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Tengo dieciséis años, soy hijo único, y, como diría el poeta, “demasiado joven para ser adulto y demasiado viejo para ser niño”. Para aquellos que piensan todavía en “juventud, divino tesoro” déjenme que les cuente algo.

No practico deportes, en realidad no tengo dificultades físicas de ningún tipo, sólo que no me entusiasma correr como tonto por ahí detrás de alguna pelotita no importa el tamaño que ésta tenga.
Tampoco soy un Nerd. En el “cole” soy un alumno “regular”, compenso mi falta de interés en los libros de estudio con mi amor por la lectura. No me molesta leer, puedo leer una lección y entenderla en menos de la mitad del tiempo que emplean mis compañeros, mis materias preferidas son Historia (la gran novela de la humanidad), Geografía y Literatura. Al resto de las materias apenas las tolero, en realidad “sacrifico mi tiempo en ellas con el doble propósito de satisfacer mi curiosidad sobre como funcionan “las cosas”, y al mismo tiempo satisfacer las expectativas que tienen mis padres sobre mi paso por la secundaria.
Tampoco soy un hippie, ni un punk, ni un flogger, ni un emmo… en realidad no pertenezco a ninguna de las tribus urbanas que hoy florecen en nuestras ciudades. No me apetece la música con la pasión que veo que dispensan a la misma mis compañeros del cole, apenas sé distinguir, Reagge, de Tecno, Marcha o Cuarteto. Y de bailar, mejor no hablemos. No fumo, no bebo, no salgo de noche.
Si viviera en la antigua Grecia, hubiera sido el candidato de la comunidad más votado al ostracismo.
Lo que pasa es que me gusta leer. Leo todo lo que está a mi alcance, El diario, un folleto, una revista y fundamentalmente libros… ¿Cuáles?... todos.
Desde los diez años leo, mi abuelo (el único adulto que vale realmente la pena conocer) me inició en las artes secretas de la lectura, su inmensa biblioteca, alimentó mis sueños por un lustro. Luego, por razones de trabajo de papá, nos mudamos y dejé de verlo, pero la llama sigue encendida mas fuerte que nunca, a veces creo que me incendia y me devora como a un bonzo.
Claro, la preocupación de mis padres es que no tengo amigos. He desarrollado un fino oído, no arruinado por la estridencia de la música que acostumbran mis semejantes. De noche, cuando me creen dormido, los escucho hablar en su cuarto.
- ¡¡Pero no tiene ningún amigo!!
- Ya vendrán – dice papá conciliadoramente – es que con esto de la mudanza…
- ¿Y si le organizamos una fiesta?...
Cierro los ojos anticipando el tema del desayuno de mañana.

- Mamá, no quiero una fiesta, no sabría a quien invitar.
No tengo grupo de afinidad, no hay “equipo deportivo” de lectura, ni una “tribu” de lectores, uno puede compartir, una cena, un recital, una canción, una película, casi todo, menos un libro.
- Invitemos a tus compañeros de colegio.
- ¡Mama!, por favor, no sabría de qué hablar con ellos. Por favor no me avergüences.
Mamá me mira derrotada, no es que no me quiera, es que simplemente no me entiende. Desde la “infinita” sabiduría de adultos, han perdido la capacidad de recordar sus propios pasados. Carlos Zafón dijo que “la juventud la creó el diablo, y Dios la contrarrestó con la madurez”. Probablemente sea cierto ya que mi vida de relaciones es un infierno. Mi paz y armonía solo la logro sentado en soledad leyendo. Todas las emociones y vivencias las encuentro en mis libros, por momentos soy héroe, aventurero, arqueólogo, soldado, policía…. Soy socialmente un “bicho raro”, un desterrado por elección propia.

Llegan las vacaciones y otra vez Mar del Plata. Este año papá consiguió una casita en el barrio Los Troncos, al lado de una extraña mansión abandonada. He viajado con todos los libros que pude comprar con el dinero que me trajo el “Niñito Dios” (¡gracias abuelo!). Mis padres me regalaron un MP3 ya precargado con los “top hits” de la temporada. Por una vez se los agradezco calurosamente. Los auriculares y el equipo apagado me brindan el suficiente silencio para leer en casi todo momento. A mamá le llama la atención mi entusiasmo por el aparato y la durabilidad de las pilas.
La rutina diaria es, desayunar temprano, caminar hasta Playa Grande, y ocupar nuestra carpa. Luego sol arena y mar, para algunos, reposera y libros para mí. Por la tarde un baño y luego a pagar el costo de la convivencia, cena en familia, charlas banales, mientras yo sueño despierto tratando de imaginar como logrará Sherlock Holmes resolver el caso del Sabueso de Baskersville.
No soy tampoco un indefenso adolescente, los programas nocturnos no me apetecen, pero tengo la autonomía suficiente como para quedarme solo en la casa mientras mis padres disfrutan del casino o de los espectáculos nocturnos de “la Feliz”.
Parcialmente satisfecho con la solución de Sir Arthur Conan Doyle, me acuesto a dormir y a soñar. Pero como nunca antes, los sueños son tremendamente intensos y vívidos.
La mansión de los Basker, tiene un extraño parecido a la casona vecina abandonada, estoy adentro de ella, el frío de los salones me recuerda más al condado de Devon que a Mar del Plata. Los pasillos están decorados con cuadros cubiertos con sábanas, los muebles en fundas como cadáveres en sus sudarios. La penumbra es sólo iluminada por las ocasionales descargas eléctricas de la tormenta (no recuerdo la tormenta cuando entré a la casa). Todas las puertas de las habitaciones están cerradas, una corriente de aire apaga las velas del pasillo (¿quién las prendió?). Asustado regreso a la entrada.
- ¡Vete de aquí!
Una voz de ultratumba y con marcado acento extranjero resuena en el salón principal. La sangre se me hiela, giro mi cabeza y veo una forma humana sentada en un sillón, ambos cubiertos con la misma funda. Frente a ella una mesa baja y cuadrada soporta a un extraño objeto cubierto con una sábana bajo la cual se desprende una luz rojiza.
- ¡Déjame en paz!
No necesito más advertencias, corro hacia la puerta mientras una carcajada siniestra estalla a mis espaldas.
Al salir al jardín, vuelvo mi vista hacia la casa, un rayo ilumina una de las ventanas del piso superior, por unos segundos veo una imagen pegada a ella… soy yo, solo que no tengo ninguna expresión en el rostro, claro, es que no tengo ojos, dos cuencas vacías me devuelven la mirada.


Me despierto traspirando y a los gritos. Por una vez agradezco vivir con mis padres. Mamá entra a mi cuarto asustada.
- ¡Hijo!, ¿estás bien?
Tardo unos segundos en recuperar mi aliento.
- Sí mamá… es sólo una pesadilla.
Mamá me abraza y besa, me hace la señal de la cruz en la frente y vuelve a su cuarto. Escucho a papá preguntar
- ¿Está bien?
- Sí, - replica mamá - Es solo una pesadilla, seguro que es algo que comió…
Tardo en conciliar el sueño.

A la mañana me levanto a desayunar con unas ojeras que me las piso. Ante la imposibilidad de reconciliar el sueño, he leído “Un descenso al Maelstrom”, de Edgar Allan Poe. La trama no mejoró mi estado de ánimo, finalmente logro cerrar mis ojos con las primeras luces del amanecer.

Camino a la playa, paso frente a la mansión de mis desvelos, la ventana donde “me vi” anoche lanza un haz de luz a mi vista, producto del reflejo del sol. Cubro mi visión y busco otro ángulo, por un instante me parece ver a una joven hermosa y triste en la ventana. Fuerzo la vista, pero la figura no se repite.
El cartel de remate judicial ocupa todo el frente de la entrada a la casa. Un viejo jardinero corta el césped de la casa vecina.
Miento a mis padres que he olvidado el MP3 en la casa y les digo que se adelanten, que los alcanzo en la carpa. Entro a la casa, espero unos minutos y vuelvo a salir. El jardinero esta reparando una cazuela.
- Buenos días señor
- Buenos días
El anciano me mira intrigado, espera unos segundos y se dispone a continuar con su trabajo. Me apresuro a preguntarle.
- Disculpe mi curiosidad, pero, ¿Vive alguien en la casona abandonada?
El viejo se incorpora lentamente, se seca la frente con un trapo de dudosa limpieza, y mirándome fijo me pregunta
- ¿Por qué me hace esa pregunta joven?
- Curiosidad… y esteeee, estamos alojados en la casa de al lado y me pareció ver a alguien adentro.
El viejo se queda unos segundos sosteniendo mi mirada. Luego, como conversando consigo mismo dice:
- Sí, a veces, a mí también me parece ver gente adentro. Pero en realidad no hay nadie, no al menos desde que desapareció su dueño hace más de diez años.
- ¿Quién era su dueño?
- Un arquitecto sueco, yo lo conocí, Bjorn Larsen, se cree que enloqueció y se ahogó en el mar.
Los cabellos de la nuca se me erizan.
- ¿Y cómo saben que murió ahogado?.
- El hombre era excéntrico, en los últimos meses trabajaba día y noche en su casa, cada día estaba más raro. Un buen día desapareció de buenas a primeras, nunca se encontró rastro alguno, nunca salió del país, la embajada Sueca lo buscó por todos lados. Creo que para la policía de Mar del Plata, es una buena explicación cuando no hay explicaciones.
- ¿Y qué pasó con la casa?
- Doña Anita, cuidaba de él y hacía la limpieza. Ella fue la que denunció la desaparición. La embajada le pagó para que cerrara la casa; Anita limpió y cerró todos los cuartos, enfundo los muebles, cerró las ventanas y la puerta y llevó la llave al consulado.
- ¿Y doña Anita vive?.
El viejo sonríe.
- Claro que vive, es mi esposa, en temporada casi ni la veo, es la que limpia y hace las camas de toda esta cuadra, incluida la casa que tú alquilas.
El viejo se queda mirándome nuevamente y me pregunta.
- Y tu interés jovencito, ¿cuál es?.
No tengo respuesta, repito como tonto “Curiosidad” y me apresuro a despedirme agradeciéndole su atención. Llego a la esquina y miro hacia atrás, el viejo jardinero se seca nuevamente la frente con el trapo y echándome una última mirada retoma el trabajo.

Ya en la carpa, me pongo los auriculares, sonrío a mis padres y tomo un libro de mi mochila. Bradbury, “Las doradas manzanas del sol”. Ya lo he leído un par de veces, pero necesito pensar. Me entretengo pasando las hojas, de igual manera paso los pensamientos como hojas de un libro con los extraños sucesos de anoche y el relato del jardinero. Por el rabillo del ojo veo a mamá saludando a los nuevos vecinos de la carpa del frente. Suspiro pensando para mis adentros en cual es la compulsión incontrolable que domina a mamá para que tenga que saludar a todo el mundo. Me apresto a continuar “leyendo”, cuando escucho una hermosa voz que le dice.
- Mucho gusto señora
Miro a la muchacha poseedora de tan hermosa voz y casi me desmayo. Es la misma joven que creí ver en la ventana de la casona. La miro fijamente y veo que ella me sonríe. Estoy comportándome como un pavo y para peor ella lo ha notado, debe suponer que estoy admirado por su belleza. Me apresuro a componerme y digo un escueto.
- Hola
Ella me mira unos segundos y decepcionada responde con un más seco.
- Hola
No sabiendo cómo seguir, le sonrió y tomando el libro simulo enfrascarme en la lectura. Ella vuelve a su carpa dando saltitos para no quemarse los pies descalzos con la arena. La espío entre las hojas de mi libro, ella habla con su hermanito, saca una reposera al sol, se ata el pelo, y se acuesta… a leer. No puedo creerlo, alguien más lee en el mundo. Reconozco la tapa, noto con estupor que está leyendo “Cita con Rama” de Arthur Clarke, yo he leído toda la zaga y me ha apasionado. Me quedo observándola con admiración. De pronto, como si percibiera mi mirada, mira en mi dirección, rápidamente poso mis ojos en el libro, pero soy conciente que me ha descubierto espiándola. Pasamos la siguiente hora disimulando miradas furtivas, finalmente me levanto y me dirijo al kiosco en busca de una gaseosa. Hago la cola hasta que, a punto de ser atendido siento un dedo que toca mi hombro. Es ella. En voz alta y alcanzándome un billete doblado me dice:
- ¡Hola!, ¡¿me puedes comprar una coca?!
No entiendo por qué me grita, la miro sorprendido y ella me sonríe y señala al equipo MP3.
Me río mientras me saco los auriculares y se los paso. Me mira intrigada, trata de escuchar y me los devuelve extrañada.
- No escucho nada
- Es verdad, esta apagado. Es la mejor “música” para leer.
Todavía extrañada me sonríe asintiendo. El quiosquero me pregunta
- ¿Qué se sirven?
- Dos cocas - contesto rápidamente sacando mi dinero y rechazando el de ella.
Nos sentamos en una mesa vacía. Extiendo mi mano y le digo formalmente
- Diego
- Daniela - Replica ella.
Nos sonreímos, no sé como seguir, doy un trago a mi coca y le digo.
- ¿Ya entraron a Rama?
La he sorprendido. Me mira fascinada y me pregunta.
- ¿Cómo sabes...?
- Reconocí la tapa de tu libro, yo ya lo he leído.
- Ah, bueno, en realidad todavía no abrimos la segunda escotilla - me dice sonriendo - ¿y tú que lees?.

El tiempo pasa mientras tratamos de impresionar el uno al otro sobre lo que hemos leído. No puedo creer en mi fortuna, Daniela es mi “alter ego”. Una hora después su hermanito viene a buscarla. Volvemos a las carpas. Ante la mirada atónita de mi madre, saludo atentamente a los padres de ella y me siento a su lado para seguir conversando.
Cae la tarde y sus padres se aprestan a retirarse. Mientras juntan toallas, y sandalias Daniela me saluda.
- Hasta mañana Diego.
- Hasta mañana Daniela.

De vuelta a la casa paso frente a la casona, un viejo sauce extiende sus ramas sobre la verja. Creo que ya sé como voy a entrar esta noche.
Para variar cenamos en casa, mamá está radiante, mientras canta cocina unos camarones. Papá la mira tan intrigado como yo.
- ¿Qué le pasa a mamá?
- ¿No sé? ¿Está muy contenta no?
Mamá nos mira a ambos sonriente y nos dice.
- ¿Por qué me miran así? - y sonriendo exageradamente continúa- ¿no pueden ver a nadie feliz?... vamos, a la mesa.
La cena está exquisita, mamá tira “dardos” por elevación durante toda la comida.
- ¿Qué simpática la familia de la carpa del frente no?
Papá contesta con un indiferente.
- Aha
Mamá me mira y me pregunta
- Y la chica, ¿cómo se llamaba?
Me hago el desinteresado y contesto lacónicamente.
- Daniela.
- Simpática ¿no?
- Sí.
- ¿Cuantos años tiene?
- Quince
- ¿Y de qué hablaban?
Sé a dónde vamos… no se lo voy a hacer fácil
- De todo un poco, libros, música.
- Ahh, ¿y de dónde son?
El interrogatorio se prolonga hasta el postre, papá me guiña el ojo y sale en mi ayuda diciéndole a mamá.
- Creo que es una noche óptima para probar la suerte. ¿Vamos al casino?
Si hay algo que puede sacar a mamá de un tema es la propuesta de una salida.
- Ok, lavo los platos y me cambio en quince minutos
Aprovecho y me ofrezco generosamente
- No te preocupes mamá, yo los lavo, ustedes cámbiense.
Mamá pega la vuelta, me estampa un sonoro beso y sube cantando a cambiarse.

Son las once de la noche, mis padres van rumbo al casino y yo cierro la puerta de casa con el corazón en la boca. La rama del sauce está más alta de lo que imaginé, miro para todos lados pero la cuadra está en silencio. Alcanzo la rama en el segundo intento y me trepo hasta el tronco para descender del otro lado de la verja de hierro.
La casona está a oscuras, pero la puerta, por algún motivo desconocido está entreabierta. La sangre se me hiela. La casona me invita a entrar. Lucho entre el miedo y la curiosidad, el vello de mi nuca se eriza. Empujo ligeramente la puerta y asomo mi cabeza. El hall de ingreso es idéntico al de mi sueño. El pasillo, los cuadros, el salón principal, los muebles enfundados y la mesa baja con el objeto cubierto, todo coincide con mi pesadilla de anoche.
Camino lentamente hacia la mesa, de pronto todo sucede. Una luz anaranjada se enciende bajo la manta, unas sombras traslucidas permiten vislumbrar algo semejante a una escultura o una maqueta bajo la sabana. Una voz que ya conozco y proviene del sillón próximo a la mesa dice quejumbrosa.
- ¿En qué quedamos anoche?, ¡No te acerques! , ¡Déjame en paz!
La realidad es superior a la pesadilla. Me quedo sin sangre, paralizado, no puedo mover mis pies, la funda que cubre el sillón, empieza a incorporarse. En una fracción de segundo corro como un poseído hasta la puerta mientras una carcajada resuena a mi espalda.

Tres minutos después estoy en casa, llorando y golpeado en una pierna al saltar de la rama del sauce.
Atino a llamar a papá al celular pero mientras suena razono “¿que le digo?, ¿como justifico lo que hice?” estoy a punto de colgar cuando suena la voz de papá:
- ¿Hola?
- Hola papá, ¿cómo están?
Papa demora unos segundos en responder
- Bien, ¿y tu como estas?, ¿todo bien?, ¿por qué me llamas?
- Por nada, todo bien, quería desearles suerte antes de acostarme a dormir.
- Bueno hijo, muchas gracias, te manda un beso tu madre.
- Un beso a los dos y mucha suerte.
No puedo conciliar el sueño, es más, temo dormirme. Leer no me brinda sosiego. Prendo el televisor y busco algún canal de entretenimientos. Sentado en el sillón del living, en algún momento la adrenalina abandona mi torrente sanguíneo y caigo en un sopor profundo. Los ojos se me cierran.

- Buenos días, hace un día hermoso para ir a la playa - Dice mamá abriendo las cortinas de mi cuarto
Trato de enfocarme, no recuerdo haberme acostado en mi cama.
- Buenos días mamá.
Al rato recuerdo parte de la noche anterior.
- ¿Como les fue en el casino?
- Tu padre perdió todo, pero yo gané por los dos – dice mi madre muy oronda. - ¿Y a ti cómo te fue?, tuvimos que llevarte dormido hasta tu cama.
- Sí, me quede dormido frente al tele.
Trato de incorporarme y un fuerte dolor en la pierna izquierda me da una punzada. Los recuerdos se agolpan.
- Creo que voy a quedarme a descansar un rato más, no he dormido bien anoche.
- Ni antenoche - me recuerda mamá
- Al mediodía me llego a almorzar con ustedes en la playa.
- Un beso, te esperamos.
Ya despabilado, me levanto y me visto, en el baño miro mi rostro, parezco agotado. Suena una llave en la puerta.
Desde el baño grito
- ¡¿Qué se olvidaron?!
Una voz femenina responde
- Disculpe, creí que la casa estaba desocupada, vengo más tarde.
Bajo a los saltos y la alcanzo cuando esta cerrando la puerta.
- ¿Doña Anita?
- Si - me mira intrigada - ¿nos conocemos?
- En realidad no, pero conozco a su marido.
- ¿A José?
- Sí, ayer estuve hablando con él. Quédese por favor, a mí no me molesta.
Doña Anita, asiente y se prepara para empezar la limpieza por la cocina.
Simulando prepararme un desayuno que no apetezco, intento una charla con ella.
- Me dijo su marido que usted atiende las casas de toda la cuadra.
- Si hijo, pero cada vez me cuesta más - señalándose la cintura - Estamos viejos, tendremos que pensar en jubilarnos.
- ¿Tiene hijos?
- Uno, en España
- Ah, y me imagino que conoce a todos los vecinos
- Conozco a muchos, algunos vienen todos los veranos, otros viven aquí todo el año.
- Me contaba su marido que conoció al arquitecto sueco de la casona de al lado.
Anita me mira fijo por unos segundos y finalmente asiente diciendo en voz baja.
- Sí, lo conocí, pero no le creas nada de lo que te haya dicho el viejo de mi marido, él cree en fantasmas
- ¿Fantasmas?
Anita se da cuenta que ha hablado de mas y me mira a los ojos.
- ¿Por qué te interesa esa historia?
Dudo en decirle toda la verdad, y ensayo algo a medias.
- Ayer me pareció ver a alguien en la ventana y anoche soñé con la casa y el arquitecto.
Anita suspira aliviada. Después de unos minutos de secar la vajilla me mira y continúa.
- El Señor Bjorn, era muy bueno conmigo, pero poco a poco se volvió más obsesionado. Estaba haciendo una maqueta de su propia casa, todos los días le agregaba detalles y más detalles. Se sentaba por horas en el sillón frente a la maqueta, y le hablaba como si estuviera viva. La última tarde que lo vi me dijo que lo dejara en paz, mientras se tapaba los ojos con las manos. Volví al día siguiente y ya no estaba.
- ¿No sabe qué le pasó?
- No, simplemente desapareció, pero sus llaves estaban dentro de la casa y la casa estaba cerrada, de hecho yo tuve que abrir con mis llaves.
Un largo silencio se produce, luego Doña Anita como buscando en los recuerdos continúa
- Tuve que arreglar toda la casa por pedido del Cónsul, acomodar todo, cerrar todo, y cubrir los muebles y cuadros… - Anita se detiene un instante - En realidad vi algo extraño al cubrir la maqueta, el Señor Bjorn había diseñado una especie de foco luminoso que giraba por encima del modelo simulando la iluminación del sol. Cuando fui a cubrirla, la luz se encendió sola, y me pareció sentir una voz como la del arquitecto que me decía que lo dejara en paz. Ya no quedaba más por hacer, en realidad le tenía un poco de aprensión a ese a maqueta y la había dejado para el final, así que, tiré la sabana por encima de ella. Corté la luz y la llave de paso del gas en garrafas y cerré la puerta. Nunca más volví a entrar.
Me quedo un rato pensando mientras Anita termina de acomodar la cocina. Finalmente le digo.
- Creo que voy a aprovechar un poco la playa.
- Me parece bien hijo, aproveche el día que esta hermoso.

Al llegar a la carpa, busco con ansiedad a Daniela.
- Creo que esta en el mar - dice su madre.
Miro hacia el mar y la veo salir mojada de la playa saludándome desde lejos.
- Te invito una coca.
- Ok, - dice alegremente
- Tengo algo que contarte.
Me mira intrigada y no hace preguntas hasta que nos sentamos con nuestras bebidas.

Una hora después termino de contarle toda la historia.
- ¿Por qué ayer no me dijiste nada?
- Porque hasta ayer era sólo un sueño.
Daniela me observa con una mezcla de admiración, excitación y miedo. De pronto me dice:
- Tenemos que investigar
- ¿Estás loca?, ¿No escuchaste todo lo que te dije?
- Justamente, ¿qué vamos a hacer?, ¿sentarnos a leer, cuando podemos tener nuestra propia aventura?
- Daniela, yo me animo a cualquier cosa pero no quisiera ponerte en riesgo.
Me mira desafiante, y me pregunta
- ¿Te animas a cualquier cosa?
- Bueno, casi…
- Entonces, ¿por qué no te animaste todavía a esto? - Acto seguido se levanta y me da un breve beso en los labios.
Creo que me incendio por dentro. Es el beso más hermoso de mi vida. Me quedo mirándola como un bobo. Ella me sonríe coqueta y me dice:
- Tenemos que planificar.
- ¿Tenemos?
- Si… ¿Por qué?
- No sé si es buena idea volver a entrar…
- ¿Tienes miedo?
- La verdad es que sí.
Me mira sonriendo y me dice - Cobarde.
No puedo olvidar su beso, sus labios húmedos y tibios en contacto con los míos me llevan al delirio, no me puedo concentrar. Es mi primer beso. Junto coraje y tomo su mano diciéndole:
- Daniela, se que no me vas a creer, pero eres muy importante para mí, lo que te he contado no se lo he dicho a nadie, ni a mis padres. Anoche, al entrar a la casa no tenía miedo por mí… bueno quizás un poco, pero hoy temo mucho por ti. Nunca conocí a nadie que me… que yo… que…
Soy un estúpido, no sé como seguir, Daniela me mira atenta sonriendo, creo que disfruta de mi turbación. El corazón me late con fuerza, me digo “ahora o nunca”.
- Que… ¡A quien quiera tanto!.
Daniela se queda mirándome sonriente, mientras maldigo no tener la inspiración de un Bécquer para decirle algo más romántico.
- Bueno - dice ella, desviando la conversación - Entiendo tu preocupación pero no eres dueño de mi curiosidad. Si no me acompañas iré sola.
Su hermanito aparece para buscarla, disimuladamente suelto su mano y le digo.
- Hagamos una cosa, pensemos serenamente, por separado en un plan y mañana los evaluamos, ¿ok?
Me mira un tanto desilusionada pero acepta a regañadientes. Volvemos a las carpas y no tocamos más el tema.

A la tarde nos despedimos con un beso en las mejillas, y nos comprometemos a juntarnos mañana. Daniela me sonríe con una picardía en los ojos, que me deja preocupado.

A la noche salimos a cenar al puerto, mis padres están radiantes.
- Por las mejores vacaciones - dice mamá brindando con su copa.
Todos estamos felices, yo vivo un éxtasis que no puedo explicar. Daniela…sus ojos, su sonrisa, ese beso, lo saboreo mentalmente como si fuera un manjar.
Volvemos a la casa, y a la cama, el pronóstico indica bueno para mañana. Me acuesto y duermo besando a Daniela.

Veo por los ojos de ella. Ha ingresado a la casona y se encuentra en el hall. Soy conciente de que estoy soñando pero no puedo ni quiero detener las imágenes. Ella avanza decididamente hacia el salón principal. Una voz extranjera le dice que se detenga. Ella titubea y mira a la maqueta cubierta. Ignorando las advertencias toma la sabana y la retira de un solo movimiento. La maqueta se ilumina con su propio sol. Daniela fascinada por la obra se detiene a contemplarla… El realismo de la maqueta es impresionante. Reconozco hasta el sauce del jardín y la rama que cruza la verja. Estira su mano para tocar la puerta del modelo a escala. Una voz le grita “¡No la toques!”, en mi sueño trato desesperadamente de advertirle que no lo haga, pero ya es tarde.
La luz de un mediodía encandila mi vista, Daniela está ahora frente a la puerta de la casona. Intenta salir del jardín a la calle pero una niebla cubre la vista mas allá de la verja, fuera del edificio y el jardín, no existe nada. Daniela atemorizada mira alrededor. Trato de gritarle que no lo haga, que no entre a la casa, soy conciente de que Daniela está “en” la maqueta. Ella extiende la mano y entra al hall, el pasillo esta iluminado por el sol aunque su luz parece artificial y fría. Una voz le dice “bienvenida a mi humilde morada, no digas que no te lo advertí”, la vista se dirige al salón principal, una figura humana se encuentra sentada en el sillón con las manos cubriéndose la cara.


Me despierto traspirando frío, respiro agitadamente mientras los latidos de mi corazón laten en mis sienes. Daniela está en peligro. Trato de escuchar en el silencio mientras las últimas imágenes de mi sueño se repiten en mi mente. Fuerzo mis oídos, mis padres duermen, mi reloj pulsera me indica que son las dos de la mañana. Rápidamente me visto, busco una linterna y salgo de la casa tratando de no despertar a mis padres. Tengo que encontrarla.

La casona está en silencio y a oscuras, igual que anoche, trepo nuevamente por el árbol una suave brisa mueve las ramas del sauce. Ya en tierra enfrento decididamente la puerta que se encuentra abierta. Con la linterna observo el interior de la casa, el pasillo, los cuadros, la escalera, el gran salón. El prototipo a escala de la casona está iluminado por el dispositivo que simula la luz solar.
El corazón parece que va a salirse por la garganta. Me inclino para observarlo y el realismo me asombra, toda la casa, está representada en este modelo hasta en sus más mínimos detalles, el sauce de la maqueta se mueve suavemente por efecto de la brisa. La voz resuena nuevamente.
- ¿Otro visitante más?... menos mal que la casa es grande - una carcajada lúgubre festeja su propia broma.
Tiemblo de miedo pero intento ignorar sus palabras y enfocarme en el prototipo. Es una replica exacta de la casona, desde el exterior todas sus ventanas están cerradas… menos la de la cocina y una en el primer piso. La identifico como aquella ventana en la que vi la imagen de Daniela. La posición del sol artificial me impide ver dentro. Alumbro con la linterna y veo a “una” Daniela en la habitación moviendo su mano frente a la ventana. La sangre se escapa de mi cuerpo, creo que voy a desmayarme. Le grito
- ¡Dani, soy Diego!
Es inútil, no me escucha, se comporta como si estuviera ciega y sorda. Sigue sonriendo triste, saludando con el brazo.
Sé que no puedo tocar la maqueta, en cuanto lo haga quedaré prisionero dentro del modelo a escala. No sé que hacer. De pronto un plan se empieza a formar en mi mente. Empiezo febrilmente a buscar los elementos que me harán falta. La voz me inquiere
- ¿Que estás haciendo?, no puedo verte.
No pienso sentarme a explicarle a un fantasma mis propósitos, abro la llave del gas que oportunamente cerrara Anita y compruebo por el siseo en una hornalla de la cocina que las garrafas no están vacías, encuentro una lupa, en una mesa cercana a la biblioteca. Libros, fundas y sábanas son trasladadas apresuradamente a la cocina. Vuelvo a la maqueta y la estudio con detenimiento, mi mente vuela febril, hago unos cálculos que verifico a la luz de la linterna y vuelvo a la cocina. Está todo dispuesto, espero que todo salga bien. Cierro la puerta de la cocina y vuelvo al salón. Es el momento de entrar al modelo y salvar a Daniela.

El contacto con el modelo me produce una descarga eléctrica, instintivamente cierro los ojos, cuando los abro estoy parado frente a la puerta de la casona bajo un sol brillante. Corro a la puerta y entro llamando a gritos a Daniela.
- ¡Aquí Diego!
Daniela baja llorando de las escaleras y corre a mi encuentro. La abrazo con ternura.
- Tenías razón, esto es un infierno.
- Sí Dani, y tenemos poco tiempo para escapar de él.
- ¿Pero cómo?, no se puede, el arquitecto me dijo que no hay salida.
Una voz a mis espaldas dice:
- Bienvenido joven, la niña tiene razón, permítame presentarme, soy el arquitecto Bjorn Larsen.
Giro sobre mis talones y una persona sin ojos me sonríe estirando su diestra. Lo miro asustado y estiro temblorosamente la mano. Me la estrecha firmemente y sonriendo me dice.
- Pónganse cómodos, la estadía será larga, en realidad eterna, el tiempo aquí no pasa. La buena noticia es que no necesitaran alimentos ni agua para vivir. No hace falta.
Miro mi reloj y efectivamente está detenido.
- No tenemos intenciones de quedarnos, en realidad estamos a punto de salir, y usted puede acompañarnos si quiere.
- Hijo, no se puede salir de la maqueta, ella y la casa están unidas de por vida hasta la destrucción de la casa por daño en el prototipo. Y nosotros desde “dentro” no podemos hacer nada.
Miro nervioso hacia la puerta de la cocina, creo percibir una luz rojiza bajo la misma. Le contesto.
- De eso se trata arquitecto, en este momento la maqueta está destruyendo la casa.
Dirige su rostro en mi dirección, y me replica
- ¡No es posible!
Tomo su mano y lo arrastro hasta la puerta de la cocina. Abro apenas la puerta y una bocanada de calor y humo inundan el pasillo.
El hombre me “mira” intrigado… - ¿como pudiste?
- No es el momento de discutir, tenemos que salir o moriremos todos.
Tomo a Daniela de una mano y con la otra trato de guiar al arquitecto a la puerta.
Al abrir la puerta, el arquitecto se detiene. De sus vacías cuencas surgen unas lágrimas que ruedan por las mejillas.
- No puedo irme, debo quedarme con ellas.
Un frío helado corre por mi espalda
- ¿Ellas?
Una sonrisa triste se dibuja en el rostro del hombre.
- No te asustes, no me refiero a tu joven amiga, veo que se aman, que Dios los bendiga distinto de cómo lo hizo conmigo.
Mi curiosidad puede más.
- Entonces ¿quienes son “ellas”?
- Una es la casa y la otra… es una larga historia que no tendré tiempo de contarte. Solo puedo decirte que hay amores que no desaparecen en toda la vida, por eso me arranqué los ojos, para no verla más.
Suelta con firmeza mi mano y se dirige caminando lentamente como si tuviera vista hacia su sillón. El pasillo ya está en llamas.
Ya en el jardín del modelo a escala miro al cielo. La luz artificial solar se oscurece producto de la densa humareda de la casa en llamas. La niebla que rodea a la maqueta empieza a difuminarse. El “sol” finalmente se apaga y de pronto la noche vuelve, puedo ver la calle a oscuras detrás de la verja.
- Vamos Dani, tenemos que correr
Trepamos al árbol, saltamos a la calle y echando un último vistazo a la casona en llamas, entramos en silencio a casa. Miro mi reloj, son las dos y diez.
Mis padres siguen durmiendo, benditos sean. Subimos silenciosamente a mi cuarto cuando escucho el lejano sonido de una sirena de bomberos.
Miro a Daniela, está llorando. La abrazo con cariño y le digo que se tranquilice.
- Dani, tus padres, ¿saben adónde estás?
Me sonríe aún con lagrimas en sus mejillas y me dice, - Durmiendo en la casa de una amiga.
- Y tu amiga, ¿que dirá?
- Que dormí en su casa, y que cuando me levanté fui a la playa. ¿Para que están las amigas?
- Bueno, tendré que esconderte hasta mañana en mi cuarto.
La acomodo lo mejor que puedo en el piso de mi placard y le digo que no se mueva por ningún motivo.
Salgo cerrando mi cuarto con llave. Mis padres ya están levantados, el griterío de los bomberos y el incendio han despertado a todo el vecindario.
Salgo con ellos a la puerta. Los esfuerzos denodados de los bomberos no pueden evitar que la casa finalmente se derrumbe.
A las cinco de la mañana los bomberos revisan entre el agua y los escombros humeantes.
Volvemos con mis padres a la casa. Ellos vuelven a su cuarto haciendo comentarios horrorizados.
Espero con la puerta abierta hasta que escucho que mis padres finalmente han retomado el sueño.
Cierro la puerta nuevamente con llave y corro al placard. Daniela me mira sonriente con expresión traviesa.
Me abrazo a ella y me dice.
- No pienso dormirme hasta que me cuentes cómo hiciste para destruir la casa desde dentro de la maqueta.
Suspiro y empiezo
- Bueno, supuse por el sueño en que veía por tus ojos, que la casa y la maqueta estaban ligadas en sus destinos. La obsesión del arquitecto había creado un vínculo ínter dimensional entre ambas. Preparé todos los elementos para provocar un incendio en la casa real, pero intuía que el origen tenía que partir de la maqueta. La única diferencia entre ambas era el foco de luz. Observando al modelo vi que la luz no se movía, entonces se me ocurrió una idea. Encontré una lupa. Calcule el ángulo de la luz sobre la mesada de la cocina obteniéndolo de la maqueta. Probé la distancia para obtener el mejor foco de la lupa con la linterna. Puse papel arrancado de las hojas de los libros, agregué trapo y algunos muebles de madera, y abrí la hornalla de gas.
- ¿Provocaste un incendio en la casa real disparado por el sol artificial de la maqueta?
Sonriendo le digo.
- Elemental Watson.
Daniela me abraza y esta vez yo la beso en los labios. “Sí” me digo, es tan hermoso como lo recordaba. Abrazados y agotados por las experiencias vividas quedamos ambos dormidos dentro del placard.

Mamá golpea la puerta.
- Diego, ¿estás bien?
Salgo del placard tratando de no despertar a Daniela. Cierro la puerta del mismo y abro la puerta del cuarto.
- Estoy bien mamá.
- ¿Por qué cerraste con llave?
- No lo sé, quizás por miedo, no me di cuenta, con el tema del incendio de anoche…
- Mamá no queda convencida, espía por la puerta y me dice.
- Es verdad, qué horror lo de anoche, menos mal que la casa estaba abandonada ¿no?.
Asiento con la cabeza. Ella continúa.
- Bueno, con tu padre nos vamos a la playa, ¿vienes?
- No mamá, trataré de dormir un rato más, los alcanzo en unas horas.
- Entonces nos vemos en un rato.
- OK.
Espero detrás de la puerta hasta que escucho salir a mis padres. Con un beso despierto a Daniela. Tenemos que salir de la casa.

Ya afuera con Daniela, veo venir a Doña Anita totalmente consternada. Ni se fija en Daniela y me dice:
- ¿Vio lo que pasó?.
- Sí Anita, un horror.
- Los bomberos dicen que encontraron un cuerpo quemado sobre los restos del sillón del salón. Están convencidos de que se trata del Arquitecto. Entonces, ¿dónde estuvo todo este tiempo? ¿Cómo y cuándo volvió? ¿Por qué incendió la casa?.
- No lo se Anita, creo que nunca lo sabremos.
Anita se queda meditando un momento, luego práctica, se fija en Daniela, luego en mi, luego en la casa. Me mira reprobadoramente y me pregunta.
- ¿Se puede entrar a la casa a hacer la limpieza?.
- Si Anita, nosotros nos vamos a la playa.
Mientras nos alejamos rumbo a la casa de Daniela a buscar su ropa de playa, mi fino oído alcanza a escuchar el murmullo quejoso de Anita “estos jóvenes de hoy en día”.

Han pasado quince años, y finalmente he decidido documentar esta historia de mi juventud, aprovecho para escribir este final, en un breve momento de tranquilidad mientras Daniela hace dormir a nuestro primer hijo.
La vida nos ha sido buena, nos seguimos amando como el primer día, sus besos siempre me causan el mismo efecto, todavía a esta edad, donde soy un poco viejo para ser un joven pero demasiado joven para ser un viejo.

Texto agregado el 06-05-2012, y leído por 214 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
19-06-2012 querido amigo. mezclas de una manera deliciosa las historias y los tiempos. Me ancanto !!!! yar
03-06-2012 Exquisito cuento!!!! No comprare mas libros!de cuentos efelisa
12-05-2012 Hermoso y atrapante cuento, un placer leerte como siempre (º_u)..=D mis cariños dulce-quimera
11-05-2012 Estaba impaciente por leerlo.Al fin pude hacerlo y me encantó.Una hermosa aventura con final de cuento de hadas.Felicitaciones.***** pantera1
11-05-2012 Coincido con esa niña rubia, de abajo: "Esto es literatura!" ZEPOL
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