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El silencio lleva ya varios segundos, Amalia, mi psicóloga, esta sentada rígida en su sillón, parece una estatua griega, su espalda derecha, sus pies firmemente apoyados en el piso, sus codos apoyados sobre sus piernas y sus manos, unidas como en oración, se apoyan sobre sus labios. Sus ojos me miran ligeramente entrecerrados. Yo estoy sentado en un sillón al frente de ella, he cambiado cuatro veces de posición en estos escasos segundos, de pronto este asiento me parece mas incomodo que un maldito taburete. Trato de interpretar su actitud corporal… ¿Es una postura para llamar mi atención? ¿Es algo natural en ella para lograr su propia concentración? ¿Quizás esté rezando por mi (o por ella) a Kant, Freud o al mismísimo Dios?
Incómodo repito la pregunta:
- Amalia, ¿Qué debo hacer?
Sin cambiar de posición, y como si fuera ventrílocua, sin mover los labios abre ligeramente los ojos y como una reina espartana inventora del laconismo responde en voz baja.
- Escriba
Estoy completamente convencido de que por el precio de las sesiones debería recibir algo más parecido a un discurso de cincuenta minutos y no un verbo, pero ya estoy acostumbrado. A los efectos prácticos podría haberme dicho simplemente “Vuele”.
- ¿Escribir?, ¿Qué?, ¿de que?, ¿Cómo?
Otra vez el silencio, prendo otro cigarrillo.
- Escriba lo que sienta, escriba sobre usted… ¿Quién es?, ¿Qué quiere ser?
Sonrío para mis adentros “¿Que quiero ser?” imágenes de Batman se superponen con Gandalf y Rambo… soy un caso perdido. Trato de concentrarme nuevamente.
- Amalia, no sabría por donde empezar…
Amalia baja sus manos de la boca, se incorpora en el sillón, mira su reloj pulsera y con una sonrisa me dice.
- Lamentablemente se nos acabó el tiempo, escriba lo que le salga, piense en lo que hablamos, seguramente encontrará…
- “¿hablamos?” – pienso irónico – ¡si el único que hable fui yo!.
Amalia continúa
- … y recuerde que salgo de vacaciones por lo que no nos vemos hasta dentro de seis semanas, ¿ok?
Asiento abatido y me despido.


Definir quien soy no lleva más de unos pocos párrafos.
Soy varón biológico y por elección (en estas épocas aún lo obvio conviene aclararlo). Tengo casi sesenta años, estoy excedido en peso, y no soy alto (obviamente una combinación desafortunada), luzco arrugas en la cara y canas hasta en los sobacos, tengo la sensación de que la vida me ha llevado “puesto” como un tren expreso a un triciclo.
Estoy casado en primeras nupcias, con hijos que hace rato abandonaron el nido y en sus nuevas escalas de prioridades me encuentro entre la tercera y la cuarta página (dependiendo de si hay Internet en casa, algún recital en la semana o alguna buena película en el cine).
Mi mujer ha conseguido, al menos espiritualmente, migrar al nido de sus hijos, y cuando no esta con ellos, habla por teléfono con ellos, o hace tramites para ellos, o teje para los nietos, o cocina para cuando vienen de visita. (Por razones de autoestima prefiero no pensar en donde estoy ubicado entre sus prioridades).
Mi trabajo en cambio es una mierda.
El romanticismo de los años ochenta de pertenecer a la nueva y misteriosa religión de la tecnología informática, ha dado a lugar, treinta años después, al aburrimiento más absoluto de lidiar con problemas administrativos y burocráticos mientras lidero un equipo genial de profesionales que son mi propia envidia de lo que quise ser y fui, pero que hoy no soy y nunca mas seré.
Adicionalmente soy la prueba viviente de que el refrán “buena suerte en el juego mala suerte en el amor” (o viceversa) tiene sus excepciones. La fortuna no me ha favorecido ni en una ni en la otra.
Fuera de eso mi vida no es mala… realmente es regular (soy un auténtico optimista)
Entonces, ¡caramba!, escribir sobre lo que soy no es una tarea particularmente motivante, en cambio escribir sobre lo que quisiera ser me provoca inevitablemente tristeza.
“¡Escriba!” viene la orden subconsciente de Amalia (admito que tengo una debilidad casi enfermiza por las mujeres “mandonas”)
Entonces empiezo a escribir.

Los dias pasan y mi Documento “Word” crece inevitablemente. En el describo desde la ficción, a un “yo” mas superado, firme, simpático, atento, alegre, etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc., etc.… (No quiero aburrir al lector con un detalle tan fino de virtudes que no poseo) En realidad mi personaje en esta ficción soy yo mismo, haciendo exactamente lo mismo que hago todos los días pero “bien” (o al menos “mejor” desde una óptica mas positiva).

De pronto los cambios empiezan a notarse. Por favor, entiéndase bien, yo no noto ningún cambio pero, por razones que escapan a mi conocimiento, los demás hablan de mis cambios (por una vez favorables).
- ¡Hey! ¿Estas más flaco?
- ¡Buen trabajo!
- Quería charlar con vos porque respeto tu opinión
- ¡Que simpático!
Desconozco si el mundo se ha vuelto loco pero poco a poco, día a día siento más elogios que estoy seguro de no merecer.

Y de pronto alguien sembró una duda.
- Que buena charla que tuvimos ayer, gracias – dijo una compañera de trabajo.
- ¿Cuándo?- pregunto intrigado.
- Ayer, cuando salíamos del trabajo, muchas gracias otra vez por tus consejos y por interesarte.
Una luz roja se enciende en mi mente. La miro sonriente como si nada, me despido y corro a mi computadora, la enciendo y busco en
C:/Mis documentos/ personal/ cosas mías/ privadas/ confidenciales/ secretas/ Mi-otro-yo.doc
Abro el documento y busco el párrafo de mis memorias escritas ayer. Mientras leo espantado el texto, aprieto el mouse con fuerza como si lo estuviera por estrangular.
“Ayer, al salir del trabajo estuve hablando con fulanita, ¡que buena charla que tuvimos!”
- ¿Cómo?... ¡si esto no pasó! Y mucho menos recuerdo haberlo escrito…. Pero si no lo escribí ¿porque está en mi documento?. Confieso que mi diario intenta darle un cariz optimista y positivo a los hechos diarios pero ¿inventar acontecimientos que no ocurrieron?.
Desde hoy guardo una copia en un pendrive siempre conmigo.

Las anomalías temporales (así les he puesto porque no se como explicarlas) se producen cada vez con mas y mas frecuencia.
Es como si mi “otro yo” hubiera cobrado vida y empezara a interactuar a mis espaldas en todos lados.
- Estuviste genial ayer nadando… - Me dijo un desconocido en el barrio. Le sonrío asintiendo, la verdad es que hace rato que no nado, las 6:50 AM es demasiado temprano para ira a nadar, prefiero quedarme a dormir, no obstante su comentario no me sorprende, me he acostumbrado a escribir y describir mi día lo mas breve posible y a la mañana cuando llego al trabajo me entero leyendo mi propio diario toda una variedad de cosas que misteriosamente se agregaron a mi día sin mi conocimiento (y mucho menos mi consentimiento), lo peor del caso es que todos lo vivencian menos yo.

Me niego a enloquecer, estuve cuatro días con gripe en cama, y mi diario ya se escribe solo, leyéndolo me entero que, aparentemente, he bajado mucho de peso, todos me encuentran mucho más agradable, simpático y atractivo. Todo indica que he dejado de fumar, me han promocionado en el trabajo e incluso aparentemente he recibido una nota anónima de una mujer que dice estar enamorada de mi… y yo aquí en la cama solo y sonándome los mocos.
Anoche “avanzamos” un paso mas en la locura, me fui a dormir mientras mi mujer se quedó lavando los platos de la cena. Ya estaba en la cama cuando de pronto la escucho en la cocina murmurar.
- ¿Qué haces?, ¿no te ibas a dormir?
Afino el oído y escucho una voz, igual a la mía que dice
- ¿Dormirme?, ¿sin un beso tuyo?
“¡Oia! ¿Y este quien es? Me pregunto sabiendo ya la respuesta.
Espero unos segundos y con el pulso todavía acelerado bajo a la cocina esperando encontrarme cara acara conmigo mismo pero solo esta mi esposa.
Me mira seductora y me pregunta.
- ¿No te podés dormir y querés otro beso?
Contesto con un “si” distraído mirando para todos lados, pero no hay rastros de “el”.

Trataré de explicarlo mejor ya que ni yo mismo lo entiendo, mi vida desde hace un mes se ha dividido en dos. En una yo sigo con mi vida igual que siempre, pero en la otra, ocupando prácticamente el mismo espacio/tiempo, mi “otro yo” hace de las suyas y encima le va bien.

- Uno de los dos esta de mas - me digo
No lejos de alli yo mismo llego a la misma conclusión.
- Uno de los dos esta de mas.

Es difícil eliminar a alguien cuando es único, pero cuando esta “duplicado” realmente es una pavada. ¿Quien puede denunciar la falta de alguien cuando ese alguien esta?.
Esta mañana asalté por sorpresa a mi “otro yo”, el muy tonto es tan predecible y aburrido. No sabía que iba a suceder cuando lo eliminara, pero basto que me mirara a los ojos y entonces me dijo bajando la vista:
- sigue tú, eres mejor.
Y entonces se desvaneció como una nube.

Sonriendo borro todas mis copias de Mi-otro-yo.doc y animadamente comienzo con algo nuevo… una autobiografía.


- ¿Hola Amalia como esta? Le digo sonriente.
Me mira de arriba abajo como si no me reconociera.
- ¡Bien pero a Usted lo veo mucho mejor!, ¿Cómo anda?
- ¡Excelente!, ¿sabía que ahora estoy escribiendo?

Texto agregado el 12-01-2012, y leído por 211 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
29-10-2014 Escribir cambia la vida Goose, me di cuenta casí de inmediato. Ahora veo lo bella que es a cada paso, me siento feliz de haber descubierto este universo de letras. Mi otro yo -el pesimista- se quedo atrapado en el pasado... nunca intento escribir... lástima. Cinco aullidos escritores yar
05-08-2012 Excelente amigo, que creatividad. Me fascino ***** yar
12-01-2012 Viste? por curioso te quedaste atrapado en la cuarta dimension. otro ocupara tu cama,otro usara tu cepillo de dientes,otro... pantera1
12-01-2012 Entretenidisimo. Hay que seguir escribiendo entonces. pantera1
12-01-2012 Genial y sorprendente, hemos de tener cuidado con los personajes que creamos a ver si se nos escapan de las manos,felicidades**** senoraosa
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