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Miro al horizonte la tormenta ya está formada, es idéntica a la de anteayer, sonrío con cinismo… Estoy con mis seres queridos en un barco a vela de dieciocho metros de eslora en la unión entre el atlántico y el mar caribe y, pudiendo alcanzar refugio en la costa de San Salvador, salgo a buscar a mar abierto, una tormenta en particular.

Diario de Abordo
6 de Octubre
¡¡Que Alegría!!, al fin las mejores vacaciones de mi vida han comenzado. Tengo cincuenta y siete años, felizmente casado y me acompañan mis hijos, Matias de treinta y un años, Gonzalo de treinta, Cecilia de diecinueve, Memi de treinta (la esposa de mi hijo Matias) y Marcela mi esposa, en estas vacaciones tan especiales.
Llevó varios años prepararlas, sacrificios económicos importantes, muchísima planificación, peleas, acuerdos, negociaciones, primero entre nosotros mismos y luego con los operadores de turismo, pero finalmente todo quedó acordado.
Ayer por la mañana llegamos a Miami y rápidamente nos trasladamos a Fort Lauderdale, allí, un modesto hotelito nos esperaba con sus habitaciones listas. Luego de una noche donde nadie pudo pegar ni un ojo, nos levantamos de madrugada y fuimos al puerto. Allí estaba El "Dolphin", un catamarán de dieciocho metros de eslora que sería nuestro hogar por los próximos diez días.
Jimmy Hall es un norteamericano corpulento y bonachón pero tiene una mirada atenta e inteligente. Su rostro, curtido por el sol y el mar denotan una experiencia que inmediatamente me tranquiliza. Llevo más de tres meses conversando con el, primero por mail y luego telefónicamente, Lo saludo y me propina un abrazo de oso, en seguida le presento mi familia y los saluda a todos afectuosamente.
Práctico, como buen norteamericano, en seguida nos muestra el barco. Es un paraíso. Cuenta con absolutamente todo lo que uno pueda imaginar, tres cómodos cuartos con un baño completo con ducha (y otra ducha mas en cubierta) una sala de estar con cocina y comedor (con televisor, dvd y una importante videoteca) que también se convierte en sala de navegación con toda la tecnología disponible, afuera se puede armar una toldilla donde también se puede comer y dispone de un doble comando para dirigir el barco en cubierta. Salas de velas, depósitos de agua potable y combustible, sala de maquinas, pañol, etc. Además cuenta con GPS, Radar, sonar, radio, Teléfono Satelital, conexión a Internet, dos motores de 90 hp, combustible como para tres días de navegación, depósitos de agua potable llenos, generador eléctrico, aire acondicionado, una planta desalinizadora, agua caliente, equipos de pesca, equipos completos de buceo autónomo con compresor de aire para los tubos, esquíes acuáticos, y hasta dos kayaks, colchonetas inflables, colchonetas para tomar sol, Etc. Realmente el mejor barco que el dinero disponible puede alquilar.
Matias, con mucha seriedad, le pregunta en seguida por las velas y los comandos de navegación, Jimmy, en un aceptable español le empieza a explicar y enseguida entablan una amistad, lo veo a Matias conforme, abrazo a mi mujer mas feliz que niño en navidad y, con el resto de mi familia me apresto a cargar nuestro escaso equipaje al barco.
Jimmy se ha ocupado de todo, todo está reluciente, hasta ha equipado la heladera y la despensa como para alimentarnos un mes entero. Eso si, a criterio de Marcela hay demasiada manteca de maní, y hamburguesas, pero todo indica que de hambre no vamos a morir.
Cecilia y Memi ya acomodaron el equipaje y curiosean por todo el barco, Cecilia ya eligió camarote y cama y ahora revisa el equipo de música y la colección de CD’s con ojos críticos. Gonzalo esta revisando los equipos de buceo, parece muy conforme. Salgo a cubierta y me uno a Matias y Jimmy.
Son casi las 9 de la mañana y todo parece listo, Jimmy ha hecho todos los trámites portuarios y la Guardia Costera ya tiene todos nuestros datos e itinerarios. Antes de partir Jimmy insiste en salir de puerto y navegar un poco para explicar mas cosas del barco. Nos enseña como izar y tirar el ancla, como enrollar el genoa con el sail winch (un motorcito hidráulico bajo cubierta que hace girar el Stay de proa reduciendo la superficie del foque), como achicar puños de la mayor, como izar y arriar las velas, como usar el gps, y el funcionamiento de todos los equipos (que adicionalmente cada uno tiene su manual escrito). Al principio trato de no perderme detalle pero Matias y Gonzalo están más atentos que yo y decido dejarles la responsabilidad de entender todo.
Jimmy comanda al Dolphin fuera de puerto, hábilmente nos lleva por los canales de la “Venecia americana” saludando a cuanta embarcación pasa cerca. Todo el mundo parece conocerlo. Cruzamos bajo la calle SE 17th st. , viramos a la izquierda y salimos a mar abierto. Jimmy da una amplia vuelta frente a la costa que las mujeres aprovechan para recrear la vista. El no para de hablar, completa con ingles algunas palabras en español que causan risas en nosotros, lejos de ofenderse el se ríe más, pero tiene cierta preocupación por no olvidarse de nada… lógico, su barco vale mas de 100.000 USD pero su negocio vale mucho mas, lo que menos quiere es una tragedia. Para tranquilizarlo me comprometo a comunicarme por radio todas las noches a las 22hs. Aliviado me sonríe, y me confiesa que pensaba hacer eso de cualquier manera.
Finalmente volvemos a la costa, en la escollera de entrada un auto nos hace señas de luces, es la Señora de Jimmy, que ha venido a buscarlo para evitar una entrada a puerto, parece que Jimmy ya tenía todo organizado. Nos despedimos con un fuerte abrazo, La Señora de Jimmy nos dice en ingles “Stay away from the triangle” manténganse alejados del triangulo… Jimmy la mira ceñudo y nos dice que no nos preocupemos y que nos mantengamos en contacto. Se que se trata del célebre triangulo de las Bermudas… pero, que puedo hacer… nuestro viaje es al archipiélago de Bermudas, nadie sabe a ciencia cierta la ubicación del triangulo ni sus efectos y nuestro viaje ya esta programado. Nada ni nadie nos va a arruinar este viaje.
Es casi la una de la tarde y ponemos proa a Bimini, a menos de cien kmts desde Ft. Lauderdale. Matias no puede disimular su entusiasmo, me grita desde el timón que el viento es de doce nudos y dirección noreste con pocas rachas, el barco navega espectacularmente, vamos en ceñida rumbo este. Nuestra velocidad supera los quince km por hora, a este ritmo llegaremos a la bahía central de la isla al anochecer.
Las mujeres ya se han calzado las bikinis y, al principio temerosas, pero luego mas confiadas salen a cubierta a tomar sol, hace rato que perdimos de vista el continente, pero el Dolphin con sus nueve metros de manga y su metro y medio de calado no se inmuta con las olas.
Atardece sobre popa, el viento marino y la emoción del día empiezan a hacer estragos en la entusiasta tripulación. A proa se ven las luces de Bimini, viramos por el norte de North Bimini y una hora después entramos en la rada de la isla y fondeamos en la hermosa Marina. Cansados comemos algo, brindando por el comienzo nuestras vacaciones y cuando nos aprestábamos a dormir la radio suena insistentemente, Es Jimmy, con un "todo OK" nos despedimos y nos acostamos a dormir.

7 de octubre.
El amanecer en Bimini es hermoso, me levanto de nuestra cama y noto con sorpresa que todos ya están desayunando, la temperatura es muy agradable, la discusión es si empezar el viaje a Nassau (doscientos km) o aprovechar la calma de la mañana y esquiar en la bahía de las Bimini, con Matias sufrimos un serio revés, todos quieren esquiar, con las velas arriadas y ambos motores en marcha aprovechamos parte de la mañana para sacar fotos y esquiar…. Esto es un sueño. A las diez se levanta el viento y nos aprestamos a continuar con nuestro viaje.
El viento ha subido a diecisiete nudos y el mar esta un poco mas picado, El Dolphin navega a más de veinte km por hora a este ritmo llegaremos a Nassau antes de las 22hs. Con Matias y Gonzalo nos sentamos en el comedor y revisamos las cartas para determinar el rumbo de nuestro viaje, el piloto automático asociado a la trayectoria programada y al GPS guía a nuestro Dolphin con una certeza increíble… hasta nos da la distancia al punto de llegada y nuestro tiempo estimado de arribo. Memi a nuestro lado esta entretenida con la notebook de abordo tratando de obtener de internet toda la información posible sobre las islas, sus historias, sus bellezas, lugares de interés, etc. baja textos e imágenes a una velocidad sorprendente y las guarda en el disco duro. Le pregunto que hace y enigmáticamente me sonríe y me dice “material de investigación”. En ese momento aparece Marcela del depósito con Cecilia y dos cañas de pescar. Sonriendo nos dice
-¿Quien quiere comer pescado esta noche? .
Arriamos parcialmente las velas y reducimos la velocidad del barco a cinco km por hora, preparamos los asientos y atamos con cinturones a las “pescadoras” que rápidamente tiran sus cañas al mar. Matias protesta porque a esta velocidad no llegaremos a dormir a Nassau, le guiño un ojo y le digo – No te preocupes, en menos de dos horas ya se habrán aburrido y luego recuperaremos el ritmo.
Ya pasaron más de 2 horas y las obcecadas y pacientes pescadoras siguen en su lugar. Cecilia levanta la caña cada quince minutos alegando que recibió un pique, pero nada indica que haya pesca por estos lugares. Marcela dice -15 minutos más y levantamos - No ha terminado la frase cuando un hermoso y joven pez vela de unos dos metros salta a doscientos metros de nuestra popa. Rápidamente Cecilia recoge la caña y Matias toma el timón para poner nuestro barco al viento y detener la marcha.
El hermoso animal lucha desesperadamente por liberarse del anzuelo, Marcela resiste traspirando entusiasmada. Felizmente el animal es pequeño para los de su especie y al cabo de media hora se aproxima a la borda de estribor agotado. Los arneses del asiento de Marcela han resistido cómodamente pero Marcela parece más agotada que el animal. Gonzalo, cámara fotográfica en mano, ha registrado todo, un hermoso ejemplar de pez vela se encuentra al costado de nuestro barco, la aleta dorsal desplegada hasta hace unos minutos se pliega sobre su cuerpo agotado, su ojo izquierdo nos mira confundido.
Marcela le pide a Memi que la libere de la silla, yo, guante en mano he tomado el sedal y tengo al pez a menos de un metro. Nadie sabe que hacer, nadie habla una palabra. Marcela se arrima al animal, en silencio le toca el lomo con la mano, y con el cuchillo de la carnada corta el sedal próximo a la boca del animal. El pez vela demora unos segundos en reaccionar, se endereza, mueve lentamente la cola, despliega tímidamente su aleta dorsal y, finalmente se sumerge. Todos seguimos en silencio mirando a Marcela. Ella se da vuelta y nos mira, no se si es transpiración o lagrimas pero su rostro esta feliz. Nos sonríe a todos y nos dice:
- Cambio de menú, esta noche, hamburguesas.
El viento ha arreciado, y supera los veinte nudos, hemos recuperado el tiempo y en unas horas más estaremos a la vista de las luces de Nassau. Toda la tarde hemos tenido la compañía de una pareja de delfines que jugando con la estela de nuestro barco se alejan y acercan dando saltos… se arriman en particular a la banda de Babor donde están Marcela y Cecilia que les hablan y gritan riendo, ellos contestan con sus habituales chasquidos tratando de mantener la velocidad del barco… El espectáculo es emocionante, no me gusta inventar historias, y nadie lo dice pero creo que todos pensamos en lo mismo. La noticia de la pesca y posterior liberación ha corrido por el mar, y las especies mas inteligentes vienen a agradecer el gesto.
A las 22hs en punto nos sorprende la radio nuevamente, Jimmy nos pregunta como va todo y le respondemos que muy bien, luego de darle nuestra posición relativa, (que el también conoce ya que tenemos un posicionador satelital) nos despedimos hasta mañana. Media hora después fondeamos en la marina de Nassau. Y luego de comer unas deliciosas hamburguesas nos acostamos a dormir.

8 de octubre.
Nos levantamos tarde. La jornada de ayer ha sido agotadora, tanto anímica como físicamente. Hoy, con fuerzas renovadas, el ánimo intacto y una felicidad que hace mucho no veía en todos los miembros de mi familia, nos aprestamos a hacer el tramo mas largo de nuestro, viaje Nassau – Cat island, (casi doscientos cuarenta km).
Todo funciona a la perfección, un viento franco del noreste impulsa a nuestro catamarán a gran velocidad, el gps pronostica una llegada a la bahía de Cat island a medianoche.
Gonzalo revisa los equipos de buceo y carga al tope los tubos para lo que pensamos será un día de descanso mañana.
Nuestros amigos los delfines han vuelto a aparecer, me gustaría pensar que son los mismos pero es muy difícil distinguirlos. La mañana trascurre sin problemas salvo alguno doméstico acerca de quién tiene que lavar los platos del desayuno.
La trayectoria se ha simplificado, luego de superar algunos peligrosos bancos de coral, ya navegamos en mar profundo y línea recta.
Cecilia y Memi, ya bronceadas en exceso se refugian en la sala de estar entretenidas navegando por internet. Matias, totalmente bronceado, fruto de no apartarse del timón, y con algunas arrugas blancas en sus ojos debido a forzar la vista para ver el correcto funcionamiento de las velas, parece un joven Dennis Conner corriendo la copa América contra barcos fantasmas.
Ya cae la noche, con Marcela hemos preparado unas bebidas” y disfrutamos el atardecer en popa, los chicos están felices y nosotros mas.
Hace mas de una hora que Jimmy hizo su llamada, queda conforme con que todo va bien, nos recomienda escuchar los partes meteorológicos, y se despide.
A medianoche fondeamos cerca de la costa al norte de Cat Island próximo a un lugar denominado The Bight.
Con mis dos hijos varones hemos cenado sándwiches, y con las velas arriadas y el barco fondeado y asegurado caemos rendidos en nuestras camas.

9 de octubre
Hoy es día de descanso para Matias, nuestro capitán. Después de desayunar llevo al Dolphin rumbo sur buscando el Reef Harbour al sur de la Cat Island. A media mañana hemos fondeado nuevamente entre dos pequeñas islas frente a la bahía y Gonzalo ha puesto los tubos y todos los equipos en cubierta para hacer nuestra inmersión.
Matias ha sacado los Kayaks y con Marcela y Memi piensan llegar a la playa de la isla más grande y tomar sol en la arena.
Cecilia me hace la seña de que todo esta bien, es una inmersión simple de solo diez metros de profundidad, pero las precauciones nunca están de mas. El mar es transparente y el sol en superficie ilumina los bancos de corales a la perfección. Gonzalo con su cámara sumergible fotografía absolutamente todo. Pienso para mis adentros que tiene que haberle comprado varios gigas de almacenamiento de memoria.
Investigamos el banco de coral cercano, es precioso, todas las especies submarinas parecen haberse dado cita en ese lugar. Cecilia esta fascinada, acaba de encontrar una tortuga y no hace más que jugar con ella. Han pasado veinte minutos, chequeo el oxigeno restante de mis hijos, y reviso las proximidades. De pronto veo la silueta de un pez enorme que se aproxima por delante, miro a Gonzalo a mi izquierda y veo que también palidece, Cecilia no se ha dado cuenta y sigue jugando con su tortuga. Me acerco a ella junto con Gonzalo, y veo con inmenso alivio que no es otro que un delfín, en seguida aparecen varios más que nos miran divertidos y curiosos. Cecilia en el acto abandona a su reciente amiga y estira las manos para tocar los delfines. Gonzalo gasta megas y megas de fotos. No estoy totalmente recuperado del susto así que les hago señas a mis hijos de el buceo ha terminado, al menos por hoy. A regañadientes Cecilia se despide de sus amigos y buscando la cuerda del barco subimos lentamente a superficie.
Ya en cubierta Cecilia no para de hablar, Al igual que su madre tiene la rara habilidad de ponerle nombres a todo animal viviente y me cuenta que “Manuelita” hizo esto, que “Flipper” aquello, me lleva minutos entender quienes son los personajes y riéndonos todos a las carcajadas todavía nerviosos por el susto, nos quitamos los equipos y ponemos los tubos de oxigeno en carga para la próxima inmersión.
Hablo con Matias por los handies que tenemos y me contesta que en la costa están todos bien, compruebo visualmente que es así, y me dice que esta noche hay cazuela de almejas mostrándome con la mano algo. Busco el largavistas y compruebo que tiene una bolsa llena de moluscos.
Al mediodía nos juntamos a almorzar en cubierta y nos contamos mutuamente las experiencias de la mañana.
Una típica tormenta tropical se abate sobre nosotros. En un instante diluvia, pocas horas después sale el sol. Aprovechamos el reparo que nos proporciona el lugar para descansar y revisar todos los equipos.
Cae la noche y el cielo despejado augura un hermoso amanecer. Cenamos felices unas exquisitas almejas, Hablamos con Jimmy y nos acostamos a dormir.

10 de Octubre.
Amanece un cielo diáfano, todos felices desayunamos y nos aprestamos a partir rumbo al destino mas alejado de nuestro viaje la Isla de San Salvador.
El viento esta fresco y fuerte… nuestro Dolphin navega velozmente rumbo este y pasado el mediodía amarramos nuestra embarcación en el puerto del exclusivo Club Med Columbus de San Salvador.
Nos viene muy bien el paseo y el contacto con otras personas, después de varios días, uno empieza a sentirse solo aun en compañía de sus seres queridos.
Gonzalo saca fotos por doquier, sueña con presentarse a un concurso y ganar un premio, quizás el Pulitzer.
Pasamos la tarde holgazaneando, “haciendo playa” y gastando algunos dólares en provisiones y souvenirs. Al anochecer volvemos a nuestro barco, Gonzalo baja sus fotos en la computadora y vacía la memoria de su cámara para dejarla lista para el siguiente día, cenamos y nos acostamos a dormir no sin antes reportar a Jimmy nuestra posición y estado.

11 de Octubre.
Luego de un abundante desayuno nos ponemos en marcha, el cielo está diáfano pero cierta presión se percibe en el aire.
Soltamos amarras a media mañana, izamos nuestras velas y nos aprestamos a rodear la isla. El viento es suave del noroeste y nuestro catamarán navega parsimonioso. Han vuelto a aparecer los delfines, a bordo hay toda una discusión sobre el tema de que si son los mismos o no, Marcela y Cecilia discuten indignadas a quien quiera argumentar que no son los mismos… - ¡Mira el ojo!, ¡mírale la cola!, ¡fíjate en la sonrisa!, ¡mirá como me saluda!. –¡Es Flipper! grita Cecilia. Todos nos reímos, Marcela y Cecilia distan de ser biólogas marinas pero me encanta escuchar como defienden su teoría de que estos delfines se han hecho nuestros amigos. El viento sigue bajando lentamente.
Cae la tarde y nuestro barco se encuentra en una encalmada a más de tres kilómetros al este de la isla. Un extraño frente de tormenta se aproxima por el este. El mar se ha convertido en una laguna de aceite. Las velas caen a plomo.
Solo los delfines nos acompañan haciendo piruetas a su alrededor pero ya nadie les presta atención. Me empiezo a preocupar por la tormenta que si bien es extrañamente pequeña se mueve a gran velocidad y con rumbo directo a nosotros. A lo lejos veo el faro de San Salvador parpadear sistemáticamente, me tranquiliza saber que la costa esta cerca pero vuelvo a ver el frente oscuro y vuelve mi intranquilidad. Decido darle media hora mas de oportunidad al viento y sino pondré en marcha los motores y buscare refugio en la costa.
Nada ha cambiado, la tormenta está encima de nosotros. Las nubes forman un cilindro perfecto iluminado interiormente por algún tipo de rayos invisibles.
Bajamos las velas y pretendo poner en marcha los motores. Por primera vez me asusto. Se niegan a arrancar. Gonzalo intenta comunicarse por la radio pero solo recibe estática. La situación me desespera. La tormenta esta a pocos metros de nuestra proa. No veo olas bajo las nubes. Junto a mi familia en la sala y nos preparamos para lo peor.
La tormenta nos golpea, aunque realmente no sentimos ningún golpe, solo la sensación de entrar a un banco de niebla espesa, ya dentro del cilindro vemos que el banco de nubes es hueco, arriba vemos el cielo.
El barco flota tranquilo en un mar calmo. Las nubes pasan alejándose de nosotros. Parece que nada ha ocurrido… ¡que error!
Matias es el primero en advertirlo,
-El GPS no funciona!.
Miro el instrumento y corroboro lo que dice mi hijo. Trato de serenarme y tomo el equipo de radio. Nada, el teléfono satelital, Nada. Estamos totalmente incomunicados. Busco con la vista la costa y respiro mas sosegado de pronto algo me llama la atención, la luz del faro se ha apagado, busco con el largavistas pero el faro ni siquiera aparece. Gonzalo ha seguido tratando de arrancar los motores y de pronto, como por arte de magia se ponen en marcha. Revisamos todo y aparentemente salvo los sistemas de comunicación, el resto, los motores, bombas, sonar, radar, handies, andan a la perfección. El problema es que estamos incomunicados con el mundo.
Prácticamente es de noche, una pequeña brisa marina se levanta del norte, izamos las velas y nos dirigimos a la costa para buscar un lugar para fondear.
Encontramos refugio en una pequeña bahía. Echamos el ancla, nos dedicamos frenéticamente a probar nuestros equipos de radio. Frustrados y sin hambre nos acostamos a dormir.
Hoy no recibimos la llamada de Jimmy.

12 de Octubre
Son las tres de la mañana y no puedo dormirme. Salgo a cubierta y trato de ver con los binoculares, son unos Tasco marine os541 de 7x50mm y tienen la capacidad de amplificar significativamente con muy escasa luz. No veo señal de vida alguna. A pesar de que me muevo silenciosamente mis dos hijos varones se despiertan y me miran con preocupación.
Matias rompe el silencio
– Papá, ¿que esta pasando?.
No se me ocurre respuesta alguna y le propongo, verificar nuestros instrumentos una nueva vez. Todo sigue igual. Gonzalo propone volver al Club Med y enseguida nos ponemos en marcha. Marcela se despierta soñolienta y sin decir nada nos prepara café. Navegamos con una brisa leve desandando el camino que hiciéramos tan solo ayer. A la madrugada llegamos al Club…. O al menos a donde debiera estar. La bahía es la misma solo que no hay señal alguna de humanos o sus obras… no existe el muelle del que partimos hace menos de veinte horas, solo playa y selva. Desde la costa solo pájaros y monos nos responden, un miedo irracional se apodera de todos nosotros, ¿Y ahora que hacemos?.
Está claro que la tormenta ha causado algún tipo de extraño fenómeno en el tiempo y por tiempo no me refiero al clima. No se si estamos en el pasado o en el futuro. Creo que me voy a volver loco. Repaso mentalmente todos mis libros de ciencia ficción esperando encontrar en ellos respuesta a lo que nos pasa. No hay duda de que la tormenta es la causante, todos me miran esperando respuestas que no tengo, decido volver al lado este de la isla y buscar la tormenta que nos provoco esto. Se que no tiene sentido pero no se me ocurre nada mejor.
Navegamos en silencio de vuelta tratando de acomodar el impacto de lo que nos está sucediendo… de pronto Cecilia grita -¡Flipper!, por la amura de barlovento aparece la cabeza de un delfín que, como si fuera lo mas normal del mundo sonríe y emite sus chasquidos. Definitivamente no puede ser el mismo delfín me digo, pero sonrió al ver una cara amiga en tal situación. El comportamiento de este animal es distinto, se dirige a proa, avanza a los saltos se aleja unos metros y vuelve sumergido para volver a saltar en la proa y alejarse.
–Quiere que lo sigamos - me digo
Dada la situación y la coincidencia de rumbos, decido obedecerlo. Ni rastros de la tormenta, hemos seguido el contorno de la isla y ahora estamos en una bahía llamada Storr´s lake, de pronto el radar empieza a hacer un bip, bip, sabíamos que funcionaba, pero no imaginábamos que encontraríamos a otros barcos, magnificamos la señal y vemos que vienen del este. Son tres puntos claros sobre el horizonte que avanzan lentamente hacia nosotros. Sin saber que esperar busco refugio en una caleta profunda y cerrada por la vegetación en una pequeña isla que se encuentra en la boca de la bahía. Amarramos al Dolphin a los arbustos cercanos y desciendo a la costa… nuestro barco con las velas bajas es prácticamente invisible desde el mar. Cruzo los setenta metros de selva y miro al horizonte hacia el este. Tres barcos a vela de mediano porte se recortan sobre el horizonte del mediodía, La curiosidad ha hecho que toda mi familia me acompañe, llevo a mis ojos los Tasco y quedo boquiabierto. Me falta el aire. Tres barcos de Madera de unos veinte metros de eslora y velas blancas con la cruz roja avanzan lentamente en nuestra dirección. Siento mareos y la cabeza me da vueltas, Gonzalo me hace la pregunta obvia
–¿Que día es hoy?
Todos contestamos al unísono y en voz baja
-12 de Octubre.
Ya sabemos en que año estamos, hoy es 12 de Octubre de 1492 y estamos por presenciar el descubrimiento de América.

Quedo fascinado por lo que veo, lo primero que noto es que los barcos no son iguales, en la avanzada de formación va el barco mayor, tiene velas cuadras y tres mástiles, no me hace falta confirmarlo con los binoculares pero lo hago igualmente. En la banda de estribor leo “Santa María”, una emoción reverencial se apodera de mí. Trato de identificar al barco por los libros leídos y las imágenes de barcos antiguos y lo clasifico como a un galeón, desde lejos el casco no es mayor que los de muchos pesqueros grandes que he visto en Mar del Plata, detrás le siguen las dos carabelas no mucho menores pero de dos palos, una lleva velas latinas o triangulares y la otra ligeramente mayor lleva una cuadra y dos triangulares. ¡Por Dios!, ¡Que Marinos! Me sorprendo al calcular las reales dimensiones de los barcos, aún la Santa Maria es menor de eslora e igual de manga que nuestro Dolphin. Gonzalo dispara su cámara de fotos con frenesí. Sigo hipnotizado por lo que veo hasta que uno de los chicos me golpea el hombro y me pide ver. Me siento entre los árboles en silencio y escucho a Memi que dice
– Isla Guanahaní…
La miro curioso y me explica, que recientemente navegando por internet leyó todo sobre el descubrimiento de América. La isla a nuestras espaldas hoy no se llama San Salvador, al menos hoy, su verdadero nombre es Guanahaní, así llamada por los indígenas caribeños que la habitaban y el primer lugar de América a donde Colón hizo pié.
Volvemos al barco y tratamos de ocultar el mismo todo lo posible. Nadie discute que no debemos interferir en semejante epopeya. No me imagino acercándonos con nuestro catamarán a la Santa María, Cecilia escuchando a Joss Stone a todo volumen y pedir hablar con Don Cristóbal para explicarle que estamos de vacaciones quinientos y pico de años en el futuro, pero que nos perdimos en una tormenta y que aquí estamos…. Sonrío para mis adentros imaginándome a Don Cristóbal explicándoles a los reyes de España lo que encontró en las Indias.
Nuestro problema es que ya no podemos mover el barco, si salimos de la protección de la caleta de la islita seremos vistos y entonces habremos alterado el pasado. Hacemos lo imposible por ocultarlo, pero ya cae la tarde, el paso del tiempo juega a nuestro favor, en seguida no podrán vernos. Las Carabelas han fondeado a más de quinientos metros de la isla. Felizmente no pueden acercarse más a la costa. Recuerdo que calan más de quince metros. De momentos la brisa nos trae las voces de los marineros. Me sorprendo del castellano antiguo de los mismos pero identifico varios insultos, lenguaje universal de los marineros de todos los tiempos. Gonzalo me propone algo inédito. Bucear hasta los barcos y fotografiarlos,
-Imposible - le digo -no hay luz suficiente y claramente no podríamos usar flash. No obstante la idea no se aparta de mi cabeza. Reúno a mi familia y les explico el plan.
Pocas horas después, sumergidos y usando los snorkel avanzamos Gonzalo y yo a la luz de una media luna en dirección a los barcos, los trajes negro mate hacen poco probable que seamos detectados, el corazón me late fuertemente, una cosa es nadar en plena noche en el mar, por calmo que esté, y otra es ir al encuentro de la historia.
Los últimos cien metros los hacemos bajo el agua con los tubos. La escasa luz de la luna no nos anticipa visión alguna, de pronto con mis manos adelante tropiezo con una superficie áspera. Gonzalo, atado a mi lado se detiene y ascendemos lentamente, Hemos tropezado con el casco de la Santa María. Quietos y en silencio nos dedicamos a escuchar, presumo que la tripulación duerme es casi medianoche y solo escucho pasos aislados en cubierta. Trato de sujetarme al casco, que, cubierto de moluscos y algas proporciona una superficie poco confiable. De pronto otros pasos se apresuran y una voz interroga
-Señor, los marineros quieren saber a que hora desembarcaremos mañana.
Una voz serena y poderosa le contesta.
– Mañana, con el primer rayo de sol desembarcaremos.
Emocionado no quiero quedarme más, he escuchado la voz de uno de los personajes más importantes de la historia humana. Le hago señas a Gonzalo de volver y nos sumergimos nuevamente nadando en dirección contraria.
Media hora más tarde estamos a bordo del Dolphin. La noche se ha nublado, los barcos españoles ya no se ven. Entre todos empujamos libre al catamarán, y navegando solo con el genoa y a oscuras, nos alejamos rumbo norte.

13 de Octubre
Viramos el promontorio norte de la bahía a las cuatro de la mañana, Le pido a Matias que fondee nuestro barco protegido de la vista de los barcos españoles por un tiempo. Me subo al kayak y gano la costa en unos minutos. El sol esta saliendo, llego justo a tiempo. Con los binoculares puedo ver que de las tres naves bajan las chalupas con sus tripulaciones, adelante, la chalupa mayor lleva a un hombre en proa de pie con una extraña vestimenta.
El gran Almirante está por culminar su obra. La chalupa roza la arena de la playa y se detiene. El hombre se baja mojando sus pies hasta la arena seca. Se arrodilla clava su espada y pronuncia unas palabras que no escucho pero que imagino con emoción. Los ojos se me llenan de lágrimas, doy la vuelta, subo al kayak y en pocos minutos estoy en cubierta. Tengo un nudo en la garganta, solo alcanzo a decirles que la historia se ha cumplido… por única vez, una vez mas.
Partimos en silencio rumbo norte, cuando de pronto otra vez un delfín se aproxima a nuestra proa. Ya estoy convencido de que es el mismo, al menos que al de ayer. Sigo la dirección que he aprendido a interpretar y levantando la vista veo sobre el horizonte la formación de una extraña tormenta.

La tormenta esta a pocos metros de la proa, nuestro delfín nos guía hacia el centro de ella. No tengo miedo de zozobrar sino de lo que encontraré después.
Al igual que hace dos días o mejor quizás quinientos dieciséis años, entramos en la tormenta. Todo transcurre igual. Cuando salimos de la misma en menos de una hora, nos miramos los unos a los otros. La radio empieza a sonar y la voz de un Jimmy bastante alterado grita
-Dolphin responda por favor, adelante Dolphin.
Matias se abalanza para contestar. Lo detengo miro a todos y pregunto… ¿que vamos a hacer?... Todos me entienden, no podemos decir nada. Tomo el micrófono de la radio y contesto lo mas sereno posible,
-Adelante Jimmy, aquí el Dolphin
Después de casi media hora de calmarlo con mentiras de acampadas en la isla y otras explicaciones extrañas, Jimmy se empieza a calmar, nos dice que estuvo a punto de llamar a la Guardia Costera. Y que casi lo matamos de un susto. Prometo mantenerme en contacto y ponemos proa al continente.
Luego de cuatro días de viaje sin sobresaltos llegamos a la vista de la península de Florida. Todo trascurrió en orden salvo por los insultos de Gonzalo que acaba de descubrir que sus fotos de los barcos españoles no salieron. Me digo que el destino tiene sabiduría. Lo mismo nadie nos hubiera creído.
Todos suspiramos cuando llegamos a puerto. Entramos a la marina y ahí esta esperándonos Jimmy, con los pies separados los brazos cruzados y el ceño fruncido. Nos ayuda a amarrar y recibe el barco con alivio. Nosotros también descendemos alegres de poner pie en tierra firme. Media hora después el auto que nos llevará al hotel ya esta cargado. Todos nos despedimos de Jimmy y el bromea,
- Cuando quieran alquilar nuevamente un barco los recomendaré a mi mayor competencia.
Nos damos los últimos abrazos, saludamos al Dolphin y nos aprestamos a subir al auto.
Jimmy nos grita algo, que no entiendo, Nos repite en alta voz
-Parece que hicieron un amigo que quiere despedirse.
Cecilia a mi lado grita - ¡Flipper! Y sale corriendo al muelle. El delfín se para sobre su cola y nos saluda a todos con sus aletas pectorales. Llegamos todos corriendo hasta el muelle, la abrazo a Cecilia que esta temblando y llorando. Lo miro a Flipper, si, ya para mi también es Flipper, que esta de costado moviendo su aleta como saludando… por un momento se queda quieto cierra el ojo en un guiño y se sumerge rápidamente en dirección a la salida al mar.
Me abrazo a mi hija que llora desconsoladamente, Jimmy nos mira con curiosidad, nos subimos al auto y hacemos el camino al hotel sin decir una palabra.

Texto agregado el 15-12-2012, y leído por 198 visitantes. (8 votos)


Lectores Opinan
09-06-2016 Tu viaje en el tiempo, tan bien descrito y vivenciado no tiene pérdida, fruto de una mente privilegiada alcanza para satisfacer la imaginación más exigente y el paladar más sibarita. -ZEPOL
20-12-2012 Sentí que todo era perfecto al leerte. La aventura de la pesca y ola,la liberación del pez me pareció increíble. La aparición de las naves,voces y demases,los nombres de los lugares de Miami,ufffs.todo y lo más importante la forma en que lo describes. Eres genial,creo estaré atenta a todo lo que escribas,merece la pena leerte por muy largos que sean tus textos. Te felicito****** Victoria 6236013
17-12-2012 Muy bueno tu cuento y tu manejo de terminología marinera que me hace presumir navegas a vela. Creativo, bien narrado y emocionante aventura. elbritish
16-12-2012 Todo esta en su lugar los personajes bien descritos el paisaje pintado de maravilla- la sensibilidad y el mar siempre el mar para el hombre de tierra en una metamorfosis que lo hacen inseparable - hermoso libro de viaje en un texto diferente casi una gran novela -faltaron apenas unas hojas mas para hacerlo- gracias por tu historia- casi, casi una película bien narrada rolandofa
15-12-2012 Lástima que Colón no tuvo la suerte de conocerte. 5 estrellas marinas. Pitrimitri
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