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En el metro de Tokyo, atiborrado de personas, de pensamientos, de relojes y de apuros, un hombre se incorpora al gentío; con un abrigo recién comprado y específicamente elegido por lo barato de su precio y lo ordinario de su confección, es el CEO de una de las compañías más grandes de la nación del sol naciente y en las ultimas décadas de varios países más, mira como si mirara por vez primera una congregación así.

Esa mañana había despertado extraño como con una comezón en el cuerpo, una hormiga que se había dormido por tantos años lo despertaba, y le llamaba a recorrer caminos que ahora le eran desconocidos.

Disfrazado, bagó a pie por las calles que veía pocas veces desde su limusina y sus pasos se juntaron de golpe en una estación de metro de la linea Ginza. Sin saber muy bien donde ir miró a las personas los rostros indiferentes, los jóvenes con sus aparatos tecnológicos y comenzaba a sentirse fuera de lugar y algo agobiado. Cuando de pronto posó su mirada en otra un tanto más intensa, una pequeña niña lo miraba pacientemente desde el tren que se disponía a partir. Impávido el anciano trató de sonreír sin mucho éxito, pero la niña supo enseñarle la mueca y no solo eso, pues cuando el metro arrancaba ya se despidió de él desesperadamente como queriendo decirle algo y él no supo muy bien que hacer y alzó las manos como queriendo abrazar, para sorpresa de unos pocos que lo miraron.

Camino del rascacielos donde de seguro había un gran alboroto por su desaparición,
Tetsuya pensaba en lo ocurrido, "siempre se va a despedir a la gente a los andenes, cuando lo justo sería lo opuesto: que los que viajan se despidan de los que no lo hacen y los que viajan deberían derramar lagrimas por los que se quedan".

Apuró el paso, escucho la lluvia, los chapoteos de sus pasos y finalmente se dijo "mientras queden pasos, queda viaje". Por primera vez en muchos años (no desde un rascacielos sino del mismo suelo) miró hacia arriba, a las nubes que mojaban su rostro y por fin pudo sonreír genuinamente como hacen los niños.

J. U.

Texto agregado el 01-05-2012, y leído por 136 visitantes. (0 votos)


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