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La noche aún era joven. El elegante bar del Hotel Imperial, en la ciudad de México, se encontraba semivacío, la música de fondo era ligera y relajante algo que apreciaban los dos cansados médicos sentados alrededor de una mesa para dos, cada uno con su bebida favorita en la mano.
—Tenías razón en el diagnóstico —dijo Rubén, cirujano cardiovascular de mediana edad, y añadió— si no lo operamos tan a tiempo se hubiera pelado.
—La ventaja para el paciente es que tú eres muy hábil y con rapidez extirpaste el aneurisma —opinó Alejandro, médico internista que representaba menos edad que la que tenía.
—Me alegra que hayas vuelto a consultar pacientes, no es correcto que un médico tan bueno como tú estuviera ya retirado, por cierto cuando me pediste ayuda para entrar a trabajar como asesor en nuestra clínica de especialidades, no me dijiste el motivo por el que querías volver a trabajar.

Alejandro dio un sorbo a su whisky y se quedó un momento pensativo ¿qué le diría a su amigo? La verdad, que necesitaba dinero para ayudar a sus tres hijos. Le pasó por la mente su hijo mayor, ingeniero industrial, y que debido a la crisis económica por la que atravesaba el país ya no pudo pagar las mensualidades de la hipoteca de su casa e iba a perderla. Para evitar lo anterior Alejandro la estaba pagando. Y su segundo hijo, licenciado en computación, con un empleo miserable que sólo le servía para los gastos más indispensables, con dos preciosas hijas y el que pagaba sus colegiaturas en las escuelas de lujo donde cursaban sus estudios, era el abuelo Alejandro. Y con dolor mezclado de rabia y decepción pensó en su hijo menor, el angelito con dos divorcios, sin haber terminado la carrera de ingeniero mecánico, y que fue demandado por una transa que hizo y para sacarlo del apuro Alejandro arregló el asunto extrajudicialmente a precio de oro, quedándose sin los ahorros de toda su vida.

Con una diplomática sonrisa en su cara el médico internista expresó:
—Como tú ya me habías comentado, un médico no deja de ser médico ni en el retiro, además me aburría en mi casa sin hacer nada.
—Claro que tenía yo razón, pero tú estabas necio con que ibas a estudiar historia y no sé cuantas pendejadas más. Debes además gozar la vida como yo, lo que te hace falta es una aventura amorosa, ya estuvo suave de que seas un ratón para un solo agujero. El mundo está lleno de mujeres hermosas, mírame a mí, lo bien que me va —Rubén terminó su larga perorata con una alegre carcajada.
Alejandro no quiso recordarle a su amigo, sus tres matrimonios fallidos y la fama que tenía de conquistador abusivo. El miedo que le tenían las estudiantes de medicina y de enfermería en los hospitales donde trabajaba. Además de su vida disipada que ya le estaba afectando en su salud.
—Permíteme cambiar de tema, vi tus análisis y están bastante mal: el colesterol y los triglicéridos están por las nubes, y ni se diga de la glucosa. Además tu médico tratante, nuestro amigo Ismael se queja de que no le haces caso en cuanto a bajar de peso, es cierto que eres muy alto y no se te nota mucho el sobrepeso, pero debes bajar cuando menos 30 kilos.
En el agraciado rostro de Rubén apareció una sombra de desagrado y de inmediato le dijo a su amigo:
—Ustedes los internistas son muy escandalosos. Obsérvate tú mismo, con eso de que bajaste de peso, creo que me dijiste que perdiste 16 kilos, y comes puras yerbas y ya ves a duras penas aceptaste esta invitación y me sales que sólo dos tragos tomas por tu salud. Así la verdad no es vida.
—Mira, ya tengo 72 años, soy mucho más viejo que tú, sin embargo estoy en buenas condiciones de salud, te falto decir que nado mil metros diarios. Mis análisis estaban igual que los tuyos y me sentía mal, pero con una vida sana me ha ido muy bien.
—Entonces que caso tiene trabajar y ganar dinero si no puedes disfrutarlo.
—Claro que se disfruta de la vida —comentó Alejandro— lo que pasa es que tienes que cambiar tus placeres, como leer una buena novela, apreciar una película, interesarte intelectualmente en algo agradable, yo lo hago estudiando historia.
—Pues yo no, a mi me gustan las mujeres, bien sabes que mi vicio son ellas. Por cierto al rato tengo una cita con Ester, la nueva pasante de medicina, que está como quiere. Además para qué somos médicos, con medicinas puedes alargar y disfrutar de tu vida.
— ¿No entiendo qué quieres decir? —cuestionó Alejandro.
Me extraña que siendo araña no lo sepas —en tono burlón Rubén le contestó— para qué diablos eres médico internista. El colesterol se controla con tabletas de Lipitor, la hipertensión con Micardis y la glucosa con Janumet. Así qué cuál problema. ¿No crees? Además el genio que descubrió el Viagra es un benefactor de la humanidad y sobre todo de las féminas.
—El Sildenafilo es la sal que está en las tabletas del Viagra y es un vasoconstrictor, por lo que debes tener cuidado con él. La prudencia a tu edad es mejor que seguir de hedonista.
— ¡Puras pendejadas lo que dices!

— ¿Ya supiste la bronca que tuvo nuestra compañera Ester? —preguntó el estudiante de medicina.
—No —contestó su compañero.
— ¡Anda que te cuento! A la babosa que se le muere en un cuarto de hotel el profe que nos da cirugía cardiovascular.
— ¡No la friegues! —exclamó con entusiasmo su amigo interesado en el sabroso chisme— cuéntame cómo fue.
—Pues el viejo sangrón se llevó a la Ester al hotel ya sabes para qué. En la suerte suprema tuvo la muerte del caguamo.
— ¿Cómo?
—Sí, dicen que cuando la tortuga macho cubre a la tortuga hembra ahí queda. Fue un verdadero lío, pues los del hotel llamaron al Agente del Ministerio Público. Tantito más y nuestra compañera va a dar con sus huesos a la cárcel.
— ¿Y qué pasó?
—Que se le prende el foco a la Ester y llamó al Dr. Alejandro, el amigo del difunto, y éste arregló el lío, convenció al Agente de que no había delito y extendió el certificado de defunción y tan tan. Todo se solucionó. Después supimos que el viejo cabrón se había atiborrado de Viagra para no fallar y lo que se le paró fue el corazón.



Texto agregado el 09-09-2012, y leído por 593 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
11-09-2012 hola terryloki. yo si aprecie la historia ja ja ja yar
11-09-2012 Caray hera... hasta me dio miedo ja ja ja ja. Lo bueno que me identifique poderosamente con el otro personaje, no con el que le paso lo que al caguamo. un abrazo hermano!!!! 5* temblorosas yar
09-09-2012 Mi segundo comentario es sobre la presunción de los viejos triunfadores que quieren actuar como jóvenes y emplean drogas (viagra) para lo mismo. En el pecado llevan la penitencia. Felicidades amigo heraclitus. Por desgracia pocos, creo yo, van a apreciar esta historia. Es el peligro de escribir sobre temas profundos. terryloki
09-09-2012 Un cuento que tiene dos historias, la del médico anciano que procura conservarse en buen estado para ayudar económicamente a sus hijos. Algo interesante ya que los padres generalmente ven por sus hijos, al revés por desgracia es infrecuente. En contraste el médico hedonista ha tenido una vida desordenada. La otra historia consiste en la vanidad masculina. terryloki
 
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