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¡Que diablos! Soy un ladrón de historias y muchas veces, la gente me cuenta algo interesante para que lo plasme y reacomode en mis letras. Y yo, que soy un pillo redomado cuando de ponerse manos a la obra se trata, no me hago de rogar. Anoche, por ejemplo, me contaron una historia que es necesario mencionar para que ustedes la desmenucen. Además, no es llegar y plantarse a escribir lo primero que le llega a uno.

Creo que lo que me contaron, primero me sorprendió en demasía. Es que la impresión que me produjo el relato, es la misma que sentiría cualquiera al encontrarse con un extraterrestre en su habitación. Pero hoy, se la conté a mi madre y ella, haciendo alarde de frialdad, pragmatismo y mucha de esa sabiduría que le otorgan sus muchos años, no se sorprendió en lo absoluto y sólo retrucó:
- Eso no es más que una nueva modalidad de cuento del tío.
Y yo, del mismo modo que uno se desayuna al darse cuenta que el extraterrestre aquel no era más que un muñeco de goma, así mismo, se desinflaron mis expectativas ante esta historia contada anoche.

Pero, se las contaré, para que cada uno de ustedes me plante en las narices la dura bofetada de su propio escepticismo.

Me contaron, como les decía, que el esposo de la amiga de la persona que me relató esto – ¿o era el novio de una hermana de la amiga?- , bueno, da lo mismo. Lo cierto es que este hombre, joven o señor, cumplía una edad que no recuerdo y decidió partir a un restaurante conocido para agasajarse a sí mismo con una comida de su gusto. No recuerdo si la comida aquella era estofado de cordero o cazuela de cordero. Ni siquiera tengo claro si era cordero u otra especie, pero bueno, no viene al caso.

El asunto es que se acomodó en una mesa para degustar la rica comida que había pedido, o había pensado en pedir, no lo tengo claro, cuando aparece de pronto un hombre vestido a la usanza hindú. Aquí le pongo de mi cosecha: lo imagino moreno, de ojos grandes y rasgos bien definidos, acaso llevaba una túnica blanca y turbante en el tono, eso, lo abono a mi imaginación. El tipo, le saludó con cortesía y le dijo:
- Hola, ¿cómo estás?
El hombre, a quien llamaremos Darío, para distinguirlo del oriental, le saludó con cierto reparo, pensando que era uno de esos personajes que se acercan en los restaurantes para ofrecerle a uno ver la suerte. Pero, el tipo sólo lo contempló con una mezcla de sorpresa y alegría y luego, le dijo:
-Veo que estás preparado para servirte el plato que más te gusta.
Aquí, pienso que mi vieja comenzó a darse cuenta de las intenciones del tipo y ahora le encuentro razón. Porque, ¿quién entra a un restaurante a pedir algo que no es de su gusto? Punto para mi mamá.

Darío, que puede llamarse en realidad Pedro, Alberto o Jacinto, lo mismo da, sólo ensayó una sonrisa nerviosa y le preguntó al hindú, o al tipo disfrazado de ello: - ¿Nos conocemos acaso?
El hindú lo miró con fijeza, sacándole partido a sus profundos ojos negros y juntando sus manos en forma de oración, le respondió:
-No sabes cuanto.
Y luego agregó: - Estás acá por que festejas algo muy especial, ¿no es verdad?
Darío, no disimuló su extrañeza. El hindú ya le había acertado a dos.

Claro, mi madre, cazurra ella, ensayó una risita irónica y comentó: - ¡Que adivino ni que ocho cuartos! El tipo ese es sólo un pillo. ¿Acaso cuando uno entra a un restaurante es porque sólo quiere leer el diario? ¡Por supuesto que si se entra a un restaurante es porque se desea celebrar algo! Sino, uno concurre a esos lugares de comida rápida, nada más.

Me doy cuenta que la viejita posee un talento especial para la deducción, algo así como una Miss Marple en versión chilensis. Y a cada razonamiento suyo, siento que naufraga mi propia credibilidad.

Volvemos pues a la mesa del restaurante aquel y nos encontramos con un Darío, entre sorprendido y molesto.
- ¿Y dónde lo conozco yo? –pregunta.
El hindú, o remedo de uno de ellos, no le quitó la vista de encima cuando le pronunció con voz grave: - ¡Te conozco desde vidas anteriores!

Imagino el rostro de Darío al escuchar estas palabras, que más bien fueron un latigazo a sus terrenales convicciones. Todo le comenzó a dar vueltas al pobre hombre, al intuir o imaginar que una extraña puerta, un enclave o no sé qué misterioso y arcano comenzaba a rechinar en sus postigos mohosos y al no saber cuál sería su reacción, la misma que no imaginamos ninguno de nosotros si nos encontramos de pronto a la vera de cualquier suceso extraordinario, sintió que la angustia lo comenzaba a ahogar.

Mi madre, rió con ganas, diciendo que la gente es bien crédula y no me dejó terminar el relato. Declaro empate en esta contienda, por no tener ella la paciencia de escucharme.

Lo cierto es que Darío, al borde ya del infarto, comenzó a traspirar copiosamente, tartamudeó algo incoherente y sin siquiera tomar impulso, se levantó de la mesa y sin avisarle a nadie, partió corriendo hacia la calle y de allí, hacia cualquier lugar que le brindara un poco de pueril normalidad. Yo, habría hecho lo mismo.

Aquí le pongo de mi cosecha. El hindú, un hombre, un espíritu o un timador, sabe muy bien hacia donde se dirige Darío. Y lo perseguirá, con paciencia ancestral, porque entre ambos existe un tema que es necesario dejar muy en claro, ahora o en cualquier punto de la inimaginable eternidad.

¡Que mentiroso que soy!














Texto agregado el 31-10-2012, y leído por 172 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
04-11-2012 Este relato me ha cautivado. El que relata lo hace con la gracia de un comediante nato. El toque de la mamá incrédula añade encanto a la historia. Te felicito, gui, es un cuento elegante y divertido! galadrielle
02-11-2012 Lo que más me gusta es la forma en que vas contando la historia, avanzas un poco, luego vuelves atrás porque no recuerdas bien si se trata de esto o aquello, es un placer leerte. loretopaz
01-11-2012 QUÉ BUENO GUI, CONCIDO CON GMMAGDALENA EN DESTACAR LA PERSONALIDAD QUE LE DISTE AL RELATOR Y SU MADRE. necoperata
01-11-2012 Dario era un pusilanime, dejarse amedentrar por un actor disfrazado de indú, que estaba promocionando un garito de adivino, repitiendo la misma cantinela a todo bicho viviente. jajajaja muy entretenido ELISATAB
31-10-2012 jajaja, muy bueno el relator, me encantó su inseguridad, un despistado crédulo como el marido, o novio o lo que fuera. Un beso y mis estrellas. Magda gmmagdalena
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