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Inicio / Cuenteros Locales / Deilost / Y Sin Ti, La Maldita Incertidumbre.

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Y sin la música, el mundo. Y sin el mundo, la vida. Y sin la vida, Yo. Y sin mi, Tu. Y sin ti, tus labios. Y sin tus labios, La Muerte.....


Y sin la Muerte, La Incertidumbre.




Algunas veces tengo la oportunidad de contemplar el atardecer. Algunas, pocas veces, en esta ciudad de brumas grises y quedas, de edificios grises e inamovibles. Algunas, pocas veces, el sol me saluda mientras camina hacia su árbol de la ejecución. Un árbol muy especial, completamente plano, en la distancia. Y mientras me saluda, sus rayos dorados y cálidos me acarician la poca piel morena. Y el viento del atardecer, aquel estelar de tantos momentos en tantas películas, juguetea con mi pelo rebelde, elevándolo, haciéndolo caer, pícaramente tocando mis ojos. Y yo pienso: Este momento, en el infinito estelar. Pero el infinito solo es propio de aquellos que pueden verlo pasar. Así que el atardecer, ceremonia de ejecución del sol, continua indetenible e inexorable, ahogando cada vez mas los delicados rayos de luz, mientras el viento del atardecer envejece y se vuelve viento nocturno, frio y cruel.

Que es preferible ¿La Eternidad o El Infinito? Y mientras me pregunto preguntas que han vuelto locos a seres mas inmortales en la memoria de los hombres que yo, el sol termina de morir, decapitado por el horizonte. Y yo me interno en la oscuridad nocturna como una sombra mas, como un simple producto de tu imaginación, que te dice que debe haber gente en esa calle por la que caminas. ¿Realmente soy un producto de tu imaginación, que te dice que debe haber buenas personas en el mundo? Si ese es el caso, debería decir que es halagador. Pero no creo que lo sea. No creo ser solamente tuyo, puesto que soy mio. Puesto que por mi misma pertenencia es por que puedo mantenerte despierta. El mundo se engrandece enfrente mio y mi pequeñez es aun mas evidente. Al lado tuyo, mirando tus manos, mirando tu pelo, mirándote, mirándote y el mundo, gigante. Me pregunto si tengo el valor de atravesar el abismal espacio que hay entre tu mano y la mía, sentir el calor de tu cuerpo, tus ojos callados y tu corazón latiendo. Mas allá de las estrellas hubo alguna vez un lugar, cálido, oscuro y callado que se iba, a la deriva, sin prisa ni pereza, mientras un niño pequeño dormitaba en su alfombra, mientras dos almas jóvenes danzaban una danza brillante y estremecedora, mientras el universo cedía y se abría frente a la voluntad de aquel que alguna vez tuvo ojos azules, ojos blancos. Para ti. Para siempre. En el infinito, mas allá de las estrellas hubo alguna vez un lugar, cálido, oscuro y callado al que quiero volver.



Me pregunto si tengo el valor de atravesar el abismal espacio que hay entre tu mano y la mía, sentir el calor de tu cuerpo, tus ojos callados y tu corazón latiendo.

Texto agregado el 01-12-2012, y leído por 84 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
09-04-2013 La eternidad o el infinito... tal y como lo planteas... ojalá nos dejaran elegir. stracciatella
01-12-2012 Una belleza tu reflexión, con dominio de las letras y la narrativa. elbritish
 
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