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Inicio / Cuenteros Locales / gui / Personaje sobre mi cama (II y final)

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“Escribe lo que te dicto”, dice luego, con esa voz que imagino severa, pero sordamente audible para lo onírico.

Dime, le respondo, y sueño que tomo papel y lápiz y comienzo a escribir.

Esto es lo que ahora transcribo:

“Un tipo que se preciaba de arreglarlo todo por la fuerza, aborrecido por todos y sin amigo conocido, un día se planteó auto analizarse para encontrar alguna razón de su biolento carácter. (Me aseguró que violento se escribía con b larga y yo, para no contradecirla, lo he puesto así). Por lo que visitó a su padre, un anciano que lucía aún más anciano por todas las rabias que Brutus le había provocado (así se llamaba el tipo), y le planteó su dilema.
Hijo –le respondió el viejo- tú necesitas a alguien que te aconseje, un ser que sepa entenderte, que tenga buen corazón para soportarte.

Brutus salió muy enojado con su padre, ya que esperaba una solución de su parte.
(En este momento, ya me encontraba demasiado aburrido por lo que me dictaba la mujer, pero, igual que el viejo, acaté y proseguí escribiendo. Quise preguntarle si era muy largo el relato, pero no me atreví).

El hombre, cada vez más enfurecido, se aproximó a cuanta persona encontró en su camino para preguntarle si podía ayudarlo. Pero, su irascible carácter lo traicionó en tres o cuatro ocasiones, golpeando a hombres, mujeres y niños.

Una humilde viejecita, le dio un consejo:
-Ve hijo donde un psicólogo. Allí encontrarás la solución. No te recomiendo ir a la iglesia porque temo que allí te acriminarías.

Así lo hizo Brutus y se dirigió a la consulta más cercana. Lo atendió una señora obesa, que parecía la secretaria y le pidió que aguardase un momento. El hombre la miró con sus ojos inyectados en sangre, pero se calmó. Lo alentaba el hecho de que pronto podría encontrar una cura para su mal.

-Pase usted, señor- le dijo la gorda y le enseñó a Brutus la puerta que lo internó en una sala suntuosa, con bellos cuadros de quizás que famosos pintores, amoblado de caoba y encina más unas lámparas que le daban al recinto un toque aristocrático.

-¿Qué desea usted, señor ¿Brutus?
La que así hablaba era una bella mujer, de lindas curvas, hermoso rostro y voz de cantarinas tonalidades.

-Soy la doctora Clara Puranovic Antic, mi señor y estoy acá para sanarlo de todos sus tormentos mentales. (Aquí entendí de inmediato las verdaderas intenciones de esa bruja satánica).

Después de pedirle al corpulento hombre que se acomodara en el elegante sofá, lo conminó a que le relatara su vida. Así lo hizo Brutus, contando toda su miserable existencia, que era ni más ni menos que el prontuario de un despiadado criminal.

Cuando el relato terminó, la bella doctora suspiró sensualmente, en discordancia con la conclusión que emitió: -Usted, mi señor, ha desperdiciado su vida, es un fracasado que no tiene sentido en este mundo. Lo siento mucho por usted, pero presiento que son muy pocos los seres que nacen investido de tan desgraciado sino, quizás algunos cuantos dictadores, sino todos ellos, uno que otro papa, el pérfido Hitler, sin lugar a dudas y… usted.

El cuello de toro de Brutus se inflamó de ira, lanzó un atroz bufido, se levantó de tan exquisito sofá y acometió ciegamente a la bella criatura que tenía enfrente.

Días más tarde, el hombre yacía en una cama de hospital, con un sinnúmero de moretones y considerables lesiones. A su lado, una bella mujer le sonreía, mientras acariciaba su rostro. Brutus, a pesar de todas sus lesiones, parecía un hombre distinto y bajo sus vendajes, una luz de felicidad iluminaba sus ojos.

Seis meses después, el energúmeno redimido y la bella doctora (y también cinturón negro en artes marciales), contraían matrimonio en las afueras de la ciudad”.

“¿Escribiste todo?” me preguntó después de terminar de dictarme ese extraño relato.
Asentí, refrenando mi risa burlesca. Está bonito- le respondí. Para mis adentros, era lo más ridículo que mis manos habían redactado alguna vez. Pero pensé en voz baja (si se me permite la licencia) para que ella no descubriera mis reales pensamientos.
“Pues bien, publícalo en esa página en que editas tus mamotretos y te prometo dejarte en paz para siempre.

-Trato hecho.

Hace varias noches que ya no se me aparece esa bruja de ascendencia demoníaca y presiento que por fin me he liberado de ella…


(¿Será el fin?)















Texto agregado el 11-01-2013, y leído por 131 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
07-03-2014 Buenísimo, tu personaje si que se mandó solo, suele suceder, reitero mi comentario anterior, eres genial y único. un abrazo Carmen-Valdes
15-01-2013 Leí la primera parte y ésta, y creo que tu imaginación es de un encanto envidiable. Muy buena tu narrativa y a mí, me fascinan estos tipos de historias que se recrean en planos intangibles como los sueños. Te felicito, y debe continuar. Un abrazo. SOFIAMA
12-01-2013 No es el fin... esta ahora en mis sueños por leer tus "mamotretos"... que no lo son por supuesto. Genial amigo, voy a soñar con Puranovic, creo me la pasaré muuuuyyyy bien... ji ji ji Un abrazo hermano!!!!!!! cinco aullidos felices yar
 
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