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Te sorprenderá imaginar que el amor existe, tú que siempre te burlabas de los sentimientos de los demás, te acordarás cuando decías a tu socio y amigo en el bufete: “cómo es posible que la gente piense en la pasión amorosa, las estadísticas no mienten, hay un divorcio por cada tres matrimonios, y te puedo decir que la mayoría de los casados viven una vida gris y metidos por completo en la rutina de la convivencia en común”.
Sonreirás, al pensar en la hermosa Ashanti que ha traído a tu vida otra vez el anhelo de vivir, de saber que a pesar de tus sesenta años recién cumplidos sientes que la sangre cual torrente circula en tus venas, el delirio de estar enamorado de una joven que podría ser tu hija, apenas treinta años, le doblas la edad, pero juntos: su inocencia y tu experiencia harán florecer la llama de la pasión, de sentirte hombre de nuevo. Adiós estados depresivos, adiós ideas suicidas, comprenderás que es una nueva oportunidad que Dios tu Señor te ha mandado aunque a los ojos de los demás suene a blasfemia.
Querrás no sentir la punzada de remordimiento al pensar en Clarita, abnegada y fiel esposa, tu compañera de toda la vida desde que juntos estudiaron la secundaria y preparatoria en el hermoso puerto de Campeche. Recordaras con cariño el paso por la Universidad Nacional Autónoma de México, donde tanto ella como tú se recibieron de abogados. El inicio de la vida profesional, Clara, con muy buen sentido se dedicaría a la labor burocrática del bufete recién inaugurado mientras tú lidiarías en los juzgados en tu calidad de abogado penalista.
Tendrás sentimientos encontrados al pensar en tus dos hijos, jóvenes abogados casados con damitas de las familias de más prosapia de Campeche, concesionarias de todas las gasolineras de los estados de Campeche, Tabasco y Quintana Roo, además de múltiples empresas dedicadas a la importación-exportación. Tus hijos estarán dedicados por completo a los negocios de las familias políticas de tus dos nueras, ambas primas hermanas. Te acordarás de la boda doble en la hermosa catedral de tu ciudad natal donde el Obispo de Campeche ofició la ceremonia. Tus hijos ensoberbecidos de su éxito dejarán a un lado a sus padres.
Comprenderás que con el paso del tiempo que te añadió años, te sentirás aburrido de tu vida profesional: dueño de un bufete muy prestigiado en la capital de la república. Tus éxitos como abogado penalista, presumirás que casi todos los presuntos culpables que tú defendiste salieron libres. Tus relaciones que te iniciaron en la vida política con mucho éxito. Has sido, representando al estado de Campeche, dos veces diputado federal y ahora como senador de la república que te abrirá el paso para ser gobernador de tu estado.
Te enorgullecerás de tu acendrado catolicismo, la fe de tus padres que nunca perdiste a pesar de pertenecer a un partido político: el Revolucionario Institucional, donde sus miembros tienen a orgullo, o ser masones o bien agnósticos y andan de come-curas. Desde luego de una manera discreta, un poco vergonzante profesarás tu religión. Esta fe te hará imposible el divorcio con Clara, tu esposa, además, perder la imagen de una familia modelo perjudicaría tu ambición de llegar a gobernador.
Volverás a pensar en Ashanti, compañera sentimental y cómplice de tus anhelos e ilusiones. Tu esposa deberá comprender y aceptar la situación por el bien de sus hijos, ya que en un escándalo los primeros perjudicados serían ellos, además si su padre llegará a gobernador se abriría la oportunidad de múltiples negocios. Te imaginarás que Clara ya debe de saber tu affaire con Ashanti, pues el amor prohibido nunca es posible esconderlo. Estarás harto de simulaciones, ansiarás vehementemente que tu familia acepte tu situación sentimental. Pensarás que será posible por la ganancia económica que esto representa para ellos y tú de una manera discreta gozaras de tu amor con Ashanti.

— ¡No es posible que mi papá ande de volado! —exclamó el hijo mayor del senador.
—Pues cómo lo oyes —dijo Clara.
—Pero mamá, ¿qué no se da cuenta que pronto son las elecciones para gobernador?
—Lo que me da coraje es de que a su edad ande de ridículo —dijo la mamá evadiendo la pregunta.
— ¿Quién es la chava, porque me imagino que ha de ser muy joven?
—Demasiado joven, es asistente en la cámara de senadores, ahí la conoció tu papá.
— ¿Y tú como supiste del amorío?
— ¡Anda! Sí alguien conoce bien a tu papá soy yo. Qué casualidad que de repente, se cuidaba mucho de andar arreglado, comenzó a bañarse a cada rato, ponerse loción y usar mascadas en vez de corbata y lo más evidente se arregló el pelo, desde luego no se lo pintó de negro, sino de un gris oscuro para taparse las canas, ya ves que siempre ha sido muy canoso.
—Pero, recuerda que por su trabajo tiene que andar bien presentado.
—Desde luego pero de eso me encargaba yo, ya que siempre ha sido muy descuidado. De inmediato pensé: “mi marido me quiere ver la cara de tonta”.
—No me has contestado ¿cómo supiste de la chava?
—Por algo soy abogada, recuerda que en el despacho manejamos muchos casos de divorcio, y conozco un despacho de investigación privada que se dedica a manejar exclusivamente dos tipos de investigaciones: casos de infidelidad y de ubicación de personas. Así que les pedí que me ubicaran a la persona con la que mi marido me hacía el favor de ponerme los cuernos.
— ¿Y fue rápido?
— ¡Rapidísimo! A los dos días ya tenía toda la información. Qué tontos son los señores de edad como tu papá que andan de “rabos verdes”. La expresión de su cara de inmediato los traiciona y sus movimientos para pasar desapercibidos son infantiles. Es una “chava” como tú la nombras de treinta años, muy guapa y lo más interesante es que anda camelando a dos viejos más aparte de tu papá.
— ¿Cómo, así que mi papá no es el único?
— ¡No! Es una señorita bien “lagarta”, ella en compañía de su novio, un futbolista profesional muy bien parecido, andan en busca de viejos ricachones para envolverlos en sus redes y después chantajearlos.
— ¿Y quiénes son los otros viejos?
—Eso es lo interesante, uno de ellos es un industrial muy adinerado que anda detrás de los políticos para que se hagan de la vista gorda en las tranzas de sus negocios. Es un tipo muy peligroso y despiadado según el investigador, así que el par de novios no la tienen tan fácil.
— ¿Y el otro?
—Es un pobre tonto, casado con una mujer muy rica y de armas tomar, imagínate que su riqueza la ha hecho en los mercados de abastos y es la líder de los comerciantes. Si esta señora se da cuenta, pobre del marido y a lo mejor a la “chava” le va ir muy mal, junto con su novio.
— ¿Cómo vamos tratar el asunto de mi papá? —preguntó el hijo.
—He pensado seguir el lema de nosotros los abogados de que “más vale un mal arreglo que un buen pleito”, por lo pronto debemos hacernos les desatendidos. Recuerda que tu papá y yo dentro de quince días iremos a la ciudad de Campeche de vacaciones, ahí hablaré con el Señor Obispo y le plantearé el asunto. Menudo susto se llevará tu papá cuando el Obispo hable con él.
—Me intriga lo del Obispo ¿por qué él?
—Ya se te olvidó que el ahora Obispo fue compañero de nosotros en la escuela primaria y siguió siendo muy amigo de tu papá. Además, es el que influye en la vida política del Estado de Campeche. ¡Te aconsejo que siempre lo tengas presente! —Lo que no le dijo la señora a su hijo, es que el investigador le ofreció otro servicio, la de eliminar por completo a la causa del problema. Desde luego pensó ella: “por lógica lo más conveniente es resolver este problema por las buenas, sin embargo, para mi orgullo de mujer la opción de “eliminar” el problema es la más agradable”.

—Ya estoy harta de tanto viejo, te dije que con uno era suficiente. Pero no, tú por codicioso me metiste en la bronca de tener que aguantar a tres carcamales —se quejó Ashanti.
—No protestes, bien que te gusta el dinero que nos producen nuestras movidas. A propósito, vieras que buenas fotos les tome a dos carcamales como tú los nombras —dijo el novio.
— ¿Cuándo? Que ni cuenta me di.
—En el cuarto de hotel donde los entretienes, el gerente nocturno del hotel y yo colocamos una cámara de video, pero eso sí, tengo cuidado que tu cara no salga, sólo tu cuerpo, pero, el galán sale a todo color, cuerpo y cara. Por cierto, del senador ¿qué pasa? No lo has llevado al hotel.
—En su despacho del senado es donde tenemos relaciones, pero está muy entrado, para decirte que me quiere de “noviecita santa”, ya me prometió comprarme un departamento en la colonia Lomas de Sotelo. Por eso te decía que con un solo viejo es suficiente.
—De acuerdo mi reina, nos estableceremos con tu senador. A los otros dos, deja sacarles “la centaviza”, tú ya no te preocupes por ellos, y yo me pondré de inmediato a buscar en la más elegante colonia de esta ciudad, un pent-house de súper lujo. Qué valga la pena. A lo mejor el senador ya tiene en mente uno pequeño, pero no, ¡qué pague!, si quiere a mi Ashanti, tiene que soltar la mosca.

Ismael, el esposo, de una de las líderes más temibles del mercado La merced, baluarte del partido político que gobierna la ciudad de México: el Partido de la Revolución Democrática, pensaba con pesadumbre: “de donde sacaré tanto dinero como me pide el alcahuete de Ashanti, ¡mírala, tan inocente que parecía!
Ismael, que toda su vida había trabajado como médico mediocre en una farmacia situada en el mercado más popular de la ciudad de México, donde a duras penas sacaba para mal vivir. Por azahares del destino conoció a la líder que extorsionaba con cuotas a su patrón, el dueño de la farmacia. Nunca supo el porqué le cayó bien a la líder, pero, de repente pasó de la calidad de médico mal pagado a mantenido. Se casaron por las dos leyes, el civil y la iglesia, aunque la novia no era ninguna belleza y ya contaba con muchas primaveras acumuladas, muchas más de lo que a ella le hubiera gustado, era muy espléndida con su dinero. Ismael, bien parecido aunque cerca de la tercera edad, se encontró de repente en la gloria, bien comido, bien vestido y con dinero para gastar y lo mejor de todo sin tener que trabajar.
El doctor valoró las opciones que tenía, la primera y más lógica era enfrentarse con el maldito alcahuete. Desde luego, esta opción fue desechada de inmediato, pues la valentía no era una de sus virtudes. La segunda opción era conseguir el dinero, pero, sería un cuento de nunca acabar, cada rato lo estarían expoliando. Era posible por una vez conseguir el dinero, pero después sería el problema. La tercera y única opción posible era confesarle todo a su mujer antes de que a ella, le llegaran las fotos y el video donde él actuaba de actor pornográfico funcionando mejor que con su mujer.
Ya tomada la decisión, el doctor pensó con tristeza, “sí la vieja no me mata, de seguro manda matar a la Ashanti”.

— ¡Creerás que al maldito bastardo le entró frío, cuándo me le enfrenté! —exclamó el rico industrial, mientras se deleitaba con un fino whisky en las rocas en el elegante “Casino de los Industriales”.
— ¿Cómo estuvo el sainete? —preguntó el diputado del Partido Revolucionario Institucional, amigo del industrial.
—Te acuerdas de Ashanti, la del senado, qué chulada de mujer, tan femenina y una verdadera experta en eso de conjugar el verbo follar. Pues su disque novio me fue a ver en el despacho, donde me enseño unas fotos y un video muy comprometedor. A tu seguro servidor en cueros, revolcándose con la Ashanti, por cierto a ella no se le miraba la cara. ¡Total! Quería el infeliz que le diera una respetable cantidad de dinero para no ir con el cuento con mi mujer.
— ¿Y tú qué le dijiste?
—Qué fuera a enseñarle esas fotos a mi mujer y a su chingada y putísima madre si quería. De inmediato lo corrí del despacho, con la amenaza de mandar madrearlo si lo volvía a ver. Ahí es donde le entró frío como te conté al principio.
— ¿Y tu mujer, qué pasará si se entera?
—Pues nada, ya está acostumbrada a los devaneos de su viejo.
—Hay algo en lo que no has pensado.
— ¡Achis! ¿En qué? —preguntó el industrial.
—Recuerda que nuestros adversarios políticos, los del Partido Acción Nacional, son muy moralinos, y les caería de perlas esas fotos y el video para publicarlos a nivel nacional y con ello demostrar que los promotores del Partido Revolucionario Institucional, como tú, son unos inmorales, de paso nos salpicaría el descredito a los políticos activos del partido.
—De verdad, no se me había ocurrido esa eventualidad —dijo un compungido industrial—, por fortuna no creo que se le ocurra a este descastado entregar el material a nuestros enemigos políticos —al terminar de decir lo anterior le dio un sorbo a su bebida y pensó: “de todos modos hay que tomar las precauciones necesarias, ¡no sea el diablo!”

—Le digo jefe, que fue un sicario bien entrenado el que hizo el trabajo —comentó el detective investigador.
— ¿En qué te basas para tu afirmación anterior? —preguntó el jefe del turno nocturno de la Novena Delegación de Policía situada en la colonia Narvarte, y añadió— explícame todos los hechos, pero hechos nada más, no suposiciones.
— ¡Ah, qué jefe! Así no tiene chiste, déjeme contarle a mi manera.
— ¡Okay! Pero sin rollo, por favor.
—En primer lugar el sitio donde ocurrió: es un edificio muy viejo de departamentos en nuestra colonia, la puerta principal siempre abierta, así que cualquier persona puede entrar. El departamento que nos interesa, es uno rentado por un jugador de futbol, donde vivía con su novia.
— ¿Está comprobado que el departamento era de este jugador del equipo América, según me dijeron?
—Así es, la puerta del departamento no está forzada, al parecer lo que pasó fue lo siguiente: tocaron la puerta, y al momento que el futbolista la abrió recibió un balazo en la frente, después el sicario entró, en la sala estaba la muchacha y, ella ahí mismo recibió dos balazos, uno en el pecho que le atravesó el corazón y otro, cuando ya estaba tirada en el suelo, en la cabeza. Al parecer fue un tiro de gracia. Después el asesino simplemente salió del departamento y cerró la puerta. No hubo ruidos, ni testigos, en fin nada de nada. Un trabajo súper limpio.
— ¿Y la pistola?
—Ahí está en lo que me baso para decir que fue un profesional, la pistola se encontró colocada en el pecho de la joven. Una pistola reglamentaria del ejército, colt calibre 45 con un silenciador. Sin ninguna huella dactilar.
— ¿Se ha rastreado el origen de la pistola?
—Sí, pertenecía a un ex militar, que se había pasado al crimen organizado. El problema es que este ex militar tiene 10 años de fallecido y no se sabía nada de su pistola.
— ¿Y huellas en el departamento?
—Pocas, y todas pertenecientes solamente a los occisos.
— ¡Vaya, esta difícil el asunto! —exclamó el jefe y pensó en ese momento: “le diré a mi capitán que este caso debe pasarse al turno matutino «primero porque se creen muy fregones», y segundo porque tienen más personal y medios”.

Pensarás con más claridad, ahora que Ashanti está muerta. No dejarás de asombrarte lo imbécil que has sido. Tú, un excelente abogado que creía saber todas las mañas de la naturaleza humana haber caído en las redes de una vampiresa, no cabe duda para pendejo se nace y tú lo eres en grado sumo.
Admirarás a tu mujer, Clarita, que te explicará todo el engranaje que Ashanti y su novio idearon para industrializar la tontería de los viejos que se enamoran, incluso te dirá entre carcajadas, mezcla de gusto y de coraje, la dirección de la pareja, que vivían como marido y mujer.
Agradecerás a tu familia de dientes para fuera el perdón que te han concedido, condicionado a dos situaciones: primero que llegues a gobernador. Tu familia dirá que te hace un favor para que asciendas en tu carrera política, cuando la realidad es otra —y tú bien lo sabes, que tu puesto les servirá a tus hijos para sus negocios—. La segunda condición es la que más te duele, Clarita te impuso como imperativo categórico que fueras a confesarte con el Señor Obispo, tu amigo. Tu mujer con voz rencorosa te contará que ella le explicó todo el enredo al Obispo. De no acceder a sus condiciones, tu familia entera te abandonará y adiós tus sueños de llegar a gobernador.
Nunca olvidarás el trago amargo que tuviste que pasar en la confesión:

—Perdóneme padre porque he pecado.
—Estás ante Dios hijo, ¿en qué has pecado?
—Me acuso padre de que engañe a mi mujer, cometí el pecado del adulterio.
—Fue con la mujer llamada Ashanti ¿no es así?
—Sí.
—Ahora hijo, piensa bien en lo que me vas a contestar, recuerda que estás en confesión ¿Tuviste algo que ver con la muerte de Ashanti y su novio?
—No.
— ¿Sabes quién fue el autor material y el autor intelectual qué planeó los asesinatos?
—No.
—De penitencia te impongo: cuando te elijan gobernador que ayudes al pueblo de Campeche y sobre todo que defiendas a tu iglesia. Puedes irte en paz, te doy la absolución.


Recordarás como si fuera una pesadilla tu salida de la catedral donde te acompañó el Obispo despidiéndose amablemente de ti. Y comprenderás que en política todo se vale, tu asesor de imagen filtrará a los medios publicitarios tu confesión con el Obispo y la foto dónde estás con el sacerdote a la puerta de la catedral. Esta información provocará el disgusto en muchos correligionarios tuyos, pero agradará al pueblo de Campeche y tendrá el beneplácito de tu iglesia.

San Francisco de Campeche. Una ciudad histórica fortificada ubicada a orillas del golfo de México, en la península de Yucatán. Es famosa por ser una de las pocas ciudades amuralladas de América y la única de México, la muralla fue construida debido al azote de piratas y bucaneros a que se vio sometida la ciudad en la época colonial.
En este hermoso puerto cerca del mar, sólo separado de él por una hermosa calzada, se encuentra la Parroquia De San Román (santo de los pescadores), es pequeña pero hermosa. Su fama se debe a que en el altar se encuentra el Cristo Negro, patrono de los campechanos, se le aprecia y venera con un sentimiento muy especial. El Cristo está construido de ébano negro y la leyenda dice: “Se cuenta que cuando el Cristo llegó a Veracruz, existían dos barcos y el capitán de uno de ellos se negó a transportar al Cristo Negro a Campeche, sin embargo el capitán del otro barco aceptó. Los dos barcos sufrieron en su trayecto un tremendo huracán y el barco que transportaba al Cristo se salvó y el otro se fue a pique”. Hay una gran veneración hacía este Cristo en la ciudad de Campeche.
Aún no amanece, el velador de la Parroquia San Román está barriendo el atrio. En la solitaria nave sólo se encuentra frente al altar, de hinojos, con los brazos extendidos formando una cruz con su cuerpo y la cabeza en alto, uno de los más preclaros hijos de Campeche, el futuro gobernador. Con los ojos fijos, aunque arrasados en lágrimas, en la figura del Cristo Negro, mentalmente se dirige a él: “Señor, mi Dios, desde que mi madre me traía de niño ante tu figura, aprendí a respetarte y amarte. Ahora, aquí me tienes arrodillado con el rostro cubierto de vergüenza. Pero, tú que todo lo sabes, comprenderás que no me preocupa el pecado mortal que cometí al mentirle a tu representante, El Señor Obispo. No Señor, no me preocupa eso, tampoco el haber matado a Ashanti y a su novio, fue tan fácil. Yo, que tuve la enseñanza de torvos asesinos que gracias a mi ingenio puse libres a pesar de ser culpables, como al antiguo dueño de la pistola, él no creo que en paz descanse, que me dijo: «mi lic un trabajo bien hecho, debe ser rápido, con crueldad, sin falsos sentimientos y asertivo». Sólo me llevó escasos cinco minutos el asesinato, salí tranquilamente y nadie se fijo en mí. ¡No, Dios mío!, lo que me llena de angustia y de congoja como pecador es que sigo cometiendo el pecado capital de la ira, aún, no se me quita el enojo con Ashanti de haberse burlado de mi amor y eso me hizo matarla. Y lo peor, mi Dios, es que no podrás perdonarme el pecado de la soberbia. Me siento orgulloso de haberlos matado, no me arrepiento y sé que nunca me arrepentiré”.






Texto agregado el 21-05-2012, y leído por 169 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
31-08-2012 Empleas con acierto la primera, segunda y tercera persona. felicidades. Terryloki
02-07-2012 Te sorprenderás al escuchar que Ashanti es tu nombre favorito, Bravo!!!! Continua así!!! efelisa
 
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