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¿Tenís facebook? —Aldoro mira a su amigo y sonríe, le responde que piensa tener uno pronto, para encontrar a los antiguos amigos. Piensa que le haría bien recordar tiempos ya idos y gastados. Tal vez encontrar a Fedora, siempre le gustó y lo dejó con ganas; la miraba de medio lado en la sala de clases. Sí, decididamente se haría un facebook. Le comentaron que los amigos perdidos aparecían como por sortilegio. Y la magia le gustaba. Pero también lo asustaba tanta inmediatez. Esa misma noche llenó los datos que la pagina requería: nombre, gustos, aficiones, profesión, grupo sanguíneo, orientación sexual, antecedentes penales, morosidad en el sistema financiero, etcétera. Ya sólo faltaba lo primordial, la imagen que lo representaría y distinguiría en medio de la vorágine virtual; una fotografía. Subió la mejorcita que tenía, tomada por lo menos hacía cinco años, pero se veía atractivo, según su madre y su hermana. Rellenó su perfil de manera apasionada, pero tratando de mantener la mesura. Actividades; gimmasio catorce veces por semana, alimentar a los pobres y salvar a las ballenas. Música favorita; Beethoven, Bach, Gardel, Los Beatles, La Sonora Palacios, Deep Purple, Américo y Los Charros de Lumaco —melómano a morir — agregó totalmente autoconvencido. Libros favoritos; La Biblia y todos los de autoayuda. Intereses; arte conceptual, literatura y poesía medieval, conversar con la vecina calentona, rezar en las noches y cantar en la ducha. Programas televisivos favoritos; todos, especialmente los de canales abiertos, para lograr llegar a un estado de razonamiento y análisis superiores. Películas favoritas; todas las de acción, con autos estallando y el protagonista matando a diestra y siniestra. Situación sentimental; buscando una persona especial y única. A pesar que ya había tenido siete mujeres únicas y especiales .Creencias religiosas; católico, admirador del Papa Juan Pablo Segundo, salvador de la humanidad y de su alma colectiva. Correo electrónico; cositoricolindounicoarrobahotmailpuntocom. Una vez hubo completado sus datos, se entregó de lleno a buscar personas perdidas en lo más pretérito de su recuerdo. —A ver, a ver...cómo se llamaba este güeón medio amariconado —pensaba entre risas y esfuerzos mentales para recordar el nombre y apellido del ya olvidado amigo. —¿Cuál era el nombre de esta mina?, la que tenía tremendas tetas —y así recolectando retazos de reminiscencias, apodos y lugares, cómo quien busca colillas de cigarrillo en la calle, fue encontrando a quienes quizá nunca deseó ó quiso encontrar realmente. Envió y recibió mensajes, amables y correctos todos: amigo que bueno encontrarte, un abrazo. Lo mismo digo, bueno saber de tí, estás igual que hace veinte años. Amiga, vi tu álbum, estás más linda y rica que nunca. Ah, es tu la hija la de la foto, discúlpame .Leía cada estado de sus amistades con atención; "con penita, se me rompió el lcd", "muy contento, compré otro lcd". Releía lo escrito en los muros digitales;" Hoy es un gran día, mañana será otro día y pasado también", "ayer fue un gran día, hoy es otro día y mañana igual". Y aportaba con ideas de parecido tenor, esperando ser leído y comentado. También cada mañana tempranísimo buscaba las noticias frescas: Aldoro y Eufemia son ahora amigos, Eufemia y Aldoro están en una relación, Aldoro y Eufemia gozaron cómo chanchos, Eufemia y Aldoro ya no están juntos, Aldoro y Eufemia se odian. Siguió la moda gramatical establecida en la página; komo tai amigi, hay nos bemos. ke pasa ke no te konektai. Reía leyendo las frases, al fin podía escribir libremente sin reglas y cómo siempre se lo dictaminó su entendimiento. Siempre creyó que las personas debían aceptar a sus amigos con virtudes y defectos, y así era, los cuatrocientos cincuenta y dos contactos que tenía lo estimaban mucho y era motivo de preocupación de todos y cada uno de ellos. Y él hacía igual cosa por su parte.

Aldoro a pesar de sus creencias religiosas, siempre dudó sobre la existencia del paraíso ó el infierno, tal vez el purgatorio —nadie se porta tan bien ni tan mal —se decía muy persuadido. Sin embargo, al entrar a su facebook veía y sentía el edén en el monitor; todo luz, amor, suavidad, descanso, hermosura —¿y por qué no? —también autocomplacencia. Lo que buscó por tantos años, lo encontró en la red: un mundo casi perfecto, prácticamente sin enfermedades; enfermita de la guatita por tomar mucha cerveza, jajajajaja. Un universo sin ocios; trabajando cómo loco, no tengo tiempo para conectarme. Un planeta entero dedicado a la diversión sana; muerto de borracho con mis compadres, éjale. Todo limpio, aséptico y sin recriminaciones. No habían vómitos de gente enferma, ni pobreza ante la cual desviar la mirada, tampoco rencores ni venganzas. Las únicas fotografías disonantes en ese concierto de perfección social, eran las que mostraban niños mutilados, ciudades devastadas ó perros abandonados y atropellados, para los cuales se pedía clemencia ó ayuda financiera. Todos opinaban y se animaban entre sí para superar la pobreza y el hambre en el mundo, mediante grupos de ayuda virtuales. Nunca supo si alguno de sus amigos hizo algo concreto, cómo viajar a África a colaborar, ó vender su computador para comprar comida y repartirla. Pero eso poco importaba, lo capital era ser partícipe de las buenas e irreprochables intenciones. Para olvidar tanta amargura en el mundo real, empezó a unirse a grupos de variada índole: Aldoro es ahora miembro de Yo voté por el pico, Patada en la raja para los políticos, Adopta un tiburón y hazlo feliz, A que encuentro mil personas que no se bañan los lunes, A que encuentro tres personas que escriban correctamente en Facebook.

Se sentía muy satisfecho y orgulloso de su participación activa en la página: hasta pudo encontrar personas para sus familiares más viejos, ayudar a alguien a encontrar trabajo y hasta reenvió a todos sus contactos el mensaje premonitorio que decía que el mundo se iba a destruir por el fuego divino, debido a la falta de fe en Dios. Hasta llegó a considerar que facebook podría ser la herramienta definitiva para unir a la humanidad; el elemento final que permitiría hermanar a católicos y protestantes, a hindúes y musulmanes, a creyentes con ateos y a los ricos con los pobres; esos miserables seres que veía retorciéndose de dolor y rabia en las noticias, pero que nunca había visto u olido. Estaba seguro que facebook era el mensajero de la paz, aunque de los seis mil millones de habitantes en el mundo, menos de una quinta parte tenían acceso a Internet, casi todo el resto sólo aparecía en sitios de ayuda humanitaria —por lo menos están en la red —meditaba Aldoro.

Hasta que la rutina, siempre autónoma y omnipresente, empezó a fastidiarlo, de manera insidiosa; todos sus amigos escribían asuntos similares, tenían más ó menos las mismas aflicciones y todos habían renunciado irremisiblemente a la discreción y a sus vidas privadas. Vio que ya no era necesario recurrir a la tecnología de la intrusión para saber detalles íntimos y sabrosos de sus amigos y de los amigos de ellos. Ni siquiera en su juventud, cuando leyó la novela de George Orwell, que relataba un estado totalitario dirigido por el Gran Hermano, imaginó que algún día podría supervigilar las actividades de tantas personas reunidad en un espacio virtual tan pequeño y a la vez tan gigantesco. Se dio cuenta que tenía el poder de observar, pero igualmente podía ser observado. Tuvo miedo, temor a que descubrieran sus manías, sus arrebatos, sus pasiones, sus amoríos; a pesar que todos estos ya se filtraban en su página. Pensó en su vida simple, ahora casi convertida en epopeya, a merced del Facebook y sus integrantes, que hacían de cada persona un pequeño héroe, admirado y envidiado por sus amigos. Decidió no entrar a su página al menos por un tiempo, un mes sería suficiente para descontaminar su propia vida, llena ahora de la vida de los demás. Miró el reloj, decidió ir a almorzar, apagó el computador y salió presuroso. Esa noche encendió el televisor y no pudo concentrarse, miraba y no veía; su mente estaba en el muro, en las actividades recientes y en las nuevas fotografías de perfil de la mujer que empezaba a gustarle a través de un monitor y que no había visto personalmente nunca. Se había prometido un mes sin facebook, para sanear su libertad mental y sacudirse los chistes repetidos, para desligarse de las emociones rápidas e instantáneas de sus contactos. Se acostó, sin poder conciliar el sueño, dio vueltas en la cama. Pensaba qué estarían haciendo sus amigos, y cuántos habría conectados. Un mes, sería correcto, se lo había prometido a sí mismo. Pasaron dos horas, se levantó al baño, pero sus pasos se dirigieron hacia el computador, lo encendió y escribió en su estado:" No puedo dormir, tengo muchas preocupaciones y me siento mal, que bueno tener amigos como ustedes, siempre presentes, siempre conmigo". De los cientos de contactos que leyeron su muro, apenas ocho sabían quién era y cómo se llamaba. Ninguno lo llamó a su teléfono para darle ánimo ó saber cómo se encontraba.

http://blogdeltiempoqueseva.blogspot.com/

Texto agregado el 07-11-2010, y leído por 158 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
15-11-2010 Me gustó mucho, es un tema muy actual y está muy bien planteado. Una sociedad que tiende al individualismo, a relaciones cibernéticas. Que aman y odian sin tocar. Que pasan por diferentes estados de ánimo sin verse la cara. Te felicito por abrir un tema para reflexionar. carruaje
13-11-2010 Un texto muy interesante. Facebook es un arma de doble filo; en ocasiones comunica y en otras aísla. Van mis estrellas. girouette
08-11-2010 No me he detenido ni un segundo en una lectura tan agradable, y tan instructiva. Enhorabuena... Muchas gracias. EVERO
 
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