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Inicio / Cuenteros Locales / maite136 / Cartas a mi abuelo

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Querido abuelo:
Te escribo desde mi campamento. Está bastante divertido. Hay gente de todas las edades; son muy pocos los nenes como yo, pero con los que hay me llevo bastante bien. Hay uno que es muy callado, le dicen “boca-cerrada”; puede que pronto vaya y le hable.
¿Ustedes como andan? ¿La abuela? ¿Mamá, papá y Luciana? Contame de todos en tu carta, por favor. Bueno, no tengo mucho para contar… ¡Saludos a todos!
Julián
Querido abuelo:
Pasó mucho tiempo desde que te escribí y no me respondes. ¡Decidí hablar con “boca-cerrada”! Es un gran chico, se llama Gustavo, somos amigos; pero él dice que esto no es un campamento, y dijo que yo era un idiota por pensarlo. Dijo que era otra cosa, que no se acordaba de qué era. Para mí el loco es él, pero no lo dije por ser la primera vez que le hablaba. Por favor respondeme, quiero saber de todos. ¡Besos!
Julián

Habían sido unos dos meses devastadores para la familia Gutiérrez. Desde que les habían dado la noticia del tumor de Juli, un aire de tristeza había invadido la casa. Por la salud mental del chico, decidieron no decirle; a un chico de 8 años es innecesario explicarle el cáncer.
Todo ese tormento se tornó en crisis cuando el primer dolor de cabeza llegó.

Querido abuelo:
Voy a mandarle cartas a mamá, a ver si ella me responde. Esta es tu última oportunidad. Te cuento: me hice amigo de mucha gente acá; Tamara, Gustavo, Marcelo (es un señor viejito que me hace acordar a vos) y muchos más.
Ayer Gustavo me vio escribiendo y me dijo: “¿Qué hacés?” “Escribo a mi abuelo” le respondí. “Es inútil, no te va a responder, NADIE te va a responder”. Con esto me terminé de enojar y decidí no hablarle hasta que se disculpe. Por favor, mandame una carta así le muestro que se equivoca. Confió en vos.
Julián

Fueron días angustiosos y fatigantes al mismo tiempo. Julián se quejaba del dolor de cabeza y maldecía cuando tenía que tomar medicinas.
Un día llegó el doctor Cabrera, quien en confidencia le dijo a la madre que el tiempo se acababa, que en la siguiente semana debían internarlo. Esto terminó con la estabilidad de la madre en ese momento. Un mar de lágrimas corrió por su cara, aceptando los términos del doctor.

Querido abuelo:
Qué malo que sos. Por vos los directores del campamento quieren hablar conmigo. ¿Cuánto te costaba mandar una carta? El otro día Gustavo me volvió a hacer burlas y directamente le pegué. Me acusó con el Director y me dijo que quería hablar conmigo. Se pudrió todo. Pronto vuelvo a casa, seguro.
Julián

El pobre Juli no entendía nada. De repente estaba acostado en el hospital, sus papás al lado de él y su familia en casa. Él quería irse de ahí, jugar con Luciana y estar en su casa; no le gustaba ese lugar.

Querido abuelo:
Qué tonto fui. No sé por qué sigo escribiendo, supongo que para terminar esta sarta de tonterías. Claro que no te llega nada, nunca te va a llegar nada. El Director me llamó y me aclaró dónde estoy. No te confundas, estoy feliz en este campamento. Te prometo que voy a seguir feliz.
Me amigué con Gustavo. Al final él tenía razón. Bueno, esta es la última. Voy a vivir feliz y nene para siempre... ¿Qué más puedo pedir?
Julián

Texto agregado el 30-12-2012, y leído por 114 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
30-12-2012 me gusto tu narracion y esto sucede casi todos los dias.un besote mentacalida
30-12-2012 Doloroso siempre.La vida golpea.Un abrazo. Silvia. rdejunio
30-12-2012 Relato que carcome entrañas!!!Bien escrito y pega duro... Felicito tu pluma!! Un abrazo y mis***** Eineitjelet
 
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