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DEL LIBRE ALBEDRÍO

Tú puedes hacer lo que siempre haces, pero en algún momento de tu vida, sólo podrás hacer una actividad definida, y no podrás hacer absolutamente nada que no sea esta actividad.
Schopenhauer


Esa ‘capacidad’ de tomar decisiones, de elegir el rumbo de nuestros actos, de encauzar nuestra voluntad hacia aquello que creamos conveniente es lo que suele llamarse libre albedrío. Gracias a esto podemos decidir ‘concientemente’ si tomamos el camino del bien o del mal, si creemos en dios o no, si tomamos vino o whiskey, si abordamos el autobús o andamos a pie, si escuchamos tal o cual música, etcétera. Visto esto desde el balcón de la arrogancia humana y con los binoculares del sentido común –que normalmente es la herramienta de la ignorancia- podríamos decir que, efectivamente, el libre albedrío existe. Pero ¿qué pasa si vemos más allá de esos binoculares que sólo alcanzan para nuestras propias narices? ¿Será que somos realmente libres?
Cuando más se habla de libre albedrío es cuando se habla desde el punto de vista de la religión – hablaré específicamente de la religión judeocristiana, lo cual no es una buena señal. Se apela a él para explicar principalmente el hecho de la nula intervención de dios en los asuntos humanos, sobre todo aquéllos que le han traído perniciosas consecuencias a la especie. Si Adán y Eva pecaron fue porque, en su libre albedrío, así lo decidieron a pesar de las advertencias de dios (que por otro lado, sabiendo de las debilidades de sus crías, fue poco sabio de su parte colocar tan sublime tentación frente a ellos) y acarreando con ello la perdición de la humanidad; la destrucción de Sodoma y Gomorra fue consecuencia de la mala elección moral de sus ciudadanos; si dios asesinó a los adoradores del becerro de oro fue porque decidieron quebrantar su ley (podríamos seguir con infinidad de ejemplos, pero sería demasiado para este modesto ensayo). ¿Qué clase de padre daría a sus hijos una daga para que jugaran? Sólo el que padeciese de alguna afección mental, un idiota o un sádico. ¿Por qué razón dios, sabiendo del riesgo que representaría que el hombre tomara decisiones, le otorgaría libre albedrío? Y no conforme con semejante idiotez, le castiga por hacer uso de dicha libertad con nada más y nada menos que la muerte. “Puedes elegir lo que gustes, pero si eliges mal te mueres”, es la sentencia que ha tenido a bien brindarnos dios en su infinita sabiduría y misericordia y es a la vez la constante de sus representantes en la tierra. En cuanto a esta religión enferma y siniestra, con el libre albedrío tienes dos opciones: elegir bien o la condenación eterna. Creo que no hay mucho de donde escoger y por lo tanto no hay demasiada libertad que digamos.
La gente está enamorada de esa idea del poder hacer tal o cual cosa según le parezca pero el hecho real de poder hacerlo es tan relativo, que lo correcto es decir que es tal idea es errónea.
Si el libre albedrío existiera tendría que hacerse notar en las cosas más elementales; si lo pensamos como parte de la naturaleza misma del hombre, sería posible verlo aplicado en su naturaleza, es decir, en cuanto a parte del mundo natural como ser vivo. Si un hombre, con ese poder de elección, de pronto quisiera no ingerir alimento alguno nunca más (suponiendo que no tiene la intención de quitarse la vida), al cabo de un tiempo sería hombre muerto puesto que el alimento es imprescindible para todo ser vivo. Lo mismo pasaría si decidiera no respirar, no beber agua, no dormir, etcétera; no se puede tener libre albedrío sobre los asuntos básicos de la vida. Y es que ¿cómo esperamos poder decidir sobre esto si ni siquiera hemos elegido estar vivos? El azar, y nada más que el azar, nos ha llevado no sólo a estar vivos sino a ser específicamente humanos, pertenecer a cierto planeta y tiempo y a depender de específicas reglas biológicas, físicas y químicas.
“¡Pero tenemos ideas! ¡Pensamos y actuamos!”, gritarán los vanidosos. Pero dichos reclamos provienen también de la ignorancia. Es obvio, que para que las ideas ocurran se necesita un cerebro primeramente, es imposible que alguien decida pensar con su hígado (aunque políticamente así parezca). Gracias a los avances tecnológicos que ahora nos permiten observar al cerebro en su intimidad, la neurología nos ha descubierto que nuestras ideas ocurren microsegundos antes de que nos demos por enterados y que es el trabajo conjunto de millones de neuronas, sin ellas no hay ideas, así que su labor es la que determina qué pensamos. Ahora bien, las capacidades intelectuales varían de individuo a individuo, resulta casi imposible pensar que un sujeto con un coeficiente menor a ochenta se vuelva experto en física cuántica sólo porque así lo ha decidido; la maleabilidad cerebral tiene sus límites por mucho que se ejercite el cerebro. No dejemos de lado también esa interesantísima rama de la biología que es la genética cuyos descubrimientos muestran claramente que estamos destinados a ser lo que resida dentro de los archivos de nuestros genes (donde incluso se almacenaría información cultural según la teoría de los memes). No somos capaces ni siquiera de elegir a la persona de la que nos enamoramos (como ha probado suficientemente Helen Fisher) y lamentablemente esto lo han sabido muchos empíricamente con resultados dolorosos.
El que ha decidido ser abogado y no otra cosa ¿hasta qué punto podríamos decir que ha sido decisión suya y que no ha sido dirigido a ello por razones ajenas a él como su entorno familiar y social? ¿No podría ser, acaso, que su carencia de capacidades manuales e intelectuales le han llevado a elegir una carrera acorde a sus medianas posibilidades?
Supongo que estarán pensando algunos que sin libre albedrío no hubiera yo escrito este ensayo. Les pregunto ¿qué libertad he tenido? Me he visto forzado a utilizar unos símbolos (letras) organizados de cierta manera que conformen palabras y éstas a su vez acomodarlas de forma que el texto sea comprensible, todo dentro de las barreras del lenguaje. Hubiera querido no escribirlo, pero no tuve otra elección.

Texto agregado el 16-12-2011, y leído por 310 visitantes. (0 votos)


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