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Cortando El Hilo

Ya está, ¿OK?
No hace falta darle tantas vueltas y redundar en lo mismo
Repetir las mismas palabras, los lamentos, las frases… el cliché
No es necesario enredarnos como un volantín.
Fuimos como los volantines, sabes.
Nos elevamos tan alto con la esperanza de tocar el cielo, jurando que el viento nos impulsaría lejos.
Queriendo ser astros.
Queriendo ser estrellas.
Una constelación de besos con sabor a limón.
Pero ya está.

La hoja se rompió y nos fuimos en picada como un avión de papel.

''No estés triste, - dije – el tiempo pasará y volveremos a sonreír… volveré a sonreír…''
Pero ni yo me lo creo.

Como que quise decirte que no te culpaba (y lo hice), pero era mentira. Una vil mentira.
Como que diste luces de amarme, o de intentarlo.
Pero fui el sabor equivocado de tu orden a la mesa. Sabías que no era el correcto. Pero me probaste. Una prueba. Quizás. Sólo quizás. Una oportunidad para cambiar de parecer. Quizás… pero no. No funcionó.
Un escupitajo lo soluciona.
Fui un sabor amargo en tu boca.
Y todo vuelve a la anterior anormalidad.
Y todos elevaron anclas, menos yo.
Pegado al piso.
Estático.
Como un chicle derretido y abandonado bajo la mesa de un restaurante de medio pelo.

Dije que no te culpaba: ''no es tu culpa''
Que yo era el culpable: ''yo quise esto…''
Mentí: ''…''

Así que no importa que digas que hallaste el amor y la felicidad y la plenitud, y que yo también puedo hacerlo, y que a la vuelta de la esquina puedo tener a quién yo quiera, y que todo se solucionará, y que seré feliz, bla, bla, bla.

Eso no importa.
Ni tus palabras.
Nada más importa.

Que tus labios se pegaran a los míos por inercia una noche fría de agosto taciturno.
O nuestro abrazo indomable en un junio invernal.
Y el miedo de un septiembre somnoliento.
Y la cálida depresión de un febrero salvaje y cansador.
Porque hilamos tan, pero tan fino para llegar a creer que dibujamos el futuro en nuestros corazones saturados de cicatrices.

No importa.
Sólo hace falta una tijera y mil pesos para un nuevo volantín.
El hilo es barato.
Pero el viento simplemente no se puede controlar.
Por favor, no me trates de pesimista.
Sabes que así no soy yo.
Tampoco optimista.
Nunca lo he querido así.
Sólo intento ser realista.
Y me di cuenta que no mereces mucho de mí.
Realmente… no me mereces a mí.

Puedes reírte si quieres.
Yo lo hago, y de los dos, pero no evoques más recuerdos pues no valen mucho.
No más que un volantín chileno, o uno de esos de Pokemón.
Pero no evoques los recuerdos.
No mires atrás.
Yo mientras tanto dejaré tu mano en la terminal.
Soltaré el volantín.
Y beberé coca-cola en un viejo y antiguo bazar.

Texto agregado el 21-12-2011, y leído por 163 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
21-12-2011 que final tremendamente dramático!!je,je, no es cierto, el final, como el texto de una cursilería digna de la princesa Diana, eh? marxtuein
 
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