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Me he convertido en un médico alemán, me gustan mucho los niños, me gusta ver cuando se recuperan de tuberculosis. No existen muchas medicinas, pero hace poco descubrieron el antibiótico y ahora hay menos muertes infantiles. Vivo en casa de mis padres, tienen una casa muy grande y elegante, con enredaderas en los muros, yo soy soltero y no tengo hijos propios, pero cuando los tenga los amaré con todo mi corazón. No me he enamorado aún, aunque dicen que soy un buen partido, ya que hice muchas especializaciones en Francia. No quiero dejar morir a ninguno de ellos, cada vez que salvo a uno, ocurren emociones bellas, me siento feliz.
Existe un racismo muy fuerte hacia los judíos en mi país, es por envidia, nosotros lo sabemos. A mí los judíos no me han hecho nada malo, al contrario tengo muchos amigos y conocidos judíos, algunos son colegas y otros son personas a las que acudo, como el dentista Jacob Weissnegger o como el señor Otto Grüssner de la librería, con quienes siempre converso de diferentes temas.
Hittler ha perdido el juicio por su soberbia, ha mandado a eliminar a todos los judíos, ha creado los llamados campos de concentraciones. Hay algunos de nosotros que tenemos mucho miedo asi que nos hemos alejado de nuestros amigos judíos, mis colegas andan con una suástica en el brazo en señal de apoyo a Hitler y mis colegas judíos andan con una manga con una estrella judía. Todavía siguen trabajando en el hospital donde yo trabajo, pero trato de no saludarlos y si me hablan, los ignoro, me duele, se que soy un cobarde pero tengo miedo a la muerte.
Me han detectado un fallo cardiovascular, tengo una de las arterias defectuosas, me han sacado radiografías, todo porque me he sentido cansado y duermo mucho. Cuando comí sal me desmayé y perdí la conciencia, ahora me han prohibido la sal. Me agito rápidamente cuando paso una emoción muy fuerte, creo que todo esto pasó cuando dejé de lado a mis buenos amigos judíos y permití que se los llevaran a los campos de concentración, sin hacer nada al respecto.
Tengo una especialidad en química, he estado diseñando algunas pruebas para poder hacer nuevos medicamentos para que funcionen en niños, como un jarabe para la tos en base a cocaína. Se sabe poco sobre este medicamento, dicen que es de America, pero que tiene habilidades curativas para la megraña y para el sistema nervioso. A mi no me dejan tomarla por mi corazón, dicen que lo acelera.
Me han mandado a llamar del ministerio de salud, quieren que realice algunas prácticas experimetales con niños judíos. Algunos de mis colegas me dicen que alguien se le ocurrió la brillante idea de rescatar a algunos niños de las garras de la muerte, experimentando con ellos. Tengo que elegir a 20 niños de 400 en un campo de concentración ¿Cómo los elijo? Por edad, por sexo? Espero que Dios me ayude, porque por mi me los llevaría a todos, pero se que no puedo. Le he preguntado a un guardia que pasará con los 380 restantes, el me dice que los llevarán a la cámara de gases, que la muerte de ellos no será dolorosa.
He hablado con el coronel Fritz y le he pedido una cantidad mayor de niños, le he pedido el doble, 40 niños, pero él me dice que solo me darán 20 porque el estado no quiere desperdiciar su dinero en alimentar a niños judíos. Tengo que estar de acuerdo con ellos, porque sino lo hago me matarán a mí también.
Le he pedido a mi amigo German que elija a los niños por mi, no quiero convertirme en verdugo, no quiero ser yo quien apunte con el dedo y diga: este vive y este muere.
Me han traido a una especie de fortaleza, un hospital enorme, creo que se hace mucho mas de lo que dicen aquí. Hay mujeres y hombres en algunas camillas, algunas sangran abundantemente, yo pregunto a una enfermera y ella dice en tono burlesco que le han extraído los ovarios, que en algunas funcionan y otras mueren de hemorragia, que la técnica llamada esterilización, aún no está del todo perfeccionada. El hospital es todo blanco, hay algunos grifos gotenado y en los lavabos hay signos de oxidación. Hay focos como lámparas con grandes ampolletas y tienen como un cono que cuelgan de los cielos. Ando con delantal blanco y una suástica en el brazo en señal de estar de acuerdo con el Führer, pero en el fondo creo que es un pobre loco demente, le deseo todo el mal del mundo y espero que esto acabe muy pronto, pero solo una guerra podría salvar a tanta gente.
Tengo que realizar una prueba de una vacuna sobre meningitis en un niño de tres años, el apenas me ve llora. Hay dos soldados con metralletas en el interior de la sala y me observan, les pido que quiero estar solo con el niño, ellos salen, yo trato de calmarlo pero sus ojos están aterrados. Se que no debo abrazarlo, ni calmarlo con cariño porque si ven que tengo una buena relación con el, me acusaran de alta traición y pueden matarme a mi o a mis padres. Le digo que haremos un trato, que yo seré bueno con el siempre y cuando se aleje de mi, cuando lleguen los soldados, que yo también tengo miedo. Lo abrazo, esta desnutrido y rapado, lo han operado, le han extraido un riñon y la mitad del hígado, solo para probar sus teorías. Tengo un chocolate y se lo doy, le digo que por hoy, no le haré nada, pero que debe prometerme que dirá que lo he inyectado.
Han pasado 4 semanas y tengo miedo, aún no inyecto al niño, que por cierto se llama Jonas, solo le doy chocolate y lo abrazo, a veces le cuento cuentos. Sus ojitos me dicen que ya no me teme, menos mal que a los 19 restantes, aún están sin ser tratados con mis vacunas, a ellos les inyecto sueros y les hago creer a los demás que son vacunas. Se que me van a descubrir mis mentiras, pero la guerra ha estallado y dicen que pronto acabará, si los mantengo vivos, podrán salvarse.
Uno de los soldados me ha sorprendido dándole chocolate a jonas, me ha acusado con el capitán no recuerdo el nombre. Ha puesto en la geringa acido sulfúrico y me la da, me ha pedido que por fidelidad a Hittler debo inyectársela, tengo miedo, el niño me mira con dulzura, confiando en mi, se que no debo que debo ser valiente y que es mejor que me disparen a mi, a que yo con mi juramento hipocrático mate al niño, pero soy cobarde. Lo inyecto, el capitán me felicita y se va. El niño convulsiona y muere.
Me despierto temprano, no pude dormir, me miro al espejo y veo mi reflejo y me dan ganas de vomitar. Me afeito con una máquina de afeitar mas moderna que una navaja, y siento un punzón fuerte en mi corazón, caigo al suelo, me duele horriblemente el pecho, trato de abrir la puerta para pedir ayuda, pero no alcanzo la manilla, que además es redonda y se me resbala, muero.

Texto agregado el 10-10-2012, y leído por 94 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
10-10-2012 Me pongo de pié para aplaudirte, Soledad. Es un texto extraordinario. Leerlo es estar ahí y pasar por todos los sentimientos del hombre. Impecable y movilizador. Te abrazo fuerte!***** MujerDiosa
10-10-2012 Extraordinario texto, narrado con tal maestría que no te suelta. La psicología del personaje está diseñada con perfección absoluta. Aplausos. ZEPOL
 
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