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AZARES

Belicoso Casanova nació en parte por osadía, en parte por aburrimiento y en parte por puro azar. En su particular existencia como óvulo, languidecía estacionado en la linde superior de la trompa izquierda de Falopio a la espera de su partener, sin más perspectiva que la oscura oquedad del útero materno. Sin resignarse a salmodiar de nuevo el requiescat in pace que preconizaba la tardanza en su fecundación, optó por sacudirse del tedio de su flaca espera. Analizó al detalle las diversas posibilidades que se abrían tras la reciente cópula de sus ascendientes y apostó a ganador por un espermatozoide que apenas aventajaba en una millonésima de micra a los demás concursantes, que ascendían en la singular carrera por el claustro materno, con la dificultad añadida de tener que esquivar a los valientes gametos que regresaban medio muertos de las anteriores series de clasificación. Belicoso se jugaba el ser o no ser de prolongar su existencia como algo más que un mero circulito microscópico, en lo que ya parecía que iba a ser la serie definitiva.

Su padre, Frívolo Casanova, era un rico y quisquilloso viejo verde, que se había pasado la vida entretenido en repartir sus gametos por doquier. Entre tanta algazara se le pasó el arroz sin haber dejado sobre la tierra la simiente de su lujuriosa virilidad, temió morir sin prole y que su dinero fuera a parar a las avaras y dilapidadoras arcas del estado. Empecinado por sentar la cabeza de una vez por todas, sentó la propia, que ya tenía menos pelo que el cuero de un balón de fútbol, sobre el asiento de un esplendoroso Ferrari rojo que compensaba su oxidada carrocería. Conocido es que a falta de juventud y virilidad, algunas mujeres consideran el lujo y el dinero un buen sustituto del sexo desenfrenado y de la guapura.

Su madre, dotada de una exuberante belleza y de bastante cabeza, andaba a la caza y captura de algún infeliz que sustentara y avalara su familiar ludopatía, que había acabado con la herencia de sus padres y que amenazaba con esquilmar los ahorros conseguidos con sus pinitos como acompañante de lujo. Casi ni había terminado de matricular el coche el señor Casanova, cuando Perfecta Arpía se le acercó con un sutil contoneo a solicitarle un poquito de fuego para su Lucky Strike. Como obras son amores y no buenas razones y a buen hambre no hay pan duro, la espectacular hembra terminó por fumarse la cajetilla entera sobre la regia cama de la mansión del semental en ciernes. En este punto del relato habrá pocos lectores que no imaginen el desenlace de la historia de estos dos pendejos. El deseo tácito de descendencia se impuso para ambos como un imperioso colofón a tan desinteresada unión, el uno en pro del descendiente que perpetuara su procaz y jaranera estirpe, la otra por dar bien el cerrojazo a tan inesperada fortuna.

Pasó un año exasperante sin el menor vestigio de preñez en la hembra, a pesar del ahínco con el que arremetía el viejo Frívolo. Perfecta Arpía se visitó por el más insigne especialista en fertilidad del país que diagnosticó, más bien constató de forma rotunda y sin lugar a ninguna duda, que la señora estaba como un tren, además de bien dispuesta. Y ahí empezó el calvario del viejo Frívolo que se vio sometido por la urgencia de su esposa a lo que nunca hubiera imaginado que sucedería en su larga y lujuriosa vida. Como donde entra una entran todas, Frívolo siguió por su personalísima pasión de urólogo en urólogo, que le hurgaron lo impensable por el lugar donde la espalda termina su casto nombre.


Sin tener que consultar a ningún especialista reproductivo, Belicoso Casanova que ya estaba al cabo del trajín desde su atalaya, sabía de primera mano el diagnóstico del galeno: los espermatozoides del magnate eran muy lentos, renqueaban como el viejo y se quedaban a medio recorrido; por lo demás, expuso el insigne, su descendencia llegaría si el óvulo se aventurase un poco más en su recorrido y si alguno de los portadores de su progenie se destacara como velocista. En resumen, el éxito de la empresa quedaba únicamente en manos del azar. Como buen jugador, que de casta le viene al galgo, Belicoso ya conocía las falsas triquiñuelas y se había dispuesto en esa posición aventajada. En la carrera destacaba su favorito ante el resto de sus rivales y no cabía en sí de contento. Parecía un espermatozoide bien dotado, con el suficiente cabezón para adentrarse sin miramientos en su particular habitáculo. La apuesta no era muy importante, un doble contra sencillo, por eso no se derrumbó cuando un pequeño truhán vino zumbando con un coleteo desenfrenado, hizo un quiebro a lo Ronaldo y se le plantó de frente para la acometida, dejando fuera de carrera a los tropecientos millones que le perseguían con desafuero, entre los cuales, se encontraba el sujeto de su favor. Éste, derrotado y sin fuerzas tras su afanosa carrera, se precipitó desde lo alto de la trompa y se ahogó en las humedades del introito vaginal de Perfecta. Belicoso Casanova no lamentó comenzar la vida como perdedor, se alegró por su futuro y sobre todo por no tener que rezar los responsorios.

Con los vaivenes hormonales del embarazo, Perfecta Arpía entró en un estado de grávida indecisión. Nacería o no nacería, sería niño o sería niña, serían uno o serían dos, serían mellizos o serían gemelos, llegaría a término o sería prematuro. Su vida se llenó de razones para aventurar con sus apuestas. El doble contra sencillo alcanzó velocidades de vértigo y la intranquilidad por los resultados creció al ritmo al que crecía su barriga. Entre tanto, el viejo, que poco sabía de las incomodidades del embarazo para satisfacer sus naturales energías, se refugió a la sazón en el orgiástico mundo que con tanto ventura le dieron a conocer los ilustres especialistas. Belicoso sufría contagiado de la desazón fullera de su progenitora, y antes de que ésta sucumbiera a su particular pedrea, hizo un pleno ante el asombro de su madre. Nació el siete de enero de mil novecientos ochenta y siete, fue niño, único y acabado a la perfección con los nueve meses de rigor.


Texto agregado el 04-11-2012, y leído por 225 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
03-03-2013 Jocosa historia muy buena para ejemplificar a los alumnos en una clase de reproducción animal. Muy bueno, te felicito. elpinero
08-11-2012 Je je, muy divertida la carrera, en sprint y maratón, de los espermatozoides, como la verde vida de don Frívolo, que no se puede quejar de lo bailado, ya que anduvo y estuvo en tantas camas como el de Venecia, al parecer. remos
04-11-2012 Prosa fluida y de manejo prolijo del lenguaje. Pinceladas sarcásticas, divertidas y otras reflexivas. umbrio
04-11-2012 Un texto descarnado sobre el azaroso nacimiento del hijo de un viejo frívolo y una hetaira cazafortunas. Hay algunos matices de humor y un despliegue exuberante de vocabulario que se agradece. Gatocteles
04-11-2012 buenisimo... entretenido y facil de llevar... como don Frívolo seroma
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