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Inicio / Cuenteros Locales / La_columna / En contra de tanta sexología mediática. Por El parricida huérfano, invitado de MCavalieri.

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Me persiguen los sexólogos. Socorro. Me acosan desde todos los rincones estos señores y señoras dedicados a abordar con claridad y elocuencia los aspectos más íntimos de las relaciones sexuales. Cállenlos, apáguenlos. Plomazos. Nos están invadiendo por la prensa, por la radio y la televisión estos tipos con sus claras explicaciones, sus gráficos, sus estadísticas y sus opiniones irrelevantes.
Lamento informarles que se trata de una conspiración maquiavélica, es una horda de traidores empeñados en arruinar nuestras noches de pasión, empeñados en echar luz donde queríamos oscuridad.
Llegan con sus verdades compulsivas y con sus términos cientificistas a romper con los tabúes que hemos arrastrado por milenios, ignoran que una buena parte del encanto venial reside justamente en el misterio, en la trasgresión, en el desconocimiento y en los restos de inmoralidad que aún conserva el acto sexual. Nada más patético que estos acusetes ad honorem que nos acechan desde los medios de comunicación con sus cuantificaciones orgásmiscas y sus taxonomías anatómicas, nada mas aburrido que lo que se hace vox populi.
Las manzanas robadas al vecino de la derecha fueron las más sabrosas que he comido en mi vida, hasta que al buenhombre se le ocurrió decirme que podía tomar cuantas quisiera y que legalmente me pertenecían todos los frutos que pasaran por la tapia. Viejo aguafiestas, ojalá se te agusane todo el árbol. Con los encuentros amorosos ocurre lo mismo, tienen un delicioso dejo a pecado y a prodigio que debería permanecer en penumbras, lejos del entendimiento y cerca de la intriga. No deseo que ningún superado venga a responderme lo que no le he preguntado.
Los sexólogos son una casta de desabridos que revelan a los niños que el Ratón Pérez no existe, que los roedores no son capitalistas y que no está en su comportamiento el hábito de coleccionar piezas dentales infantiles en desuso; son como esos programas de la tele que se empeñan en mostrar que Indiana Jones es en realidad Harrison Ford maquillado, que la sangre es jugo de tomate, las rocas son de cartón pintado y los vidrios de caramelo.
Que no vengan estos licenciados en genitales a rompernos la ilusión, a proclamar que lo que hacemos en la alcoba es de lo más normal, que no vengan a molestarnos a quienes siempre consideramos que se trata de un fenómeno sobrenatural, de un milagro único.
Es que estos profesionales del descaro andan metiendo sus narices en lo que no les importa, no pueden dejar cerradas sus enormes bocotas, no saben conservar un secreto, no saben que en lo oculto hay algo que incita al ímpetu y al vértigo. Vienen haciendo alarde de sus técnicas y estrategias cómo si los encuentros carnales fuesen un tipo de lucha grecorromana, una maratón, un deporte olímpico o una representación teatral. Nada más lejos de la realidad, no quiero palabras donde la comunicación es la piel, no quiero libretos donde la improvisación es un arte endógeno que rige nuestros actos por encima de la voluntad.
Nada más insulso que precisiones y planificación en el momento en el que somos presas de la pasión: "Bueno amada mía, yo bajaré tu bretel izquierdo (F5), mientras tu llevas la mano hacia A6, yo llevaré la mía a G9, en ese momento ponemos en marcha el cronómetro y besaré tu lóbulo derecho (C8) para estimular el área F4 y que ésta lleve excitación a tu A1". Confunden estos tipos el erotismo con la batalla naval.
“Cuando salgas de la ducha, querido, yo voy a estar en la cama con un portaligas plateado y un camisón transparente, un atuendo tan inusual en mí, que te va a asombrar, va a alentar la fantasía de tu subconsciente con la suposición de que soy otra, es un método nuevo según dijo el doctor en la tele” Oh, que sorpresa, me va a dar el síncope, ¿quién eres tú?. Confunden estos tipos las fiestas de disfraces con la creatividad en el amor.
Los imagino acechando detrás de los roperos, tomando nota de nuestro desempeño amatorio, redactando un detallado informe, elaborando estadísticas y preparando el boletín de clasificaciones erógenas.
Me tienen harto, ojalá les agarre algo así como una insustancialidad copulatoria y que en un par de generaciones se acaben extinguiendo cómo los osos panda, que se condenen a desaparecer de puro insulsos nomás.
Hace un tiempo subió uno de ellos a mi taxi, era un personaje flaco y desgarbado que hablaba hasta por los codos. A las tres cuadras ya me había contado que era sexólogo, ni que fuera un orgullo, ni que fuera algo para andar ventilando a los cuatro vientos. Me pidió que me apure, había recibido demasiados pacientes y estaba llegando tarde al cine. Iba solo, claro, quién va a querer estar cerca de tanta frialdad, quién iba a querer acompañar a un tipo capaz de romper el hechizo de las veladas de pasión con términos tales como “punto ge”, “orgasmo”, o “juegos preliminares”.
“Sexto sentido” se llamaba la película, titulo paradójico para alguien que carece de toda sensibilidad emocional. El doctor se bajó con gran prisa del coche, pero cuando estaba llegando a la boletería lo llamé con la bocina. Primero me miró sorprendido, después pensó que le había dado mal el vuelto y se acercó hasta mi ventanilla a ver que ocurría. “El niño ve gente muerta” le dije y arranqué de inmediato. Por el espejo retrovisor pude ver cómo se quedaba haciendo ademanes de indignación, gritando e insultando al aire. “Prueba un poco de tu propia medicina”, dije para mis adentros mientras encendía un cigarrillo y me alejaba a marcha lenta por la solitaria avenida.

Texto agregado el 09-08-2004, y leído por 288 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
16-08-2004 Muy bueno, amigo. Eso me parece que es hablar con sentido. Te felicito. Máximo islero
10-08-2004 No entiendo por qué te ensañas con los sexólogos¿Es que contigo no tuvieron éxito? kanenas
10-08-2004 Si son un poco rollo... y las estadísticas, ufff, esforzarse por llegar a la media... o ser un raro por sobrepasarla; complicado. Aunque siempre está bien que existan puntos de referencia, que antes no los había. Saludos. Nomecreona
09-08-2004 ¡Si nos roban el misterio, ¿en qué podremos creer pues? Fabuloso. azulada
09-08-2004 Otro que no es buena cama... jeckill
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