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Inicio / Cuenteros Locales / carlitro350pajaritos / carlitos 1: el onironauta

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– ¿Cuántos años tienes? –me preguntó el psicólogo.

– 8 –le contesté.

– Un pajarito me contó que tienes problemas para dormir ¿tengo razón?

– No. Mi problema es despertar en las mañanas.

– Pero eso no es una enfermedad– me dijo riéndose, como si mi respuesta fuera estúpida, infantil. Luego remató– eso se llama flojera.

– Para mí es una enfermedad, porque mi cuerpo siempre quiere seguir durmiendo.

– ¿Y sientes algún dolor? –Me preguntó, ignorando mi inquietud y continuando con sus preguntas aburridas, tanto rato, que me hizo extrañar las primeras preguntas, que ahora me parecían divertidas comparadas con las últimas.


Estaba aburrido del interrogatorio, porque su oficina era como estar en el colegio, pero peor, sin compañeros, sin recreo, en un día sábado y en una clase sobre mí. Por lo menos con la profesora se aprende, pero con este psicólogo no aprendía nada; yo ya me conocía bien. A mí, lo que me preocupaba, era saber porque me costaba tanto despertar.

–¡Aha… –exclamó el doctor– te duele la espalda. Por eso duermes mal.

–No.

–¿Entonces por qué preguntas si tu espalda puede quedar como la de un camello? –me interrogó el gordito barbudo, ladeando la cabeza.

– De curioso no más, igual que usted.

En realidad si me dolía, pero mentí para no asustar a mi madre. Bien sabía yo la causa ultra secreta de mi dolor de espalda. Llevaba días durmiendo boca arriba con una zapatilla en la espalda. Era una técnica para tener sueños, inventada por mí, y que por supuesto no divulgaría hasta primero patentarla.

Lo bueno de ir a ver doctores o dentistas, es que después siempre compramos un barquillo de 2 sabores. Pero esta vez me dio rabia porque alcanzó para un sólo sabor, osea el psicólogo aprende de mí y más encima había que pagarle. Era muy injusto. Y debe ser mucho más injusto para los pobres enfermos más pobres que no les queda ni dinero para saborear la vida. Debe ser fome vivir pobre, de lo que sobra, como recibir y masticar un chicle remasticado y chupado por otro, cuando no queda sabor.

Apenas entramos a la casa mi mamá me ordenó sospechosamente ir a jugar con el Murci, mi perro. Era para no invitarme a la reunión familiar-secreta, que no fue secreta porque la escuché desde el patio, agachado y pegado a la ventana.

Para variar, hablaban de mí. Ultimamente hablaban mucho de mí. Pero yo no quería llamar la atención; como le escuché a mi madre cuando dijo el diagnostico del psicólogo. Siguieron pelándome, pero eso fue lo único que escuché porque el Murci comenzó a ladrar y cuando logré que cerrara el hocico, al asomarme otra vez por la ventana, me dispararon 2 miradas calibre 2 en la cabeza. Odiaba llamar la atención.

En la cena mi familia tenía la boca ocupada en la comida y los ojos en mí. Era complicado guardar el bistec en el bolsillo. Los astronautas usan papel aluminio para envolver sus comidas; yo tenía servilletas con diseño. Conseguí guardar en la servilleta el bistec y un par de papas fritas con kechup. Esta noche comería poco para dormir liviano y aumentar la posibilidad de soñar volando. Según Internet, yo era un onironauta. Si mis padres supieran estarían orgullosos. No cualquier padre tiene un hijo astronauta, muchos menos tienen a un onironauta. Esta noche sería el séptimo y último despegue. Mi última oportunidad para completar la misión y terminar mi tarea de investigación con nota, que debía entregar mañana.


Porque esto de llamar la atención, el dolor de espalda, la tarea con nota, el ser onironauta y los problemas para despertar, comenzaron 7 días atrás…

Texto agregado el 05-07-2012, y leído por 142 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
06-08-2013 Sigo leyendo...me gusta! filiberto
 
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