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- Abue, ¿Y ahora a qué jugamos?
Mi abuelo me mira con curiosidad tratando de leer lo más profundo de mi alma, mira a mi abuela, intercambian una mirada en la que ella parece decir “no, todavía no”. Observo esa mirada de complicidad y la intriga me carcome. Mi abuelo sostiene mi mirada y emite un profundo:
- Hmm, no sé… es un juego serio, muy importante, no todos logran jugarlo.
Me mató. No sé como contener mi curiosidad, pongo la mejor cara de serio que se me ocurre con mis diez años de edad. Lo miro a los ojos fijamente frunciendo el ceño. Creo ver en sus ojos una mirada divertida y arremeto manteniendo mi mirada de seriedad.
- Abuelo, por favor, ¿cuál es el juego?.
- No sé Marcelito, creo que eres aún muy joven, no sé si podrás aprenderlo.
Esta vez no sólo me mató sino que además me descuartizó. Deliro de intriga, tratando de mantener mi imagen de adulto, me paro y camino erguido con mis manos cruzadas detrás de la espalda, como he visto hacer a papá cuando está por retarme por alguna travesura, mirando ceñudo fijamente a mi abuelo. Mi abuela me observa sonriendo con infinita ternura, mira a mi abuelo y asiente. Mi abuelo capitulando, me toma una mano y me sienta a su lado. Susurrando como si las paredes tuvieran oídos me pregunta:
- ¿Conoces el juego de los libros?

Soy hijo único, papá y mamá trabajan, por la mañana desayunamos y salimos juntos. Papá deja primero a mamá en la oficina y luego me deja a mí en el colegio. A la salida, al mediodía, camino las dos cuadras en compañía de unos amigos y llego a lo de mis abuelos paternos. Mi abuela me espera siempre en la puerta, un beso y a la mesa donde ya espera mi abuelo sentado. Comemos juntos, siempre me piden que les cuente mi día, y yo repaso para ellos mis éxitos y fracasos diarios ante sus miradas comprensivas. Luego de comer, mi abuelo sube a dormir su sagrada siesta, y yo quedo en el comedor con mi abuela haciendo los deberes mientras ella lava los platos, la ropa, plancha y ordena la casa, no siempre en el mismo orden.
Para cuando mi abuelo resucita de su siesta yo ya he cumplido con mis obligaciones de estado. Es entonces cuando lo espero con la misma pregunta de siempre, “Abue, ¿ahora a qué jugamos?”.
Las tardes transcurren felices con ludo, damas o ajedrez hasta que mis padres me buscan para cenar. Pero esta tarde sería diferente. Mi vida cambiaría para siempre.


- ¿El juego de los libros?
- Es el mejor de los juegos, - afirma mi abuelo -Yo lo he jugado toda mi vida.
- ¿Cómo se juega?
Mi abuelo mira a su inmensa biblioteca, y suspirando con suspenso me explica:
- Marcelito, al principio el juego lo comienzo yo, elijo un libro y te hago una pregunta sobre un secreto que contiene el libro… tú tienes que buscar la respuesta al secreto.
- Ahh - digo - Es como un juego de detectives.
- Algo así.
Miro a la biblioteca de mi abuelo, sus enormes libros, algunos con tapas de cuero me impresionan por su tamaño; los libros para mí son sinónimo de estudio y tareas.
- ¿Entonces debo leer el libro y traerte la respuesta? - digo no muy convencido.
Mi abuelo me mira con un poco de tristeza. Enseguida me arrepiento y trato de instarlo a que prosiga.
- Abue, ¿Cómo se gana?
Él me sonríe y me dice bajando la voz:
- Marce, en este juego siempre se gana.
Viendo mi incredulidad continúa:
- El juego tiene dos premios, el primero es que si aciertas y lo descubres, te quedas con el libro, y el segundo, el mayor de los premios, es un secreto que me lo dirás tú cuando lo descubras.
Esa tarde subí al auto de papá, con Robin Hood junto a mi manual de 4° grado y mi carpeta de colegio. Al despedirme en la puerta, mi abuelo me dijo al oído:
- Marcelito, cada libro es como el primer amor, algún día me entenderás.

Esa noche no puedo dormir, casi he olvidado la consigna del juego. Escucho todavía la voz de mi abuelo “ ¿De que se disfrazó Robin Hood para asistir al concurso de arco y flecha?”. El maldito sheriff de Nottingham amenazando a Robin, el simpático fraile Tuck y la bella Marian, me tienen totalmente hechizado. Ya casi dormido me uno a la banda de Robin en el corazón del bosque de Sherwood.
Tres días después, y con ojeras del mismo tamaño de mi felicidad, me planto ante mi abuelo y le digo sonriente.
- De mendigo.
Su mirada me atraviesa el alma, por un instante sé que busca otra respuesta, al encontrarla, asiente satisfecho y me dice:
- Muy bien Marce ya tienes tu primer libro - y parándose frente a su biblioteca revisa los lomos de sus libros, toma uno, me lo extiende y mirándome me pregunta:
- ¿Cómo se llamaba el amigo portugués de Sandokan (1)?

Los años pasan velozmente, la adolescencia me atropella, y con ella el romance y el amor. Empiezo a entender a mi abuelo con aquello de “cada libro es como el primer amor”.
El juego continúa. Las consignas no importan, ¿qué puede importar el nombre de un portugués, si pude unirme a la tripulación del tigre de la Malasia y abordar barcos ingleses en el Índico con un sable en la mano y un cuchillo en los dientes, al grito de “Adelante mis tigrecillos” mientras las balas de las espingardas silban a centímetros de mi cabeza?.
Desde entonces viaje junto al Principito(2), volé en el espacio en una nave Cilíndrica llamada Rama(3), galopé llorando, lanza en mano junto al rey Theoden en los prados del Pelenor(4), pesqué sólo el mayor de los pez espada en el caribe(5), viví un tiempo como colono en Marte(6), me enamoré perdidamente de Beatriz en Barcelona(7)… hasta que un día mi abuelo murió.

- El abuelo te ha dejado todos sus libros - dice Papá
Llorando asiento. Papá continúa:
- Este sobre lo dejó para ti.
Abro el sobre ya húmedo de mis lágrimas y leo.

Querido Marce:
El juego ha terminado para mí, ahora debes seguir jugando solo, a lo mejor, cuando te cases, quizás podrás jugarlo con tu hijo. Te amé más de lo que te imaginas.
Tu abue.
Pd: ¿descubriste ya el premio secreto?


El cementerio me parece indigno de recibir a mi abuelo. Tirito sin frío mientras escucho el murmullo del sacerdote diciendo boberías. Finalmente el cajón baja, las mujeres sollozan, y la tierra empieza a cubrirlo. Todos se alejan. Mamá me hace señas de que nos vamos, le pido que me aguarden unos minutos en el auto. De pie al borde de la fosa, hago una seña a los enterradores para que se detengan unos minutos. Me miran con indiferencia y se alejan a fumar un cigarrillo. Ya sólo me arrodillo y en voz baja, me inclino sobre la tumba y susurro:
- Abue, el secreto era soñar, el secreto era sentir con toda el alma y el cuerpo, el secreto era estar intensamente vivo.
Saco de mi abrigo un libro y lo dejo caer en la tumba.
- Gracias abue, prometo seguir jugando, te dejo mi primer amor.
Los enterradores vuelven a palear tierra sobre el cajón, un amarillento Robin Hood se cubre con la primera palada.


Cuarenta años después miro sonriendo a Catalina, mi nieta de once años que me pregunta:
Abue, ¿y ahora a qué podemos jugar?....



(1) Sandokan de Emilio Salgari
(2) El Principito de Antonie de Saint-Exupery
(3) Cita con Rama de Arthur Clarke
(4) El señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien
(5) El viejo y el Mar de Ernest Hemingway
(6) Cronicas Marcianas de Ray Bradbury
(7) La sombra del Viento de Carlos Ruiz Zafón
Y tantos otros libros más para jugar…

Texto agregado el 02-01-2012, y leído por 263 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
03-09-2014 Mi sobrina-nieta Carito ya me ve leer... se sienta a mi lado, toma un libro y lo abre. Pronto empezara a volar, sólo tieno un año cuatro meses. yar
03-09-2014 Es un juego como en el que bien dices amigo... siempre se gana. Me faltan leer tres libros de los que citas... los leere. Cinco aullidos imaginando yar
02-03-2014 Es un cuento precioso... no sé si real. Si lo ha sido, has sido afortunado, pues te has quedado con el más dulce de los recuerdos y el mejor regalo posible. Por mi parte, me has regalado la idea de un juego que, espero, pueda emplear pronto con mis hijos... Un cálido abrazo. Ikalinen
16-06-2012 Yo no tuve abuelo que me introduzca en la lectura, pero mi avidez viene de mi soledad por ser ùnica hija! Y le leì a mi hijo Cronicas Marcianas, y èl dejò de jugar al Sega!!! JA JA JA!, por un rato efelisa
28-01-2012 Te felicito Gustavo, bello el cuento mi hermano, Saludos.***** esclavo_moderno
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