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Inicio / Cuenteros Locales / gui / Vinicius y Vinicius (II y final)

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Años después, Vinicius era dueño de tantas y de tan variadas posesiones, que resultaba imposible deducir la cuantía de su fortuna. Famoso y perseguido por los medios de comunicación, no tenía empacho en declarar que todo lo suyo era una bendición de Dios, ante lo cual, todos se persignaban y deseaban que esa fortuna también llegara a ellos.

Una noche cualquiera, golpearon a su puerta y su mayordomo concurrió al llamado. Momentos después, un hombre rudo, de gran corpulencia, pero encorvado, acaso por el peso de una penosa enfermedad, apareció en el umbral de su despacho.
-¿Así que usted es el señor Vinicius de Moraes?
-El mismo. ¿Se podría saber que desea usted?
Pues bien. Creo que tenemos mucho que conversar.

Se acomodaron los hombres en los finos sillones de la sala y el recién llegado comenzó a hablar:
-Acabo de salir de la cárcel esta misma mañana, mi querido señor, después de permanecer treinta años en prisión por el robo más importante perpetrado en un banco, en toda la historia de la humanidad.
-Hum. No sé si felicitarlo u horrorizarme, caballero.
-Jejeje, creo que más bien, es la hora de hablar de algo que me compete. Debo agradecerle por administrar mi cuantiosa fortuna, lavando y relavando, como la más prestigiosa lavandería, todos estos caudales.
-No sé de qué habla usted.
-Pero si está bien claro. ¡Durante todo este tiempo fui su beneficiario, pagando todas sus deudas, satisfaciendo todos sus caprichos y transformándolo en un personaje prestigioso para la sociedad!
-¿De modo que..? ¡Noooooo! ¡No puede seeeer!
El hombrote sonrió y al chasquear sus dedos, apareció el mayordomo de Vinicius.
-Le presento al albacea de mi dinero. Jeremías es un pájaro de cuentas, con un prontuario que le asombraría. Él fue quien lo hizo todo, logrando que mi dinero se legitimara. Fue este hombre quien estuvo al tanto de todos sus deseos, satisfaciéndolo hasta el más mínimo detalle.
-¿Pero cómo?
-¿Recuerda usted que alguna vez perdió su cédula de identidad?
-Oh, si.
-Pues ese fue el punto de inicio. Yo había ocultado mi dinero en un lugar inaccesible y fue este hombre el que se encargó de hacerlo fluir. Se da una tremenda casualidad, mire usted.
El hombre le extendió su cédula y Vinicius leyó:
-Vinicius de Moraes. ¿Qué? ¿Usted se llama igual que yo?
-Así es, mi señor. Por lo que, con unas pequeñas rectificaciones, recuperaré todo lo que usted ha custodiado durante todos estos años.
El grito de Vinicius fue acallado por las manazas de aquel rufián y luego fue llevado en vilo a la que sería desde entonces su prisión.

Vinicius de Moraes, nuestro héroe, el que recibió todo lo que quiso, ahora vive en una pequeña mazmorra construida en las profundidades de su mansión. Su miseria es extrema, pero en el fondo de su corazón, está conforme, vaya a saber uno por qué. Entretanto, Vinicius, el ex presidiario, ha contratado a un dietista y a un prestigioso cirujano plástico, por supuesto con un prontuario indeseable y ¿para que lo vamos a negar?: cada día que pasa, se parece más al pobre prisionero…

















Texto agregado el 23-03-2012, y leído por 131 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
25-03-2012 La ruleta de la vida gira y nadie sabe a quién le tocará premio ni castigo. Gracias por compartir tan buena historia. ZEPOL
23-03-2012 Jaaa--- jaaaa, "moraleja: no recibas ningún regalo de desconocidos"... anlin
23-03-2012 Excelente relato. Me imagino que el impostor no compuso el poema a la chica de ipanema o acaso ésta tambien era una impostora? rauro
 
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