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Reto: Inolvidable escena de película.

Pablo Sarmiento regresaba a su país, luego de tres años de giras y conciertos por Europa, vivió en Paris, en donde recibía los contratos e invitaciones desde Berlín, Polonia, Inglaterra, España, Italia, Austria.

Pero había llegado el momento del regreso, estaba ansioso e ilusionado de encontrarse con su familia, colegas y amigos.

Sabía que su país se encontraba en estado de
excepción, un golpe de estado había destituido al presidente constitucionalmente electo y gobernaba un dictador militar.

Política e ideales antagónicos habían desatado la
violencia y la muerte, una guerra entre hermanos, cruel y despiadada, nunca tuvo inquietudes políticas, desde niño su quehacer como estudiante de música ocupaba su tiempo y su absoluta dedicación.

En el control de policía internacional del eropuerto, ante su asombro, fue conducido por guardias militares a una sala interior, interrogado por un oficial de ejército, explicó cada detalle
de su actividad, el país en donde había residido los tres últimos años, los lugares que había visitado, de su familia, de sus estudios.

-Entonces ¿es usted un artista?- concluyó el militar. -Así es- respondió Pablo. -¡¡Un comunista de mierda es usted!- y dirigiéndose a dos soldados armados que custodiaban el ingreso, ordenó:
-¡Arréstenlo!-

Pese a pedir explicaciones y tratar da hacerle entender al militar que no tenía un ideal político, nada que lo identificara con tendencias comunistas o socialistas o que fuera cercano a movimientos políticos, los soldados lo tomaron de los brazos y lo arrastraron, literalmente, al camión de detenidos.

Hombres y mujeres, rostros demudados, cadavéricos, al interior del vagón, silentes, ciegos de pavor, nadie pronunció una palabra, Pablo se ubicó en donde pudo con toda su humanidad derrotada y sus manos vacías, lo habían despojado de todo, documentos, efectos personales y del maletín con sus partituras.

El camión inició su marcha hacia la ciudad, la carretera bordeaba los hermosos campos que Pablo siempre recordó, hectáreas cultivadas y bosques de álamos y pinos. Absorto en sus pensamientos se sobresaltó al escuchar ráfagas de ametralladoras, gritos de los soldados y la paulatina detención del
camión. Se asomó por el vano del toldo y sin siquiera darse el tiempo para pensar y aprovechando el caos existente por el intento de
fuga de un detenido, saltó hacia la berma del camino arrastrándose hasta los matorrales más cercanos, se agazapó con los ojos cerrados y las manos empuñadas, prefería morir antes que ser capturado una vez más.

Los soldados reiniciaron la marcha, sin darse cuenta de su ausencia, ya tenían su presea: dos cadáveres que flotaban a la deriva del río.

Esperó muy quieto entre las crecidas malezas la llegada de la noche, tenía hambre y frío, pero quería vivir más que calor, más que comer, no sabía en que lugar estaba, el cielo nuboso no permitía ver las estrellas, escuchaba el tránsito
nocturno por la carretera, comenzó a caminar entre berma, zanjones, siembras y alamedas hacia la dirección que llevaba el camión militar y guiado por el ruido de los motores de los vehículos que
transitaban a alta velocidad.

Desfallecía y se volvía a levantar, nunca supo cuantas horas caminó hasta que vislumbró el reflejo de las luces de la ciudad, siempre atento a que nadie lo viera, los ruidos de la carretera no
tenían colores, ranchos campesinos era lo más cercano a la vida que tenía en aquellos momentos, y el agua de los ríos que a su paso convergían, su único sustento.

Al llegar al centro de la ciudad, no llamó la atención su aspecto sucio y andrajoso. Buscó refugio en de uno de los edificios bombardeados, las patrullas militares eran frecuentes, se escondió entre los escombros. Había un silencio abrumador, solo se escuchaban las botas de los soldados y las brigadas movilizadas, lo invadió un estado de sopor.

Desde su inconsciencia escuchó la música de la Sonata “Claro de luna” de Beethoven, pese a su cautela sintió curiosidad, guiado por la música, se acercó al lugar exacto en donde un oficial
de ejército de alto rango la interpretaba en un hermoso piano de cola, empolvado y sucio pero intacto. Inmóvil y casi sin respirar, Pablo se detuvo detrás del dintel de una puerta, el oficial detuvo
su tocata y se mantuvo inmóvil como intuyendo una presencia no esperada, se puso de pié y lentamente comenzó a caminar hacia la misma puerta , Pablo salió a su encuentro, nada más
podía hacer, el oficial le pregunta -¿Su nombre?- Pablo le -
responde, -¿Pablo Sarmiento, el músico?- Pablo lo admite, -¿qué hace usted aquí ?- , -me detuvieron
señor, en el aeropuerto, logré huir-

-Tengo todos sus discos y he asistido a la mayoría de los conciertos que usted ha dado en nuestro país, por favor siéntese aquí, si, aquí frente al piano, lo quiero escuchar-

El militar lo escuchó profundamente emocionado, - no hay duda- dijo, -usted es Pablo Sarmiento-, lo abrigó con su capote militar y se despidió.

-Mañana a primera hora, solucionaré esta estupidez, le estrechó la mano y se alejó.

Esa noche Pablo sintió llorar las estrellas, por el horror en su país, por el oficial y su sensibilidad, su ética, por todos los artistas y su fatal destino en manos de quienes creían que el arte era una peligrosa y malsana militancia política.

Texto agregado el 16-10-2011, y leído por 533 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
13-11-2011 Esta historia inspirada en la película Perfume de mujer ¡la rompio! (casi digo otra palabra que uso habitualmente, muy desfavorable para un buen vocabulario) muy buena votación pero imaginé que sería mejor. -bernardo-
17-10-2011 Muy buen cuento, narrado hasta en sus màs mìnimos detalles con precisiòn de un maestro.La recreaciòn de la escena de la pelìcula impecable.El pàrrafo final una de esas perlas para atesorar y reflexionar.Vuelo de estrellas y un saludo cordial, Ma.Rosa. almalen2005
16-10-2011 Me encantó.Me parece tarea omplicada agregarle cuento a una escena de cinematográfica sin desmerecerla. Muy bien. filiberto
16-10-2011 Para mi ¡el mejor! kyara_har
16-10-2011 Muy buen cuento, tremendo lo que ocurrió con tanta gente inocente, me gustó que te inspiraste en esa escena de El Pianista, hay una similitud bien marcada entre esa parte oscura de nuestra historia y la aberración cometida por los nazis. Me gustó muchísimo. Un abrazo y mis estrellas. Magda gmmagdalena
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