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Inicio / Cuenteros Locales / freddy50 / Tarea inconclusa.

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Soy de tomar, diríase, bebedor compulsivo, vinos en plural, tinto o blanco, da igual, en ocasiones también rosado, porque no. Teniendo por costumbre, algo nada fácil, diré difícil, más que nada por la fuerza que hay que emplear, con algo tan delicado como un dedo de carne, y además hasta se podría asegurar, peligrosón, de hundir el corcho sin más ayuda que con el índice, claro todo ello si es que puedo lograrlo, dejando depositado el susodicho tapón en el interior de la botella, que claro queda flotando a milímetros de la salida.
Se trata de un hábito, una costumbre que no quiero ni pienso abandonar. Soy supersticioso y entiendo que otorga suerte a mi destino.
Les cuento una anécdota, y es que, en una oportunidad, dirigiéndome sobre ruedas de un cero kilómetro, hacia una fiesta de disfraz, vestido de oso polar.
Época en que en lo concerniente a estar gordo se refiere, llevaba puesto unos kilos de más y además aumentando (Por ello la elección del vestuario) donde era un verdadero borracho, y pecador por sostener tanta gula.
Pero pasó que antes de llamar por el portero eléctrico, se me ocurrió mandar unos tragos y así entonarme un tanto mejor, y va que enseguida de quitar los guantes, apoyando la botella en una especie de cabina de gas, pasa que queda atascado el dedo en el pico, el cual por nada podía quitar.
Entonces fue que, primero pasó un hombre, que solicitó que le indique hacia donde queda la estación de ferrocarril, e inconsciente, señalo con la mano disminuida en su capacidad, pero claro, por demás pesadona, sacudiendo primero el bajo vientre, más enseguida apareciendo la botella en su plenitud, pues al levantar el brazo con fuerza, consigo que vuelva a la linea media del tronco, señalando en la dirección correcta.
Más, a los pocos segundos, intento tocar el portero de igual manera, apoyando la parte de abajo de la botella sobre el teclado de bronce, accionando gran parte de la botonera, con lo cual comenzaron a llover voces preguntando: Quien es el que llama?
Años después, con tantas otras anécdotas referidas a la misma práctica, me dispongo a descorchar, siempre para adentro, la botella número dos millones quinientos treinta y seis mil cuatro. Un vinito de ocho pesos con cincuenta centavos Argentinos, proveniente de la provincia de San Juan, que según mis propias estimaciones, con un sabor agreste, tinto él, pues el blanco es algo más frutado y seco, hacen bien a la salud y prolongan la vida.
Otra cosa es que debo tomar la botella entera, pues si convido quedo insatisfecho y luego debo tomar tres más como para quitar el trauma.
Allí voy; debo agregar que la yema del indice izquierdo, pues soy surdo, parece la piel de una tortuga.
No puedo, está tan agarrado que no puedo, imposible. Voy a intentar con un punzón golpeando con el palo de amasar. Nada, está agarrado como bota de cojudo. Saca corcho no tengo, así que voy a seguir golpeando de arriba hacia abajo como lo vengo realizando.
Cuando de pronto la botella estalla en mil pedazos, y mi ropaje queda impregnado de vino, un enchastre.
Pero de pronto me percato que algo más se emulsiona con el vino tinto, y es precisamente mi sangre, que brota en gran proporción.
Rápidamente me reviso para saber donde se encuentra la herida, y compruebo que he destrozado mi muñeca, quedando la vena expuesta cual manguera de jardín.
Luego de mucho perder sangre, intento hacer un torniquete para detener la hemorragia, con resultado negativo.
Entonces meto mi mano, y parte del brazo, dentro de una bolsa de plástico, de supermercado, y con cinta negra de electricista sujeto todo como puedo. Viniendo a mi mente la idea de escribir una carta, aclarando que no se trató de un suicidio sino de estupidez humana.
Mientras redacto inmerso en una profunda confusión, y también gran emoción, incómodo al tener que escribir con la derecha, puedo observar como la bolsa se va inflando cual un globo de cumpleaños.
Queridos padres, hermanos, y amigos, con gran tristeza escribo esta carta de despedida, no sin antes aclarar, que en realidad se trata de un tremendo...

Texto agregado el 27-09-2012, y leído por 119 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
27-09-2012 Simpatiquisimo relato, me moria de la risa amigo... Estilo ligerito y participativo, me gusto. Un abrazo!!!! 5* hilarantes yar
 
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