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Inicio / Cuenteros Locales / carloel22 / El loco, el tango y Ella.

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Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste? Salís de tu casa, por Arenales. Lo de siempre: en la calle y en vos. . . Cuando, de repente, de atrás de un árbol, me aparezco yo. Mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizón en el viaje a Venus: medio melón en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel, dos medias suelas clavadas en los pies, y una banderita de taxi libre levantada en cada mano. ¡Te reís!... Pero sólo vos me ves: porque los maniquíes me guiñan; los semáforos me dan tres luces celestes, y las naranjas del frutero de la esquina me tiran azahares. ¡Vení!, que así, medio bailando y medio volando, me saco el melón para saludarte, te regalo una banderita, y te digo... (*)

Alguna vez te preguntaste: que poco nos separa a uno de otros tan profundamente?.

El estaba inmunizado de pudrirse.
Nosotros, satisfechos al comprobar que no circulaba veneno de razón entre sus venas.

Nosotros esos raros personajes que nos jactamos de poseer una oreja limitada, la que no permite nos aturda la voz de la hormigas, como tampoco el clamor del universo, porque total los locos en este mundo viajan en tercera. En un mundo sumergido, donde un barrote de hierro, la soledad y el silencio se hacen cargo de la línea divisoria. De esa manera, Nosotros, los que viajamos en primera clase, estamos tranquilos, encasillado tras la reja el, no puede asustar a los viajeros.

Sin embargo, porque siempre existe un sin embargo; no se debido a que razón o sin razón alguna; su abierta locura y nuestra encasillada cordura le pusieron a esta Buenos Aires una partitura.
La vistieron de gala y para que la ciudad no se sintiera sola, a el lo dibujaron junto a ella .

La historia cuenta que acostumbraba a presentarse en silencio, a la hora en que en Buenos Aires, un aluvión de gente abandona las oficinas e inunda las veredas retornando a sus hogares.
Corrientes, Diagonal y el solar frente al Obelisco, con el Obelisco mismo de por medio era el espacio.
Sentado sobre una viejo cajón de madera, aguardaba.
Junto a él descansaba también una vitrola descolorida y vieja, esa misma que aceptó ser junto a un bandoneón, su único equipaje.

El se levanta, se lustra tras la bota manga el charol de los zapatos, ajusta su corbata, asegura el sombrero.
Mientras la gente se concentra a su alrededor, sin dudar, enciende la vitrola y piensa..

Si Astor estuviera, estarían todas las luces de los semáforos en azul y con un medio melón en la cabeza armaría aquí mismo, las formas de un escenario nuevo.
Pero Astor no está, Astor se quedó suspirando entre la música y el tiempo.


La luz del primer semáforo pasa a rojo.
Un taxi se detiene y ella baja.
Aros inmensos.
Ojos mas grandes aún que los aros y una infinita llanura verde tras los párpados.
Mejillas adolescentes escondidas tras una legión de pecas.
Nariz pequeña intentando mostrarse, ante el avasallador rojo de sus labios carnosos y tiernos.
Y terminando la figura de mujer, una temblorosa nube de bucles negros acariciando frente, cuello y espalda.
La blusa de tela negra intentaba contener sus agitados pechos.
Un poco mas abajo, la tela desflecada de esa mínima blusa, dejaba escapar la curiosidad de un ombligo profundo y bello.
Dos largas piernas censuradas solo por veinte centímetros de pollera.

Luces azules en los semáforos y sobre un improvisado escenario, las notas suaves preludian un tango.

El público aplaude.

Ella, lo busca.

El, la espera.

Las miradas se encuentran.

Ella se saca los zapatos, quiere sentir bajo los pies la adoquinada frescura de la vereda.
Se coloca de espaldas a él, espera el contacto.

La mano del hombre avanza, suavemente acaricia la piel de la cintura fina de mujer.
Ella se deja llevar...y... en los primeros acordes, es una suave muñeca de trapo en las manos de El.

En el recitado, es ella quien manda, quiebra la cintura, gira y se para.
Tras un silencio, vuelve a girar, se afirma en sus manos, se aprieta, lo envuelve de tango gira dos veces y se escapa de nuevo.
El.. confirma el compás, la busca, la encuentra, la sigue, la apreta en el paso.
Ella se deja, se enlaza a su pierna, juega con él, le acerca su brazo, respira su aliento.
El acepta el juego, filetea, dibuja los ochos, la suelta un segundo, pero no la deja, vuelve a atraparla, la absorbe de nuevo.
Entonces, "un ángel y un soldado y una niña
les dan un valsecito bailador". La gente que ahora aplaude, "¡Viva! ¡Viva!", vibra con el tango, se excita con "los locos que inventaron el Amor"

El en abierta locura, la sujeta a Ella.
Ella se le acerca y lo invita a seguirla y entre el dos por cuatro transpiran los cuerpos.
Se apagan las luces y en la oscuridad fluye suavemente el aroma a mujer de la piel de ella y a media luz el tango hace que los cuerpos giren nuevamente.

Se separa Ella. La atrae El.

Los cuerpos se apretan, se frotan, se pegan, se excitan, se mecen.

La vieja vitrola, grita a cuatro vientos compases de fuego.

Ahora, el teclado calla, la música se pierde, deja suave paso al ardor de las palmas que en aplausos crecen.

El loco del tango, rodilla en el suelo la sienta en su pierna. La señala a Ella.
Ella se saca los aros, los devuelve al público en agradecimiento.
Le toma la mano, lo pone de pie y lo mira firme con sus ojos verdes.
Lo abraza muy fuerte, lo enlaza en sus bucles, se hace el silencio....

Ella se le acerca suave, le quita el sombrero, acaricia su frente, su cuello, la espalda y frente a la multitud...

...pasión de veinte años en puntas de pie, al viejo linyera le entrega su premio.

Roza suavemente los labios del hombre con la tersura suave de los labios de Ella.

Y las palmas entre vivas, silbidos y bises nuevamente vuelven.

Que poco a veces separa a unos de otros tan profundamente.
Solo veinte años, la pasión vestida de gala, Diagonal y Corrientes, dos cuerpos que se encuentran entre compases de un tango con el tibio sabor que deja en los labios la ternura de un beso.




(*) Letra original del tango Balada para un Loco.

Texto agregado el 30-12-2012, y leído por 159 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
10-01-2013 ¡Si Astor estuviera!.. Qué bueno es pasar nuevamente por tu refugio. Tus letras tienen ese "qué se yo ¡viste!" inconfundible, que sumerge al lector en esas historias suspendidas entre la sutil realidad y el talento. 5*s Shou
30-12-2012 Leí, suspendida entre la pasión del tango y el talento de tus letras. Me siento conmovida, amé y amo a Astor. He cantado frente al público su "Balada para un loco", su "Chiquilín de Bachín" y tantos más, ¿cómo no emocionarme? Gracias, viejo!***** MujerDiosa
30-12-2012 No sé qué decirte... me hiciste llorar... ese tango es tan lindo... y tú lo engalanas tan bien con tu relato... Viva, vivan los locos que inventaron el amor loretopaz
30-12-2012 Hay fuego en tus letras, amigo y arte, sensualidad, locura de la que vuelve locos. Me has metido de lleno en tu cuento y he vibrado fuertemente, apasionadamente. Has dibujado a la perfección al loco y a la muchacha de veinte. Enhorabuena.***** graju
 
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