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Un papel se ha deslizado bajo la puerta. El anciano, único habitante de esa casita modesta, tan poblada de recuerdos, se acuclilla trabajosamente para recogerlo.
Escrito en ampulosas letras de molde, se lee:
“Empresa constructora Varagoidin S.A. le informa que, por petición de nuestro cliente, hemos decidido levantar un conjunto habitacional precisamente en el lugar en donde se emplaza su vivienda. Lo invitamos a negociar con nosotros un precio razonable. Dirigirse a XXXXXX.”

El viejo lee y relee el papel. En otras palabras, lo que esa empresa le ha querido decir es que tiene planes para levantar algo más moderno allí mismo, bajo sus pies y que para conseguir su logro, él es un estorbo. Que lo sacarán, tarde o temprano, aunque se niegue a vender, aunque sea un odioso enclave en medio de un enjambre de torres, maquinarias y trabajadores afanosos.

Le conminan a vender, claro está, que a un precio razonable, ¿razonable para quien? Puede que la casita suya no valga gran cosa: ¿cuánto valen mil quinientos ladrillos mal enlucidos, un piso de madera carcomido por las termitas y un par de ventanas por las cuales el viejo ve pasar la vida? ¿Cuánto vale el espectro de su mujer, fallecida hace un tiempo y que se negará a partir sólo porque la modernidad decretó su destierro?

El viejo mastica algo inexistente y ve pasar la gente por el estrecho pasaje. Pronto, de seguro, algún vecino se decidirá a vender. ¿Y que hará la empresa compradora? Echará abajo esa casita modesta, tan modesta como la suya, como lo son todas las casas de población, todas iguales unas a las otras, uniformadas en su precariedad y desesperanza. Y cualquier día, el viejo se asomará a la puerta y su mirada ya no chocará con la casita aquella, sino con un pequeño erial que se asemejará a una caries. Y al fondo, un individuo de casco blanco, sonriente y ufano, le mirará desafiante, aguardando su respuesta.

Pronto se irán los vecino de ese espacio vacío y luego otros. Algunas personas se deshacen de sus recuerdos como quien desecha las vestimentas raídas. Y la caries se extenderá cada vez más, muy luego ya no quedarán vecinos y una mañana cualquiera, el tronar furibundo de una máquina excavadora le remecerá hasta el espanto. Habrán comenzado las faenas, concitándole a ponerle precio a sus añoranzas.

Gruesas lágrimas ruedan por los surcos que pueblan su rostro. No, él jamás se irá de su casa, aunque caven alrededor suyo, aunque se transforme en una ínsula fastidiosa. No se irá.

Y como enloquecido, el viejo comienza a clavetear puertas y ventanas. De allí, lo sacarán muerto, pero no cejará.

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Alfonso Koenikamps, el ingeniero, sonríe con esa desfachatada confianza del que se sabe triunfador. Aún no han comprado ninguna vivienda, ya que todos se han negado a deshacerse de sus covachas. Por diez pesos, nadie compra una casa en otro lugar, además, son muchos los años compartidos y los vecinos se han transformado en una comunidad solidaria y entusiasta.

-No importa-dice el profesional. Al final, todos partirán. Sabemos esperar y si bien, hoy sólo han sido negativas, mañana, la codicia, la curiosidad y las tentaciones, permitirán que todos, en su momento, acudan a negociar con nosotros. Y si no son ellos, serán sus hijos y sus nietos. Las enfermedades seniles, la miseria misma, el abandono, serán nuestros mejores aliados.

En efecto, pocas semanas después, una ambulancia retira a un pobre viejo que se había atrincherado en su casucha. Allí va, tendido en su camilla, lanzando su mirada torva hacia los circunstantes. En sus manos, aferra con porfía algo parecido a una llave: es la de su casa. No importa, sus hijos, tantos y tan lejanos, aparecerán para entregarle la vivienda en bandeja a la empresa constructora. Y partirán felices, cada uno con sus cuatro chauchas y sin ninguno de los tantos recuerdos en su mochila de desapego e ingratitud…













Texto agregado el 21-04-2011, y leído por 152 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
22-04-2011 Triste. Me recordo un poco al viejo de la pelicula Up! Solo que aquel puso miles de globos sobre la casa y se fue con todo y ella. Sobra decir que era una historia fantastica, la tuya en cambia es más cruda y realista. Saludos. 5* Azel
21-04-2011 Interesante análisis de la realidad. Me gustó el sabor a desesperanza que le impusiste a tu trabajo lo que nos obliga a estar de acuerdo contigo. ***** zumm
21-04-2011 Amargas realidades contadas magníficamente. (como es tu costumbre).Me gustó. edu485
 
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