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Inicio / Cuenteros Locales / sespir / El principio de causación inversa del doctor Fieldy

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Mi madre fue quien me puso sobre la pista. Por aquel entonces mi madre me martilleaba constantemente con que todos mis males radicaban en mi falta de empatía. Eso decía ella: mi falta de empatía. Era mi incapacidad para ponerme en la piel de los demás (no digamos ya en los músculos o en los huesos) lo que me impedía ser feliz. Yo, naturalmente, al principio no le hice ni caso, pero fue tanta la tabarra que me dio que un buen día decidí, aunque fuera como un juego y sin darle mucha importancia al asunto, seguir su consejo. Empecé a imaginarme que yo no era yo, sino uno de mis hermanos, o algún amigo mío, o cualquier persona con la que estuviera hablando. La verdad es que aquel ejercicio de imaginación me divertía sobremanera y amplié mi campo acción a la gente que veía pasar por la calle, o incluso a personas de las que apenas tenía sino vagas referencias. Al poco tiempo, todo el mundo pasó a ser susceptible de formar parte de mi juego mental. Finalmente un día di el gran salto y me puse en la piel Dios, ahí es nada. Quería saber qué era lo que Él sentía y pensaba. No tardé mucho en percibir con perfecta nitidez que el tiempo no existe para Él. No existe el antes ni el después. Todo ocurre en in instante eterno. El tiempo, como una segunda piel, es inherente a nosotros, al ser humano, desde el mismo momento de nuestro nacimiento. No es algo ajeno a nosotros. Una vez llegada a la anterior conclusión deduje lo que he venido a llamar el principio de causación inversa, por el cual, al contrario de lo que tendemos a creer, las consecuencias no tienen por qué ocurrir necesariamente con posterioridad a las causas. Si tiramos un jarrón al suelo y éste se rompe, en seguida pensamos que hay una relación causal entre los dos hechos y que el sentido de esa flecha de causalidad es el mismo que el de la flecha temporal. Lo que sucede primero ocasiona lo que sucede después. Pero, puede ser que ocurra justamente al contrario: como el jarrón se tenía que romper, alguien se vio necesariamente impelido a arrojarlo al suelo. Buscando ejemplos de los más variopintos, descubrí que mi principio de causación inversa funcionaba perfectamente en todos los casos. Finalmente apliqué mi principio a las noticias de los periódicos. Me di cuenta entonces de que las grandes tragedias de la humanidad, las guerras y las catástrofes de todo tipo, sucedían única y exclusivamente porque alguien publicaba la noticia al día siguiente. Mediante su publicación, los grandes medios informativos alimentaban la parte más morbosa del ser humano, obteniendo pingües beneficios a cambio. Fue entonces cuando, gracias a mi llamada de atención a la opinión pública, todos los directores y jefes de redacción fueron violentamente expulsados de sus puestos de trabajo. Ahora vivimos en la gloria, desde luego, aunque a veces echo en falta un poco de vidilla, la verdad.

Texto agregado el 02-06-2011, y leído por 266 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
14-08-2011 Me encantó, el tema tratado y la forma tan original de expresarlo. ¿ mi comentario habrá contribuido a generar tu texto?, ja, ja. Saludos. luciaelsol
25-06-2011 jajaja interesantes conceptos Sespir, voy a hacer ese ejercicio de ponerme en la piel de los demàs a ver què tal, seguro me divierto mucho. Se me hizo muy ameno e interesante por las ideas plasmadas, incluso creo se podrìa hacer un relato mas largo con esas ideas. Te dejo un abrazote. tigrilla
08-06-2011 Me queda la duda de si la madre quedó satisfecha...Un saludo, amigo! galadrielle
02-06-2011 Mira, mi hijo coincide con tu teoría, si van a tener que suspenderle, para qué estudiar y llevarles la contraria. Me ha gustado. m_a_g_d_a2000
02-06-2011 Interesante relato. siemprearena
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