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Las coronas y arreglos florales rodeaban el ataúd, grandes cantidades de flores adornaban el contorno de la sala. La tristeza era evidente, los rostros de los presentes demostraban una pena enorme, se sentía la pérdida.

Amigos, conocidos y curiosos llegaron al lugar, se agrupaban por afinidad, muchos de estos personajes hace mucho tiempo que no se veían, así que este fue el momento idóneo para ponerse al día con lo acontecido y recordar algunas anécdotas que vivieron junto al difunto. Yo, me acercaba a ellos silenciosamente y escuchaba lo que cada uno hablaba.

José recordó el día en que éste besó a la muchacha sin dientes en la disco de la cuidad, se acordó después de las excusas que él dio; señalando, que la falta de luz en el lugar provocaron tal acontecimiento; también recodó el día cuando quedó sin dinero en Valle Luz y tuvo que caminar por más de veinte horas para poder llegar a casa, todo por cortejar a una bella mujer.

Eran tan graciosos los cometarios, que una leve sonrisa se marcaba en mi entristecido rostro. Me dirigí al fondo de la sala, allí habían unas personas que nunca en mi vida había visto, me acerco a ellos para saber quiénes eran; sorpresivamente al llegar al lugar en donde se encontraban, escucho a uno de ellos manifestando a sus compañeros la admiración que sentía por el difunto, ya que éste ejerció la pedagogía por más de veinte años y publicó muchos ensayos y artículos dirigidos al tema de la educación; me sorprendió bastante el comentario, al parecer era querido hasta por quienes sólo sus letras conocían.

Camino con las manos en los bolsillos, cabizbajo salgo de la sala con la intención de tomar un poco de aire, allí se encontraban mis vecinos completamente desconsolados, me acerco a ellos sin mencionar ninguna palabra ,recodaban con gran aprecio las acciones como dirigente vecinal , agradecían una y otra vez haberle conocido y otorgado la presidencia de la villa. Antonella, lamentaba tanto la pérdida,como también el problema inconcluso que había dejado con un familiar amado ;él se lo había contado meses antes de su muerte. Paul, mi vecino más cercano, señalaba que siempre le advirtió sobre los excesos de velocidad, que tuviera cuidado en el volante, por que el estrés laboral en que estaba sometido le podía jugar una mala pasada; precisamente esa fue la causa de su muerte.

Me retiré silencioso, con la intención de ingresar a la sala nuevamente, caminaba a paso lento por el pasillo; al entrar, me encuentro con una escena que me partió el alma, allí estaba mi madre, llorando a grito la pérdida de su hijo, desorientada de tanto dolor, sólo se consolaba con abrazar el féretro y besar la foto de su fallecido hijo. Quise correr a sus brazos, pero no nos veíamos hace más de cinco años, tras un pleito que nos llevó prácticamente a la violencia física, desde ese día no fuimos nunca más familia. La miraba con deseo de contenerla emocionalmente y pedirle perdón por todo lo sucedido, pero desconocía cual iba a hacer reacción, quizás su temperamento me jugaría en contra. La observé por más de diez minutos.

Me sentía atrapado por tal situación, era una pena todo lo que sucedía, una sensación de agotamiento invadía mi alma, ya no quería más, deseaba sacarme todo el peso de encima; así que me arme de valor y partí a pedir perdón a la mujer que me dio la vida.

Para sorpresa mía, me ignoró completamente, mis palabras no causaban efecto en ella, ni siquiera se dignó a mirarme; desconsolado retrocedo tres pasos y me siento a su lado. Justo en ese momento llega el sacerdote de la cuidad a rezar con los presentes el santo rosario; estos cada vez se hacían más fuertes, todos los presentes en cadena de oración pedían por el alma del fallecido; En el último padre nuestro, el sacerdote exclama a voz alta - ¡Qué descanses en paz Juan Manuel Alonso!- Y su madre enseguida expresa -¡Descansa hijo mío, perdóname por haberte dejado cinco años, la pelea ya está olvidada, siempre has sido mi hijo y siempre lo serás, anda con el señor y anda tranquilo porque te amo!- ¡Nunca dejaré de amarte!

Al escuchar mi nombre pronunciado por el sacerdote y las palabras expresadas por mi madre, sentí un alivio tan reconfortante en mi alma, que descanse por primera vez desde mi partida; al mismo tiempo sentí que me elevé tan alto, que pude llegar a la eternidad.




Texto agregado el 03-03-2012, y leído por 142 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
04-03-2012 Es un cuento bien logrado. Saludos. Azel
03-03-2012 Redacción clara y fluida. Pocos errores de puntuación ortográfica. Te adiviné el final del cuento en el sexto parrafo, cuando dices: "... allí estaba mi madre, llorando a grito la pérdida de su hijo..." El resto del cuento lo he leído por comprobar si te había adivinado realmente el final. Pero el cuento es profundo. Eres de los pocos que empiezo a leer el cuento y lo termino completo. papadecarol
03-03-2012 muy lindo.. charyto
 
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