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Cuando la alarma del reloj rompió la rutina del silencio, Rómulo saltó de su lecho y se dispuso a emprender el ritual de todos los días, es decir, ducharse, vestirse con la indumentaria elegida en la noche, la cual había dejado a la mano en un perchero de madera cercano a su cama.

Salió a la carrera y tuvo suerte porque el bus que lo conduciría a su empleo, pasó con puntualidad y corrió por todas las vías con una velocidad que venía muy bien a los deseos de Rómulo, siendo que en otras ocasiones, las calles estaban atochadas y dificultaban el libre tránsito.

Fue el primero en aparecer en la oficina, salvo Manuel De La Corte, el oficioso empleado, que prácticamente vivía en dicho departamento, ya que era el primero que llegaba y el último en irse. Diríase que cautelaba su puesto, casi en las postrimerías de su carrera funcionaria, puesto que muy pronto jubilaría, aunque muy pocas ganas demostraba en aceptar ese nuevo estatus. Amaba su trabajo, ya que aunque era modesto, le permitía sentirse útil en la vida.

Rómulo sorbió su café muy a la ligera, antes que apareciera el señor Martornson, gerente de dicha empresa, quien saludó con un sutil gesto de cabeza, antes de ingresar a su oficina. Segundos después, Rómulo escuchó el fatídico: “señor Martínez”, pronunciado con esa voz metálica que indicaba que el temible hombre le requería. Sabía Rómulo que recibiría un reto por no haber despachado aún los archivos de la compañía aquella, los cuales aún no terminaba de llenar. Pero, a su favor, esgrimía la excusa de los muchos días festivos que habían jalonado ese mes. No era partidario de llevar trabajo a casa, puesto que sabía que le embargaría la pereza en cuanto intentara sentarse al computador para iniciar el informe. Lo otro que lo frenaba en un empeño que nadie agradecería, era su sueldo, no del todo justo, según su parecer, aunque sus compañeros se lo envidiaran, ya que triplicaba el de ellos.

-Una vez más, señor Martínez, ha logrado enfadarme. No entiendo su desidia, si siempre le estoy reprendiendo por lo mismo. ¿Tiene usted alguna respuesta que sea creíble?

-En realidad, este…no es mucho lo que puedo decir. Salvo, que ha habido muchos feriados este mes.

-El grito del señor Martornson logró que todos los objetos livianos y algunos no tanto de la oficina gerencial fueran sacudidos por tal fuerza expansiva. Rómulo lucía cabizbajo frente al imponente escritorio del gerente. Odiaba esta situación, pese a que tuvo oportunidades de sobra para evitarlas.

El gerente, desencajado, llamó a grandes voces al servil Manuel De La Corte. Al punto, apareció el pequeño empleado, y se plantó humildemente delante del energúmeno.

-Desde hoy relevas a Martínez en sus labores. Por lo tanto, pónganse de inmediato de acuerdo para que esos archivos sean despachados a la brevedad. Por supuesto, y como es justo, recibirás la renta de Martínez y él, la tuya. ¿De acuerdo?

El hombrecillo asintió sin poder deshacerse de esa carencia suya que era una extrema timidez. Su espíritu se regocijó por dentro, pero no pudo menos que sentirse un poco culpable de la desdicha del bueno de Rómulo. Éste, apretando sus puños y sus mandíbulas, sólo atinó a escupir estas horribles palabras:

-¡No es justo señor y usted bien lo sabe!
-¿Queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee? ¿Qué no es justo? ¿Cómo se atreve el muy insolente a discutir mis decisiones? ¡Retírese de inmediato! ¡Y usted, señor De La Corte, tiene una hora para terminar este trabajo y despacharlo!

Rómulo, enceguecido por la ira, avasallado por la injusticia, no toleró más y embistió como toro asaetado contra el fornido personaje que acababa de destituirlo con tal abuso de autoridad. Ambos, por la fuerza de la acometida fueron a estrellarse en el quicio del ventanal, pero, Martornson rebotó de tal forma, que, ya sea por la multiplicidad de fuerzas que se ejercieron, por un capricho de la física o lisa y llanamente, por la mala fortuna del individuo, salió despedido por el boquerón que significaba el ventanal abierto. Eso quizás no pudo ser concluyente. El tema es que se trataba del quinceavo piso de aquel edificio.

Transmutado en una argamasa doliente, Rómulo se arrancó los cabellos y comenzó a gritar como una bestia pronta al sacrificio, antes que sus compañeros lo detuvieran. Un sollozo desesperado se ahogó en su garganta cuando un sonido agudo, reconocible, inundó su cerebro…

Al abrir sus ojos, estaba aún en su lecho. Todo había sido nada más que una pesadilla. Un enorme suspiro ensanchó su pecho. Gracias a Dios, nada había sucedido. Se levantó con pesadez, ya que ese tipo de sueños tienen la característica de provocar un denso cansancio. Duchado y vestido, salió raudo y aguardó que pasara pronto el bus.

En su maletín, un legajo de documentos a medio terminar, abultaba en demasía el interior…
























Texto agregado el 21-12-2011, y leído por 164 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
21-12-2011 Ladran, Sancho, es señal de que cabalgamos. ¿Quien es Marxtuein, a todo esto? Estrellas por miles y mi repudio para ese sepulturero de mala muerte*********** adios
21-12-2011 Y rómulo., y rómulo y dale con lo mismo, faltó describir sus visitas al WC, que pasa tio, que ya agarraste el botellón, eh, jodio, eh? marxtuein
 
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