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Dormimos más de un tercio de nuestras vidas. Claro. Médicos de mente y cuerpo nos explican la necesidad del descanso, de la relajación de nuestros músculos, de la desconexión, al menos a modo consciente, de nuestros procesos mentales. Así me ocurría a mí hasta que...

Naci hace sesenta y dos años, hijo de un matrimonio de clase media típica. Típica madre sobreprotectora y típico padre exigente y autoritario.
Desde niño la consigna era estudiar, saber, aprender y recordar. Por otra parte, era la única forma de lograr el aprecio de mi padre y la admiración de mi madre.
"El saber no ocupa lugar", "la capacidad de aprender es infinita", "la mente no tiene límites", "lo que no se aprende en la juventud..." eran las frases repetidas en casa. No bastaba con el colegio, mi retorno al hogar era entrar a un claustro monástico donde el saber era el único Dios. Desde las tablas de multiplicar hasta las capitales del mundo, desde las guerras medicas hasta el teorema de Pitágoras, nunca era suficiente.
Aprendí a usar mi cerebro como depósito, todo debía ser anotado cuidadosamente, clasificado e inventariado. Uno nunca sabia cuando tal o cual información sería útil. Todo se guardaba cuidadosamente en hojas, dentro de carpetas, dentro de cajas, dentro de estantes, dentro de góndolas, dentro de habitaciones, dentro de galpones.
Mientras tanto la vida pasaba, mis graduaciones llegaban y junto con ellas mayor libertad, pero la costumbre ya estaba enraizada. Los depósitos se llenaban cada vez mas.
Mi "otra" vida transcurría sin sobresaltos. y así llegó el trabajo profesional, el amor, el matrimonio, los hijos... y así también comenzaron las muertes. Mecánicamente todo se guardaba. Abuelos, padres, tíos, luego un hijo, luego mi trabajo y luego mi esposa.
Fue entonces que tropecé con un poema de Thomas Grey llamado "Oda a una perspectiva lejana de Eton College" su frase final me dejó pasmado... "donde la ignorancia es una bendición, es locura ser sabio"
Y una noche ocurrió.
Amanecí con la enciclopedia de papá arriba de mi pecho. No podía recordar como había llegado a parar allí. Solo que hacía años que no la tocaba de mi biblioteca. Las noches siguientes fueron peores.
La medalla de mi hijo fallecido alrededor de mi cuello, El libro de poemas de mamá sobre la cama, El álbum de fotos de mi esposa...
Decidí investigar, convencido de que estaba sonámbulo. Una cámara conectada a mi computadora en mi cuarto me permitiría grabar mis sueños.
Amanecí tembloroso y asustado, sosteniendo en mi mano la armónica de mi hijo. La cámara mostraba que no me había levantado nunca de la cama pero a las tres de la mañana una sombra con forma humana me depositaba en mi mano la armónica. Solo era claro el instrumento casi flotando en el aire lo demás estaba a oscuras y fuera de foco.
¿Quien define la cordura y la locura?, que es "normal"?.
Mejoré el ángulo de la cámara, le dí mas luminosidad a mi habitación y logre saber quien andaba por mi cuarto. Al segundo día de intentarlo pude capturar el rostro de mi visitante... era yo. Me espantó mi propia tristeza reflejada en la imagen.
Desde entonces no duermo.

El teniente Rodriguez entró en el cuarto. La voz de la vecina explicándole al cabo Gomez el motivo de la llamada en la madrugada se repetía por tercera vez. "...y entonces escuche un zumbido eléctrico y un grito infrahumano...".
En el cuarto el Teniente encontró a un hombre en el piso con su cabeza en un charco de sangre y materia encefálica, una perforadora con una mecha sanguinolenta yacía en el piso a su lado.
El cabo Gomez entró al cuarto y observó la cámara sobre el escritorio. La computadora estaba encendida.
Inmediatamente inició el programa de reproducción y horrorizado llamo al teniente.
- Señor, tiene que ver esto
El teniente se inclino sobre la pantalla justo en el momento en que la imagen mostraba al hombre, de rodillas, mirando al techo, con los ojos bien abiertos y murmurando "basta, basta, basta". Fue entonces cuando la perforadora vino flotando, se enchufó, ajustó la mecha, se encendió y se acercó a la cabeza mientras una voz decía.
- ¡Vamos!, ¡Ya es hora de vaciar los depósitos!...

Texto agregado el 10-10-2012, y leído por 243 visitantes. (12 votos)


Lectores Opinan
16-11-2012 Que grande eres Gustavo. Tu capacidad de sorpresa no tiene límites. Creo que ni colocando una mecha del 20, en la perforadora, podrás vaciar tu inagotable talento! Un gran abrazo mi amigo! hugodemerlo
13-11-2012 Creo que no lo leí, lo devoré. Excelente relato****** pithusa
12-11-2012 Excelente relato!!! Sabés que no suelo leer textos largos, pero éste me cautivó!Un beso.***** MujerDiosa
08-11-2012 Que cuento tan especial, me llevaste hasta el final sorprendente llena de interes, muy bueno. shosha
29-10-2012 Bueno, el saber es una bendición, así como lo sería el ser dos en uno. Pero como se dice por ahí: "nada con exceso, todo con medida". Un gusto leer tu cuento. Gatocteles
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