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Inicio / Cuenteros Locales / fabian_ / Lunes 27 de Junio

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Llegué hasta la editorial en Esmeralda, no tan temprano, pero más temprano de lo que hubiera deseado levantarme. Estaba cerrada. Rabia. Levantarme más temprano de lo que debería en festivo para cumplir algunas labores de futuro escritor… pero el viaje no podía ser en vano.
Feriado o festivo, como quieran llamarlo, y las desoladas calles del puerto eran silenciosas y sombrías. Las pocas almas vagas que transitaban por Bellavista no eran más que algunos comerciantes libres, trabajadores municipales, turistas extranjeros y por supuesto yo.
Caminé un par de calles, luego por la extensa Avenida Errazuriz hasta la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso en Barón.
La brisa marina no llegaba hasta a mi, interrumpida por los containeres, las grúas y el paso del metro cada un par de minutos. Seguí caminando mientras a mi lado pasaban ciclistas y corredores. En el suelo, sobre algunas áreas cubiertas por el pasto, descansaban algunos vagabundos acompañados por perros callejeros. También había obreros sobre las bancas, jóvenes parejas, y una chica sentada, leyendo La Biblia.
No detuve mi caminata. Llegué hasta un paso a través de las líneas férreas que daba a un paseo por la orilla del mar, donde había unas rocas. Caminé un poco más hasta que decidí descansar sobre las rocas. Me senté. Una plataforma de cemento en medio del mar, que albergaba lobos marinos, gordos y apestosos, durmiendo y otros peleando. A mi alrededor la gente los observaba. Sacaban fotos y reían por los sonidos que estos emitían, pues parecían eructos. Yo me eché sobre la roca y observé el cielo mientras permitía que las olas me hablaran con estruendosos y agitados golpes hacia el roquerío. Al rato saqué un chocolate que guardaba para mi hermana y me lo comí lentamente. Pasada la media hora escribí algo sobre la roca con un marcador permanente. Luego de unos minutos más me fui.
Caminé hasta pasar por un tren abandonado convertido en museo y cafetería, pero estaba cerrado por el día. Continué caminando hasta las pasarelas, cruzando hasta la Universidad Federico Santa María donde tomé una micro hasta Viña. Me bajé en la Avenida Libertad y me dirigí hasta Starbucks Coffee, donde compré uno de los café mas caros, y el más grande. Luego caminé hasta el viejo y destrozado Muelle Vergara, bebiendo el café con remordimiento por gastar tanto dinero en una bebida caliente que bebí en menos de cinco minutos.
Proseguí del muelle hasta unas rocas por la Avenida Perú, a unas dos cuadras del Casino. Me senté y permití que el viento del pacífico sur me enfriara el rostro y las manos. Saqué mi ‘‘cuaderno mágico’’ y mi ‘‘lápiz maldito’’ y escribí esta porquería.
¿Por qué…? Porque sí… y punto. Porque quería contarte lo que hice después de dos semanas… dos semanas después de que la tierra se detuvo… para mí…

- ‘‘Escritor loco,
enamorado,
poeta frustrado…’’
– F.A.E.C

Texto agregado el 29-06-2011, y leído por 162 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
29-06-2011 Su relato es muy bueno, escritor loco glori
 
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