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LAS TRES POTENCIAS DEL VICIO 2.329 palabras

I

Quiero que tú, me escuches,
Aunque no quieras hablar;
Tendrás que comprender
Lo que te voy a contar.

Ya coloqué en reunión,
Lastres potencias del vicio:
El tabaco, el alcohol
La música entre dos vicios.

El tabaco, Irá nublando
El campo de los presentes,
El alcohol va embriagando,
La música, más diligente.

Por los balcones se escucha,
Las quejas que al mundo da,
Sus secretos los divulga,
Es la primera en hablar.

Un trío de delincuentes
Serán vuestros compañeros,
Son buenos reincidentes
Enseñarán los primeros

Dijo la música altiva:
Con voz sonora de amor.

“Soy sensual al dolor,
Para todos, soy cautiva,
Dicen que, soy un primor
Me mantengo fresca y viva.

Soy el alma, soy amor,
El calor, la belleza,
Pienso con la cabeza,
Me tocan hasta en tambor.

Con lo demás soy celosa
Con todos los que me escuchan,
Ablando todas las cosas,
Desbarato cualquier lucha.

Como dóciles esclavos,
Hago bailar al arcano,
Cuando piensa en la mujer.
Soy música, soy querer.

Si a memoria me aprende,
Jamás me puede olvidar,
Practicando se defiende,
No me relega jamás.

Le toco a todos los seres,
En palacios, en bohíos
En iglesias con misereres,
Y por los campos floridos.

Cuando empiezo a cantar,
Lanzo mis notas sonoras;
Aquí, las grande señoras,
Las pongo hasta relinchar.

Empiezan aquí a brincar
Alegres y presumidas,
Se creen las verjas floridas,
Acabadas de reventar.

Soy pues caballeros,
La madre de la alegría;
Todas las noches, los días,
Por los cerros, los esteros.

Le doy vida a los caminos,
A los aires, a los mares,
Se ríen los afligidos,
Lloran los don nadie.

II

¡Qué va! -Dijo el tabaco-
Que gruñó cual presumido,
Soy un negrito fuñido,
Costoso también barato.

A mí, la gente me admira.
Me compra, me saborea;
He llegado hasta la cima
De la alcurnia que alardea.

Penetro en el organismo
De todo ser que me aspira.
¡No lo haces tú, con lira!
Pero yo soy catecismo.

Me veneran, me admiran;
¡Ah! Nunca puedo faltar,
En bolsas y falderillas,
Todos me quieren fumar.

Quien me ve ardiendo suspira,
Mi nombre es cigarrillo,
Cuando me encienden aspiran
El humo hasta los carrillos.

También me empacan con lujo,
Viajo en vestidos costosos,
A mi, me fuma hasta el brujo,
El príncipe más tedioso.

Viejo en coches de primera,
Hasta la luna, he llegado,
Traspasé la estratósfera,
Todo el espacio he cruzado.

Soy del rico el favorito,
Gano los mejores premios;
Beso labios exquisitos,
Acompaño los bohemios.

¿Qué rostro no sonríe
Al encenderme temprano?
Aunque se queme la mano,
A mi, nadie me despide.

Hacen miles peripecias,
Par tenerme cercano,
Disipo todas las penas,
Caliento muchos labios.

Penetro con gracia plena,
Doy calor, ahuyento el frío,
Pinto de negro el sentido,
Embruto la mente serena.

Así, querida señora,
De los tres, soy el mejor,
Me compra todo señor,
Me fuman a toda hora.

III

¡Párese allí mi compadre,
Dijo el alcohol zigzagueando,
Se olvidan que soy más grande,
Cuando me están saboreando.

Soy oloroso, caliente,
Muchos nombres ostento;
Si en el interior me encuentro,
La sangre la pongo hirviente.

Soy cual gallo de pelea,
Mi fama, atrás no se queda;
Me toma toda la gente,
Mi nombre es, aguardiente.

Me fabrican de mata, o palo,
Me venden en pulperías
Soy refinado en el campo,
También en las serranías,

Estoy en casas de lujo,
Llego a famosas cantinas,
Yo si que les estrujo,
Pantalones y camisas.

Corazones pongo alegres,
También sé llegar al fondo,
Funciono por los pesebres,
Con el flaco, con el gordo.

Doy un toque de gracia,
Transformo miles rostros,
Los viciosos en su estancia,
Porque soy muy poderoso.

Soy milagro del universo,
En el amor, soy delicioso,
Por mí, el poeta hace verso,
En amor, soy un coloso.

Hago valiente al cobarde,
A éste, convierto en guapo,
No crean que hago alarde,
Soy superior al tabaco.

Acepten que soy más grande,
Por muy poquito que sea,
No le tengo mido a nadie,
Aunque ninguno lo crea.

Todo el que a mi me toma,
Desafía viento, marea,
Sube por cualquier loma,
Por muy empinada que sea.

No le temo a los feroces.
¡ Soy resuelto para todo ¡
Al empinarme algún codo,
Le doy placer, y mil goces.

Yo si que soy necesario.
En este mundo abundante,
Soy mucho más caminante
Que todos los relicarios.

Me liban bocas extrañas,
Mujeres bellas y feas,
El hombre se da mil mañas,
Para probar mis ideas.
Caliento mucho la sangre,
Llenándoles de consejos,
Éstos, no llegan a viejos,
Los duermo en cualquier calle.

IV

-Un momento calentón,
¡La música empezó a hablar!
No me venga usted a negar,
Que es un completo bribón.

A los buenos, los hace malos,
Al sobrio, convierte en ebrio,
Penetra hasta en los arcanos,
Les lanza un saco de celos.

Daña todos los cerebros,
Quedan molidos a palos,
Derriba hasta los becerros,
No se le escapa el marrano.

Usted, tumba a los parados,
Está contra la humanidad,
Tiene al mundo atolondrado,
Con su inmensa brutalidad.

Es inmenso destructor,
Le cae mal a la gente,
Hace suicida al valiente,
Asesino, al seductor.

Usted, señor alcohol,
Es una plaga viviente,
Nunca ha sentido el amor,
No se a llamado ”Clemente”.

Es un mal universal,
Que sólo infunde dolor,
Camina dejando el mal,
Difunde el deshonor.

Es el jefe del crimen,
Le enseña su poderío,
De esto, no se reprime,
Se burla del afligido.

Cuando ve un compungido
Sobre su pena, se impone,
Usted, no tiene sentido,
Que el mundo no lo perdone.

Todo aquel que lo toma,
Se convierte en una plaga,
En asesino de sobra,
Aunque no reciba paga.

No entiendo a la humanidad,
Siempre lo ha preferido,
Ya lo toman sin sentido,
Sin medida y caridad.

A usted, debe juzgarlo
El universo completo,
Apresarlo, no soltarlo
Llevarlo derecho al cepo.

Que muera allí sin sentir,
Que nadie lo quiera ver,
Hasta la muerte sufrir,
Pues debiera perecer.

Que no lo visiten bellas,
Y no lo puedan fumar,
Apilonado en una senda,
Allí, lo pueden quemar.

Así, podemos seguir,
Cantando por las praderas,
Y no acordarnos siquiera,
Que dos, tenemos que huir.

Somos la combinación,
De lo que llaman el vicio
De la sevicia el bribón,
Haciendo cruel ejercicio.
Refiriéndome a don tabaco,
Se parece al condimento,
Se filtra en todo saco,
Acompaña al alimento.


Cuando él, penetra adentro,
Obstruye todo orificio,
Contamina la esfera,
Es el peor de los vicios.

Ya por dentro, ya por fuera.
Que se agranda a cada paso,
Su nicotina se queda,
Convierte el dí, en ocaso.

Usted es triste bagazo,
Residuo de mortandad,
Contiene un oscuro ocaso,
No le llega claridad.

Su camino es todo oscuro,
Fabrica la nicotina,
Hace de los cuerpos muros,
Nadie por ahí respira.

Al mezclarse con la sangre,
Inyecta una enfermedad;
De esta no escapa nadie,
Al cementerio se va.

Usted da asma, ahogo,
Nerviosismo hasta cáncer,
Quien caiga en este entorno,
No tiene remedio, no es nadie.

Don tabaco y don alcohol,
Son un dúo infernal,
En el crimen son mejor,
Jamás, lo pueden negar.

Son callados, engañosos,
Se ofrecen con timidez,
Tanto al viejo, como al mozo,
Le roban su candidez.

Para disipar sus penas,
Para olvidar los agravios,
Los inducen a condena,
Igual al bruto, que al sabio.

Cuando ya está convencido,
Que el problema está resuelto,
Va al hospital recluido,
A la cárcel, o está muerto.

Creyéndose con grandeza,
¡Son enemigos mortales,!
Así, multiplican males,
Dándoles gran fortaleza.

V

No siga tan musical,
-dijo el tabaco al minuto-,
Como el peor animal,
¡Usted nos acusa mucho ¡
!
Pero: ¿No se ha dado cuenta,
Que por todos los caminos,
En las iglesias, en fiestas,
Nos ha unido el destino?

No nos pueden separar,
Déme entonces la razón,
¿Cuál el remedio del mal,
Y complacer su favor?

¿Cómo puede usted decir,
Que no tengo corazón,
De los tres, ninguno aquí,
Puede sentir el dolor?

Ayolújase nos trajo,
Para que al mundo enseñemos,
Usar tabaco, música y trago,
¿Qué otra cosa queremos?

Si el alcohol está en su casa,
Puedo hacerle compañía,
Hasta que la mona pasa,
Usted, le dará alegría.

El fumador, al borracho,
Obtendrán más sintonía,
Si es mujer, y monta cacho,
Lo hace con mucha alegría.

Así, que doña musical,
Estará con nosotros dos,
Viajaremos en costal,
Seremos tema de amor.

En Patagonia, Europa,
Sin música, no hay licor,
Con el tabaco y la copa,
Se cumple así la misión.

Los tres causamos mal,
No hay quien lo haga mejor,
Entre música y fumar,
Se invita a tomar licor.

Se fuma el tabaco puro,
El alcohol se toma a sorbos,
Con la música es seguro,
Le brotará por los poros.

Es enfermedad latente,
Que sin piedad causamos,
Exterminamos la gente,
Poco a poco, los matamos.

Con su ayuda señora,
Lo hacemos más tolerable,
Con sus notas tan sonoras,
De allí, no se escapa nadie.

Por mucho que se defienda,
Con apariencia inocente,
Quién la escuche, o la venda,
También usted, mata gente.

Si la escuchan por tristeza,
Un revólver hay cargado,
Induce usted a la torpeza,
Al hombre más estudiado.

Hace pensar en suicidio,
Con sus notas tan dolientes,
¿Dice que es diligente,
Que no causa martirio?

Piense que no es legal,
El que nos culpe a los dos,
Aunque se quiera salvar,
Debe pedir un perdón.

Nosotros, lo preparamos,
Con prestigio que alardea,
Los ponemos en sus manos,
Y usted, los zarandea.

Ahora quiere que crean,
Que es matrona inocente,
También usted la azotea,
La sacude diligente.

No señora, no es verdad;
Usted también es culpable,
A todo el mundo le da
Aunque sea respetable.

Al que se crea muy macho,
Pone blando el corazón,
Mete cual toro su cacho,
Así, clava usted su puyón.

VI

El alcohol escuchaba,
Con su borracha atención,
Le dijo así al tabaco,
“Entremos los dos en razón”,
Con música soy un berraco,
Usted atiza la función.

Ella nos alegra el alma,
La siente el mundo con amor.
Si con nosotros está calma,
Es que alguien tiene un dolor.

Culpable usted, culpable yo,
Esto, el diablo lo enseña,
No cabe aquí más querella,
Criminales somos los dos.

Ella es toda ternura;
Es el sentir de las cosas,
Aunque a ningún mal cura,
Es sentimental, armoniosa.

La escucha el niño, el adulto;
Conmueve al viejo, al joven,
Al letrado, sabio, el bruto,
Le reconocen sus dones.

Nadie tiene distinción,
Por eso, está con nosotros;
A veces, nos enseña amor
Sin olvidar sus corotos.

Debemos darle razón,
Nosotros somos los malos;
Preguntémosle al corazón,
Si la amamos, o la odiamos

Se necesita estudiar,
Para poder ejercer,
Y saber ejecutar,
Ese don del saber.

El niño con su inocencia,
Quiere música escuchar;
Brilla el alcohol por su ausencia,
Tabaco no va a fumar.

Ella, es de la nobleza,
Desde su cuna aprendida,
Los dos, somos pobreza,
También quitamos la vida.

Reconozcamos señor,
En este mundo de vivos,
Somos los dos lo peor,
El cigarrillo y el vino.

Todo lo confundimos;
Lo dañamos, lo perdemos;
Somos los asesinos,
Es lo que queremos.

En cambio esta bella señora,
No se le puede acusar,
Porque es una matrona,
Estés bien, o estés mal.

Quien le escuche reflexiona,
Con amor y con dulzura,
Y si alguien está a solas,
Ella calma su amargura.

Entonces debemos tener,
Un orgullo, una alegría,
Si acompaña nuestro haber,
Endulza la noche y el día.

El ser que nos consume,
El tabaco y el alcohol,
Responsabilidad no asume
Ella, por ser la mejor.

VII

El tabaco silencioso,
Abrió su boca de humo;
De su mal tan poderoso,
Púsose a hacer tal resumen.

Dijo con voz ahumada:
“-En verdad, tienes razón-,
Sobre las cosas sagradas,
La música es la pasión,

Está siempre con nosotros,
A ver si nos regenera,
Nos sigue hasta el calabozo,
Es una fiel compañera.

Nos quiere ella aliviar,
Las penas que causamos,
Le da lo mismo cantar,
En eso, no hay nada malo.

Para el negro, para el blanco,
O para el que sabe amar,
Para el cobarde o guapo,
Para ella, lo mismo da.

El que odia, el que mata,
Reconcilia ella el amor,
Se agranda en la serenata,
Y penetra al corazón.

El triste se inspira y canta,
Ante esta buena señora;
Acusaciones y faltas,
Retirémoslas ahora.

Sólo nos queda decir,
Y pedirle con cariño,
Al que ella haga gemir,
Tiene corazón de niño.

No nos deje abandonados,
Aunque es poco el interés;
En los campos, en arados,
Sigamos siempre los tres.

Por la ciudades famosas,
Por los aires y los mares,
Con su melodía hacendosa,
Seguimos causando males.

VIII

-Dijo la música altiva-:
Acepto, nada puedo perder,
Quien me escuche que sonría,
Me siento una gran mujer.

¿Qué otra cosa puedo hacer?
Soy madre, tengo hijos,
Me encanta, amo el placer,
Si no sueno me aflijo.

Cuando quiero conquistar,
Rebusco en mi fantasía,
Esperando que algún día,
Con ustedes pueda acabar.

Y sembrar el universo,
De cosas buenas y bellas,
Eliminar los perversos,
Par evitar las querellas.

Son las plagas vivientes;
Es la tétrica verdad,
Son poco diligentes,
Jamás sienten caridad.

Si el mundo comprendiera
El mal que el alcohol infunde
A este, nunca lo poseyera,
Al tabaco, también destruye.

Superando en la esfera
La inteligencia en el mundo,
Pasar a la estratósfera,
Con su enseñar errabundo”.

IX

Todo quedó en silencio;
Aquellos tres camaradas,
Le ponen a todo un precio,
Siguieron su ruta amada.

El que lo quiera entender,
Si lo sabe aquí distinguir,
Parco debe proceder,
Si se deja dirigir.

Tan sólo contra los dos,
A favor de la belleza,
Si en la vida tiene amor,
Jamás pierda la cabeza.

El tabaco, el alcohol,
Sólo son ruina del hombre,
Deshonra su gran amor,
Sea rico, sea pobre.

La pérdida de la mujer,
De los padres, de los hijos,
Son recuerdo del ayer,
Y mañana, un crucifijo.

Amar la música es vida,
Un sagrado lenitivo,
Una hermosa poesía.
Yo, Rebaguz, te lo digo.

Reinaldo Barrientos G.

Rebaguz

Texto agregado el 05-09-2011, y leído por 203 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
07-09-2011 hola rebaguz buenisimo me encanto esta muy bien escrito mil besotes y felicidades poreste texto esta lindo mis *********** javive
05-09-2011 Uy, este diálogo entre tabaco, alcohol y música está bien entretenido. Muy buen trabajo y reflexión de lo que es cada uno de ellos con sus defensas y ataques. Maravilloso trabajo. Te felicito!!!!***** miriades
05-09-2011 Entretenido aunque un poquito largo, pero buen tema de reflexión.Gracias. marsolesca
05-09-2011 Muy bueno, me ha encantado leerlo. Saludos teresatenorio50
05-09-2011 GRacias por el show. Coincido con Silvimar, es usted un genio, además de tomarse el tiempo para desarrollar tres temas. azucenami
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