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Febrero 2011. Suspiro que cuenta que es una carta de amor.
Se dice que, cualquiera que sea la historia, debe iniciar con las mismas palabras.
Es una condición separar los textos, los contenidos se reconocen cuando se comienzan.
Las cartas de un abogado deberían comenzar como, siendo las tantas del año en curso… , las de un contador como mi estimado señor…, sólo que un argumento que pretende aspirar a abarcar casi todas las voces y, casi al mismo tiempo, entenderse como que suena sin salir de ninguna boca, expresa que es dicho por una boca tímida, oculta en medio de la oscuridad que le rodea, suspiro que cuenta que es una carta de amor, y se acompaña con una música muy suave, con el olor de un café y la sensación de un mar en calma.
En este momento debe comenzar a recorrerle, darle la vuelta alrededor de la piel y sentirle como una ligera brisa en la mañana.
Despojos, restos, ruinas de esa nebulosa, son el resultante materializado de un código sesgado, desgarrado, amputado.
Pluralidad y perspectiva, las figuras, las formas, la apariencia, la complejidad, en verticales, horizontales y diagonales opera el entendimiento.
Allí está la razón, y a la vez, el tema, la escena, la pose, la liberación de las ataduras matemáticas de la composición.
La vacilación de mostrar o esconder lo que se tiene entre manos.
Quienes han conocido este sentimiento, saben que es un fluido espeso como una pintura saliendo de su envase, como un color balanceándose a sí mismo, hermoso en su lenta e impenetrable transformación.
Algunas personas, carentes de palabras, más temerosas, han contado que se levantan en medio de la noche con la sensación de haber caído en medio de sus sueños.
Yo sólo puedo decir que le he encontrado, que he caído y hallado entre sus labios la libertad.
Yo solo puedo decir que esta, es una carta, reflejo de una mujer tal vez enamorada, tal vez melancólica.
Porque es un secreto y los secretos operan en la sutileza.
Si usted viera cómo una munición alcanza a un ave, y le dijera que no está herida, puede que llorase ante su amabilidad, aunque con toda seguridad dudaría de su palabra.
Una gota más de la herida que mancilla mi audacia… Dios me creó, no fui yo misma.
Yo no sé cómo ocurrió.
Él construyó el corazón en mí.
Golpe a golpe, creció más que yo y, como una pequeña madre con un hijo mayor, me cansé de cargar con él.
Me enteré de que existía algo llamado liberación, algo que hacía descansar a hombres y mujeres.
Se acordará que le pregunté por ella: usted me ha dado algo distinto.
Olvidé la libertad… No se lo dije durante mucho tiempo, aunque sabía que usted me había cambiado y estaba cansada…
Me siento más vieja esta noche, aunque el amor es el mismo, y también lo son la luna y la media luna.
Si la voluntad del Señor hubiera sido que respirase donde usted respiraba y encontrase el lugar por mí misma en plena noche; si nunca puedo olvidar que no estoy con usted ni que la tristeza y el fracaso están más cerca que yo; si deseo con una fuerza que no puedo reprimir que mío sea el lugar de la reina, el amor es mi única disculpa…
Estas cuestiones son sagradas, lo confieso y no desmiento. .
Sólo que por favor no se confunda, no se equivoque, no todo es composición, no todo es línea, ni color, ni bosquejo, ni claroscuro, ni luz, ni perspectiva, ni pena, ni circunscribir.
Hay algo más oculto, algo que sale de la competencia de la razón.
El Vesubio no habla; el Etna, tampoco… Uno de los dos pronunció una sílaba hace mil años, Pompeya la oyó y se ocultó para siempre.
Usted ha sentido el horizonte, ¿verdad?, ¿y el mar nunca se le acercó tanto como para hacerle bailar?
Solía pensar que cuando muriera podría verle, así que habría de morir tan rápido como pudiera, sólo que la humanidad también lo va a hacer, de manera que el cielo ya no será un lugar aislado.
Digamos que esperaré por usted.
He esperado mucho tiempo, puedo esperar todavía más, esperar hasta que mi cabello se cubra de nieves y usted utilice bastón, entonces podré mirar mi reloj y, si el día está en el lejano ocaso, podemos tentar a la suerte.
Sería consuelo eterno; solo el mirar su rostro mientras usted mira el mío, entonces podría jugar en mis playas hasta el anochecer, hasta cuando usted me lleve donde el sol que se pone no pueda hallarnos, y la verdad venga.
No pensaba decirlo, no soy una delicada flor, aunque con sus palabras me sentí florecer, no soy ave, aunque al conocerle, volé y sentí que tocaba el cielo.
Los morbosos cómplices de la circunstancia, ahora se preguntan la relación de la carta.
Quieren conocer el secreto.
Ahora guardare silencio, que Dionisio puede escuchar.
Dormiré, cerrare los ojos, descansare, es de noche, el tiempo ya pasó.
Andrea Guadalupe.

Texto agregado el 14-02-2011, y leído por 89 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
14-02-2011 Melancolía que expresas con abismante sinceridad. Belleza doliente, rendida desolación. Mis***** girouette
 
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