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-Estimada dama. Yo me he esmerado en cumplir con mi parte de lo que acordamos, pero usted, en cambio, no lo ha hecho como corresponde.
-No le entiendo- respondió Ana, sorprendida.- -Si ya ni siquiera toco el piano en las noches para evitar incomodarlo.
-Allí está el problema, pues mi señora. Por su culpa, hace varias noches que no puedo conciliar el sueño. Las bellas armonías de su piano me producen un efecto hipnótico y arrebolado por ellas, me dejo llevar hasta que el sueño me acoge. Si no repongo mis energías, no sabe usted lo agotador que resulta estar encima de esa manada de personajes maleducados, jeje, pero son buenas personas, no crea usted.
-Bueno, me halaga usted con sus palabras, pero siempre trato de actuar con prudencia, ya que es la clave de una buena vecindad.

V
Después de dicho episodio, se produjo una leve cercanía entre ambos. Ella, disimulaba sus rubores, ya que finalmente había convenido que ese hombre la atraía profundamente. Él, más experimentado acaso, actuaba con su rústica elegancia, tratando de sorprenderla con detalles, que si bien, a ella no la encandilaban, le producían un íntimo placer. Esta extraña amistad surgida entre una pianista y un empresario metalúrgico, llegó muy luego a oídos de dona Luzmila, quien se encargo de dispersarla entre sus clientes. Ana era admirada en el barrio por su elegancia y discreción y este “desliz” suyo, vino a transformarse en el comidillo del vecindario.

Cierta tarde, Ana tocó el piano para Roberto, quien escuchó extasiado la dulce melodía elegida por ella. Aún siendo un tipo de carácter duro, forjado por los devenires de su oficio, su espíritu extasiado parecía sobrevolar aquel elegante salón. De repente, contemplaba embobado a la elegante mujer, se deleitaba con la plasticidad de sus movimientos e intentaba descubrir los resortes de esa magia que impelía a sus dedos para crear sonatas tan bellas y delicadas. Agradecido por dicha audición, al día siguiente, le trajo un bello ramo de orquídeas, el que fue recibido por Ana con enorme sorpresa y grandes muestras de alegría. Tanto así, que se empinó sobre sus tacones para besar la mejilla de Roberto. Él, sonrió, pareciendo que la reacción de ella lo había dulcificado un poco.

-Mi padre nació en Polonia, cuna del gran pianista que lleva mi mismo apellido, pero no era más que un metalúrgico, igual que yo. Acá en Chile, se forjó una pequeña fortuna, de la que sólo quedó este pequeño taller. Mi viejo era bueno para la jarana y despilfarró mucho dinero en vicios que le brindaron gran placer, pero que prácticamente lo dejaron en la calle.
Roberto, acodado en la mesa de su humilde vivienda, le contaba esto a Ana, quien había aceptado su invitación a cenar con él. Después de una exquisita comida, ambos bebían una copa de vino a la luz de unas velas. Ana, lo contemplaba ahora con un cierto brillo en sus ojos. Ya sabía que el hombre era un soltero impenitente, ya sea porque no se había dado el tiempo para encontrar una pareja que conviviese con sus fierros o porque, sentía que la mujer de sus sueños, era sólo eso, una humareda de ilusiones que se difuminaban con la luz del alba. Ahora bien, la actitud del hombre había cambiado, ya no era el tipo tosco, de voz bronca, sino una persona que hablaba con suave entonación, que traslucía un alma sensible.

Después de la cena, se quedaron mirando un buen rato, como estudiándose y entendiendo acaso que la trama de sus vidas podría converger en algún punto. Él, le extendió su brazo, con su mano grande invitándola y ella, sumisa, entendió que algo estaba por suceder. Si bien había conocido multitud de tipos que intentaron seducirla, jamás había permitido un avance que significara el inicio de una relación. Algo surgía siempre en la personalidad de todos ellos, quizás un dejo de egoísmo y otro poco de vanidad, esa fatuidad del alma que se huele desde lejos y que repele a las mujeres que se interesan más del espíritu que de la forma. Pero en ese momento, en ese gesto franco, protector, incluso gentil, ella visualizó a un hombre, un ser desnudo, íntegro, viril. Y se dejó llevar, hasta que la música de la discorola cesó de tocar, un buen rato después.

CONTINÚA












Texto agregado el 30-09-2012, y leído por 136 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
30-09-2012 Interesante espero lo que sigue ...Saludos Rocxy
30-09-2012 Esta bueno... avisame cuando subas la continuación... porfas. Un abrazo!!! 5* yar
 
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