas mujeres de la vida alegre, quienes bebían, celebrando la venta del caballo y el machete, con el corazón latiendo, se presento en la estación de policía a denunciar el robo de sus valiosas pertenencias y la ubicación de los responsables. El comandante de guardia, manifiesto no poder ayudarlo, debido a que el personal se encontraba acuartelado y le ordeno retirarse del comando, la furia se apodero de él y sin control, vociferaba ofensas contra la policía, tomo la decisión de perderlo todo, cuando apareció un hombre para escuchar sus quejas, era un policía antiguo, servicial, conocedor del oficio, amigo del ciudadano y conocido por todos como Sastoque, contextura gruesa, alto, ágil, ambicioso, experimentado en varias disciplinas quiso escuchar desde el principio, el problema de Anolio Valdez.



Inicio su relato, describiendo el origen y valor sentimental del caballo y el machete, continuo detallando, como los celadores lo habían despojado de sus pertenencias y finalizo, ofreciendo una recompensa en tierras y ganando a todo aquel, que estuviera dispuesto a recuperar su tesoro sentimental, las palabras de Anolio Valdez sonaron bien a los oídos de Sastoque, ante su significativa propuesta, se lleno de valor y quiso poner prueba sus conocimientos policiales, para recuperar aquellas piezas tan valiosas, Sastoque atravesaba una situación económica muy fuerte y por su familia estaba dispuesto a ganar tan jugosa recompensa. Seguidamente preparo un plan de manera personal sin informar a sus superiores, únicamente acompañados de su pistola y deseos de ganancia. Inicio con un plan de capturas, siendo los celadores los primeros en ser capturados en la misma cantina y con las mismas mujeres y bebiendo el mismo licor, sometidos a una fuerte presión física y técnicas de interrogatorios, pudieron confesaron, quienes habían reducido los elementos de Anolio Valdez, Sastoque utilizando la información de los celadores encontró a las afueras del pueblo el escondite de unos malhechores, que durante años habían azotado al pueblo. El principal objetivo eliminar a los compinches y capturar al jefe de la banda para encarcelarlo en otro pueblo diferente para evitar la sospecha de sus compañeros. Sastoque aprovecho el descuido de los compinches para capturar al jefe de la pandilla, el pandillero, conocido en el bajo mundo delincuencial con el apodo del Boe, mantenía la calma y en su rostro reflejaba un aire de autoconfianza. Boe esposado y semidesnudo, mantenía sus ojos sobre Sastoque, para advertirle el error de su captura y de lo que sus hombres eran capaces de hacer para liberarlo, sus palabras eran suaves pero letales, para describir con ellas sus primeras andanzas hasta lograr el mando de la pandilla, perturbado por las palabras del bandido Anolio Valdez, un temor repentino se apodero de él, nunca había tenido un monstruo tan cerca y el daño que había causado lo aterraba, los grillos cantaban escondidos entre la maleza, cuando la luna iluminaba el escondite era un lugar seguro para mantener cautivo al pandillero, quien pasaría su primera noche en cautiverio, Sastoque utilizando sus conocimientos de vigilancia, dio unas instrucciones a su compañero de causa mientras tomaba un turno de descanso, Anolio atento a su prisionero vigilaba cada uno de sus movimientos, para evitarse complicaciones.
La noche le parecía larga, no tanto por el silencio, sino a su falta de experiencia con las armas, esa noche deseaba conversar con alguien y lo hizo primero con el viento, después con el frio, luego con los mosquitos, con el recuerdo de los maleantes y por ultimo de venganza, el pandillero solo escuchaba las ofensas, al tiempo que su carácter se elevaba lentamente, Anolio, continuo atacando con palabras ofensivas a su prisionero, lo que provoco en el una reacción violenta para agredirlo, pero las voces de alerta, el pandillero sangrante y Sastoque en el medio, recobraba la calma en la primera noche de cautiverio. A la mañana siguiente despertó el pandillero, bajo la vigilancia de Sastoque, después de tomar café y revisar las armas se alistaron para retomar el camino en busca del caballo y el machete, a medida que el día avanzaba el sol calentaba más fuerte. Para más tarde se ocultaba detrás de las colinas, permitiendo ver un paisaje multicolor, a llegar la noche, acamparon cerca de una mina abandonada, la cual utilizaron como refugio para pasar la noche, Sastoque después de atar al pandillero, preparo comida y organizo los turnos de vigilancia.
La noche se hizo cada vez mas silenciosa, cuando todo parecía en calma, una bala perdida impacto en la olla donde prepararon el café, el suceso los alerto para su defensa, en medio de la oscuridad, los fogonazos de los disparos permitía a Sastoque ubicar a los agresores, Anolio temiendo por su vida, en medio de las balas gritaba desesperado y el pandillero conservando la calma, apago el fuego para evitar ser vistos y conservar la vida, el repiquetear de las armas se hizo cada vez más intenso y los gritos de dolor aumentaban en la oscuridad, después de unos minutos el sonido de las armas, los gritos de dolor y el miedo, fueron disminuyendo hasta quedar un silencio total, Anolio y Boe, al notar la ausencia de Sastoque apareció incitándolos a marcharse del lugar y continuar la búsqueda antes del amanecer. Al día siguiente, una vez más el sol mostraba su fuego, quemando toda vegetación, la luz del nuevo día, mostraba un lugar de espeso follaje el cual era familiar para el pandillero, quien afirmaba estar cerca del escondite del caballo y el machete. Una región dominada por paramilitares y guerrilleros, quienes se disputaban la zona controlando las rutas de los forasteros. Cuando subían la colina de las garzas, el viento soplaba fuerte y de repente una gigantesca malla cayó del cielo para inmovilizarlos y conducirlos al campamento, azotados, lacerados, adoloridos y atados a un árbol en medio de la selva, solo esperaban la orden de fusilamiento, Sastoque veía el oscuro panorama y pensaba como su recompensa se alejaba, pero un espíritu de lucha, le dio nuevas fuerzas. Al caer la tarde, cuando las aves sobrevolaban el campamento, el cielo se oscureció con grandes nubarrones, anunciando una tormenta, luego fuertes gotas caían, entre rayos y centellas que hacían temblar de miedo a los guerrilleros, Sastoque sintió como la lluvia la devolvía sus fuerzas, para despojarse de las cuerdas que lo ataban. Como un león feroz, se abalanzó sobre sus captores causándoles la muerte, después libres huyo con sus compañeros en medio de la tormenta. A la mañana siguiente llegaron a un pequeño caserío, construido en medio de la selva. El vapor del agua hacia brillar las calles por el inclemente sol, a la distancia se podían ver a los pobladores hacer sus compras en la pequeña plaza de mercado, quienes al levantar sus miradas pudieron ver que a la distancia, las siluetas de los caminantes, Sastoque a la derecha y Anolio a la izquierda conducían al pandillero, atado de manos lo cual despertó la curiosidad de los habitantes quienes presintieron que ese día ocurriría lo peor en el caserío. Los policías del lugar fueron informados del hecho, lo que permitió al comandante alertar a sus subalternos, quienes confirmaron el caso, hallándolos en el interior de una rustica escuela de primaria, los policías detuvieron a los forasteros y al ser interrogados, obtuvieron como resultado, la presencia del bandido más buscado en la región, la facha de un campesino sentimental y la identidad de un policía activo, comprometido en una aventura desconocida, Sastoque esta vez no oculto su misión, por primera vez quiso compartir su recompensa a cambio de ayuda para rescatar el caballo y el machete, los policías al escuchar la jugosa propuesta decidieron unirse al grupo, la información del pandillero causo impacto negativo al enterarse del sitio donde permanecían el caballo y el machete, era un lugar dominado por guerrilla de alta montaña, por lo tanto, se requería de mas personal y mas dinero para arriesgarse. Sastoque al notar que su recompensa se debilitaba, decidió entonces hacer el mismo trabajo antes de recurrir a tanta gente, los policías discutieron el precio sin lograr un acuerdo definitivo, este desacuerdo motivo a los uniformados, crear un ambiente negativo en los pobladores, en contra de los foráneos. Acto seguido, los habitantes iniciaron una revolución, con los palos y piedras para cobrar venganza al pandillero.
En el interior de la rustica escuela, desde una ventana, Sastoque observaba a los pobladores preparar un ataque. Las piedras comenzaron a caer sobre el techo de la escuela y para Sastoque esta era el momento de poner a prueba su plan, para salir con vida del lugar. Anolio al escuchar al pueblo enardecido, sintió deseos de abandonar la búsqueda, pero su promesa de la recompensa siguió en pie. El pandillero, al escuchar su nombre en boca del pueblo, para ajusticiarlo, pidió a Sastoque que continuara con la búsqueda. La turba, las piedras, los palos y los gritos de venganza, eran elementos que estaba dispuesto a enfrentar, así fuere la última prueba de su carrera policial; al abrir la puerta, los gritos de la turba se escucharon más fuerte en el interior de la escuela. Anolio movilizado por el miedo, permanecía rígido en un rincón, sin deseos de continuar. Sastoque enojado por la actitud de Anolio, tomo la decisión de no rendirse y seguir adelante, con la mano que sostenía la pistola, se persigno y dándole instrucciones al pandillero le soltó las manos, para enfrentar los dos la peor de las pruebas. Ambos poniendo el pecho a las piedras, se lanzaron al horno que hervía venganza, el pandillero corría desesperadamente detrás de Sastoque, quien mostraba el camino correcto a seguir y animaba a salir con vida, abriéndose se paso con su arma, disparando a todo cuanto se movía y eliminando contrincantes en su trayecto. Las piedras aun así, no dejaban de caer, y en cada esquina se topaban con un grupo cada vez mayor, Sastoque en cada esquina también recargaba su arma y el numero de atracantes casa vez fue menor, hasta lograr evadir el ataque y alcanzar la zona selvática. Ya sin aliento y con diversas contusiones, se dejaron caer sobre la yerba mojada de la lluvia de la noche. El pandillero, reconoció en lo más secreto de sus pensamientos, la habilidad de Sastoque a la hora de planificar una acción, porque nunca fue capaz de elogiar a ningún hombre que así mismo, pero en retribución a esa heroica hazaña, entusiasmado decidió revelar el sitio exacto del caballo y el machete. Desde lo alto de una colina, el pandillero mostro el lugar preciso del objetivo, a lo lejos se podía ver el fuego de las fogatas y escuchar el murmullo de las voces, evadiendo los guardias, pudieron llegar al establo donde permanecía el caballo. Allí estaba, hermoso, vibrante, espectacular. Seguidamente sus ojos escudriñaron el lugar y a un lado colgando de un clavo, estaba el machete, Sastoque agradeció a Dios el haberlo encontrado pero también le pidió que los ayudara a salir de aquel lugar minado de tantos hombres armados. Sastoque sin saberlo frotaba la cacha del machete y de repente un viento fuerte soplo del norte, levantando un torbellino que movió sin control las copas de los arboles haciendo retumbar la tierra, la selva crujía abriendo surcos en la maleza, tragándose a los guerrilleros que huían despavoridos, Sastoque con el machete en la mano sintió como un calor invadió todo su cuerpo transformándolo en un hombre poderoso, capaz de vencer un ejército sobre la tierra. Otra vez el pandillero corría detrás de Sastoque, quien se movía al ritmo telúrico de la selva. De un salto subieron sobre el caballo que espera el momento de partir, de inmediato levanto sus patas delanteras y un poder sobrenatural lo hizo volar sobre las barandas del establo, dejando sin posibilidad a los guerrilleros quienes miraban sin comprender lo que pasaba. Luego cuando se hubieron marchado, volvió la calma, como si nunca hubiese sucedido nada aquella noche fantasmal. Las primeras luces del día, aparecieron débiles detrás de los arboles de pino. Una voz de alegría rompía el silencio de aquella mañana, la voz de Sastoque promulgaba su victoria; tener en sus manos el caballo pura sangre, el machete milagroso y la oportunidad de reclamar su recompensa, lo lleno de una alegría muy grande que no la podía creer.


Las luces del sol se habían remontado más arriba de los arboles, cuando los pájaros revoloteaban sobre el cielo azul, Sastoque cabalgaba con el pandillero hacia el punto acordado con Anolio para la entrega de sus elementos. En el muelle Anolio esperaba que algún día, Sastoque apareciera con sus pertenencias. El sol resplandecía sobre el muelle y el bullicio del pueblo interrumpía el silencio de la tarde, mirando hacia el horizonte Anolio levantándose de la silla, mientras sus ojos se fijaban en el invisible, su alma se llenaba de alegría y en su rostro dibujaba una felicidad, al distinguir en la distancia la imagen de su caballo corcel, corrió por el muelle, gritando voces de alegría, pero a unos pocos metros del sitio del encuentro, unos hombres de apariencia de malhechores, seguían de cerca los movimientos de Anolio. Sastoque montado en el caballo corcel, levantaba los brazos, batiendo el machete milagroso, gritaba canciones de victoria, a un extremo del muelle Anolio corría y al otro extremo Sastoque cabalgaba a su encuentro. El pandillero con sus manos atadas, cabalgaba también al encuentro con la esperanza de ser rescatado por los hombres de su banda, Sastoque bajo del caballo y se fundió en un abrazo con el campesino en el centro del muelle. Los pobladores atraídos por el encuentro se unieron a la celebración, cuando la banda se filtraba entre toda la gente, preparaba sus armas para usarlas. El sonido de los disparos, obligo a Sastoque a dirigir su mirada a todos lados, sin detectar su origen, su cuerpo empezó a doblarse y deslizarse entre los brazos de Anolio, cayendo lentamente sobre el piso del muelle. El brillo de sus ojos se iban opacando con una mirada fija en el infinito, su boca abierta dibujaba una mueca de dolor y sus gritos de agonía eran débiles para escucharlos. Las gaviotas levantaron vuelo, huyendo del puerto, los bandidos huían del lugar con su jefe a cuesta, los pobladores huían de la balas buscando refugio mientras Anolio gritaba desesperado pidiendo ayuda.
Finalmente al ver a su héroe sin vida sobre el muelle, Anolio llorando tomo su caballo y su machete, lentamente se fue alejando, hasta convertirse en un punto en la distancia. El cielo se lleno de nubes negras que impidieron que los rayos del sol, no dieran su calor, al cuerpo inerte de Sastoque.

FIN

Texto agregado el 26-10-2010, y leído por 984 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
28-10-2010 me encantó la historia por fuera de lo común que se lee en la página, un saludo de clau DIVINALUNA
28-10-2010 Primero , un agradecimiento a tu invitación. Luego un comentario a tu escrito: Encontré en él, un cierto hilo conductor y un misterioso imán , que permitió no abandonarlo a medio camino. Pero sin embargo , personalmente, lo pasaría por la "máquina" de la brevedad para hacerlo más sustancioso .Tiene, este escrito, una enorme variedad de detalles que al pasar los enuncias y ésto le da gran valor . No soy crítico en esto de la narrativa , sólo fue mi impresión. Gracias . Mi saludo negrate
27-10-2010 Esta bueno, sobre todo la forma de la invitacion a leerlo (al principio pense: que le sucede a esta persona?... quien es?) mas alla de los errores se deja leer, coincido con Zepol deberias revisar antes de subirlo. besos y felicitaciones por el esfuerzo. mancuspia
26-10-2010 Me gustó la historia. Gracias por invitarme a leerla. Diría que los verdaderos protagonistas son el caballo y el machete que acaban donde comenzaron, con su dueño. Si aceptas la sugerencia, la forma, el interlineado, la ortografía, todo eso cuenta... Yo trabajaría esos aspectos. ZEPOL
26-10-2010 Hay bastantes errores de ortografía y gramática, deberías revisarlo con más detenimiento, aunque no lo creas, un texto bien escrito tiene mucha más fuerza que uno con errores, así la atención del lector se centra únicamente en el contenido y no se desvía a la forma. adasinh
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