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Jim tomó la decisión en unos segundos. Su mente aceitada y preparada captó y balanceó todas las probabilidades. “Entraré por la cocina, nadie esperará un ataque por ahí”.
Al acceder al edificio el murmullo de platos y cubiertos lo aturdió por unos segundos, en la despensa no había nadie; “nada de qué preocuparse”, pensó, “hasta la tarde los proveedores no entrarán y en la cocina están todos ocupados sirviendo el almuerzo”.
Trabó la puerta por dentro “no queremos que nadie escape” se dijo en voz baja. Abrió el inocente bolso de gimnasia y desparramó todos los elementos en el piso. Aprovechó para revisar sus armas, dos granadas, dos pistolas 9mm con cuatro cargadores completos, una escopeta Remington 12G de caño recortado con diez cartuchos armados con munición brennel ya cargados en el arma.
Se ajustó el cinturón con cuidado y acomodó las pistolas, los cargadores y las granadas. Quitó los seguros de las armas y enroscó el silenciador en una de las pistolas, “no queremos alertarlos…todavía” pensó. Una sonrisa se dibujo en sus labios anticipando el placer de la inminente cacería. Avanzó con la escopeta lista en la mano izquierda y la 9mm en la derecha.

Camina en silencio hacia la cocina y empuja suavemente la puerta entornándola. La obesa señora Gudjhonsen, jefe de cocina, está inclinada sobre una cacerola, su enorme trasero apunta directamente en su dirección, Tim y Dorothy, sus ayudantes, están de espalda atendiendo a los estudiantes en el mostrador más adelante.
Con la espalda pegada a la pared, se desliza silenciosamente acercándose a la puerta que conecta a la cocina con el comedor estudiantil del Alwaysgreen Senior High School. Es mediodía, el griterío de los estudiantes es ensordecedor. La señora Gudjhonsen levanta la vista de su cacerola y lo mira curiosa, no entiende nada. Jim apunta calmo la pistola y dispara. Una flor roja aparece en el exuberante pecho de la cocinera, sus ojos lo miran intrigados, lo ha reconocido; una segunda flor aparece en el cuello, la señora Gudjhonsen, cae pesadamente arrastrando un cucharón en su caída. Tim y Dorothy ni se han percatado, Jim mira curioso a la figura de la cocinera muerta sobre un charco de sangre en el piso de la cocina; en el fondo la apreciaba, no tenia problemas con ella, “víctimas inocentes de guerra” pensó, mientras continúa deslizándose hacia la puerta.
“El show va a comenzar”, piensa Jim con un escalofrío de adrenalina. Dos rápidos disparos impactan en las cabezas de Tim y Dorothy. Cherryl Shuttle, con una bandeja en sus manos grita impresionada, una extraña substancia rosada chorrea por su rostro, “Es masa encefálica” se dice a sí mismo excitado.
Jim no se detiene. Abre la puerta y la cierra rápidamente, “por aquí no escapará nadie, la puerta se abre en un solo sentido”. Corre los treinta metros hacia los portones de entrada del comedor, acciona el cargador de la escopeta colocando de esta forma su primer cartucho en recamara mientras grita “¡nadie se mueve!”.
El griterío es infernal, la mayoría reacciona arrojándose al piso, algunos se ocultan bajo las mesas, unos pocos intentan correr hacia las puertas. La escopeta ha cambiado de mano, un fogonazo sale de la misma y tres muchachos caen abatidos, el resto, disuadido corre nuevamente hacia las mesas buscando refugio.
Jim calcula mentalmente “deben ser más de cien”. Cherryl sigue gritando paralizada aun con la bandeja en las manos. Hacia allí vuela la primer granada. La explosión lo sorprende, la onda expansiva lo golpea haciéndolo tambalear “¡Wow!, eso estuvo bueno… Ahora seguro que he logrado que me atiendan”.
Los cristales de los ventanales todavía caen desde todos lados, las bandejas y los restos de comida se entremezclan con la sangre y los restos de los cuerpos.
Desde la mesa de los profesores, el entrenador del equipo de basketball, Mike Cartwright, se levanta tratando de calmar a los estudiantes, hacia allí va la segunda granada. Esta vez la explosión no lo sorprende, “Caramba Mike, nunca saltasteis tan alto” ríe Jim en alta voz.
Gritos y llantos, las paredes y el techo del comedor están salpicados por sangre y pedazos pequeños y sanguinolentos de cuerpos humanos. Un brazo “¿el de Mike?” ha caído a unos metros de Jim.
Jim empieza a gritar
- ¿Dónde esta la señorita Olsen?
Nadie contesta, debajo de la mesa aparece la cara de Jeremy, su compañero de banco en Historia. ¡Bang!. El impacto en el rostro hace saltar medio metro el cuerpo de Jeremy, Gail grita aterrada… ¡Bang!. La señorita Olsen se incorpora suplicando.
- Jim te ruego… -¡Bang!
Su cuerpo vuela desarticulado por los aires y cae sobre una mesa.
- ¿El director Samuelson no estará por aquí?- pregunta nuevamente Jim.
El director se incorpora lentamente.
- Jim, me tienes a mí deja salir al resto…- ¡Bang!
Nombres y disparos, nombres y disparos. Tres muchachos del equipo de Football intentan saltar sobre Jim. Un disparo de escopeta los detiene en seco, caen abrazados en un charco de sangre.
...¡Bang!, ¡Bang!, ¡Bang!... las municiones se agotan, el juego se vuelve aburrido.
Jim oprime el botón en su casco.


- ¿Y?.. ¿qué tal estuvo?
Jim, el hijo del vicepresidente de Zoni Enterprises, se quita el casco del simulador, se desprende la consola que cuelga de su cinto y se quita los sensores de sus guantes, botas y chaleco. Lentamente mira a su padre y le dice:
- ¡Es una basura!.
El vicepresidente mira furioso a su jefe de productos. Éste tembloroso mira al joven y pregunta:
- ¿Por qué?, ¿Qué tiene?
Jim aburrido empieza.
- La configuración de los personajes es compleja y lenta, la interfaz grafica es mala, en la explosiones se píxela y pierde nitidez. El sonido es bueno pero a veces se desfasa con las imágenes, la variación de las muertes es muy limitada, al menos tres personajes cayeron al piso de igual forma… ¿está seguro que quiere que continúe?
El hombre baja la cabeza, Jim remata su opinión.
- Le falta realismo…así nunca superarán a “School massacre” de la “Playbox”…
El vicepresidente mira furioso al ingeniero.

Jim sale de los laboratorios de Zoni y se dirige a su casa, allí lo espera el nuevo juego de “Mimthengo”, “Mall annihilation”, lo acaba de comprar, es la gran novedad entre sus amigos.
El cartel de la armería del centro distrae su atención. “¡OFERTAS!”, la vidriera muestra un nuevo modelo de ametralladora “Uzi” automática… es bellísima.
Jim se dice “y si en vez de jugar…”. Una sonrisa siniestra se dibuja en sus labios. Sin pensarlo más abre la puerta y entra en la armería.

Texto agregado el 23-12-2011, y leído por 205 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
09-06-2018 En estos casos,prefiero no comentar.Me invade la rabia ante la impodibilidad de hacer algo A pesar de ello tus letras son excelentes.***** Victoria 6236013
23-08-2014 "Masacre en Columbine"... no es una ficción, mientras se alimente la mente de los jóvenes con esta basura. Cinco aullidos furiosos yar
03-02-2014 La generación violenta es una realidad - Creo que algún día la estudiarán, y también estudiarán los mecanismos por los que son atractivos esos juegos. Después de ver "Bowling for Columbine" de Michael Moore, y conocer sobre el tiroteo de la Isla de Utøya, he constatado que la realidad supera toda ficción... ikalinen
19-01-2012 Original y fascinante vos musas_muertas. Felicitaciones y adelante mi hermano. esclavo_moderno
09-01-2012 Exelente.pero ...narrar;no explicar. Si lo hubieras cortado en :-Le falta realismo..asi nunca superaran a 'School massacre" de la "Playbox"... Tendria tema para muuucho tieeempo.Felicitaciones. pantera1
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