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Había terminado mi relación amorosa con Victoria hacía ya seis meses, mis amigos se encontraban en ese momento todos solteros, así que por esa razón mi duelo emocional no fue tan terrible; incluso llegué a sospechar que algo tuvieron ellos de incidencia para que se desencadenara tal acontecimiento.

Los conocía de toda la vida, vecinos desde nuestro nacimiento, éramos un grupo de cinco adolecentes, traviesos todos, pero uno más atrevido que el otro. Cada uno de nosotros tenía ya muchas historias de amor, y para que hablar de sexo, si era lo que perseguíamos durante todo el día.

Una quincena de Agosto, bebiendo unas copas en la playa, nos pusimos de acuerdo para ir a la inauguración del primer Night club que llegaba al pueblo. Siendo honesto, a mí no me gustaban mucho esos lugares, pero se veía entretenido asistir, así que me armé de valor y prepare mi mejor vestimenta para tal ocasión.

Llegó el día, nos sentamos en la mesa más cercana al escenario, el lugar era encantador y muy cómodo. Bebíamos mientras las chicas bailaban y se paseaban de mesa en mesa; bebíamos y seguíamos bebiendo y las chicas platicaban con nosotros por unas no tan insignificantes propinas. Hasta que de pronto, se acerca a la mesa una mujer completamente voluptuosa, madura y bien conservada, era el sueño de todo joven; el corroborar bajo una especialista su rendimiento sexual.

Nunca en mi vida había tenido relaciones sexuales con una prostituta, y lo juro, en ese momento le daba todo el dinero que poseía en mi cartera por unos treinta minutos de pasión. La invité a beber un trago y se sentó al lado mío, esa mujer era impresionante, el tenerla cerca revolucionaba mis hormonas, e incluso mis principios y valores; con solo mirar su rostro mis fantasías sexuales salían a flote, y realmente, en el momento moría por estar con ella.

Se lo propuse; le pregunté cuando dinero cobraba por sus servicios sexuales, ella un poco nerviosa me responde que treinta mil pesos con protección y cuarenta mil pesos sin protección y con derecho a lo que se me ocurriera. Claramente acepte la oferta de cuarenta mil.

Llegué a la habitación un poco nervioso, ya que todo era nuevo para mí, pero gracias a las buenas copas que había bebido, se aligeró un poco esa sensación de incomodidad, así que me desnude lo más rápido posible y en pura ropa interior me estiro sobre la cama. Le señalé a esa mujer que se quitara la ropa muy lentamente, que quería observar cada movimiento suyo y deleitarme con cada curva, al mismo tiempo le decia que me mirara a los ojos, porque era hermosa y eso más me excitaba.

Completamente desnuda, danzando a los pies de la cama, le pido que se recueste a mi lado, titubeante e incómoda, lo hace, respira profundo y para sorpresa mía, desencadena un llanto colosal.

-¿Qué ha pasado mujer?

-Sabes no te lo he dicho, pero necesito tiempo, me siento mal; lo que realmente pasa es que primera vez que voy a hacer esto, vender mi cuerpo por algunos pesos, no soy puta de toda la vida, sino más bien, es la única solución que tengo para poder salir de mis problemas económicos.

Impresionante, lo único que me faltaba; que los dos debutáramos, y la inexperiencia arruinara el momento. Miré fijamente por unos segundos el rostro completamente desolado de esa mujer y no fui capaz de seguir con lo planeado.

Vestidos y sentados en la cama le pregunté:

-Cuéntame-¿Por qué decidiste esto?

-Hace más de un año mi novio murió y no tengo dinero para nada, mis cuentas están impagas hace seis meses.

-¿Tienes hijos?

-Sí, una niña de doce años, fruto del amor que quedó entre nosotros.

-¿Qué pasó con él?

-Murió repentinamente, llevábamos un buen vivir, no nos faltaba nada, pero no invertimos en el futuro, los lujos y los excesos nos mantenían viviendo el día a día. Ni siquiera se nos cruzaba por la mente que algo así no podría ocurrir.

Le propongo que nos vamos al bar del club, que ya era tarde, que nos bebiéramos un trago para seguir conversando; y así fue, hablamos muchos temas durante dos horas, le dije que la vida daba muchas vueltas, pero que renunciara a este oficio. Le dije también que los cuarenta mil pesos se los dejara, que me hacia bien este acto humanitario, que me engrandecía el alma.

Eran las siete de la mañana, me despedí de ella en el paradero del bus, ya que aquella mujer vivía en Valparaíso. Me devuelvo al club caminando y agradeciendo aquel encuentro con la bella mujer, de ella aprendí una buena lección, que se basaba principalmente en aprovechar mi juventud, no vivir siempre el momento y pensar en el futuro, que la vida es muy cambiante. Entro al club, retiro mi chaqueta y voy donde el administrador a despedirme, entusiastamente le manifiesto:

-Gracias por todo, el club está de lujo, nos vemos quizás otra vez.

-De nada amigo, las puertas están abiertas para usted.

-¡Ah! ¡Una cosa le quiero señalar!- la mujer de vestido lila, Roxana creo que se llama, no la traiga más, no es para este ambiente, ella necesita asistencia, no se encuentra pasando por un buen momento, puede que algún día tenga un inconveniente con algún cliente exigente.

-Me hablas de Roxana (Soltando una carcajada), es la chica que trabaja conmigo por más tiempo, hoy empezó a satisfacer clientes desde las dos de la tarde, y mira la hora que es, cerca de las ocho de la mañana, no sé qué estrategia tendrá para aguantar tanto. Ella es fabulosa.

Conmocionado por aquel acontecimiento tomo un taxi hacia mi hogar y exclamo fuertemente:

¡Maldita perra, te admiro!

Texto agregado el 21-02-2012, y leído por 143 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
21-02-2012 absolutamente verosimil. Hay hembras y perras admirables NeweN
 
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