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Mi hija adolescente había estado constantemente martillándome en la cabeza, que quería tener dos cachorritos de perros pastor alemán. Decía que eran muy inteligentes y que eran muy obedientes, que serían ideales para nuestra nueva casa con un patio muy grande, donde podrían sentirse a sus anchas como cachorritos.
Era tiempo de navidad en donde todo era amor y felicidad y me los pidieron como regalo, así que busqué en una página de internet y aparecieron unas crías de padres inscritos de pastor alemán, por una parte contaba con el dinero que pedían, la segunda era que los padres estaban a la vista, tenían documentos certificados, pero tenía que ir a buscarlos a tomé que quedaba a unos cuantos kilómetros de donde vivía.
El día 2 de diciembre fuimos a buscar a los cachorritos, mi hija menor de 10 años de edad, Daniela, invitó a sus amiguita Camila y fuimos las cuatro a buscar a los cachorrinos, como les bauticé cariñosamente.
Elegí una niña y un niño, les llamamos Jack y Chanel, porque me gusta esa marca de moda, tenía perfumes, carteras, zapatos, ropa, pañuelo, pero no tenía una perra con esa marca  así es que la bauticé chanel.
Los cachorritos contaban con la edad de dos meses, pero eran enormes y pesaban 7 kilos cada uno cuando los compré. Los ví muy tiernos, los subí al auto y las niñas los llevaban en brazos.
Al cabo de media hora en plena carretera comenzó el show de los muppets, los cachorrinos vomitaban y se cagaban en mi auto…un olor que salía tan insoportable que me daban ganas de vomitar a mi y a mis hijas, no podía estacionarme, ya que la carretera estaba siendo reparada, y existía una sola vía. Tanto vomitaron y cagaron que llegó un momento en el que pensé en cómo esas criaturas tan chicas podían comer tanto, eran como sacos rotos. El olor cada vez se hacía más insoportable, pleno verano, la temperatura tenía al menos unos 33 grados, abrí la ventana y llegamos a la casa. Limpiar el auto fue una proeza, ya que ningún limpia autos quiso limpiarlo, así que lo hice yo, con muchas arcadas y desinfectantes, agua con un cloro que no deja blanco, pero que desinfecta. Cuatro horas limpiando y al fin quedó sin olor, sin vómito ni caca.
Después de aquello tuve que llevarlos al doctor a vacunarlos, pero tomé las precauciones y llevé una toalla vieja y los dejé encima, menos mal que lo hice, vomitaron de ida y de vuelta  Otra vez la pregunta ¿Dónde guardaban tanta comida los perricos? ¿O eran mutados con Hamsters y guardaban en sacos debajo de las amígdalas?.
Pero soy feliz con mis perricos, aunque tengo mas que decir al respecto, pero lo haré en el siguiente capítulo de “los cachorritos”.

Texto agregado el 02-05-2012, y leído por 109 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
04-05-2012 Mira, no le hagas caso a ese Pablo. Pura envidia porque él no tiene ni un pinche gato. PAULINA_RUBIO
02-05-2012 Mmmmm... Está bien, pero no veo algo que justifique esto como texto literario. pablovasquez
02-05-2012 Amorosa historia!!jajaja blueyes
 
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