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Inicio / Cuenteros Locales / Mariette / Brisingamen, el Futuro del Pasado: Capítulo 8.

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Capítulo 8: “Pongan Rumbo a Chiloé”.
Ya había pasado más de mediodía desde que terminara la cruenta batalla en la que el bajel de la marina chilena se había llevado la peor parte. Sentada al estilo japonés, en el castillo de popa, revisando su morral que estaba ad portas de estallar, estaba Esperanza.
Comenzaba a clarear. Ella y Arturo miraron a los altos y vieron surgir el sol del lado este. Sus ojos se chocaron por milésimas de segundos y sonrieron involuntariamente, en el intertanto en que Esperanza dejaba caer sin querer su Haenger.
El sonido del choque entre el frío y duro metal contra el firme suelo de madera de la cubierta los espabiló lo suficiente como para que saliesen de sus cavilaciones y se enfocasen en el sable que aún rebotaba en el piso. La muchacha se acercó a levantar su arma, pero él ya había notado la existencia del sable.
-¿Cómo lo conseguiste?-inquirió Arturo.
-Tenía una nota, decía que era para mí. Suena raro, pero…-explicó Esperanza.
-Entiendo. Tu situación de por sí es rara, tu espada no debe ser la excepción-musitó el comprensivo Arturo.
-Gracias…-pudo al menos murmurar ella.
Ambos bajaron la cabeza. Arturo hacia el timón que todavía estaba bajo su poder y Esperanza hacia su morral, el que siguió revolviendo en busca de un millón de cosas que según ella tenía. Arturo se concentró en su mente… ahora que había algunas respuestas su alma exigía preguntar las dudas que le surgían.
-¿Qué traes ahí?-preguntó señalando el morral que se encontraba repleto.
-Municiones, pistolas y comida como para un mes-señaló Esperanza llena de ánimo.
-Al cabo de ese tiempo moriremos. ¡Qué Dios se apiade de nuestras almas pecadoras!-dijo Arturo muy desilusionado.
-No hay motivo para que muramos-replicó ella llena de firmeza.
-No tenemos un rumbo. Sólo podemos confiar en que no tocaremos tierra jamás por castigo a nuestros pecados-señaló completamente compungido Arturo.
-En eso te equivocas-dijo Esperanza.
La enigmática forma en la que ella alzó su dedo y la extraña sonrisa que se formó en sus labios hicieron que Arturo guardase silencio. Ella cogió una de las vainas que tenía atadas a la cintura y de ella sacó unos enormes pergaminos. Se dirigió sonriendo aún hacia la mesa que estaba al lado del timón y extendió sobre ella con ambas manos los papeles que traía, luego apoyó sus manos sobre ellos.
-Porque tengo los mapas…-indicó con una media sonrisa y un mirar pícaro.
-Eres increíble, espero no me condenes al averno-dijo Arturo feliz.
A esa misma hora a muchos, muchísimos, demasiados kilómetros de distancia en dirección norte también amanecía. Sentada en uno de los tantos sillones que abundaban en la sala de espera de la principal comisaría existente en Talca estaba Rosario haciendo lo que por toda la noche no había podido hacer: dormir, o al menos dormitar.
Uno de los carabineros se puso de pié a su lado y al ver que la chica no despertaba carraspeó un poco.
-¿Qué?-musitó Ross despertando suavemente.
-Mi superior desea verla, señorita-dijo el carabinero.
-Claro, ya voy-dijo la muchacha tratando de ponerse visible.
-Sígame-dijo el oficial partiendo de ahí, seguido por la chica.
Al ingresar en la oficina del hombre al que el joven oficial había llamado su superior, la muchacha se cohibió, no estaba acostumbrada a tratar con extraños. Por unos segundos quiso salir de ahí y no volver, pero no, no podía, eso lo hacía por el bien de Esperanza y debía ser fuerte como ella.
-Hemos encontrado pistas de la persona que usted busca, señorita. ¡Por favor, tome asiento!... Lo necesitará-dijo el añoso carabinero.
La joven obedeció en silencio y una vez sentada se atrevió recién a hablar.
-¿Qué ha sucedido? ¿Está muerta?-inquirió completamente preocupada.
-No, pero sin dudas es mucho peor. La joven Esperanza Tamara Rodríguez Espinoza, quien usted me dijo que era su amiga, se ha vuelto pirata, una fugitiva de la ley y una ladrona de la peor calaña-confesó el hombre.
-¡¿Qué?!... ¡¿Cómo?!-inquirió sorprendida Ross.
-Los únicos datos que tenemos es que secuestró a un monje católico en las cercanías de Concepción y luego robó un barco que estaba a la subasta-.
-¿Cómo saben que es ella? ¿Qué les hace pensar eso?-preguntó Ross tratando de salvar el honor de su amiga.
-Digamos solamente que hay gente que la seguía desde que desapareció, usted nos pidió el favor, recuérdelo…-ironizó el policía.
-No puede ser…-exhaló Rosario.
-Por favor, retírese ahora, que tenga buen día-señaló el carabinero.
Rosario se puso de pié como pudo, a pesar de que todo girase en su cabeza y corrió la silla afirmándose en ella. Giró hacia la puerta y sin dar la cara siquiera hizo acopio de todas sus fuerzas para despedirse.
-Igualmente-dijo abriendo la puerta.
Cuando cerró la puerta tras salir se dejó caer en el brillante piso de cerámica dejando caer la lágrima que hace un rato había comenzado a rodar.
-¿Cómo Espe, cómo?-inquirió como si su amiga le pudiese escuchar.
Cuando ella decía ésto en completa desilusión, los dos piratas, que estaban a muchos kilómetros de distancia se inclinaron sobre la vieja mesa que estaba en el castillo de popa.
-Así que pretendes ir a Chiloé…-dijo Arturo tratando de digerir todo lo que Esperanza había dicho.
-Touché-indicó la joven.
-¿Cómo?-preguntó el chico.
-No vengas con que no pusiste atención a ninguna de las palabras que dije-dijo Espe completamente desesperada.
-Escuché todas sin entender ninguna-especificó el muchacho.
-Bien, aquí voy-dijo la chica haciendo acopio de toda su paciencia-. Aquí, tenemos una carta de navegación, ¿cierto?
-Ahá, es eso parecido a un mapa-dijo Arturo entendiendo al fin algo.
-Touché-festejó Espe-. Ésto nos sirve para saber hacia dónde ir y cuánto nos falta para llegar, ¿savvy?
-Creo, pero ¿cómo vamos a saber cuánto nos falta para llegar a una parte sin saber dónde estamos?-inquirió Arturo.
-Todo su tiempo, amigo mío… Aquí, tenemos el cuaderno del Juan Fernández II…-indicó Esperanza.
Arturo puso cara de no entender nada y era cierto, era más larga la lista de las cosas que no entendía que las que había conseguido captar.
-El barco que saqueamos… Bien, aquí tenemos su cuaderno de rutas. Este cuaderno nos indica dónde estaban parados cuando los atacamos y la ruta que traían, entre muchas cosas, ¿savvy?-indicó Espe, tratando de hacerle fáciles los argumentos a su amigo.
-Entonces, si vemos en ese cuaderno sabremos dónde estamos y por ende la ruta que debemos segur a Chiloé-pensó en voz alta el chico.
-Touché-festejó la joven-. Yo vi ese cuaderno y supe que si seguimos una navegación de despiste, con la que no podrán seguirnos, llegaremos muy pronto a Chiloé y podremos abastecernos de comida para viajar hasta el Asgard.
-Ahá…-.
En breve la muchacha le mostró la ruta que debían seguir a base de la descolorida y antigua carta de navegación que llevaban. Ella por pura buena suerte llevaba un compás en su bolso, así que guiándose por la graduación y unos cuantos cálculos matemáticos, pudo inferir cuántos kilómetros podrían andar por día y cuántos días tardarían en llegar a destino.
En los cálculos también se cuidaron de incluir las condiciones climáticas, que ya iniciando abril, que era la época en que estaban, comenzarían a deteriorarse. El oleaje y las lluvias recién subían lo mínimo hasta cuando llegase la mitad del invierno.
-Entonces pondré hacia acá el velamen-dijo Arturo haciendo lo que decía.
-Touché-.
Y así, con el sol de mediodía soltaron el ancla y se hicieron a altamar, rumbo a Chiloé.

Texto agregado el 11-06-2012, y leído por 139 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
13-06-2012 muy bien chiquita! Chiloé allá vamos! hugodemerlo
11-06-2012 ¡Oh, al fin Madre Mía! Festejo el día en el que decidiste escribir. Me alegra ser una de tus lectoras, francamente tienes un don; no muchos lo poseen. Espero que continúes y me avises, si es antes mejor. Me gustaría hablar mas seguido contigo, no lo se (por mail, tal vez). Por cierto, no soy mandona, soy sumamente desesperada... muchas veces emocional y con muchas frustraciones; así que le ruego a Dios y a ti, por supuesto, que la sigas. -AixaMelihah-
11-06-2012 Uffffff 1*... En la biografía, se escribe "confieso" y no "confiezo"... niñita malcriada y fea FOGWILL
 
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