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Inicio / Cuenteros Locales / fabian_ / Amor A Cambio De Lo Que Nunca Me Darás

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La conoció hace dos años, cuando aún cursaba sus últimos años en el colegio.
Quedó prendido de ella a los 6 meses de conocerla… en realidad ella lo conquistó con su ternura e ‘’inocencia’’.
Ambos participaban de un taller de teatro juvenil de la ciudad en que vivían, a cargo de un viejo actor conocido. Se destacaban por su capacidad de interpretar dramas y tragedias, y como un par de veces sus papeles eran los protagonistas, habían tenido la oportunidad de conocerse mejor.
Tenían 16 años al conocerse, ella estaba de novia con un compañero de su colegio. El no, estaba soltero, y no tenía intenciones (aún) de enamorarse.
Nunca su mirada fue mas allá de verla como una conocida, más adelante una amiga, a la que de por si encontraba bastante guapa, porque de hecho lo era. Siempre le gustó su cabello negro, a la par con sus ojos misteriosos, su personalidad encantadora y envolvente, y su carácter especial, con esa dosis de dulzura y agresividad… equilibrada al menos. Pero era una amiga… una más a la que oía con paciencia cada vez que su estupido novio la hería, con la que reía tomando helado, o practicando alguna escena cómica, dramática, o inclusive aburrida.
Las cosas pasaron sin que se diera cuenta. Poco a poco, cuando transcurrían los meses en que el la iba conociendo, (no se explica como), comenzó a sentir algo más profundo que la mera amistad.
El punto de ebullición fue un día en que ella faltó al taller. Se estaba organizando todo lo correspondiente para poder presentar ‘’Romeo Y Julieta’’ el clásico de William Shakespeare. Como era de esperarse, el y ella fueron los elegidos por el maestro para los papeles principales, respectivamente, y el elenco en general concordaba con la decisión del tutor.
El llegó a clases… le sorprendió que ella no estuviera. La esperó, pero no llegó nunca. Estuvo distraído gran parte de la clase, concentrando su mirada en la puerta de entrada, en la que tenía la esperanza de verla llegar atrasada. No se cuestionó en aquel momento el por qué de su interés desmedido. Así que con paciencia forzada, esperó las horas enteras la llegada de su amiga. Nunca llegó.
Al salir de clases tomó su teléfono celular y la llamó, pero no contestó. Lo extraño era que ella nunca faltaba, y si lo hacía, tenía la costumbre de avisarle al menos a el.
Le envió un mensaje de texto.
En todo el tramo de regreso a su casa no dejaba de pensar en ella, ni de especular ideas y razones sobre su extraña ausencia repentina al taller de teatro.
En la noche ya no podía dormir, preocupado por la situación en que se encontraba. Ella no devolvía el mensaje y el no tenía idea de lo que le estaba ocurriendo a ella. Peor aún es lo que estaba naciendo en su corazón. Se percataba a través del transcurso del día, y ya al final de este que algo no estaba bien. Cinco horas intentando conciliar el sueño hasta que llegó a el con una patada en la nuca que hizo casi imposible que se levantara al día siguiente. Es más, lo que en realidad lo despertó fue el aviso de mensaje que sonó en su celular. Efectivamente, y tal como se lo esperaba, era un mensaje de ella que decía que necesitaba hablar con el. Con la curiosidad dándole vuelta a través de la cabeza, y un calor que sonrojó sus mejillas, evitó preguntar de que se trataba, y solo se limitó a indicar la hora y el lugar de encuentro.
Se daba vueltas por toda la casa. Ya estaba listo para salir, pero faltaban aún tres horas para lo acordado. Como era un sábado, el llegó media hora antes de lo acordado (cosas de hombre nervioso), en cambio ella llegó con quince minutos de atraso (cosas de mujer… bueno de mujer).
La vio de lejos, ella con el rostro pálido, y los ojos negros (remarcados por el rimel) hinchados de tanto llorar.
Se saludan. El con una risa más tímida que antes, un abrazo calido y un beso tierno en la mejilla fría y blanca de su amiga. Ella, cabizbaja, como un bote a la deriva de las olas, brazos de su amigo.
Se sientan por ahí, el la invita aun helado y ella acepta desanimada. Están frente a frente. Le pregunta que ocurre (aunque esta casi seguro de lo que ocurre). Ella se echa a llorar. El toma su mano de forma amistosa. No falta que explique más, es obvio que ella y su novio terminaron.
Transcurren unos segundos… minutos en que solo se oyen los sollozos de ella. Unas discusiones, celos, entre otras cosas son los causantes de la ruptura de una relación que duró poco más de un año. Bastante para algo que empezó con unos adolescentes de 15 años.
Ella se calmó después de un rato. El la consolaba con palabras sinceras, aunque en su corazón se libraba una batalla contra el egoísmo.
Ella apenas tocó el helado. Dijo que se le hacía tarde y que debía volver a casa. El asintió y como siempre la acompañó hasta el paradero. Se despidieron como siempre… menos alegres; en realidad mucho menos alegres.
Ella aún sollozaba. Es más, comenzó a llorar en su pecho. El la abrazó, y acariciaba su pelo.
Fue un día extraño… lleno de emociones que no quería sentir.
Ya en su casa, recostado en su cama pensaba en las mil cosas que giraban en su cabeza. Ella. El ex. ¿Qué hará?. Se sentía algo despreciable, como un buitre. Pensaba en que se estaba enamorando de ella en esta situación, que se estaba aprovechando del dolor de su amiga. Decidió guardarse el sentimiento, consideró que las heridas eran muy profundas y recientes como para intentar algo ahora. Trató de olvidar que tendría que ser ‘’Romeo’’ y ella ‘’Julieta’’ en la próxima obra.
Así pasaron los días, y las semanas, y los meses.
El luchaba con la idea de declararle su amor a ella, su amiga. Ella luchaba con sus heridas que poco a poco se borraban y desaparecían, y su sonrisa volvía a ser radiante y hermosa como antes.
Se presentaron en la obra unos tres meses después. El tuvo que besarla varias veces en las tres veces que la presentaron. Cada beso a el le aumentaba la ilusión. Ella en cambio solo trabajaba… no era ella… era Julieta.
Pasó el tiempo, un año de que se conocían, seis meses desde que ella terminó su relación, y desde que el definitivamente se había enamorado de su amiga.
Ese amor crecía con cada obra interpretada, y con cada día en que su amistad crecía.
Ella ya se había recuperado de sus heridas, es más, ni siquiera había resentimiento con su ex. El la amaba cada vez más, aunque lo ocultaba a todo el mundo. Pocas veces traspasó esa línea casi invisible. A lo mas, (y solo fue una vez), se atrevió (y no sabe como) a regalarle un ramo de sus flores favoritas. Ella se sorprendió al ver el inmenso ramo frente a su rostro. El perfume de las flores inundó su linda nariz. El colorido regalo y la sonrisa tímida de el la abrumó aunque halagó, y no pudo ocultar el rubor en sus mejillas. Agradecida, lo besó en la mejilla, lo abrazó y le dio mil gracias y mil sonrisas. El le decía que la quería… pero nunca cuanto.
Al transcurrir los días, no pasaba alguno en el que el no pensara en ella, ni en como decirle cuanto la amaba. Decidió esperar un tiempo más.
Ocurrió que uno de esos días, cuando ya habían pasado un año y cuatro meses desde que se conocieron, en que el supo de que uno de sus compañeros de teatro estaba interesado en ella. El tipo era mayor que ellos, al menos unos dos años. Era bastante más diferente a el en personalidad y en talento teatral. El tipo era más extrovertido, era gracioso, así que le iban mas las comedias, además de ser más superficial (al menos eso aparentaba). El tipo no tenía nada en contra de el (ni siquiera sabía de sus sentimientos), pero por supuesto a el le molestaba como a nadie.
Un día el tipo llegó con una caja de bombones en forma de corazón. Agradecida, e igualmente sonrojada le agradeció el gesto con un beso (en la mejilla obviamente) y con un abrazo. El, que conversaba con un amigo, se detuvo en seco (su amigo se dio cuenta pero ni habló) y observó la escena.
Al finalizar el taller, después de dos horas en que reinó el silencio entre ellos, el se acercó a ella. Ella le mostró la caja. El arqueo una ceja. Ella indicó su disgusto por los bombones de trufa. El rió… por supuesto que ya lo sabía.
Transcurrían las semanas y el tipo insistía. Tuvo la dicha de besarla en una comedia francesa del siglo XIX que poseía un nombre impronunciable para los de habla hispana. El tipo aprovechó la situación y el beso fue más allá del profesionalismo, lo que terminó con ella abofeteándolo frente al público. Como era una comedia (y ambos buenos actores) pudieron arreglarlo de maravilla (y por milagro) con una excelente improvisación.
El, feliz por la reacción de ella, reía a carcajadas tras el escenario, aunque con cierta impotencia.
El tipo finalmente desistió tras la bochornosa escena. De ahí se enteraron de que el tipo había abandonado el taller. El feliz, ella indiferente… no le caía tan mal.
Así continuó pasando el tiempo. El salía con ella, y ella salía con el. Iban al cine, criticaban las películas, o las alababan, comían helado, iban a la playa, al campo. Salían también con otros amigos. Se visitaban en sus casas. Los padres de el la querían mucho a ella, y los de ella a el. Eran buenos amigos. Se llamaban diariamente. Corrían los mensajes de texto, los ‘’post’’ en ‘’Facebook’’, y hablaban, por supuesto para ahorrar el dinero de las llamadas, por ‘’MSN’’.
El, con su enamoramiento consumado y asumido en totalidad, descuidó sus estudios escolares influido por el amor; Escribía cartas de amor a una destinataria a la cual nunca enviaría, o escribía poemas y canciones que nunca enseñaría a nadie, palabras hermosas que nunca verían la luz… o hacía dibujos que nunca cobrarían vida en la mente de alguien mas que en su corazón. O simplemente quedaba como zombie recordando cada momento en que sus ojos lo miraban.
Cuando ya había pasado un año y seis meses de que la conocía, decidió al fin apostarlo todo. Ella se había recuperado por completo de su ruptura, y le pareció que un año y seis meses era tiempo suficiente de conocerse, con el argumento irrefutable de que si se conocían prácticamente del todo. Sentía curiosidad, y también ansiedad, sin embargo también tenía miedo y una ligera inseguridad. Aunque después de todo… cartas (no por correo claro), mensajes de texto, regalos, y las constantes salidas a pasear y recorrer los lugares que conocían de memoria.
Así que un día viernes, como cualquier otro, el la invito a salir. El, ansioso y nerviosos la esperaba al menos hace media hora, de la acordada. Repasaba sus movimientos, imaginaba posibles diálogos, arreglaba percances posibles, y planeaba todo cual estrategia de guerra (bueno, así es la guerra del amor). Se arreglaba el cabello, el cuello de la camisa, se acomodaba los pantalones, sonreía de manera nerviosa. Es que no era una salida normal (al menos no para el).
Y ella llegó. Preciosa como siempre, con su cabello negro suelto moviéndose al son de la brisa marina. Lucía una blusa blanca muy coqueta, y una minifalda azul marino que combinaba con una cartera pequeñita.
Se saludaron como siempre, eran amigos que solo se juntaban a conversar de ‘‘las cosas de la vida’’, y a reír, y a comer, y a hacer todas esas lindas cosas que hace la gente que se quiere.
Entonces caminaron un rato para conversar y ponerse al día (lo cual es mucho decir, pues mas bien era ponerse a la hora, porque solo pasaron alrededor de doce horas desde que conversaron). Ella aferrada a su brazo derecho contándole algunos graciosos anécdotas que le soltaban las carcajadas de sus labios rojos, que luego le regalaban una tierna sonrisa. El, temeroso y nervioso, apenas absorbía y sintetizaba las palabras que ella articulaba. Parecía marioneta en sus brazos.
Comieron algo, hablaron un poco mas, volvieron a caminar, se sentaron a ver como la tarde se les iba tras el horizonte amarillo y naranjo. Le encantaba a ella ese efecto en el océano, cuando los rayos dorados del sol se funden entre las olas batidas por los dedos del viento y todo ese espectáculo que le parecía mágico.
Ya siendo tarde para ambos, decidieron partir. Como de rutina, fue a dejarla al paradero, para despedirla al llegar su micro. Ya era hora de actuar, así que decididamente tomo su mano (con temblor), y tartamudeó, hasta que al fin, logró revelarle todo lo que había en su corazón.
Una prolongada pausa se extendió entre ambos por unos segundos indeterminados. El aún sostenía su mano, y ella lo miraba a los ojos de forma inexpresiva.
Bajó la cabeza, mirándola de reojo con la espera de su respuesta. Ella con la mirada fija, aún sintetizando la información entregada por su amigo del alma.
Hasta que rompió el silencio. Le dijo que se sentía alagada, que era inesperado para ella, que lo quería como a nadie en el mundo (todo mientras retiraba su mano de la de el), pero no de esa manera, porque eran amigos y que era imposible que llegaran a otro punto. Sonrío falsamente, (el se dio cuenta que ella había retirado su mano) ella solo quería que fueran amigos, una ‘’linda’’ amistad.
El disimuló su decepción con otra sonrisa falsa (ambos sonreían falsamente como buenos actores), y le dijo que la entendía, que estaba bien, y que de todas formas lo pensara. Ella le dijo que lo quería mucho, y que de verdad solo podían ser buenos amigos.
Silencio.
Llega la micro de ella, y tras un abrazo y un beso en la mejilla como siempre, ella parte a su hogar agitando su mano en señal de despedida, aún con su falsa sonrisa. El queda allí un buen rato, hasta que la noche fría le recuerda que debe volver a su morada.
El toma la micro, llega a su casa, a su dormitorio, a su cama (que nunca le pareció tan buena), a llorar un buen rato, porque las cosas no salieron como lo esperaba… en realidad, como el quería.
Las cosas no pueden volver a la normalidad. Pasan los días, pero ya no es lo mismo. Las llamadas cesaron tanto como los mensajes. No utiliza MSN, ni pensaba en las salidas, no iba a clases de teatro, y por supuesto no más visitas.
Debe superar aún esta difícil etapa hasta poder verla otra vez y amarla aún sin recibir su amor a cambio, que al parecer es lo más complicado de estas relaciones.
Comenzaron a cursar las semanas, y se reintegró al taller de teatro. Verla cada día allí era un martirio. Se saludaban, pero nunca era lo mismo de antes, y todos lo notaban. Preguntas iban, preguntas venían, los chismes volaban para allá y para acá, las miradas e incluso el animo del grupo.
El evitaba mirarla a toda costa, pero era difícil, pues aún a la distancia su corazón se reventaba por ella. Cuando la veía de repente, entre los ensayos, practicar sus líneas con alguna de sus amigas, recitando las dramáticas frases de los autores inmortales, su corazón latía con gran velocidad, y si ella lo notaba, le regalaba una cínica sonrisa llena de desprecio. El lo sabía, la conocía tan bien. Ella podía sentir sus miradas, también le conocía a fondo, y se daba cuenta del cambio de su mirada, y como esta había mutado en estas semanas pasando de ser una mirada amistosa a la de un enamorado.
Casi ya cumplían dos años de conocerse. Habían actuado hace poco en una obra, pero el no tenía el papel principal, su rendimiento había bajado, y el profesor lo había notado. En cambio ella continuaba siendo la actriz principal y el había sido reemplazado por otro pretendiente.
A el se le partía el corazón cada vez que los veía juntos. No, no era desprecio hacia este otro pretendiente, era simplemente dolor, un punzante dolor en el corazón. Los observaba, y veía como el rubor subía a las mejillas de ella cada vez que estaba junto al otro pretendiente. Ella se sentía atraída, y sus ojos la delataban, su risa y su forma de hablar.
Como era de esperarse, a la semana y media después se enteró que su relación iba para algo más avanzado, y quizás nada formal, pero se volvería oficial. Para variar, el los descubrió besándose. Ella no le vio, y el otro pretendiente tampoco. Que horrible cuadro para el. Sintió claramente como el corazón se le partía con dolor, y tuvo que irse rápidamente.
Esta imagen le afectó más incluso que cuando ella misma le negó el amor. Su tristeza duró dos semanas. Dos miserables semanas en que comía migajas, y donde nada le parecía bueno. Los chistes de sus amigos eran basura, y los concejos no servían de nada. Debía lidiar con esto solo.
Con el transcurso de las semanas perdía cada vez más la esperanza de sanar con el tiempo. Por supuesto que era inútil viéndola con el otro pretendiente en cada clase, las fotos en facebook y los ‘’nicks’’ en MSN.
Sin embargo el contacto directo con ella era casi nulo. Un saludo y una despedida más por cortesía que por amistad. O por una situación ‘’profesional’’, de algún papel que involucre un dialogo o algo.
Sin duda estaba enamorado de su vieja amiga.
Pasados un par de meses, comenzó a acostumbrarse a estas extrañas sensaciones de tristeza, y las adoptó como una parte más de su vida.
Un día, mientras caminaba por la calle, comenzó a repasar sus últimos meses y a recordar su antigua relación de amistad con ella. Poseía buenos recuerdos y muy lindas experiencias. Sus conversaciones alegres y tristes, los secretos que ambos se confesaron alguna vez… cosas que ni sus padres sabían. Pero todo eso había terminado y era imposible que volviera… y el tenía la culpa, si, el había confundido las cosas. Lo estaba entendiendo, estaba entendiendo que ese dolor que tanto sentía, no era culpa de ella (aunque en realidad nunca la culpó).
Pasaron un par de semanas, y poco a poco el dolor se iba desvaneciendo junto con las últimas migajas de amor que quedaban por ella en su corazón. Empezó a retomar su vida anterior y sus heridas comenzaron a sanar lentamente. Ahora podía sonreír y su entorno lo notó claramente… hasta ella lo notó.
Ahora podían hablar un poco más… un ‘’hola’’, ‘’ ¿Cómo estás?’’, ‘’bien, ¿y tú?‘’, ‘’bien’’, ‘’adiós’’, ‘’que estés bien’’. Pero todo mejoraba periódicamente.
Si, comenzaba a ver la vida con un poco más de color… al fin… y se llenaba poco a poco de esperanza. Se sentía libre de todo ese dolor que por tanto tiempo le agobió, pudiendo poco a poco verla sin sentir aquellos sentimientos tan fuertes que le ataban.
Así que la vida continuaba su curso natural, y sus días se habían vuelto los de cualquier humano en la tierra. Por supuesto aún había algo en ella que le gustaba.
Ella seguía viviendo. Al poco tiempo el se enteró que su relación con el otro pretendiente había terminado… trágicamente. Ella, según lo dicho por las ‘’malas lenguas’’, le había ‘’engañado’’ con uno de sus amigos… bueno, se especulaba que esto había sucedido por otras situaciones, en las que el otro pretendiente primero la había engañado a ella, y ella, desconsolada, y bajo los efectos de unos cuantos vasos de cerveza, había caído en los brazos de uno de sus ‘’tan buenos amigos’’, de esos que siempre están dispuestos a ayudar…
Al parecer, hubo un escándalo en esa fiesta. Un par de puñetazos volaron a las caras del novio real, y del buen amigo/amante, luego el vomito de cerveza, las amigas ayudándola a ella, mareada y confundida, el escándalo, las risas de los observadores, los llantos, las disculpas, y por fin, al toro día cuando la jaqueca los domina a todos… no, mas bien a los dos días después, cuando se puede hablar con coherencia y civilizadamente, el quiebre de una relación bastante corta.
El punto es que a el no le afectó de gran manera. Solo sintió un poco de lastima por ella. Por supuesto, si tenía tan buenos recuerdos con ella… y la conocía tanto. A pesar que estos últimos chismes que recibió sobre ella le desconcertaban un poco. Ella nunca fue una ‘’santa’’, el lo sabía, pero tampoco era de esa clase de chicas. Es más, esa era una de las razones por las que ella era tan especial para el. Que ahora se topara con esta sorpresa, de encontrársela a ella con un comportamiento tan alejado de su esencia era algo que le sorprendía de sobremanera. Pero no podía hablar con ella. Si bien, las cosas entre ellos eran como la de dos conocidos, después de meses sin hablar, no podía llegar así como así a preguntarle sobre los últimos sucesos que corrían por la boca de todos, (o escritos en los muros de Facebook).
Tampoco es que creyera ciegamente en los chismes adolescentes, pero ya se había difundido de tal manera el escándalo entre el club de teatro… y aunque la historia no fuera cierta, la ruptura de ella con el otro pretendiente era evidente.
El tema le quitó el sueño por un par de madrugadas. Se preguntaba las razones que detonaron el extraño actuar de ella.
¿Y si el era el causante?
No, que estupidez más grande. Seguramente hay algo mucho más profundo en todo esto, y por supuesto el no podía ser el causante del desenfreno de su vieja amiga. Pero por más que intentara olvidar el tema, no lo lograba. Y ahora cada vez que la veía no podía evitar pensar en esa situación.
Pero ¿Qué estaba pasando?, si el ya la había olvidado por completo… o al menos casi por completo.
Resultó que un día, por cosas del teatro, en un ensayo, tuvieron la oportunidad de hablar más, como hace mucho no sucedía. No se atrevió por supuesto a tocar el tema, pero aunque salió, no recuerda como, ella solo dijo que habían terminado por unas amargas situaciones. Nada más, y era comprensible.
Ella notó que la mirada de el era diferente. Diferente a la mirada del viejo amigo. Diferente a la mirada del viejo enamorado. Diferente a todas sus miradas anteriores. El, aunque no notó obviamente su mirada, si notó el latir de su corazón acelerado, aquellas pulsaciones con un ritmo que hacía perdido.
Cuando volvió a su hogar, ya acostado y listo para aquel insomnio hasta las dos de la mañana, no cesó de repasar su conversación, a pesar de esta ser bastante trivial y de ella no revelar nada importante.
Pero a los días de perder mayor contacto con ella, ya olvidaba el asunto. Ella seguía siendo solo una vieja cicatriz y el podía recuperar por completo su vieja vida… aunque esta ya no incluyera la amistad de ella.
Con el paso de algunos meses, algo en su vida comenzó a faltar, y el se comenzaba a dar cuenta de una terrible verdad.
Quizás estaba loco, si, o era alguna clase de problema emocional, o quizás eran las simple cosas que nadie entiende de los adolescentes, pero de que era verdad… si, era su triste verdad. Y esta verdad no le afectó de gran manera, no se desesperó por esto ni nada. El punto es que el ahora, se daba cuenta que mas que amarla por un sentimiento nacido de la nada, es que el, necesitaba amarla a ella… era como una necesidad de el mismo saber que amaba a alguien, y de cada día recordar que había alguien ocupando un espacio en su triste corazón.
Así que la amó otra vez, como antes ya la había amado, pero diferente, pues no era el mismo amor. Era un amor que simplemente no esperaba que fuera correspondido. Era como si se hubiera resignado a nunca recibir algo a cambio de ella.
¿Y si amara a alguien mas?, habían tantas otras que quizás estaban dispuestas a ser amadas por el y a corresponderle. Había de hecho otra chica en el taller que siempre le quiso. Nunca le dijo a el, porque sabía (y no era una gran y desconocida verdad), que el estaba interesado en ella. Otras chicas de otras partes también en mas de alguna ocasión se vieron interesadas en el… pero el simplemente había desarrollado ojos para ella, y su corazón solo se satisfaría amándola a ella, y a nadie más que a ella.
Nunca se recupero de aquello, y a pesar que nunca ni siquiera le volvió a dar una señal clara sobre sus sentimientos reencontrados, en el secreto de su corazón, se mantenía como flama de vida su amor incondicional. Se había vuelto esclavo de aquello… y reitero la idea, de que era una necesidad de amarla, y no podía simplemente dejarla. El debía amarla para sobrevivir.

Texto agregado el 14-01-2011, y leído por 191 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
14-01-2011 Es un texto fluido y ameno, pero compartes con el personaje eso de tomarse su tiempo para decir las cosas y al final no llegar a buen puerto. NeweN
 
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