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El Buitre Y La Serpiente

Canto 1
Yo soy el buitre, es cierto, que se alimenta de animales indefensos, muertos o moribundos; podridos también, de alimañas rastreras condenadas por Dios a morder el polvo.
Me alimento de arpías abandonadas, de cachorros despreciados, todos estos en los recovecos del desierto, en un mar de dunas.
¡Yo soy el buitre!, cuyo pico destroza las entrañas de los muertos que me llaman con su hedor a inexistencia, cuyas garras descuajan la carne anhelada por las larvas perdidas en las cuencas de sus ojos que roen los huesos abandonados por la muerte caprichosa.

Canto 2
Yo soy la serpiente, la cobra real de la india. La reina de Sodoma, la heredera de Gomorra. Yo soy el plato suculento y el manjar de los reyes locos como el desquiciado Nabucodonosor, el perturbado Saúl o el Sabio Salomón.
Mis colmillos destilan el fiel veneno que nunca falla en su cometido. Oh, como brillan mis ojos blancos bajo el sol que abriga mi sangre fría. ¿Quién ha de saber cuándo mi corazón ha cesado su latir?
Sí, la muerte parecer ser mi indispensable compañera. Es mi siamesa de alma.

Canto 3
La serpiente que parece muerta sobre la roca se ha desprendido de su piel. Está pobre y desnutrida.
Reptilia.


Canto 4
Yo soy el buitre, el pájaro del desierto, el heraldo de la muerte. Mi olfato anuncia mi hora de comer. Una presa pequeña pero suculenta que llenará mis entrañas con carnes diáfanas de reptil.
Es la inmóvil asesina la que ha ocultado su lengua usurpadora para descansar, la que entrega su cuello a mi aguijón, sólo basta una mordida para saborear el agrio placer de tenerla entre mis garras y llevarla a mi lecho a compartir la oscuridad de mis plumas. Ella, la reina moribunda será mi fetiche en la cena, su carne mi regocijo hasta saturarme de su sangre helada y febril.

Canto 5
Soy la inmóvil asesina que ha ocultado su lengua, recostada aquí sobre la roca en espera de mi víctima, el rey de los vientos negros que azotan la espesa arena del infierno de polvo.
Paciencia es la clave para atrapar a este confiado hijo de Ícaro que con sus ojos flameantes se acerca a mí.
Oh, cómo espera vengar su hambruna de siglos primitivos con mi vientre de terciopelo. La lujuria lo consume y la sed lo tortura.
Acércate, precioso, te espero.

Canto 6
Inmóvil la asesina espera a su presa y cuando está a su alcance, confiada de su infalible conquista, desata su danza tormentosa en las patas avergonzadas del heraldo, pronto moribundo.




Canto 7
Pronto estaré moribundo, estrangulado por el cuerpo de la reina, asfixiándome entre el veneno que corre por mis venas y su abrazo fogoso que quiebra mis alas en afán de celos, ambición y necedad.
¡Qué caricatura más irónica de la venganza!
El dulce abrazo de la reina es el furioso beso de la muerte.
Cuando sus dagas atraviesan mi armadura negra su hermana ya apuesta por la indiscutible vencedora del único asalto que el desierto me vio perder.

Canto 8
Su cuerpo se constriñe tras los espasmos agitados por la desesperación. Pobre y dulce hijo de Ícaro. Pobre víctima de mis encantos. Me ha coronado con la gloria de su caída.
Sus huesos crujen y se retuerce rogando a Dios una última oportunidad, mas su castigo es definitivo, soy el verdugo que cumplirá la condena por el pecado que tanto anheló.
Sus plumas se reparten en las arenas. Su alma me pertenece. Su cadáver es mi trofeo. Su sangre está sobre mi cuerpo.

Canto 9
La serpiente arrastra al buitre caído en desgracia. Su apetito jamás será saciado. La arrogancia a cuestas sobre su cabeza, arrebatada al pajarraco que todo lo ha perdido, ¡hasta la vida!, derrotado por los fieles engaños de la alimaña rastrera que evoca a la desgracia con apariencias moribundas y sueños de abundancia.

Canto 10
Yo soy el buitre, el príncipe del desierto, que se alimentaba de las arpías muertas, de los corazones apagados, de las entrañas subyugadas; he sido traicionado: se ha amotinado contra mí mi alimento, he sido víctima de la cruda y engañosa serpiente.

Canto 11
Yo soy la serpiente, la hija de Cleopatra, la hermana de Thanatos, la fiel amante del Dragón, el producto de la locura de mil reyes, la venganza, la dulzura de un poema de perdición; Soy la tumba abierta para los amantes que viajan sobre las arenas y bajo el sol; yo soy la que vence a los pájaros malditos, quien castiga incluso al león.

Canto 12
Este es el fin de la lucha entre el orgullo y su compañera: la ilusión.

Texto agregado el 23-07-2012, y leído por 163 visitantes. (4 votos)


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