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Entrevista con el sexólogo


–Tome asiento, el doctor viene enseguida– dijo la secretaria antes de irse. En la espera el hombre comenzó a sentir la incomodidad de la silla. Se arregló el cuello de la camisa, pero la molestia estaba bajó a sus testículos. Junto valor y discretamente se rascó. Con la mano derecha cazada dentro del cinturón, apareció el doctor.

–Buenos tardes doctor Rojas –saludo el hombre, levantándose del puesto y extendiéndole la mano.
– Buenas tardes –contestó el doctor, sin darle la mano. El paciente persistía en dar aquel apretón. Varios segundos después, el doctor agregó–.Soy zurdo

El paciente cambió de mano, terminaron el ritual y volvieron a sentarse.

–Cuénteme ¿Cuál es su problema?
–Yo no tengo ningún problema, sucede que…
–Bueno ¿Cuál es el problema de su amigo?— interrumpió el doctor.
–No, no entiende. Yo soy periodista y he venido a entrevistarlo. Le pagaré la hora–

El doctor encendió un cigarrillo. El periodista del bolsillo sacó una grabadora y dio comienzo al cuestionario.

–Hábleme de usted ¿Dónde se gradúo?
– De la Universidad de… –hizo una pausa para dar una larga fumada, inflar el pecho y echarse bien atrás en la silla, luego indicó con el dedo el diploma en la pared. Exhaló hasta agotar el humo y terminó la frase con acento forzado–. Harbard
–¿Pero Harbard no es con V?– dijo el periodista al examinar el diploma.

El prestigioso sexólogo carraspeó y se le cayó al piso el cigarrillo y su quijada. Luego se excusó.
– Un error tipográfico. Esas cosas suceden no. Mejor vamos al grano.

– Doctor ¿Qué recomienda para satisfacer a las mujeres?–
– Humildemente, me recomiendo a mí – El doctor ríe con su propio chiste. Había recuperado la petulancia de su rostro y el cigarrillo– No, hablando en serio. Según mis estudios recomiendo el sexo oral. Cuando estaba en la universidad aprendí mucho en mis exámenes anuales. En Harbard, nos preparábamos contratando prostitutas. En toda mi vida no recuerdo haber escuchado un “Si mayor” más alto y agudo que aquella vez. “Lisa 3 dólares” le apodaban, era una cantante frustrada ¡Por dios! Que voz. Tenía futuro. La vida es cruel.

Sin embargo, mis calificaciones parciales fueron pésimas. Las malditas prueba teóricas sólo servían para masturbarse a falta de confort.

–Entonces ¿Cómo hizo para graduarse con honores?
–Gracias a los exámenes de repetición. En ellos obtuve puras “A”. Con la profesora Mcgiver los exámenes orales eran asquerosos, pero aprobaba. Nadie sabe porque esa anciana de 70 años prefiere seguir dando clases en lugar de jubilarse. Yo lo sé, créeme. Ella sí que sabe disfrutar su vejez ¿creo que me fui por las ramas no cierto?
–Un poco, pero, continúe – afirmó el periodista con un ademán.
– Bueno, mi tesis fue precisamente en sexo oral. Claramente a mi profesora le fascinó la idea, la muy puta. Debes saber, que la lengua no sólo sirve para hablar. Los besos, si no tuviéramos lengua, caerían en desuso. Pero cuidado, la lengua no es un sopapo y ya; debe ser esquiva, empezar con sólo la puntita, como que quiere y no, como frío en lo caliente. Los labios hacen el resto. Comienzas en la boca, continúas con el cuello, la oreja, los huesitos de la clavícula, los pechos, el vientre ¿Me sigues? La idea es no dejar lugar sin explorar. Incluso la espalda, la sorpresa no esta contraindicada. Ahora, frente al mostruo mismo. No imites a las películas porno y saques la lengua al máximo, pierdes fuerza, aquello es sólo para la cámara. Mejor abres la boca y te acercas como un tiburón o una ballena dispuesta a beberse el océano pacifico, sin dejar espacio entre tus dientes y sus labios y, en la burbuja creada entre ustedes, comuníquense. También puedes dar soplidos; de aire tibio sí esta seca y brisas frescas de aire frío cuando no lo esta, después de una lamida, claro. Pero siempre comienza con suaves susurros, como una briza que le haga creer que se avecina la tormenta.
–Que interesante.
– Si fueras mujer, te habría hecho una demostración gratis. Pero con eso bastara. Lo demás te lo improvisas.

–Otra pregunta habitual de nuestros lectores es… ¿Importa realmente el tamaño del pene?
–Me viste cara de mujer. Anda a saber uno la respuesta. Ni ellas saben lo que quieren; que un tipo amable pero rudo, que atento pero indiferente, que inteligente pero ingenuo, que divertido pero serio, que vista bien pero casual, y un sinfín de otras contradicciones. Un día Dios se levantó bipolar y no sabía qué hacer, y eso que Dios lo sabe todo. Ese día debió haber creado a la mujer. Las mujeres incluso en las encuestas son dispares. Es imposible ponerlas de acuerdo para que den una respuesta unánime y terminen con la interrógate. Entretanto, pico idea. Te imaginas un senado de mujeres, el gobierno se va a la mierda.

– Mejor pasemos a otra pregunta ¿Cuál es el promedio de tamaño del pene?
–¿Viste las noticias al medio día?– preguntó el doctor.
–No ¿Por qué?
–Descubrieron que Piñera intervino las elecciones presidenciales, y por eso le ganó a la Gordis.
–Lo sabía. Sabía que era imposible que fuera presidente.
– Aquella noticia la acabó de inventar. Pero recién creíste lo contrario.
– ¿Y qué tiene que ver?
–Para demostrarte que lo importante es lo que tu creas y no las putas estadísticas. Dicen que el promedio es entre 13 y 16 cm, pero nadie puntualiza que son encuestas extranjeras. Basta comparar nuestros jugadores de fútbol con los jugadores europeos para saber que el promedio chileno pierde todos los cabezazos. Sin embargo, tiempo atrás hubo una encuesta nacional que arrojó un promedio de 15 y 16. Por supuesto, mintieron. Lo único que lograron es acomplejar a más personas. Hubiesen dicho la verdad, o menos, para bajar el promedio y dejar a todos con el pecho inflado como gallo de corral. Pero no, la cosa era ser el país más macho. Lo positivo, es que me llovieron los clientes nuevos.

–Pero… ¿Hay soluciones para quienes la tengan chica?
– Pues claro, quienes no alcanzan a las dos cifras, en lo visual, pueden depilarse para que se vea más grande. Emborracharla, para que ella no le importe. Y por último, apaga la luz. Respecto al rendimiento, existe “La teoría de la relatividad del pene erecto”. Que inventé yo, por supuesto. No es lo mismo 9 cm dentro de una chica de 1.80 de estatura que en una de 1.60. También es relativo en lo siguiente; 9 cm de pene en una mina que está en la postura de misionero, es como meter un dedo en una lata de bebida. En cambio, con ella por delante y con sus piernas sobre nuestros hombros, es como un pepino en una taza. Obviamente exagero, pero efectivamente el interior de la vagina se reduce según la postura. Bueno, suficiente por hoy, vuelva mañana si quiere.
–Gracias doctor, me ha ayudado mucho… para la entrevista.
–Sabes. Ven, acércate. Tengo un amigo de Harbard que es científico y ha inventado unas pastillas para ser un semental.
–No lo necesito, pero me interesaría entrevistarlo ¿Donde lo ubico?
–Ten su tarjeta, esta de visita en Santiago. Dile que vas de parte mía. Yo ya las probé.
– ¿Funcionan?
–Pues claro, por algo te lo estoy contando ¿Qué gano con mentirte? Espera, casi lo olvido, hoy vuelve a U.S.A. En todo caso te regalo unas cuantas– el doctor hurgó en su bolsillo, sacó un par y se las entregó–. Y además vienen con sabor a menta.
– Gracias doctor. Bueno. Me voy. Adiós.
– Adiós.


–Claudia, tráigame un café… Claudia– ordenó el doctor a través del intercomunicador. Pero no hubo respuesta –. El doctor sacó un paquete de mentitas y se echó una a la boca. Luego pensó en voz alta.

Pero que rapido eh. Confianza, es todo lo que necesitan.

Texto agregado el 10-03-2012, y leído por 143 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
11-03-2012 jaja bastante bueno y ocurrente... arcano20
 
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