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PASAJES DE INFANCIA (Novela) - Cap. VI

LAS COMETAS

Cuando llegaban los fines de semana o se presentaban los días feriados, a los niños del alberge infantil nos regalaban papeles de colores y conos de hilo que utilizábamos para construir y hacer volar las cometas. Buscábamos tiras de telas viejas tiradas al abandono; cortábamos ramas verdes o secas de la mata de guama y construíamos con cuidado el esqueleto o armazón que haríamos volar. Allí cerca, crecía un hermoso y frondoso muñeco, arbusto de millares de bolas brillantes y pequeñas multicolores, que crecían al azar: rojas, verdes, moradas o amarillas, las cuales tomábamos para exprimir, y luego encolábamos toda la osamenta completa del pájaro de papel.

Pero lo más emocionante de todo ocurría cuando llegaban de lejos los competidores que echaban a volar las megas cometas.

Muchos procedían de ciudades distantes para venir a divertirse y a entretener a niños, viejos y jóvenes; así que traían con ellos los papalotes o cuadros de proporciones bien grandes y varias formas y tamaños. En tanto la diversión apenas comenzaba y robaba la atención de todos, pequeños, mancebos y mayores.

Brillantes y lujosas eran las cometas, con sus extraordinarios diseños y colores. Unas semejaban el movimiento fugaz de las verdaderas cometas del cielo; otras, la majestuosa elegancia y la gracia del pavo real. De modo que era algo impresionante ver el tamaño increíble de aquellas chichiguas o cometas en tierra, antes de volar; resultaba algo fantástico, sobre todo para nosotros los niños, porque alcanzaban, a veces, casi el tamaño o amplitud de una puerta de casa, de manera que debían ser construidas con varas enormes, y para poder volarlas, por tanto, había que usar lazos como los empleados por el señor Mamparo para amarrar a sus vacas. Así que al elevar las cometas, nos imaginábamos que podían ser capaces, por tal magnitud y tal fuerza, de levantar y llevarse volando a un niño, a un animal o a un hombre, por eso, de pronto debían ser tomadas con fuerza por varios de los competidores allí presentes, para poder elevarlas, sin importar el equipo al que pertenecieran. Luego, ya tomando altura, el pájaro se elevaba y le amarraban la soga de urgencia al tronco de un árbol o a una mata de palma. Los niños, perplejos y curiosos ante el sensacional espectáculo, observábamos como se iba elevando aquel artefacto, empequeñeciéndose por los cielos hasta encumbrarse de manera increíble, a medida que se iba poco a poco soltando la soga.

Así nos divertíamos los niños del albergue infantil en las tardes brisozas y soleadas de aquellos días libres de cuaresma, muchas veces desde que apuntaba el alba hasta el anochecer, moviendo los brazos a la intemperie, bajo los árboles y las altas palmas, mirando desde lejos las extraordinarias y adoradas cometas volar.

De mis "PASAJES DE INFANCIA"
Para Anabel, Aidée y Édely

Texto agregado el 13-11-2012, y leído por 133 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
14-11-2012 bello recuerdo amigo, de ello somos. un abrazo!!!!! 5 aullidos yar
14-11-2012 Que belleza, he visto volar las cometas de colores con aire de melancolía y nostalgia.Felicidades. Mis **** senoraosa
 
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